#Si SostenidoMosaico de plumas

Por las escritoras del futuro | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

Usted es escritora. Invéntese algo. Algo bonito. Sin parásitos ni suciedad, sin vómitos… Sin olor a vodka y a sangre… Algo no tan terrible como la vida… 

Svetlana Alexievich, La guerra no tiene rostro de mujer

 

Hace apenas tres años, la Biblioteca Nacional de España, junto a la Federación de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (Fedepe) y la Asociación Clásicas y Modernas decidieron impulsar la celebración del Día de las escritoras, con el único objetivo de reivindicar el papel de las mujeres en la literatura. La fecha elegida: el lunes más próximo a la muerte de Teresa de Jesús. Teresa de Jesús representa esa pasión por la lectura y la escritura. Un ejemplo para todas las escritoras del mundo. 

La celebración del día de las escritoras no es solo un pretexto para leer las obras de cientos de mujeres que han dejado algo de ellas entre líneas y papel. La conmemoración reconoce la labor literaria que por años han hecho, pero que tristemente no se reconoce. Basta mirar los planes de estudio de las materias de lengua o literatura en nuestro país. Los nombres femeninos brillan por su ausencia. Así que tener un día para celebrarlas es un acto de justicia e igualdad, un pequeño paso en una maratónica lucha.

Este año, el día de las escritoras se da a unos días de que la escritora polaca Olga Tokarczuk fuera galardonada con el Premio Nobel de Literatura, un año después de los problemas que enfrentó la academia sueca, acusados de agresiones sexuales hacia las mujeres —un recordatorio de la desigualdad que existe hacia las mujeres en cualquier sitio, por más intelectual que sea—. Mientras muchos piensan que el premio es un perdón público por parte de la academia, lo cierto es que Olga Tokarczuk ha demostrado en su obra completa su capacidad de convertir su realidad en historias apasionantes para cualquier lector. Dejando claro que las escritoras no solo escriben literatura rosa. La polaca se une a la corta lista de 15 mujeres premiadas con el galardón con 117 años de historia. Su premio es el resultado de una lucha por la igualdad de las mujeres dentro de la literatura.

Sé que muchos afirmarán que no es ningún resultado de lucha, simplemente no hay grandes mujeres que escriban y por ende, los premios se quedan en manos de los varones. Me gustaría poder decir lo mismo, pero si de algo estoy segura es que hay decenas de mujeres que merecen ser premiadas, o al menos leídas por cientos de personas. El problema radica en que durante cientos de años de historia literaria, sus nombres fueron ignorados por su género y no por su calidad.

Tan solo en México, los nombres de Nellie Campobello, Elena Garro, Rosario Castellanos, Josefina Vicens, Enriqueta Ochoa, Inés Arredondo, Guadalupe Dueñas, Amparo Dávila, Margo Glantz, por mencionar algunas, quedan fuera de la enseñanza de la literatura. No solo en niveles básicos, sino también en las licenciaturas en letras hay un predominio por lo escrito por los hombres. Pocos son los profesores por reivindicar los nombres de las mujeres en la literatura por medio de su lectura. Sí, es queja. No se trata de ser políticamente correcto en cada momento, se trata de que sus textos encuentren los lectores que se merecen. Celebrar a las escritoras no es solo por ellas, sino también por las miles de niñas que escriben historias en la última hoja de sus cuadernos, cientos de niñas que sueñan con ser escritoras como J.K Rowling o Jane Austen.  Adolescentes que se encuentran en las líneas de Ángeles Mastretta y que de grandes intentarán transmitir la pasión por las letras en un aula educativa.

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