#4 Tiempos
Lo que viene siendo el amor | Columna de Carlos López Medrano
Mejor dormir
Es fascinante la habilidad que tienen algunos para nombrar lo inasible con comparaciones que parecen no tener la menor relación con aquello de lo que hablan, como si la única forma de describir un fenómeno fuera desviar la mirada hacia un mundo distante y, en apariencia, sin ilación alguna. Dean Martin, por ejemplo, cantaba que uno sabe que está enamorado cuando la luna atrae tus ojos cual si fuera una pizza recién salida del horno y cuando las estrellas te hacen babear como un plato de pasta. Amor napolitano, amasado con harina y acompañado de vino en vaso grueso.
Morrissey, mucho tiempo después, y tras un silencio de siete años en su carrera, utilizó un truco parecido al aseverar que uno no ha estado enamorado si no has visto los astros reflejados en la alacena, sentencia que obligaba a preguntarse si alguno de nosotros había estado flechado en serio alguna vez o si, en cambio, solo habíamos confundido el rayo del sol con el tenue foco de la nevera.
Uno se fatiga de cumplidos ordinarios que parecen botones de repuesto para un abrigo, pero se reanima cuando aparece el ingenio agudo, sin pretensión, con una llamarada que no admite impostura. Uno de esos casos es el de Lesley Jacobs que dedicó un libro a su marido con una frase impecable que aspiro a que alguien me diga algún día: «Para David, la tónica de mi ginebra», como parte de un ensayo dedicado a dicha bebida espirituosa.
Jarvis Cocker también dominaba ese arte: y dio cátedra de ello en los años noventa con la letra de «TV Movie», en la que añoraba a un amor perdido tras el cual su vida había perdido rumbo y significado. La lejanía era equivalente a una resaca interminable, y reducía la vida a ser una película hecha para televisión: diálogos insípidos, actores que no convencen, una trama que se extiende sin sentido y, lo que es peor, sin sexo en el horizonte.
Por la misma época, en «Like a Friend», parte del soundtrack de Great Expectations (se podría hacer un buen recopilatorio con las mejores canciones aparecidas en películas de Alfonso Cuarón), el cantante tiraba hacia un amor no correspondido por medio de analogías que daban cuenta de su derrota, de su resquebrajamiento interior. El reproche por todas las heridas, injusticias y embates infligidas por la persona por la que apostó, pero también una devoción callada e incondicional ante alguien que le sonreía solo como amigo.
Eres la última copa de la fiesta que nunca debí beber
eres el cadáver escondido mi la cajuela
eres el mal hábito que no consigo dejar
eres mis secretos revelados en la primera plana cada semana
eres el coche que nunca debí comprar
eres el tren que nunca debí tomar
eres la herida que me hace taparme la cara
eres la fiesta que me recuerda que ya no soy joven
Eres como el choque de auto que veo venir, pero no puedo evitar
un avión en el que me dijeron que nunca debía subir
una película mala, pero que tengo ver hasta el final
Visto esto, déjame decirte algo:
Al final tienes suerte de que seamos amigos…
El desamor, por lo demás, también ha tenido definiciones destacadas. Woody Allen, en Annie Hall, comparaba una relación con un tiburón: si no avanza, muere. Y lo que él tenía con Annie, concluía, era un tiburón muerto.
Todos podemos recurrir al ejercicio de las definiciones. A mí me parece que la ruptura amorosa es apagar un cigarro sobre la yema de un huevo frito (el corazón del otro): un gesto contundente y liberador para quien lo ejecuta con desprecio, y cruel para el que observa impotente cómo se arruina el desayuno que tanto había anhelado. Lástima que yo no fume ni me gusten los huevos estrellados; estoy convencido de que ese acto debe de ser uno de los más devastadores y sinceros que existen, según del lado de la sartén en que uno se encuentre.
Otros amores son distintos, menos dramáticos: se instalan suavemente y se van igual, sin trinar y sin aspaviento. Son el hielo en la copa de un coctel que se disuelve de a poco y que, mientras dura, equilibra el trago y lo hace más llevadero, reconfortando en cada sorbo. Cuando desaparece no duele ni se echa en falta, aunque le reconoces su valía de aire discreto. Y hay mujeres, lo he mencionado ya en otra ocasión, que son como un café cargado: te levantan cuando estás aletargado por el somínfero de lo cotidiano, por el adormecimiento de quien ha perdido el carburador.
Ya se ve, hablar de ciertos tópicos inclina a la cursilería. Qué más da. Envejecer nos muestra que rehuir del ridículo es imposible, y que, al contrario, hay que arrojarse a sus brazos ya que en él se encuentra lo honesto, y también algo de lo verdadero.
Pero basta de amor, que ahí somos todos principiantes, decía Jonás Trueba en una de sus películas. Apuntaba Jardiel Poncela que definir el humor era como intentar atrapar una mariposa con un telégrafo. Lo mismo ocurre con algunas pasiones. En esas aguas uno corre el riesgo de ser uno de esos predicadores sorprendidos con chantilly y tubos de goma en el armario, o ser uno de esos gurús del estilo que van por el mundo vestidos de estropajo, gorra turquesa y lentes de mosca. Al escribir intento sonar a Bill Evans y no lo consigo.
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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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