septiembre 23, 2026

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Opinión

Rafa Márquez vino a San Luis, pero para eso, mejor se hubiera quedado en Barcelona

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Lo que prometía ser un evento histórico para los potosinos aficionados al futbol se acabó convirtiendo en un evento histórico… pero para los trajeados

Por: Carlos Ruíz

La presentación de la Copa Potosí 2026 tenía un protagonista muy marcado. No era Pablo Aguilar, no era Paul Aguilar, no era Juan Carlos Valladares, no era Ruth González, ni tampoco era Ricardo Gallardo… el hombre que jaló todas las miradas fue Rafael Márquez.

El anuncio de la presencia del ‘Káiser’ despertó gran expectación en la afición potosina. No todos los días tienes a un ex-jugador del Barcelona y cinco veces mundialista en San Luis Potosí. Tener cerca al michoacano era el sueño de muchos niños y grandes que ahora lo iban a poder cumplir… o eso se suponía, porque la realidad fue otra.

La tarde en la Unidad Adolfo López Mateos comenzó con la no tan aclamada presencia de los dos Aguilar, quienes si bien estaban medio escondidos entre vallas y la parte de atrás del escenario, sí se tomaron fotografías y firmaron artículos a quienes los encontraron.

Cuando apenas la gente se estaba dando cuenta de dónde estaban los ex-futbolistas del América, todos empezaron a correr rumbo a la entrada de Himno Nacional, pues llegó el “pitazo” de que había arribado el gran protagonista.

Efectivamente, unos segundos después, un convoy entró en la Cancha 2 del complejo, con la presencia estelar del gobernador junto con el auxiliar de la Selección Mexicana, aunque algo se sentía raro desde el principio.

Mientras se dirigían al estrado, tenían a todo un séquito a su alrededor impidiendo que nadie se les acercara, mientras Gallardo hablaba con un Márquez que desprendía una notable soberbia.

La presentación en sí no fue nada fuera de lo ordinario. Mensajes breves de los principales involucrados, videos de presentación y el intercambio correspondiente de regalos para posteriormente dar pie a la tan esperada “sesión de preguntas”.

Sesión que fue una vergüenza. Rafa traía un muy buen discurso de cómo estos torneos sirven para darle una oportunidad de mostrarse a los jóvenes en un gran escenario, de fomentar el deporte y promover la sana competencia; así de la importancia de que el deporte se acompañe de educación para no solo crear buenos futbolistas, sino buenas personas. Grandes palabras del capitán, pero fue todo lo que dijo.

Seamos honestos, a nadie le importaba lo que Márquez, Paul o Pablo tuvieran que decir en torno a la Copa Potosí. Que era la presentación del certamen, ¿pero qué más iban a poder decir aparte de que era un gran torneo y estaban muy felices de haber sido invitados?

Nosotros no fuimos a que dijeran que estaban honrados de estar en esta presentación. Íbamos a preguntarle a Paul de la crisis en el América y en la lateral derecha del ‘Tri’, a Pablo del buen momento de Cruz Azul y Paraguay… y a Rafa ni se diga.

No puedes llevar al actual auxiliar de la Selección Mexicana a menos de 100 días de una Copa del Mundo que aparte se juega en México y pretender que nadie le pregunte al respecto. De la Potosí, a lo mucho, les podías hacer tres preguntas, ¿cuál era el objetivo entonces de hacer ese espacio?

Después de que se hicieran esas tres preguntas protocolarias (y una lamentable de cómo se sentía Paul Aguilar en Fox Sports) por fin alguien cuestionó a Rafa acerca de cuáles eran las expectativas del ‘Tri’ en la Copa del Mundo

… y entonces entró nuestro amigo Francisco Serrano.

Nuestro querido director del Inpode tomó el micrófono antes de que el zamorano pudiera responder algo, y alegando que eso no tenía nada que ver con el evento, cerró el espacio a la respuesta, y como se dieron cuenta de que ya nadie iba a preguntar “¿cómo te sientes de estar en San Luis?”, mejor acabaron su fallido ejercicio. Fallido para la prensa, porque ellos sí lograron que hablaran bien de su torneo.

Dieron paso entonces a los clásicos penales de los célebres invitados para sellar la inauguración… y Rafa se fue. Se tomó su infaltable foto con Ruth, y rodeado de nueva cuenta por su séquito, emprendió la huida sin prácticamente pelar a los aficionados que lo rodeaban en búsqueda de la foto o la firma.

Sí, qué bueno que la “Copa del Millón” pueda tener a esta clase de invitados para engalanar el evento. Qué bueno que nuestro gobernador tenga su playera de Rusia 2018 firmada por el capitán. Qué bueno que Paul Aguilar tenga su pollo de juguete. Pero a la gente, se le quedó a deber.

La gente no fue a oír a Rafa decir que “es una gran copa”. La gente no fue a ver a Juan Carlos Valladares tirar su penal. La gente en general no iba por la Copa, iba por la foto, por el saludo, por la firma… y al menos con el ‘Káiser’ eso no hubo.

Un evento para el pueblo se acabó convirtiendo en un evento para unos pocos. Los que no iban de traje quedaron en segundo plano. Querían que casi casi solo sirvieran de fondo para la exaltación de su copa. Tuvieron la cancha llena… pero esa gente que la llenó, recibió muy poco.

Mínimo Paul sí se tomó algunas fotos (aunque aplicó la del Místico y aseguró que no lo dejaban dar entrevistas). El único que cumplió a cabalidad fue ‘Pablito’, quien sí repartió fotos, autógrafos, videos y entrevistas.

El paraguayo expresó confianza en que su selección tenga un buen desempeño en el Mundial…y tiene toda la razón. Ojo con Paraguay, que con Alfaro acabó siendo el equipo que mejor jugaba en las Eliminatorias de Sudamérica y en el verano bien puede arruinarle la fiesta a Estados Unidos. 

Deberíamos estar hablando de Rafa y el éxito del evento, pero esta crónica la cerramos con los guaraníes por culpa de tan nefasta planificación.

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Opinión

FIEL, FIREL y justicia digital: no todas las firmas electrónicas sirven para lo mismo | Columna de Víctor Ezequiel

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SERENDIPIA

Por: Víctor Ezequiel / X: @MrVictorHdz

Culto público, probablemente alguna vez te han pedido una “firma electrónica” y has pensado que se trata de la famosa FIEL del SAT. Y sí, durante muchos años así la conocimos. Hoy se llama e.firma, pero existe otra que resulta especialmente importante si tienes un asunto ante un órgano jurisdiccional federal: la FIREL.

Aunque ambas sirven para acreditar digitalmente la identidad de una persona y permiten firmar documentos electrónicos, no son exactamente lo mismo ni tienen el mismo ámbito de aplicación.

Empecemos por la e.firma

La e.firma del SAT, antes conocida como FIEL, es un certificado digital que identifica a su titular y que jurídicamente produce efectos equivalentes a una firma autógrafa. Tiene una vigencia de cuatro años y se tramita ante el Servicio de Administración Tributaria.

Su utilización no se limita a los impuestos. Puede emplearse ante el propio SAT y, cuando los sistemas correspondientes la reconocen, ante otras dependencias federales, entidades federativas, municipios e incluso particulares.

En pocas palabras: la e.firma es una herramienta de identificación y firma electrónica de uso amplio, pero cada institución determina qué certificados acepta.

Y entonces, ¿qué es la FIREL?

La Firma Electrónica Certificada del Poder Judicial de la Federación, FIREL, está diseñada específicamente para la interacción electrónica con el Poder Judicial de la Federación.

Su importancia radica en que permite realizar actuaciones judiciales electrónicas: presentar demandas, promociones y recursos; consultar expedientes; recibir notificaciones y dar seguimiento a los asuntos sin tener que acudir físicamente al órgano jurisdiccional.

Y aquí aparece una precisión importante: tener FIREL no significa que automáticamente puedas utilizarla en cualquier órgano jurisdiccional del país.

La FIREL puede ser reconocida por órganos locales solo cuando exista un convenio o mecanismo de homologación. Actualmente, el propio Portal de Servicios en Línea del PJF identifica convenios para reconocer certificados de Baja California, Estado de México, Guanajuato, Tamaulipas y Ciudad de México. También reconoce la e.firma del SAT.

Por ello, si vas a promover ante un Poder Judicial estatal, hay que revisar qué firma acepta específicamente ese tribunal.

Una FIREL con reglas nuevas

Y aquí hay una novedad importante.

El 26 de agosto de 2026 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el nuevo Acuerdo General del Pleno del Órgano de Administración Judicial que regula la emisión, renovación, revocación, reconocimiento y uso de la FIREL.

El nuevo esquema contempla dos modalidades:

Presencial: el certificado puede tener una vigencia de hasta cuatro años.

En línea: el certificado tiene una vigencia de un año.

Para la modalidad presencial, actualmente se debe ingresar al sistema, proporcionar los datos de identificación, cargar identificación oficial, acta de nacimiento o carta de naturalización y comprobante de domicilio, y posteriormente seleccionar módulo, día y hora para acudir a realizar el enrolamiento. Es sumamente importante llevar impreso tu acuse, pues es la forma en que tiene el servidor público que te atenderá para validar el proceso del trámite.

Hay un dato especialmente interesante: aunque el nuevo acuerdo establece que, a partir del 1 de enero de 2028, para obtener por primera vez una FIREL en línea será necesario haber obtenido previamente una presencial, durante 2026 y 2027 todavía será posible obtener por primera vez el certificado mediante el procedimiento en línea.

Es decir, quien quiera aprovechar la modalidad remota todavía tiene una ventana abierta hasta el 31 de diciembre de 2027.

Para tramitar tu FIREL ingresa a este link: https://firel.pjf.gob.mx/

Una pregunta frecuente es si con esto ya se puede presentar una demanda y desafortunadamente no es así. La firma electrónica es solamente un medio de validación oficial que representa la voluntad de un justiciable como si plasmara una firma autógrafa. Esta se compone de dos archivos: la llave o Key, que es el archivo que se descarga al momento de iniciar tu trámite; el certificado, que es el archivo generado una vez validada tu información; y existe un tercer archivo llamado PFX, que consiste en la unión de los dos archivos anteriores.

Una vez autorizada la emisión de tu firma, la puedes descargar en esta página: https://firel.pjf.gob.mx/Descarga.aspx

Para generar tu archivo PFX, es necesario que cuentes con tu archivo llave y que ingreses tu contraseña en el siguiente link: https://firel.pjf.gob.mx/Unionpardellaves.aspx

Ahora bien, es importante que memorices tu contraseña o la guardes en un lugar seguro, ya que no es posible recuperarla o cambiarla a menos que antes revoques tu firma vigente.

¿Y para qué es el Portal de Servicios en Línea?

Aquí es donde la FIREL deja de ser solamente un archivo guardado en una computadora y se convierte en una auténtica herramienta de acceso a la justicia.

El Portal de Servicios en Línea del Poder Judicial de la Federación permite presentar demandas, solicitudes y escritos iniciales; enviar promociones; consultar expedientes electrónicos; revisar acuerdos y documentos; recibir notificaciones electrónicas y obtener acuses.

Crear la cuenta es muy fácil pues es muy similar a crear un perfil en alguna red social, ya que debes ingresar tus datos generales, tu CURP, proporcionar un correo electrónico y elegir un nombre de usuario.

https://www.serviciosenlinea.pjf.gob.mx/juicioenlinea

Para un litigante, esto puede significar no trasladarse varios kilómetros para presentar una promoción. Para un ciudadano, puede significar ahorrar tiempo, transporte y dinero.

Asociar la FIREL al portal tampoco es un misterio. Una vez creada la cuenta, se ingresa al perfil de usuario, se selecciona la opción para asociar una firma electrónica, se cargan los archivos correspondientes y se proporciona la contraseña. Después de actualizar el perfil y volver a iniciar sesión, la firma queda vinculada.

Así, una demanda puede comenzar su recorrido desde una computadora, un escrito puede presentarse sin hacer fila y una notificación puede consultarse sin esperar a que alguien llegue físicamente al domicilio.

La justicia digital no sustituye al juez, al abogado ni las reglas del procedimiento. Pero bien utilizada puede eliminar algo que durante décadas parecía inevitable: perder horas y gastar dinero simplemente para llevar un documento de un lugar a otro.

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El Cronopio

Matilde Soto Landeta, pionera directora cinematográfica de México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

A la larga lista de personajes potosinos que participaron brillantemente en el cine mexicano, en especial en la época de oro, siendo pioneros en el género, algunos de los cuales los hemos tratado en esta columna, se encuentra Matilde Soto Landeta, que si bien nació en la Ciudad de México, vivió su infancia y cursó sus primeros estudios en la ciudad de San Luis Potosí donde tiene sus raíces.

En 1913 México pasaba por importantes cambios políticos que agitaban al país, Madero había asumido la presidencia de la República, pero enfrentaba serios problemas de dirección que le llevaría a ser derrocado en los eventos de la decena trágica. Por esas fechas las enfermedades asolaban a la población, en especial la tifoidea, enfermedad que le causaría la muerte a Matilde Landeta Dávalos madre de Matilde Soto cuando esta tenía tres años de edad. Su madre originaria de Matehuala, San Luis Potosí, se casó en 1903 con Gregorio Soto Conde en San Luis Potosí, donde nacieron sus primeros hijos y fueron a radicar a la Ciudad de México, donde nació Matilde Soto Landeta el 20 de septiembre de 1910, aunque en varias crónicas sitúan su nacimiento en 1913.

Al morir su madre, Matilde Soto es traída a San Luis Potosí con su abuela y vive su infancia y adolescencia en la capital potosina. Estudió sus primeras letras en el colegio del Sagrado Corazón y la secundaria con las madres dominicas. En sus estudios mostró una fuerte inclinación por el arte pues comenzó a montar obras de teatro para su familia y amigos.

Al igual que el resto de los personajes potosinos que incursionaron en el cine. Nace su inclinación a este arte en una de sus visitas a Estados Unidos que realizó cuando tenía diecisiete años, con su hermano el actor Eduardo Landeta, lugar donde nacería su inquietud por incursionar en la realización de películas.

A inicios de la década de los treinta regresa al país y se familiariza con el ambiente cinematográfico al visitar los estudios de la Nacional Productora donde fue contratado su hermano como actor en la película de Miguel Zacarías, “Sobre las olas”, protagonizada por los potosinos Adolfo Girón y Emma Roldán, ya tratados en esta columna. Desde entonces estaría ligada a ese ambiente por alrededor de sesenta años. Contra viento y marea emprendió el aprendizaje del quehacer cinematográfico adentrándose, además, en aspectos de edición y fotografía de la mano de los grandes creadores de la época.

Inmediatamente participa como ayudante de guionista en la película de transición del cine mudo al sonoro, “El prisionero trece” de Fernando de Fuentes y en el lapso de diez años da sus primeros pasos como asistente de dirección. Los problemas de desigualdad de género se manifestaron pues su trabajo no era del todo reconocido, y su inquietud por dirigir sus propias películas se dificultaron entre estas desigualdades y la facilidad para conseguir los recursos económicos. Terminó financiando sus propios proyectos y logró dirigir sus primeras películas a fines de los cuarentas, con el estreno de Lola Casanova en 1948, primera película dirigida por una mujer

, en 1949 estrenaba su película La negra Angustias y en 1951 Trotacalles, donde se presentaron conflictos sindicales que la retiraron por un buen tiempo del cine.

Uno de sus grandes proyectos que no dejaron de estar entre la lista de obstáculos a su carrera, fue el proyecto que trabajó junto a su hermano Eduardo Landeta, la dirección de la película Tribunal de Menores, proyecto sobre el cual la convencieron de vender el guion y los financiadores se lo otorgaron a otro cineasta que realizó la película “El camino de la vida”, película que se hizo merecedora al Premio Ariel de 1957 y fue merecedora al premio del mejor Argumento en los premios Ariel, así como la Mención de Honor en el Festival de Berlín. Matilde Landeta, como se le conoce en el medio, al asumir el apellido de su madre al igual que su hermano, demandó a la financiadora, pues además decidieron eliminar su nombre de los créditos del guion, demanda que prosperó y logró se conservaran su nombre y el de su hermano como los realizadores del guion de la premiada película que fue dirigida por Alfonso Corona Blake, una película donde Matilde Landeta retrata la vida de los niños marginados en Ciudad de México a través de tres delincuentes de un centro tutelar de menores. Uno de ellos mató a su padrastro para proteger a su madre, otro dejó ciego a su tutor para defenderse de sus abusos, y un tercero se ve obligado a robar para poder comer.

Temas que serían comunes en los guiones y películas de Matilde Landeta, donde coloca como protagonistas a las mujeres y grupos desfavorecidos sosteniendo la mirada femenina en el relato. Lo que definía como el cine de la mujer, aspirando a crear ese otro cine, creando un estilo narrativo donde las mujeres dejaban de ser figuras inmóviles.

Tras los conflictos en que se vio envuelta, fue excluida del cine mexicano, incursiona en la realización de alrededor de 110 cortometrajes en Estados Unidos. Impartió clases en la primera escuela de cine en México en el Instituto Cinematográfico y llegó a presidir la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. Regresó al set de filmación, después de cuarenta años de haber sido excluida, dirigiendo en 1992 Nocturno a Rosario.

Su obra fílmica es marcada por la defensa de la libertad y la capacidad de las mujeres a decidir sus acciones y sus vidas. Murió el 26 de enero de 1999 en la Ciudad de México.

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Letras minúsculas

El viejo rico | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

Por: Juan Jesús Priego

Para los evangelistas fui, una vez, “el joven rico”, pero ya no soy joven. ¡Han pasado tantos años desde que…! Pero, ¿conoce usted mi historia, señor? Si yo se la contara a usted con mis palabras, no me creería: dirá, quizá, que exagero. Además, los recuerdos adquieren siempre en la memoria los rasgos de la idealidad, de manera que no hay que confiar mucho en lo que dicen los viejos. ¡Nunca cuentan la historia como la vivieron, sino como la recuerdan! Por eso, le contaré la mía de la manera más objetiva, aunque también más fría: con esto quiero decir que se la referiré a usted tal y como la dejó escrita San Marcos en el capítulo décimo de su libro.

“Jesús estaba a punto de partir cuando corrió uno a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó:

“-Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para ganar la vida eterna?

“Jesús le respondió:

“-¿Por qué me llamas bueno? Uno solo es bueno: Dios. Ya conoces los mandamientos: no mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.

Él contestó:

“-Maestro, todo esto lo he practicado desde muy joven.

“Jesús lo miró, sintió cariño por él y le dijo:

“-Sólo una cosa te falta: anda a vender todo lo que tienes, dáselo a los pobres y así tendrás un tesoro en el cielo; después, ven y sígueme.

“Al oír estas palabras, el otro frunció el ceño y se puso muy triste, pues tenía muchos bienes” (Marcos 10, 17-22).

Y esto es todo lo que el evangelista dice respecto a mí. ¿Cómo supo que me había puesto en verdad muy triste? ¿Se lo reveló mi semblante? En todo caso, sí: me fui muy triste. ¡Me fui! Por eso nunca supe, sino hasta muchos años después, lo que Jesús, al verme partir, dijo en aquel momento a sus discípulos:

“¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!… Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios” (Marcos 10, 24-25).

¡Y bien, amigo mío, yo soy ese individuo del que el evangelista ni siquiera dice el nombre! Yo no tuve nombre para él, con todo lo que esto significa para un judío. ¿Nota usted el desprecio con que se refiere a mi persona? “Corrió uno a su encuentro”. Uno. ¿Se ha fijado usted que el rico de la parábola de Lucas, ese mismo que banqueteaba espléndidamente cada día mientras a las puertas de su casa se moría de hambre un mendigo, tampoco tiene nombre? El pobre sí: se llama Lázaro. Pero el rico… No tener nombre significa no existir. O peor aún que eso: no existir para Dios.

¡Quién dijera que han pasado sesenta años desde entonces! Ahora soy un muerto que camina… ¡Sí, señor, hay muertos vivos! Yo morí hace sesenta años, aquel día en que Él pasó a mi lado y, mirándome con amor, me dijo: “¡Sígueme!”.

Es verdad que sigo siendo un hombre rico, pero pronto dejaré de serlo, porque la muerte se acerca y todo lo dejaré. Contra lo que suele decirse, amigo, no hay muerto rico

. ¡Los muertos son más pobres aún que los mendigos! Son los más pobres entre los pobres.

El otro día, a través de una puerta mal cerrada, oí lo que discutían mis hijos. Disputaban acerca de cuánto debía tocarle a cada uno, y negociaban acaloradamente con el primogénito, quien, por ley, recibiría más que todos. Es más, creo que incluso sus hermanos han dejado de hablarle. Y yo, mientras tanto, desde mi asiento, me pongo de su parte, y le pido a Dios que todo acabe de una vez. ¿Para qué seguir en este mundo? ¿Únicamente para verlos reñir?

¡No dejarles nada! ¡Con qué gusto lo haría! ¡Ah, si me hubiese atrevido hace sesenta años…!

Soy lo que se dice un hombre importante. Importante a los ojos de los hombres. Ante los de Dios, ya ve usted, ni siquiera tengo un nombre.

También Lucas habla de mí; y también él me trata con desprecio, limitándose a decir: “Cierto hombre le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?'” (18, 18). Y despacha la historia con estas secas palabras: “Cuando él oyó esta respuesta (la que ya conoce usted, amigo), se puso muy triste porque era riquísimo”. Yo no soy Ismael, soy sólo uno, uno entre muchos: cierto hombre…

Amigo mío, ¿me escucha usted? Recoja mi confesión con el mismo respeto con que se recoge una lágrima: me muero de nostalgia. ¡Mi vida podría haber estado llena! ¿Qué habría sido de mí si…, si me hubiese atrevido? Porque bien claro oí lo que me dijo: “Después, ven y sígueme”. No fue un sueño, no. Él me invitaba a andar en su compañía, a formar parte de su grupo.

Jesús: maestro itinerante al que nunca se veía dos veces. Siempre andaba por caminos nuevos. Él pasaba…

“Temo a Cristo que pasa”, dijo un día, tal vez pensando en mí, el gran San Agustín. Hay que temerlo, sí, porque si te encuentra y te invita a seguirlo, y tú le dices que no, él seguirá adelante y tú te quedarás con la pena de lo que pudo haber sido…

“Temo a Cristo que pasa”. No estuvo nunca en un lugar fijo. ¿Para no dejarse encontrar por los temerosos y vacilantes? Es posible. Es, incluso, muy posible…

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