Opinión
Rafa Márquez vino a San Luis, pero para eso, mejor se hubiera quedado en Barcelona
Lo que prometía ser un evento histórico para los potosinos aficionados al futbol se acabó convirtiendo en un evento histórico… pero para los trajeados
Por: Carlos Ruíz
La presentación de la Copa Potosí 2026 tenía un protagonista muy marcado. No era Pablo Aguilar, no era Paul Aguilar, no era Juan Carlos Valladares, no era Ruth González, ni tampoco era Ricardo Gallardo… el hombre que jaló todas las miradas fue Rafael Márquez.
El anuncio de la presencia del ‘Káiser’ despertó gran expectación en la afición potosina. No todos los días tienes a un ex-jugador del Barcelona y cinco veces mundialista en San Luis Potosí. Tener cerca al michoacano era el sueño de muchos niños y grandes que ahora lo iban a poder cumplir… o eso se suponía, porque la realidad fue otra.
La tarde en la Unidad Adolfo López Mateos comenzó con la no tan aclamada presencia de los dos Aguilar, quienes si bien estaban medio escondidos entre vallas y la parte de atrás del escenario, sí se tomaron fotografías y firmaron artículos a quienes los encontraron.
Cuando apenas la gente se estaba dando cuenta de dónde estaban los ex-futbolistas del América, todos empezaron a correr rumbo a la entrada de Himno Nacional, pues llegó el “pitazo” de que había arribado el gran protagonista.
Efectivamente, unos segundos después, un convoy entró en la Cancha 2 del complejo, con la presencia estelar del gobernador junto con el auxiliar de la Selección Mexicana, aunque algo se sentía raro desde el principio.
Mientras se dirigían al estrado, tenían a todo un séquito a su alrededor impidiendo que nadie se les acercara, mientras Gallardo hablaba con un Márquez que desprendía una notable soberbia.
La presentación en sí no fue nada fuera de lo ordinario. Mensajes breves de los principales involucrados, videos de presentación y el intercambio correspondiente de regalos para posteriormente dar pie a la tan esperada “sesión de preguntas”.
Sesión que fue una vergüenza. Rafa traía un muy buen discurso de cómo estos torneos sirven para darle una oportunidad de mostrarse a los jóvenes en un gran escenario, de fomentar el deporte y promover la sana competencia; así de la importancia de que el deporte se acompañe de educación para no solo crear buenos futbolistas, sino buenas personas. Grandes palabras del capitán, pero fue todo lo que dijo.
Seamos honestos, a nadie le importaba lo que Márquez, Paul o Pablo tuvieran que decir en torno a la Copa Potosí. Que era la presentación del certamen, ¿pero qué más iban a poder decir aparte de que era un gran torneo y estaban muy felices de haber sido invitados?
Nosotros no fuimos a que dijeran que estaban honrados de estar en esta presentación. Íbamos a preguntarle a Paul de la crisis en el América y en la lateral derecha del ‘Tri’, a Pablo del buen momento de Cruz Azul y Paraguay… y a Rafa ni se diga.
No puedes llevar al actual auxiliar de la Selección Mexicana a menos de 100 días de una Copa del Mundo que aparte se juega en México y pretender que nadie le pregunte al respecto. De la Potosí, a lo mucho, les podías hacer tres preguntas, ¿cuál era el objetivo entonces de hacer ese espacio?
Después de que se hicieran esas tres preguntas protocolarias (y una lamentable de cómo se sentía Paul Aguilar en Fox Sports) por fin alguien cuestionó a Rafa acerca de cuáles eran las expectativas del ‘Tri’ en la Copa del Mundo … y entonces entró nuestro amigo Francisco Serrano.
Nuestro querido director del Inpode tomó el micrófono antes de que el zamorano pudiera responder algo, y alegando que eso no tenía nada que ver con el evento, cerró el espacio a la respuesta, y como se dieron cuenta de que ya nadie iba a preguntar “¿cómo te sientes de estar en San Luis?”, mejor acabaron su fallido ejercicio. Fallido para la prensa, porque ellos sí lograron que hablaran bien de su torneo.
Dieron paso entonces a los clásicos penales de los célebres invitados para sellar la inauguración… y Rafa se fue. Se tomó su infaltable foto con Ruth, y rodeado de nueva cuenta por su séquito, emprendió la huida sin prácticamente pelar a los aficionados que lo rodeaban en búsqueda de la foto o la firma.
Sí, qué bueno que la “Copa del Millón” pueda tener a esta clase de invitados para engalanar el evento. Qué bueno que nuestro gobernador tenga su playera de Rusia 2018 firmada por el capitán. Qué bueno que Paul Aguilar tenga su pollo de juguete. Pero a la gente, se le quedó a deber.
La gente no fue a oír a Rafa decir que “es una gran copa”. La gente no fue a ver a Juan Carlos Valladares tirar su penal. La gente en general no iba por la Copa, iba por la foto, por el saludo, por la firma… y al menos con el ‘Káiser’ eso no hubo.
Un evento para el pueblo se acabó convirtiendo en un evento para unos pocos. Los que no iban de traje quedaron en segundo plano. Querían que casi casi solo sirvieran de fondo para la exaltación de su copa. Tuvieron la cancha llena… pero esa gente que la llenó, recibió muy poco.
Mínimo Paul sí se tomó algunas fotos (aunque aplicó la del Místico y aseguró que no lo dejaban dar entrevistas). El único que cumplió a cabalidad fue ‘Pablito’, quien sí repartió fotos, autógrafos, videos y entrevistas.
El paraguayo expresó confianza en que su selección tenga un buen desempeño en el Mundial…y tiene toda la razón. Ojo con Paraguay, que con Alfaro acabó siendo el equipo que mejor jugaba en las Eliminatorias de Sudamérica y en el verano bien puede arruinarle la fiesta a Estados Unidos.
Deberíamos estar hablando de Rafa y el éxito del evento, pero esta crónica la cerramos con los guaraníes por culpa de tan nefasta planificación.
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Letras minúsculas
Siempre hay gente así | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Hay gente que sólo llama cuando nos necesita. Mientras comen y beben, todo está bien, pero tan pronto como se les atora un hueso allí los tienes acordándose de nosotros. Yo conozco a muchos miembros de esta raza canina, y cuando veo su número telefónico parpadeando en la pantalla de mi celular, me digo: “¿Qué se les ofrecerá ahora? ¿De qué apuro hay que sacarlos?”.
–Juan Jesús, ¡qué milagro! ¿Cuánto hace que no nos vemos? ¡Hombre, déjate ver más a menudo! Pero, mira, en realidad te hablaba para esto…
¡Vaya, por lo menos son sinceros! ¡Por lo menos no tratan de engañarnos diciéndonos que nos han hablado para otra cosa!
-¿En qué puedo servirte? –digo, sabiendo perfectamente que no estoy usando una frase retórica.
Pero las cosas se complican todavía más cuando suceden cosas como las que voy a contar.
Desde hace muchos años conozco una pareja que siempre anda, como decimos en mi tierra, a la cuarta pregunta. Yo no sé cómo han hecho para que sus hijos estudien en los mejores colegios, tomen por las tardes clases de alemán, y además sean socios de varios clubes recreativos de nuestra ciudad. Esto es un misterio para mí, pero no pienso desentrañarlo. ¿Para qué? ¿Qué me importa a mí saber cómo le hacen para sostener semejante tren de vida? Pero sucedió una vez que el patriarca de aquella extraña familia vino en mi busca para suplicarme que por favor le ayudara a conseguir una beca para su hijo mayor.
-No te imaginas –me dijo- cómo andan de mal nuestras economías. ¡A veces siento la tentación de colgarme de la viga más alta del techo!
“¡Pero si el techo de tu casa no tiene vigas!”, dije para mi coleto. Además, a este hombre yo lo había oído muchas veces hablar así, de modo que aquella confesión apenas me impresionó.
-Sí –dije yo-. Los tiempos son malos. Y en España están peor.
-¿Malos? Te quedas corto. Yo no sé cómo le vamos a hacer. Yo no sé. Pero, mira, todo es cuestión de que hables con los directivos del colegio y…
-Pero si se trata sólo de hablar, ¿por qué no lo haces tú?
-Ah, es que a ti te harán más caso. No es lo mismo que hable yo a que hables tú. ¿Comprendes?
Total que le prometí hacer lo que pudiera. Y, vanidad aparte, debo confesar que conseguí mucho más de lo que yo mismo hubiera deseado.
Para celebrar el triunfo, la familia me invitó a cenar a su casa. Y aunque dudé en hacerlo para no exponerme a nuevos sablazos, acabé yendo gracias a esa perniciosa incapacidad de decir que no que vengo padeciendo desde las más tempranas etapas de mi existencia. Bien, estábamos en la mesa cuando de pronto me preguntó la mujer; quiero decir, la matriarca:
-¿Y con quién habló usted para solucionar el asunto, si puede saberse?
Como la cosa podía saberse, dije:
-Con el señor Martínez.
-¿Con el señor Martínez? ¿Con Rogelio Martínez?
-Así es –respondí.
-¡Hombre! –exclamó la mujer-. ¡Pero si Rogelio Martínez es amiguísimo de mi marido! ¿Verdad que es amiguísimo tuyo, cariño?
-Sí –respondió éste-. Fuimos compañeros en la preparatoria, y además éramos inseparables.
-¡Ay! –volvió a gemir la mujer-. ¿Para qué molestaste al padre? ¡Tan fácil que hubiéramos podido arreglar este asunto nosotros!
“Pues lo hubieran hecho”, dije en voz tan baja que nadie pudo oírme. Y en este tono transcurrió aquella cena maldita. Por demás está decir que regresé a mi casa pateando latas. Y pasó un mes. Y luego otro mes. Y luego otro mes más. Y he aquí que mi teléfono, una tarde, volvió a sonar. Y, sí, era el número temido. “¿Qué se les ofrecerá ahora? ¿De qué apuro hay que sacarlos esta vez?”, me pregunté visiblemente angustiado.
-Juan Jesús, ¡qué milagro! ¿Cuánto hace que no nos vemos? ¡Hombre, déjate ver más a menudo! Pero, mira, en realidad te hablaba para esto…
¿De qué se trataba ahora? De que por falta de pago la familia había perdido la membresía de cierto club recreativo… ¿Podía yo, en pocas palabras, conseguirles un pase de cortesía, de manera que los muchachos pudieran ir todas las tardes a nadar? ¡Ay, sufrían tanto por no poder hacerlo! Bien, se lo conseguí.
Y una vez que me encontré a esta pareja en un gran centro comercial, el capitán de aquellas panzas aventureras se aproximó a mí, me llamó su bienhechor y ya casi me estrangulaba con su abrazo cuando me preguntó su mujer:
– ¿Y con quién habló para solucionar este asunto, si puede saberse?
Como la cosa podía saberse, dije:
-Con la señorita Torres.
-¿Con Paty Torres?
-Así es –respondí.
-¡Ay, pero si Paty es casi mi comadre! ¿Verdad que es casi mi comadre, cariño?
Y para evitar lo que seguía miré el reloj, dije que tenía mucha prisa y me despedí de ellos corriendo. A los guardianes les pareció muy sospechoso que saliera del centro comercial arrollando a quien se me pusiese enfrente. Pero era mejor caer en la cárcel que volver a ver a estos mequetrefes.
Dios mío, ¿por qué tiene que haber gente así?
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Destacadas
El día que dejamos de llamar noticia a todo. Manifiesto editorial.
En lo seguro no hay misterio.
Culto Público: Esta entrega no es mi columna ni mis apuntes. Es un acta y un manifiesto. Les suplico leerla como tal y de ser posible guardarla, no por ego, sino como garantía que extiendo.
Déjenme explicarles de qué va esto y el por qué.
Miren, todos los días, a esta redacción —como a las de cientos de medios en el país— llegan decenas de comunicados oficiales. Boletines puntuales, muchas veces mal escritos pero siempre perfumados de gerundio: “se llevó a cabo”, “se está trabajando”, “se está supervisando personalmente”.
Llegan con calificativos de acciones “inéditas, únicas, históricas” y todos compitiendo por destacar algo que es su obligación hacer. Lo he dicho estos días: Gobernar no es noticia.
Los comunicados por lo general vienen acompañados de una “selfie gubernamental” que retrata al gobierno mismo y deja en segundo plano, casi como escenografía lo importante, eso que es justo lo que le da sentido a que exista un sistema de gobierno: Los ciudadanos, con derechos y anhelos permanentes de recibir lo que carecen, lo que se les prometió no importa en que año, en qué campaña, que personaje ni que partido.
A ver, aquí no se culpa a nadie. La forma de comunicar el día a día de los aparatos institucionales tiene al menos cuatro décadas sin renovarse. Lo sé porque yo mismo fui parte de ello. Sí, las herramientas para difundir son más rápidas, pero no más útiles.
El resultado es algo que me despertó con alarma una noche cualquiera. Todos los medios terminamos pareciéndonos: somos espejos unos de otros, quizá con algunas variantes —algunos con colmillo, productos propios y estilo, si me permiten la vanidad—, pero variantes pues de lo mismo.
Eso se acabó hoy. Se acabó para mi y se acabó para La Orquesta.
A partir de esta publicación, La Orquesta sigue en su concierto periodístico pero deja de funcionar como repartidor de los volantes informativos que las instituciones nos piden convertir en noticia. Eso lo dejamos a los demás.
Nuestro público es Culto, lo repito hasta el cansancio, por lo tanto sabe que no todo lo que se hace, necesariamente es noticia, si acaso, un reporte de que se trabaja…que es lo menos que podemos exigir.
Para aliviar la angustia de esa noche cualquiera, decidí hacer algo que suena simple y no lo es: separar, todos los días, lo que es noticia de lo que es ruido. Evaluar la comunicación oficial no para aplaudirla ni para atacarla, sino para medirla. ¿Hubo resultado verificable? ¿Hay un dato, una obra, un beneficiario con nombre? ¿La gente necesita saberlo? Entonces es noticia y se reconoce sin regateos. En cambio ¿Es rutina disfrazada de logro, anuncio repetido o álbum de fotos del funcionario? Entonces también se dice.
Quiero ser claro en tres cosas.
La primera: esto no será un estudio científico ni un índice de laboratorio. Será una valoración editorial, mía y por lo tanto subjetiva aunque no carente de metodología básica. Claro, me podré equivocar y cuando lo haga, corregiré con el mismo tamaño y la misma tinta (no usamos tinta, pero ya saben lo que quiero decir).
Lo que no haré es fingir neutralidad donde lo que hay es postura. Junto a todo el equipo, estamos construyendo indicadores y herramientas para que ustedes tengan el contexto de lo que leen en nuestras plataformas. Pronto conocerán los nombres y la mecánica. Hoy solo les adelanto la promesa: cada evaluación será firmada, explicada y defendible.
La segunda: no vamos a mirarnos el ombligo. La agenda pública —y sobre todo la agenda del poder público— la hacemos todos los medios. Voy a leer, analizar y reconocer a todos. No tenemos miedo de publicar hallazgos de otros medios serios -ojo, no reproducir su material, sino reconocerlos e invitar a nuestro público sumarse al de ellos-
Si un colega hace un buen trabajo -como lo hacen muchos- se reconoce sin mezquindad. Si otro medio genera cambios y publica mejor que nosotros, también lo diremos. Hay que competir por informar mejor, no por decirlo más fuerte.
Eso sí, lo que ocurre atrás de lo que un medio publique —sus intereses, sus líneas, sus contratos, (que todos tenemos y que conste)— no es de nuestra incumbencia. Leeremos lo que hacen público. Punto.
La tercera, y esta va con dedicatoria: existe en San Luis Potosí —y en todo el país— una fauna de páginas que se hacen llamar medios pero a las que en realidad no se puede llamar por ningún nombre, porque son anónimas.
Son esas páginas que escriben sincronizadas como si les mandaran guión. No usan método periodístico, usan adjetivos, conjeturas y afirmaciones sin comprobar. Ellos no quieren informar: quieren atacar sin honor, todos conocemos a alguno y todos sabemos que esas cañerías de publicaciones tienen sus villanos favoritos y sus mecenas invisibles (entre comillas, subrayado y en rojo…no son invisibles aunque así lo crean)
A esos no los voy a poner en duda, porque duda no tengo: no sirven para nada excepto para generar ruido, polarización y satisfacer los vacíos emocionales de sus autores y sus patrocinadores.
Escriben con coraje porque están enojados. Escriben con miedo porque se sienten inferiores. Escriben insultos porque se están proyectando. Es la psicología básica de la cobardía.
A esa revisión le vamos a llamar El Graznido del Pato. No para darles importancia —lo último que merecen— sino para lo contrario: para que al menos mi Culto Público y el círculo rojo de este estado distinga a esos como lo que son y lo poco que valen. Desestimarlos es justo.
Si algún dueño, patrocinador o autor escondido de estas cañerias de pato-notas quiere reclamar algo, el trámite es bien simple: quitarse la máscara. Hablar de frente y hacerse responsable de sus publicaciones de manera retroactiva. Los espero, yo no tengo prisa, confío en su profunda intolerancia al ego herido.
Ahora, lo que hace posible este cambio no es solo un arranque de valentía ni mi despertar ese de madrugada.
Detrás de estos cambios, nuestro medio empieza a operar una infraestructura de inteligencia artificial diseñada para hacer lo que ningún equipo humano puede hacer todos los días con todo lo que se publica: leer la información, desarmarla, extraer los datos cuando se detecten , y cruzarlos contra la memoria de lo que ya se dijo antes.
La máquina recuerda lo que luego el poder confía en que se nos olvide. Esa será su función y también su límite: propone, pero un ser humano dispone. Ninguna evaluación, criterio o producto se publicará jamás sin el cuidado de un periodista. El día que eso se invierta, y dejemos todo a la maquina, entonces cierren esta página porque ya no seremos nosotros. El periodismo o tiene alma, o deja de hablarle a los seres humanos perdiendo todo sentido.
El primer paso de este camino tiene nombre y se entregará desde mañana a un círculo muy reducido al que mantendré en mis listas de difusión, lo bauticé como “A Tiempo y Marcando el Ritmo”.
Ese es solo el inicio. Hay más productos en camino y cambios estructurales que iremos anunciando conforme estén listos —no antes, porque aquí no vamos a cometer el pecado que le señalamos al poder de anunciar lo que todavía no existe.
Empezamos en San Luis Potosí, que es donde el águila paró y donde han iniciado, nacido y generado hombres, mujeres, movimientos, piezas y talentos de valor universal.
Sin embargo, la vieja enfermedad de la repetición informativa y de la construcción deliberada de narrativas y relatos mediáticos desde el poder, mismos que obedecen al piramidal filtro del discurso occidental de producción, consumo y miedo, no es un problema exclusivo ni de nuestro estado ni país, es un asunto continental.
Y es que ese sistema viejo como Matusalen, junto a la velocidad sin criterio de las herramientas a la mano, el peligroso scroll incuestionable, el reto de informar en 4 palabras o detener al navegante en dos segundos, ha generado dos cosas: nuevas especies en el espectro de la comunicación y el periodismo, y la desalmada condena que nos depara si seguimos confundiendo cualquier cosa como noticia, sin cuestionarla y -lo que es peor- asumirla como verdad.
Se le atribuye a Mark Twain la afirmación: “Lo que te mete en problemas no es lo que no sabes, es lo que crees que sabes con certeza… y resulta no ser cierto”. Así nos está pasando.
El remedio no lo tenemos, pero primero hubo fiebre que paracetamol. El termómetro está a reventar y a la vista de todos.
Una cosa más, Culto Público y con esto cierro: En lo seguro no hay misterio, y cuando no hay camino…”se hace camino al andar “ escribió Antonio Machado.
Por lo tanto, seguro que nos llamarán locos, (lo bueno es que la cordura nos cae gorda y a mi me han dicho más feo) seguro incomodaremos a algunos o a muchos, seguro habrá tropiezos y errores.
Lo que les prometo es que no habrá arrepentimiento. El afán es honesto. Desde La Orquesta quiero contribuir a la construcción de un mástil, vela y timón con el que el periodismo supere la tempestad en la que estamos, y que surque los mares de eso que chocará de frente, fuerte y rapidísimo, eso de lo que no tenemos remota idea de lo que es, ni de lo cerca que pueda estar, pero -les aseguro- viene.
Yo soy Jorge Saldaña.
Opinión
¿Vecinos ruidosos? Antes de declarar la guerra, conozca sus derechos | Columna de Víctor Ezequiel
SERENDIPIA
“Pon música, a ver quién aguanta más”. “Échales a la patrulla”. “Córtales la luz”. Si alguna vez le dieron uno de estos consejos, estimado lector, permítame decirle que probablemente le recomendaron exactamente lo que no debe hacer.
Todos queremos disfrutar de nuestro hogar. Después de una larga jornada de trabajo, lo menos que esperamos es poder descansar. Sin embargo, basta un vecino que convierta su casa en salón de fiestas cada fin de semana, que crea que todo el fraccionamiento disfruta los mismos corridos a las dos de la mañana o que piense que un karaoke desafinado merece audiencia obligatoria, para que la paciencia empiece a agotarse.
La buena noticia es que el derecho sí ofrece herramientas para enfrentar estos problemas. La mala noticia es que muchas personas prefieren actuar por impulso antes que por estrategia, y terminan generando un conflicto mayor.
Lo primero que debemos entender es que hacer ruido no siempre es ilegal. Vivir en comunidad implica tolerar ciertos sonidos normales: niños jugando, una mascota ladrando ocasionalmente, una reparación doméstica o una reunión familiar razonable. El problema comienza cuando el ruido deja de ser una consecuencia normal de la convivencia y se convierte en una afectación constante al descanso, la tranquilidad o incluso a la salud de los demás.
Nuestra Constitución reconoce el derecho a un medio ambiente sano y protege el derecho a la salud. Aunque pocas personas relacionan estos derechos con el exceso de ruido, la contaminación acústica puede afectar el sueño, incrementar el estrés, alterar la concentración e incluso contribuir a problemas cardiovasculares. Por eso, el ruido excesivo no es únicamente un problema de cortesía; también puede convertirse en un asunto de interés público.
En el caso de San Luis Potosí, tanto la legislación estatal en materia ambiental como los reglamentos municipales permiten a las autoridades intervenir cuando el ruido rebasa los niveles permitidos o altera el orden público. Dependiendo del municipio y de la gravedad del caso, pueden imponerse apercibimientos, multas administrativas e incluso la suspensión de actividades cuando se trate de establecimientos comerciales que incumplen reiteradamente las disposiciones aplicables.
Ahora bien, si el ruido proviene de un domicilio particular, ¿qué puede hacer un ciudadano?
La primera recomendación, aunque parezca poco jurídica, suele ser la más efectiva: hablar con el vecino. Sí, suena demasiado sencillo para ser verdad, pero muchos conflictos terminan ahí. No siempre existe mala intención; en ocasiones las personas simplemente desconocen el impacto que generan.
Cuando el diálogo no funciona, conviene comenzar a documentar el problema. Anotar fechas, horarios, duración del ruido y, cuando sea posible, obtener fotografías, videos o grabaciones puede resultar útil si posteriormente interviene una autoridad. También pueden servir los testimonios de otros vecinos afectados.
Si el problema persiste, lo procedente es acudir a la autoridad municipal competente. Dependiendo del lugar, podrá intervenir la policía municipal, un juez cívico o la autoridad administrativa correspondiente. Es importante entender que la función de la policía no consiste únicamente en detener personas; también puede intervenir para preservar el orden y prevenir conflictos vecinales.
Ahora bien, tampoco debemos caer en el extremo contrario. Llamar a la patrulla porque un vecino cortó el pasto un sábado a las diez de la mañana difícilmente prosperará. Las autoridades suelen valorar aspectos como la intensidad del ruido, su duración, el horario y la reiteración de la conducta. No todo sonido constituye una infracción administrativa.
Un escenario distinto ocurre cuando el responsable es un negocio, un salón de eventos, un bar o un establecimiento que opera con música a volumen excesivo. En esos casos, además de la autoridad municipal, pueden intervenir autoridades ambientales o de comercio, según las facultades previstas en la legislación local. Incluso existen normas oficiales mexicanas que regulan los límites máximos permisibles de emisión de ruido provenientes de determinadas fuentes fijas.
Hay otro error muy frecuente: pensar que “como es mi casa, puedo hacer lo que quiera“. Jurídicamente eso tampoco es correcto. El derecho de propiedad no es absoluto. La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido reiteradamente que ningún derecho fundamental puede ejercerse de manera ilimitada cuando afecta los derechos de otras personas. En otras palabras, disfrutar de su propiedad sí, pero no a costa del descanso, la salud o la tranquilidad del resto de la comunidad.
¿Y qué pasa si el conflicto escala? Lamentablemente, algunos casos terminan en amenazas, daños a la propiedad o incluso agresiones físicas. Cuando eso ocurre, el problema deja de ser únicamente administrativo y puede actualizar responsabilidades civiles o penales, dependiendo de los hechos. Por ello, responder con violencia, cortar el suministro eléctrico del vecino, destruir bocinas o tomar represalias rara vez constituye una buena estrategia. Además de agravar el conflicto, quien termina enfrentando un procedimiento legal podría ser precisamente quien creyó “dar una lección”.
Estimado lector, vivir en comunidad implica un delicado equilibrio entre derechos y obligaciones. Todos tenemos derecho al descanso, pero también a disfrutar de nuestro patrimonio. La clave está en recordar que nuestros derechos terminan donde comienzan los de los demás.
Antes de iniciar una guerra vecinal por una bocina, una fiesta o un karaoke que parece no tener final, agote las vías legales. Documente, dialogue y acuda a las autoridades cuando sea necesario. Porque, aunque algunos insistan en creer que el volumen de su música demuestra personalidad, el derecho suele tener una opinión bastante más silenciosa… y considerablemente más efectiva.
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