octubre 14, 2026

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#4 Tiempos

Saborear el dolor | Columna de Carlos López Medrano

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MEJOR DORMIR

 

El dolor, ese vilipendiado protagonista, merece una reconsideración. Si uno se lo piensa, es uno de los cimientos de cualquier ser notable. Son los golpes y los cortes de ceja los que forjan el carácter, y los que tallan al luchador existencial. Los que trazan un compás, un ritmo, un caparazón para andar el largo y sinuoso camino sin perder demasiado los nervios. La vida no está completa hasta que tu corazón pierde un latido, decía una vieja canción. Cualquiera que se abstenga de darse de bruces con el suelo será huérfano de una formación primaria que, en el momento de la verdad, sirve para sostener el equilibrio donde el resto trastabilla.

Mi comprensión de la necesidad de los contratiempos llegó más temprano que tarde, cuando, siendo un niño, junto a mi hermana, anhelé que mis padres nos compraran una cajita de curitas que traían diseños de Los Picapiedra. La astuta (y perversa) maquinaria de la mercadotécnica sabía del impacto que una tirita con un diseño deslumbrante podría traer para los niños por encima del aburrido diseño color carne.

Tras muchos ruegos, al fin tuvimos una caja de curitas para atender cualquier contingencia. Pero la amargura vino apenas tuvimos el tesoro entre las manos, pues para utilizar aquel producto se requería estar herido. Una cortada o un mínimo raspón. De otro modo no había sentido. Ni siquiera simular una lesión o jugar el médico cubría el prurito de usar el producto de marras.

Quién sabe, puede que las curitas de Nickelodeon hayan iniciado a muchos jóvenes en el chispeante mundo de la autoflagelación. En todo caso, se desprendió una enseñanza. Comprendí que necesitamos de los golpes de la vida de vez en cuando. A una conclusión similar se llega con la emulsión de Scott, el terrible bouquet del hígado de bacalao hará más por ti que los pastelillos y el merthiolate es una caricia de lava que llega por tu bien.

En el deporte esto es evidente. Ander Izagirre cifraba el éxito de los ciclistas en su capacidad para soportar el sufrimiento, en el bagaje para la agonía. El periodista español citaba en un libro aquellas memorables palabras de Miguel Induráin, una de las máximas leyendas del Tour de France (parte del selecto club de tres personas que lo han ganado en cinco ocasiones y el único que lo ha hecho de forma consecutiva), quien para explicar su éxito deportivo concluyó que había «llegado muy lejos en el dolor». La piedra angular: resistir, resistir, resistir.

Un poco como Rocky Balboa en su combate contra Iván Drago. Una de las razones de su victoria fue estar acostumbrado al padecimiento, a convivir con él como motivación. Caer… y levantarse. El impoluto soviético dominaba el alambre hasta que tuvo que enfrentar lo que era le era desconocido: el revés, su sangre. Entonces se desplomó; era un gigante con pies de barro, como cualquier tipo que no sabe sobrevivir a la tragedia. «Todos tienen un plan hasta que reciben el primer golpe en la boca», sabias palabras de Mike Tyson. Los grandes saben adaptarse al imprevisto, a encajar la desgracia y continuar. Como decía Hank, lo que más importa es saber caminar a través del fuego.

Además, las victorias saben a poco cuando no hay adversidad. Un éxito inmerecido, higiene excesiva. Es inevitable sentir atracción por los personajes desgarrados, aquellos que emergen del fango y piden que el espectáculo continúe. La carne fría e imperturbable acaba por aburrir. Incluso si el chasco se consuma y llega una derrota, no importa demasiado en el equilibrio cósmico si la entrega fue suficiente: la caída revela melodías que apuntan al corazón y cautivan.

Un escupitajo sanguinolento deja una lección mayor a la de la espuma de champagne rociada sobre una edecán en el podio.

Estás conformado por los engaños, las pérdidas, por las frustraciones que sacan tu embeleso, que estimulan el afán de redención, que te impulsan a sacudirte las cenizas y a mostrar al orden establecido que no puedes ser doblegado, que el público se equivocó dejarte fuera y no concederte un boleto hacia el jardín.

El amor perdido, las amistades que miraron a otro lado cuando las requerías, la clemencia no dada… todo ello forma la pasta que rellena las fisura de tu cuerpo y que, en el momento límite, te mantendrá de pie ante los soplidos envenenados del destino.

Paul Léautaud daba cuenta del fenómeno cuando decía que todo gran poeta cargaba con la chispa de un fracaso amoroso. Ese trauma era la punta de lanza para su búsqueda de la belleza. Recuperar a través de sonidos e imágenes eso que le había abandonado y que, en su falta, configuraba ya el recurso ilimitado del movimiento, fuente del ansia creativa. Es ahí, en el vacío, donde el artista siembra un árbol cuyos frutos habrán de encontrar el paradero de otras manos que lo sostengan.

Cuando te llegue el zumbido, el hormigueo que mordisquea las entrañas, quemazón que reverbera lejos del agua, recuerda sin desespero las palabras de Ovidio para sobrellevar la pérdida del amor: Persiste y sé tenaz: este dolor será útil un día: muchas veces un jarabe amargo trae remedio a los enfermos*. La carencia enseña mucho. Es la tela de araña de los extremos. El sufrimiento conduce a la esperanza, un camino se abre al rechinar lo dientes y rasguñar la cubierta. Estar abajo una temporada otorga una perspectiva poderosa.

Navega con la convicción de que el viento huracanado que tanto te ataca será lo que al fin impulse tu barco, siempre y cuando sigas de pie, sosteniendo la vela. No hay causa perdida mientras los dedos tiemblan en la caña y nada pesca el anzuelo: acabarás por oír el canto del grillo. La vanidad tiende a brillar cuando es mancillada. Las flores del campo conocen de la lucha íntima que libras cada día.

Ahora me acuerdo de aquel personaje de Truffaut que descubrió el secreto de las personas que lloran y siguen llorando. Tras la avalancha de sentimientos y minutos de derrame, llega un punto en el que se empieza a saborear y disfrutar el dolor.

 

*Amores, Libro III. Versión de Vicente Cristóbal López.

Contacto:
Twitter: @Bigmaud
Correo: [email protected]ç

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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