agosto 18, 2026

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#4 Tiempos

Una respetuosa reflexión a los opositores | Columna de Enrique Domínguez

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reflexión a los opositores

Cuentas claras

 

En un país de más de 125 millones de habitantes, es común que exista la discrepancia. Cualquier hecho contrario a nuestro pensamiento nos hace jerarquizar de inmediato la postura ideológica antes que cualquier estima, vulnerando con ello el acercamiento a personas que pueden tener coincidencias de otra índole, esta actuación habla de una cerrazón que nada tiene que ver con el don natural del afecto humano y solo nos hará enaltecer el odio como premisa fundamental en un país radicalizado.

El extremismo es un encuentro con la evolución de caminos que nos llevan a la independencia intelectual, vivimos en épocas de cambio, no por ello debemos dejar de ser sensibles a una realidad que nos pide a gritos ser considerada, evitando hacer un análisis introspectivo para determinar las causas de los males que nos aquejan como nación. No se trata de la idea estúpida del reclamo a priori de cualquier sutileza que enarbole los oídos y nos siga favoreciendo en nuestros vanos escrúpulos para asimilar esas bases y entablar una lucha diaria para el reclamo fácil.

Es triste decir que puede más un encabezado que una lectura entrelíneas de cualquier artículo para un correcto raciocinio de la realidad, a veces olvidamos que una pequeña minoría se resiste al cambio y con ello no quiero entablar el debate, pero sí vale la pena recordar a ese grupúsculo de empresarios, políticos y proveedores que ahora reclaman con vehemencia esos lindos manjares de privilegios que en otros tiempos disfrutaron dejando a un lado la ética y el principio elemental de la honestidad.

Es mezquino y completamente incongruente que prevalezca más la publicación visceral de un desdichado opositor doliente, que la realidad de una investigación arraigada por la curiosidad natural. Dicho en pocas palabras, puede más la información facilitada en una red social que el sentido común.

Responder a los reclamos sociales es necesario en un país que por décadas se olvidó de los marginados, de las comunidades apartadas sin la idea de ver por ellos, el racismo y el clasismo son solo una muestra de un estancamiento en el pasado marcado por el sectarismo y la conglomeración de ideas erróneas que datan de la época medieval.

Apelar por un país que sea sensible es extremadamente necesario, es muy importante olvidarse del círculo cercano y de los allegados, para saber que México no es ese mundo cerrado que creemos nos pertenece, México es más y requiere que la visión traspase fronteras para asimilar la realidad, la dolencia del marginado y evitar ser ignorante ante el problema ajeno.

Somos una sociedad compleja, albergamos tradiciones y ataduras que nos ligan a hacer prevalecer arraigos que difícilmente pueden ser modificados.

Rencores y resentimientos surgen de aquellos que se sienten derrotados, hay por su parte incertidumbre, existen dogmas que se mantienen y no son superados, por lo menos ahora. La violencia desatada en redes es constante, repetitiva, genera hastío junto con las réplicas, la falta de respeto y la descalificación de aquellos que discrepan.

En muchos casos se anteponen las ideas religiosas, sale a flote el racismo, el clasismo y la descalificación a quien piensa diferente, no es para menos, tener esa sensación de incredulidad, de duda y saberse derrotados no es una tarea fácil, es una especie de resignación, al igual que la muerte, solo requiere de tiempo, sin embargo, no faltan aquellos que hacen recordar la tragedia acontecida para sumirse en una profunda depresión a través de periodistas que, sin un ápice de ética, solo evidencian el tamaño de la paga obtenida de manera poco ortodoxa, hoy llamado “chayote”. Estos periodistas, a no ser que tengan un claro interés de hablar con la verdad, tal parece que sirvieron a un gobierno que solventó su voz para manipular conciencias.

Ahora en una especie de emboscada geopolítica, el fascismo y la ultraderecha se están manifestando, arraigando esos supuestos valores que cobija un espíritu conservador, dando énfasis a una cargada de derecha que antepone valores que a su juicio deben prevalecer. Para muestra basta observar el golpe de estado acontecido en Bolivia, Jeanine Áñez se erige como presidenta, la violencia se desata en su país, una emboscada a Evo Morales, frases completamente discriminatorias están incluidas en su discurso, el desprecio y malestar con los pueblos indígenas es una clara prueba de ello, con un apoyo del supremacismo militar, mano dura y una línea dictatorial pretenden adueñarse de un país que para muchos era un ejemplo, caracterizado por un crecimiento sostenido de la economía y una disminución sensible de la pobreza extrema.

¿Qué está pasando?

La evolución se está dando con un pensamiento que erradica por completo la sensibilidad y la empatía, hay reclamos viscerales llenos de odio para generar un vómito que solo deja entrever las carencias y desahogos efímeros pidiendo medidas coercitivas que generan con ello masacres y daños irreparables a civiles. Hay también quienes piden con vehemencia un golpe de Estado, atrincherarse y generar un mar de sangre para acabar con las consecuencias de gobiernos fallidos, castigadores y represores

.

La anteposición de intereses es lo que prevalece en un México donde los negocios turbios eran menester para continuar con las vejaciones, corruptelas e impunidad en la cual los gobiernos anteriores eran firmes participantes, estando involucrados en un mar de estiércol.

Aquel que se jacta de pertenecer a la élite por el simple hecho de sentirse acogido por un partidismo conservador solo es un deseo exacerbado de sentirse importante en una sociedad que está odiando a su propio país con el denuesto, la mentira y un deseo irracional de desgracia para enarbolar una sonrisa mezquina y poder gritar a los cuatro vientos: “Se los dije”.

Somos una sociedad que por lo general antepone principios religiosos para concebir una norma moral, estableciendo lo bueno y lo malo. No existe la libertad y la franqueza para tener un pensamiento libre de arraigo, se desarrolla con ello el juicio a personas solo por su apariencia, donde la calificación barata de asumir en primera instancia que no se pertenece a una clase por su aspecto físico y su condición, son aspectos deplorables e incalificables de nuestro limitado círculo social.

Sin el afán de generalizar y con la obviedad de que existen personas conservadoras, con un alto sentido de la ética, hay quienes se caracterizan, entre otras cosas, por la ingenuidad, sin la posibilidad de anteponer un momento de reflexión y análisis antes de emitir un juicio acerca de lo que se lee, se escucha o se ve.

La ingenuidad es en parte una rama inmisericorde de la ignorancia, recurrir a la información “fácil” es un deporte que se hace con gran facilidad, el prejuicio permanece en una mente incapaz de tener la sensibilidad suficiente como para tratar de crear un vínculo de comunicación, el egoísmo caracteriza a esos personajes que permanecen con una ceguera debida a tradiciones y herencias de una moral caótica incapaz de generar la autonomía que como seres humanos debemos de mantener.

La clase media se ha visto afectada al igual que las personas de bajos recursos, el modus vivendi se ha adaptado a las circunstancias, una clase media en este país es una clase pobre en otros países, ha tolerado la opresión, la pérdida del poder adquisitivo y la enorme corrupción, nos representa a una gran mayoría, está poco informada, sostiene una verdad basada en redes sociales como Facebook, Twitter o WhatsApp. Difícil resulta leer entre líneas, se establece una falsa verdad atribuyendo veracidad a algo que ni siquiera ha sido comprobado, se recurre a fuentes fáciles, o, en el peor de los casos, se antepone el interés personal del juicio vano para juzgar a los que no piensan igual, existe la ira, el enojo y el odio para llamar y dilapidar a los corrientes, morenos, nacos, pobres, jotos, prietos, feos, pueblerinos, comunistas, pendejos y subrayar la famosa frase: “Pensé que eras más inteligente”, cabe observar que: ¿la inteligencia se da solo por pensar de manera similar?

¿Dónde está ese pensamiento que se concibe como un don prodigioso de mantener esa autonomía a través de la luz natural de la razón?

La oposición fomenta la indiferencia y el egoísmo, alimentado por mensajes manipulados de fácil exposición en redes sociales para ser tragados y nunca digeridos, esta sociedad por lo general ama y se regodea en su propia ignorancia.

Vivir en un mundo perfecto resulta imposible, pero dar voz a una minoría que con cizaña solo enarbola el encono es una muestra de egoísmo fundamentado en la malicia que solo daña el tejido social de este lindo lugar llamado México.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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