mayo 10, 2021

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#4 Tiempos

Se ríen en tu cara | Columna de Carlos López Medrano

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LUCES DE VARIEDAD.

En el ámbito mexicano es notable el desparpajo con el que algunos funcionarios se desenvuelven en la vida pública. Una vez instalados en el cargo, no siempre por méritos profesionales, llega el pavoneo. El papel conferido les hace creer que son entes superiores emancipados de la ciudadanía. Surge la altivez en vez del respeto irrestricto a los contribuyentes a quienes se deben. Una posición con más fisuras de lo que ellos mismos y sus aduladores creen. Una construcción cimentada en el capital político que les otorga la cadena de la llamada vida democrática. Un reducto que no debería estar libre de exigencia y que, habría que recordar, es transitorio, salvo que tengan una formación de carrera. 

La llegada al poder no implica que la gente deba someterse: aún la más pequeña de las minorías, el individuo de a pie, tiene la facultad de hablar de frente, sin complejo alguno, ante quienes se encuentran en el gobierno. Reclamar, exigir, burlarse. Cualquier atrevimiento. Es una lástima que muchas personas renuncien a la potestad del escrutinio y, por el contrario, opten por la subordinación y seguir el juego a servidores públicos que van con ínfulas de héroes cuando más bien están en el polo opuesto de dicha encarnación. Una egolatría que se descubre como un ridículo cuando se le pone en perspectiva: pocos de ellos sobrevivirían en el sector privado, en donde su permanencia no depende la confianza de un líder, sino de otras variables como el esmero y la competencia.

La pleitesía, la admiración infundada y la perpetua sumisión contribuyen a que incluso servidores de medio pelo anden envalentados haciendo cuanto les venga en gana.  Por ello es importante recordar que el camino de servidumbre no ofrece rédito y que, al contrario, da impulso para que los funcionarios actúen con mayor negligencia, a sabiendas de que siempre habrá una comitiva dispuesta a defenderlos. Pase lo que pase tienen un cheque en blanco, no tienen un costo que asumir. De este modo hay quienes están enchufados al presupuesto sin tener apenas consideración por el prójimo, una práctica que se extiende con impunidad, a menos que se ponga de moda otra vez aquello que llamábamos crítica.

El agravio no siempre corresponde a conductas violatorias de la ley (que en teoría deberían ser escrutadas por la función pública), refiero a una dimensión aparte, la pedantería, el cinismo, la frivolidad, el poco respeto hacia la audiencia. La actitud que yace detrás de un subsecretario de salud que ríe en conferencias y recita poemas y trata con desdén a reporteros que cuestionan su labor, esto pese a que es responsable, en parte, de una crisis sanitaria que encapsula tragedia, luto y pérdidas lo mismo económicas que humanas. Alguien que además debería recordar que su desempeño dista de la lumbrera.

El atroz desenfado con el que Hugo López-Gatell se ha dirigido no en pocas ocasiones cobra dimensión al contrastarse con la reacción a las desgracias que hemos presenciado alguna vez en personas anónimas. Piensa en el trabajador que se agobia y anda cabizbajo cuando no ha cumplido con los objetivos que le han trazado en la oficina, o piensa en la enfermera a la que le cuesta dormir por los compañeros a los que ve caer en el hospital; o en el estudiante ojeroso que se agobia por entregar un trabajo que siente no está a la altura de su institución; o piensa en ti mismo, cómo te pones ante el infortunio, aunque sea nimio, que cargas como una losa y que te hace difícil reír aunque te lo propongas.

Toda esa aflicción es síntoma de entrega, de empatía, de asumir el peso de la responsabilidad. Quien, en cambio, actúa con ligereza ante tragedias mucho mayores, con risas, con necedad, con soberbia, con evasiones, da cuenta de un desajuste moral que no habría que consentir.

A los servidores públicos no se les pide abandonar su derecho a divertirse, de salir a pasear, de disfrutar de su vida privada, todo ello es necesario para mantener la cordura y seguir funcionando. Derrumbarse no es opción. Tampoco se espera que se quiebren en medio de sus labores, la entereza en necesaria para avanzar ante la crisis. Eso sí, un poco de pudor no les vendría mal. Un mínimo de contención en las formas que sea complemento de los quehaceres del día a día. Una muestra de respeto como la que se pide en momentos delicados. Ni siquiera las veinticuatro horas. Tan solo en esas conferencias y eventos públicos dedicados a dar cuenta de la pesadilla en que estamos inmersos.

El comportamiento, en todo caso, no es aislado, más bien es un fenómeno que ha arreciado en el caso mexicano durante los últimos años. Una característica que habría que menguar. La complacencia ante a la conga como pivote de gobierno tiene consecuencias. Es una vía libre al cinismo. El uso de la tarima para hacer un circo puede tener beneficios en lo que respecta al arrastre popular, sí, aunque con un duro revés: extiende la falta de seriedad a la esfera de la administración pública, una a la que hay que exigir mayor rigor. Y demandar sin complejos, no como si estuviera poblada de filántropos que nos hacen el favor, sino por lo que es, un espacio infestado de gente con sueldos por encima de la media por las que uno esperaría un desempeño más digno y con miramientos. El gobierno no es su taberna, mucho menos una sala de juegos para reírse en nuestras caras.

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#4 Tiempos

Saber que vendrás | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

¿Vivimos en una época que cree poco en la amistad? «¡Amigos, no hay amigos!», clamaba nostálgico el poeta. Pero, entonces, estos amigos a los que se dirigía ¿no eran en verdad amigos?

De la experiencia de la amistad decía Cicerón, el escritor latino, que era como tener un alma compartiéndola con otro: un solo principio vital animando dos cuerpos. Sin embargo, la comparación nos parece hoy lejana, acaso demasiado bella para ser real. ¿Dónde se ven ya amistades así? Y qué distinto nos parece el tiempo en que un San Agustín, por ejemplo, hablaba de la muerte de un amigo de su juventud con estas palabras desconsoladas:

«¡Con qué dolor quedó mi corazón de luto! Todo lo que miraba era muerte. La patria era un suplicio para mí y la casa paterna una extraña desdicha. Todo cuanto con él había compartido se había vuelto, sin él, atroz tortura. Le buscaban por todas partes mis ojos, pero no lo encontraban. Y llegué a aborrecer todas las cosas porque no le tenían ni podían decirme: “¡Mira, ya viene!”, como cuando vivía y estaba ausente. Yo me había convertido en un gran interrogante para mí mismo. Preguntaba a mi alma por qué estaba triste y por qué me conturbaba tanto, y no sabía ella responderme nada» (Confesiones IV, 4, 9).

En el momento en que llega el lector a este punto del libro de San Agustín, casi siempre hace un profundo silencio, suspira con resignación y da vuelta a la página. «Era otra época», dice como disculpándose de algo que no alcanza a comprender qué sea. ¿Es que eran más generosos los hombres de otros tiempos? ¿Qué nos falta a nosotros, los modernos, que los antiguos tenían a manos llenas?

Cuando San Bernardo de Claraval (1090-1153), ya viejo, se enteró de que uno de sus discípulos más queridos había sido elegido Papa (Eugenio III), preocupado por su suerte, le escribió una larga carta en la que le decía: «Hace tiempo que te metí en mis entrañas y no te sacarán de ellas con tanta facilidad… Te amé cuando eras pobre; igualmente te he de amar hecho padre de los pobres y de los ricos… Demente pareceré; pero será a quien no ama, a quien no conoce la fuerza del amor».

«Sí» –decimos al leer estos textos preciosos-, «eran otros tiempos, era otra época. Hoy ya no somos capaces de hablar así; hoy ya no somos capaces de tanta ternura». 

¿Qué nos falta?, ¿qué tenían nos antiguos que ya no tenemos nosotros? Tiempo. El hombre posmoderno, digámoslo con sinceridad, tiene poco tiempo para la amistad. Y, sin embargo, la nostalgia de ella lo persigue como un perro vuelto loco.

«El encuentro de dos seres humanos –escribe Anselm Grün en uno de sus libros- es un regalo de Dios. Así lo afirma el filósofo griego más significativo, Platón: Dios hace a los amigos; Dios lleva el amigo al amigo. Es Dios, en última instancia, quien conduce al mutuo encuentro a aquellos seres cuyas almas vibran al unísono. Los mismos amigos con frecuencia no saben por qué se hicieron amigos o cómo surgió la amistad. De pronto está ahí. Dios ha abierto las puertas de mi corazón para que entre en él esta persona».

De acuerdo, de acuerdo, ¿pero quién es capaz hoy de experimentar una cosa tan sagrada, si nos falta tiempo para cultivarla? ¡Estamos siempre tan atareados! Pero la nostalgia sigue allí, no obstante, agarrándonos con sus tenazas. Se trata de la misma nostalgia que hizo escribir a Albert Camus (1913-1960) en una página de La caída: «Mire usted, me hablaron de un hombre cuyo amigo estaba preso, y él se acostaba todas las noches en el suelo para no gozar de una comodidad de que habían privado a aquel a quien él quería. ¿Quién, querido señor, se acostará en el suelo por nosotros? ¿Y yo mismo soy capaz de hacerlo? Mire usted, quisiera ser capaz, seré capaz, sí, un día todos seremos capaces de hacerlo, y entonces nos salvaremos».

Seremos salvados por la amistad –parece decir Camus-, es decir, por aquellos que, mientras nosotros padecemos y luchamos, nos tienen constantemente en su memoria, en su pensamiento: por aquellos que no nos olvidan ni quieren hacerlo. Karl Barth (1886-1968) lo dijo mejor que nadie: «Descartes no tenía razón cuando dijo: Cogito, ergo sum -pienso, luego existo-, sino que hubiese estado más en la verdad si hubiese dicho, en cambio: Cogitor, ergo sum: soy pensado, luego existo», luego soy importante para Alguien. ¡Entonces vale la pena vivir!

Un día, después de una jornada de combates especialmente violentos, un soldado pidió permiso a su superior para ir a buscar a su amigo al campo de batalla, pues al no haber regresado a la barraca seguramente se hallaba herido y, Dios no lo quisiera, hasta muerto.

-Permiso denegado -declaró el superior-. Ir al campo es peligroso y no quisiera perder así como así a uno de mis elementos más valiosos. Acaso su amigo ya haya fallecido. Piense usted en que es inútil exponerse a semejante riesgo.

Contraviniendo la prohibición, el soldado fue en busca de su amigo. Regresó después de una hora trayendo entre sus brazos un cuerpo hecho pedazos. Cuando el superior vio al desobediente, se le acercó para decirle:

-¿Ve usted cómo su amigo ya estaba muerto? Y, no obstante, usted desobedeció. ¡Debería degradarlo!

Respondió el soldado:

-No fue inútil mi trabajo, capitán, porque cuando llegué por él aún no moría; de hecho, todavía alcanzó a decirme: «Jack, estaba seguro de que vendrías».

«El amigo verdadero es como la sangre –decía Quevedo-, que acude rápidamente a la herida sin ser llamado».

Amigo es aquel que siempre viene; aquel del que se puede estar seguro de que vendrá. Porque es Dios quien lleva el amigo al amigo…

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#4 Tiempos

Ciencia básica y libertad de expresión | Columna de Andreu Comas García

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La Ciencia de la Salud

 

El miércoles 28 de abril tuve el honor de participar como comentarista dentro de las Jornadas de Reflexión sobre el Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación. Pude participar en la Mesa 8. Ciencia básica y libertad de expresión. A continuación, resumo las ideas con las cuales salí después de mi participación.

Como investigadores, parte de nuestra esencia es el entendimiento de la naturaleza mediante la curiosidad humana. Nuestra curiosidad nos deberá de llevar a la generación de nuevo conocimiento. Pero para que este entendimiento nos lleve al progreso, se deben de cumplir con ciertas condiciones.

Primero, el conocimiento debe de generase mediante el pensamiento crítico e independiente. Segundo, nuestros hallazgos, resultados y/o conclusiones deben de ser evaluadas y discutidas por pares. Tercero, el avance, aunque sea mediante pequeños pasos debe ser continuo y con libertad de análisis. Cuarto, el dinero destinado a esta actividad se debe de entender como inversión continúa y creciente a futuro. Quinto, debe de existir libertar en la creación del conocimiento.

El papel del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) es el de ser institución coordinadora, articuladora y gestora de los recursos económicos para investigación. El CONACyT deberá de garantizar que la utilización del dinero sea adecuada dentro del marco de la ley, que sea suficiente para generar conocimiento innovador y esté bien administrada para que no haya desperdicio.

Desgraciadamente en la administración federal actual, el CONACyT ha adquirido un papel de juez o verdugo. Claramente existe una política de querer imponer una ideología “anti-neoliberal” -por cierto, es una falacia que exista la ciencia neolibreal”, aislacionista, represiva, retrógrada, altamente discrecional y sobre todo vengativa con el pasado y con sus críticos.

Las políticas actuales del CONACyT están siendo manejadas de manera unilateral por su directora. Su manera de actuar no solo se basa en falacias científicas y sociales, también en su muy propia ideología política y que además se deja guiar por resentimientos, vendettas y traumas personales. La dirección se ha cerrado a debatir -elemento básico en la investigación y educación-, ha cerrado las puertas a foros, organismos, universidades, investigadores y demás masa crítica.

El CONACyT como órgano coordinador o gestor debería de facilitar el progreso de la ciencia mediante un proceso administrativo trasparente y eficiente. Sin embargo, desde el 2019 la burocracia científica de este país se ha vuelto ineficiente, lenta, prepotente, soberbia y sorda. En parte, esto es la consecuencia de la contratación de personal no capacitado para técnicos, administrativos y directivos. Muchas de estas contrataciones se han dado más por amiguismo, compadrazgos o por ideología que por sus capacidades, aptitudes, conocimiento y entrenamiento.

Siendo maquiavélicos, la actual ineficiencia burocrática del CONACYT se pudiera ver como una estrategia “pasiva” para reprimir o castigar a los investigadores -o a las líneas de investigación- que no estén alineadas con el discurso o pensamiento oficialista.

Otro problema actual, es que existen grandes presiones gubernamentales para que los investigadores generemos únicamente proyectos aplicados que “resuelva de manera inmediata los grandes problemas nacionales” que solo a la 4T le interesan. A esto hay que sumarle el hecho de que existen presiones -restrictivas- que buscan impedir la realización de la investigación básica libre de cualquier ideología política. Recordemos que sin investigación básica no puede existir investigación aplicada.

Hoy podemos hablar de que no existe libertad para la investigación en México, pero ¿Por qué digo esto?, porque nos están bloqueando por todas partes. Entendamos que hay menos becas para los alumnos de posgrado y para las pocas que hay existe una gran lentitud administrativa. El financiamiento se ha caído, y el poco que se ejerce es opaco, se hace por lo obscurito y por debajo de la mesa. Nos han ido recortado paulatinamente el acceso a revistas científicas, lo cual genera una barrera para el acceso a información actual y a la cooperación científica. Finalmente, y de manera discriminatoria, se ha retirado el estímulo económico a los investigadores de universidades privadas quienes a partir de ahora serán investigadores de segunda clase para el gobierno mexicano.

Es claro que desde el 2019 se ha iniciado una lenta, pero continua persecución ideológica en contra de la ciencia, de la educación y, sobre todo en contra del pensamiento crítico. Pero todo momento de adversidad nos puede generar nuevas oportunidades, y en este caso esta nueva oportunidad se da con la unión e interlocución transversal como los pares que somos entre cientos investigadores de diferentes disciplinas, áreas e instituciones.

Sin libertad y con acoso los investigadores no podemos ser pares. La falta de liberta y la presencia del acoso nos esta llevando a la polarización ideológica sin pensamiento crítico. Por lo tanto, sin libertad y con acoso no pude haber ciencia.

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#4 Tiempos

El arqueólogo de los músicos potosinos y sus obras | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

El maestro Carlos Undiano Errejón es un magnifico pianista que iniciara sus estudios a finales de los setenta en San Luis Potosí con los maestros Consuelo Sandoval y Nicolás Díaz y posteriormente en la ciudad de México, para ingresar en el Conservatorio Nacional de Música donde realiza la carrera de concertista de piano, así como los correspondientes cursos de perfeccionamiento pianístico con maestros de reconocida calidad internacional.

Una característica de suma importancia del maestro Undiano ha sido su interés por revivir la música de compositores potosinos que prácticamente se encuentra en el olvido, haciéndola escuchar nuevamente y en algunos casos por primera vez, dándole vida artística a este talento musical del estado potosino que ha caído en el olvido.

Gracias al maestro Undiano que viene investigando y recolectando partituras de estos músicos, desde fines de la década de los ochenta, podemos disfrutar y conocer a estos personajes y la música de su inspiración. Esta actividad es invaluable y enriquece la cultura local. Por fortuna ha editado tres discos donde recoge parte de esta música olvidada, que ha clasificado de acuerdo con su producción discográfica como composiciones de salón, y música de concierto. Por su formación las obras que rescata son obras de piano, y su trabajo permite que puedan ser escuchadas y de esta forma dar vida a estos magníficos compositores potosinos del siglo XIX y XX.

No solo ello, el rescate permite contar con las partituras que ha trabajado que permite a su vez, que otros pianistas puedan interpretar estas valiosas e históricas obras. Podemos esperar que en un futuro pueda editar estas partituras.

El trabajo de rescate del maestro Undiano, además de su trabajo artístico, valga la analogía, es todo un trabajo de arqueología, que debe de reconocérsele como una de sus aportaciones a la cultura de San Luis Potosí.

Gracias a sus grabaciones podemos escuchar música de compositores potosinos, muchos de ellos desconocidos, como Luciano Espinosa, Rafael Ambriz, Luis Martínez, Gabriel Arriaga, Manuel Hernández Nava, José Sabre Montiel, Aniceto Ortega, Julián Carrillo, Flavio F. Carlos, Clemente Aguirre, Genaro A. Moreno, Leandro Sánchez, Francisco de P. Huerta, Fausto Gaitán, Luis Martínez Colunga, Jorge Romero Malpica, Antonio Guerrero, Santiago Uresti, Santos Beltrán, León Zavala, Florencia García de Verástegui, Miguel C. Meza, Agustín Baranda y José Sabre Marroquín.

Entre los músicos que ha investigado se encuentra el célebre Julián Carrillo, las obras que muestra en sus discos, pertenece a obras clásicas en el sistema tradicional de doce sonidos; aunque en su investigación sobre este autor ha interpretado obras en el sistema de Sonido 13 desarrollado por Carrillo y desempolvado obras de la época de juventud de Carrillo, que pueden considerarse obras de salón.

Los discos en que recoge estas obras pianísticas son: San Luis Potosí …su música para piano, entre valses y lanceros y obras para piano de compositores potosinos que presentara hace un año.

Carlos Undiano Errejón, es pianista de la Camerata de San Luis, es maestro en la Escuela Estatal de Música y en el Centro de las Artes de San Luis Potosí. Ha sido maestro en el Conservatorio e Música del Estado de México y director de la Escuela Estatal de Iniciación Musical Julián Carrillo.

Los invitamos a escuchar estas obras y disfrutar la calidad pianística del maestro Carlos Undiano a quien agradecemos su esfuerzo por sacar del olvido a estos ilustres músicos potosinos.

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Opinión