agosto 24, 2026

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#4 Tiempos

Un diálogo interdisciplinario: La Peste Negra (1349-1353) de Ole. J Benedictow | Columna de Edén Ulises Martínez

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Funambulista

 

¿Qué fue la Peste Negra? Quizás si buscamos en Wikipedia nos sería muy fácil responder que fue una enfermedad que azotó Europa en la Edad Media, que mató a un tercio de la población europea, o que la gente de la época, altamente religiosa, pensaba que era un castigo divino, signo de la proximidad del apocalipsis. ¿Pero en realidad qué fue la Peste Negra? ¿Qué tipo de enfermedad fue?

Tanto por su capacidad de establecer generalidades y recrear los recorridos de la enfermedad en Europa, como por la de explicar con lujo de detalles su reproducción en los países nórdicos, especialmente en Noruega, La Peste Negra (1349-1353) de Ole. J Benedictow, es un libro indispensable para entender a las epidemias y cómo afectan estas al ambiente y a la organización de las sociedades en que se reproducen.

En tan solo 7 años, de 1346 a 1353, la Peste se extendió de manera extraordinariamente eficaz desde Atenas hasta Oslo, con un índice de mortalidad tan alto que realmente no sorprende que la población que en esos años habitó Europa pensara que era la mismísima ira de dios.


El impacto tan profundo que tuvo la epidemia en todos los aspectos del mundo medieval la han convertido en uno de los acontecimientos históricos más estudiados: se han analizado sus aspectos culturales, psicológicos y religiosos. La historia como disciplina se enfocó por muchos años en estos elementos de la Peste, e ignoró otros, como el de su expansión demográfica: ¿Por qué la Peste se propagó tan rápido en un mundo aparentemente hermético como la Europa Medieval? Antes del siglo XX no existían investigaciones sobre el impacto demográfico-local de la mortalidad de la Peste, y tampoco sobre sus características epidemiológicas. El trabajo de Benedictow explica los elementos biológicos del comportamiento de la enfermedad, y además expone las características históricas de su reproducción demográfica.


La Peste

Hasta siglos después de que ocurrió, la gente comenzó a llamar a la enfermedad Peste Negra. Se cree que la causa fue un malentendido etimológico, una mala traducción de la expresión latina atra mors, en la que el adjetivo atra puede significar tanto terrible como negra. Ni los más pobres granjeros feudales ni los más ricos nobles o reyes sabían nada sobre bacterias o virus —y menos de patógenos microbiológicos— por lo que la palabra Peste funcionaba como un vocablo general para definirlos sin distinción.

En términos bacteriológicos la Peste fue una epidemia de Plaga Bubónica, una enfermedad causada por la bacteria Yersinia Pestis, que circulaba entre los roedores salvajes, sobre todo en donde se encontraban en gran cantidad. Estos lugares, por lo común almacenes de grano o edificios en puertos, fueron lo que se conoce actualmente como “focos de infección” o “reservas de patógenos”. La Yersinia Pestis infectaba humanos que vivían en compañía de ratas, por lo general de la especie conocida como rata noruega, o rata de barco, que son las actuales ratas de ciudad.

Ahora bien, por mucho tiempo se pensó que la manera en la que se infectaba a la población humana era por medio de mordidas de rata, pero no fue hasta finales del siglo XIX y principios del XX que se identificó el verdadero comportamiento de la infección gracias al estudio de brotes modernos en el siglo XIX: en 1870 se descubrió que las enfermedades contagiosas son causadas por unos microorganismos llamados agentes patógenos. Estos patógenos son los causantes de las enfermedades más comunes, como el resfriado, las paperas y la gripe.

Gracias a estudios de entomología y de patología se pudo definir la manera en que se transmitía verdaderamente la Yersinia Pestis: a través de las múltiples mordidas de pulgas de rata. La plaga primero mataba a la mayoría de la colonia de ratas del núcleo de contagio, y como las pulgas de rata se quedaban sin comida (se alimentan de seres vivos), se trasladaban a los seres humanos que tenían cerca gracias a la desesperación causada por el hambre. Después de la mordida el patógeno se filtra a un nódulo linfático que consecuentemente forma un bubón (un absceso) doloroso: por esto el nombre de Peste bubónica. La infección toma de tres a cinco días para incubar en las personas antes de que tengan síntomas, y otros cinco para que, en el 80% de los casos, estas personas mueran.

La arquitectura biológica de la Yersinia Pestis, la discusión sobre las diferencias entre epidemia y plaga, la teoría de plagas, y cómo se integran estas características a la historia de la Europa medieval, es explicado en la exhaustiva investigación de Benedictow presentada en otro de sus libros: What Disease was Plague? On the controversy over the Microbiological Identity of Plague Epidemics of the Past. Esto hace replantearnos la idea del oficio del historiador, Benedictow demuestra en La Peste Negra el dominio de conocimientos médicos y biológicos recientes, y, de manera inversa, contextualiza estos en la investigación histórica, que nunca es subordinada al segundo plano.


La expansión de Yarsinia Pestis

En menos de 7 años la Peste se trasladó desde la frontera con Asia hasta Copenhague, infectando en su camino ciudades como Roma, Florencia, Marsella, Barcelona y Londres, casi el 100% de Europa continental. Para explicarse esto se utiliza la teoría del contagio exponencial o metástasis: las colonias de ratas infectan a otras colonias de ratas, que, a su vez, infectan a otras colonias de ratas.

Las rutas de comercio marítimas y terrestres tuvieron que ser estudiadas y analizadas paralelamente en comparación con la velocidad en que Yarsinia se reproduce. La plaga, entonces, recorrió distancias considerables gracias a barcos con bodegas en donde las ratas negras/noruegas proliferaban. Incluso si las ratas morían en el viaje, las pulgas de las ratas sobrevivían lo suficiente hasta encontrar otro cuerpo, humano o animal, de dónde alimentarse. El hecho de que la plaga se transmita por estos animales significa que es una enfermedad que prolifera en las temporadas de calor, y que se retrae en invierno. Esto agrega otro elemento al estudio de la Peste: su patrón estacional o climático, su seasonal pattern.

Todos estos elementos, al juntarse con el estudio de documentos históricos de diversa índole (inventarios de navegación, listas de impuestos, censos, edictos de municipalidades, cartas, fletes, incluso algunas confesiones religiosas), hacen posible una hipótesis que explica cómo fue que la Peste Negra mató a tanta gente en tan poco tiempo.  
Las peculiaridades del agente patógeno Yarsinia Pestis no tendrían relevancia en la explicación de la catástrofe si no se consideraran de acuerdo con la forma en que se organizaba la economía y sociedad europea de la Edad Media. La forma en que la Peste Negra se reprodujo debería ser considerada un ejemplo que prueba la íntima e inseparable relación entre el hombre y el ecosistema, entre cultura y naturaleza. Yarsinia Pestis fue, en términos meramente biológicos, tan exitoso en su propagación, gracias a las redes de comercio que el hombre había creado.

Quizás lo más importante que Benedictow nos enseña, es que el mayor acontecimiento infeccioso que ha tenido la humanidad no puede ser entendido sin un diálogo Historia-Ciencias Naturales.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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