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Una charla con Mariana Enríquez | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

Los japoneses creen que, después de morir, las almas van a un lugar que tiene, digamos, un cupo limitado. Y que cuando se llegue a ese límite, cuando no quede más lugar para las almas, van a empezar a volver a este mundo. Esa vuelta es el anuncio del fin del mundo, en realidad.

― Mariana Enríquez, Los peligros de fumar en la cama

 

El miércoles pasado tuve la oportunidad de asistir a una charla con la escritora Mariana Enríquez en la librería Catalonia. Una pequeña tienda de libros, muy acogedora en Santiago de Chile. Debo de reconocer que poder tener una silla en el lugar me recobró la fe en Dios. Unos días antes cuando me enteré de que la autora estaría en Santiago los mismos días que yo, me apresuré a escribir a la librería, pues indicaban que el cupo era limitado. Me respondieron a la brevedad informándome que ya se encontraban llenos. Maldije mi suerte, pero no desistí y decidí presentarme horas antes del evento. Por mi suerte, alguien había cancelado. Me pidieron que dejara a mi acompañante afuera, pero sólo había una silla. Sin pena dejé a mi esposo en la cafetería más cercana y me planté en la librería varios minutos antes.

Conocía a Mariana Enríquez sólo en fotografías, y claro, por sus libros. Pero verla, ahí tan quitada de la pena, tan despreocupada de la vida fue una agradable sorpresa. A las 8 de la noche empezó la plática que guió el escritor Diego Zúñiga.  Las primeras preguntas giraron entorno a sus primeras lecturas. Enríquez afirmó ser una lectora asidua desde muy pequeña, aunque sus padres dedicados a las ciencias exactas siempre fomentaron la lectura. Eso sí, sin distinción. No existía en su casa la literatura infantil y juvenil. Leía Cumbres Borrascosas y Cementerio de animales antes de los diez. Sobre este último, remarcó la importancia de Stephen King en las letras. Un autor que hace sentir miedo, y miedo de verdad, pero que quieres seguir leyendo. Además, sus textos se pueden reinterpretar como pasan los años. Sí, en sus palabras, Stephen King merece el nobel.

Otro punto importante en la charla fue cuestión de género en la literatura. Para ella, siempre se han leído mujeres, pero es una suerte que ahora las editoriales pidan cierta cuota de autoras en sus publicaciones. Eso permite mayor libertad creativa, a su parecer son las escritoras contemporáneas quienes narran lo que políticamente no es correcto en estos días. Mencionó la novela de Liliana Blum, El monstruo pentápodo y su historia sobre un pedófilo. Son las mujeres quienes se atreven a narrar lo monstruoso de la realidad. Reiteró la importancia de escribir sobre lo incorrecto moralmente, pues la ficción se vuelve una salida para todos esos psicópatas que llevamos dentro.

Asimismo, habló sobre los procesos de escritura y las nuevas voces femeninas en Hispanoamérica. Debo de aceptar la felicidad que me dio escuchar los nombres de escritoras mexicanas como Liliana Blum y Fernanda Melchor.  Hasta hizo un paréntesis, al aceptar que sólo se le venían a la mente nombres de autoras mexicanas. Una argentina en Chile hablando de mexicanas, es un orgullo.

Debo de aceptar que no me pude quedar callada. Le pregunté su opinión respecto a la narconovela. Su respuesta fue knockout de realidad. “En Argentina tenemos la fortuna de no ser golpeados por la violencia del narcotráfico”, aseveró, por muchos años había olvidado que hay ciudades donde los muertos no son trasladados en tráiler y abandonados por dondequiera. Pero, mencionó la importancia de dichos textos, siempre que no alaben la figura del narcotraficante. Deben de ser leídos para rechazar la normalización de la violencia. Como periodista, detesta esos cronistas del narcotráfico que se sienten héroes por narrar un hecho armado. Comparó la literatura del narco con las novelas de la dictadura. Escribir novelas que enaltezcan a los narcotraficantes son como los escritos que favorecían las figuras de los dictadores.  Me pareció un símil válido y nunca pensado para alguien que nació en la dictadura perfecta.

Cerró la charla y con mucho gusto me firmó el primer libro que conocí de ella: La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo. Así, conocer a una autora que he admirado en los últimos cinco años se volvió una experiencia casi religiosa. Me sentí durante dos horas como una adolescente afuera del hotel del artista del momento.  

Sobre Mariana Enríquez

Nació en Buenos Aires en 1973. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata donde actualmente funge como profesora.  Ha escrito las novelas Chicos que vuelven, Este es el mar, Cómo desaparecer completamente y Bajar es lo peor. Los libros de cuentos, Los peligros de fumar en la cama, Cuando hablamos con los muertos y Las cosas que perdimos en el fuego. El perfil autobiográfico, La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo. Ganadora del Premi Ciutat de Barcelona en 2017. Su obra se caracteriza por protagonistas poco normados. Aunque sus primeros libros son realistas, sus últimos textos se tejen entre la línea del terror y lo fantástico.

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