agosto 18, 2026

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#4 Tiempos

Machismo en crisis | Columna de Óscar Esquivel

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machismo en crisis

Desafinando

 

Resguardemos la energía para otra ocasión, la postura más cómoda para aquellos que no se mueven, la inactividad es un mal que hace pensar en la nada, no veo, no oigo, no hablo, así es la actitud de muchos hombres, desde la historia misma de la raza humana, aparece ciertamente una diferencia, la masculinidad arrogante aplastadora, ante una feminidad sumisa, la supeditación a los caprichos del hombre hizo de la mujer un ser como cualquiera que existiera en la naturaleza no de su misma humanidad.

En el devenir de los años y la conformación de las civilizaciones, hizo que el conocimiento llegara hasta la mujer, a cualquier costo, varias de ellas llegando ocupar tronos de reinos como el Egipcio, el Imperio Romano con la influencia de las mujeres en decisiones políticas del imperio lograron posiciones mejores para ellas, Juana de Arco, Sor Juana Inés De la Cruz, Mary Curie, la científica que rompió paradigmas; políticas como Dolores Ibárruri, la Pasionaria, dirigente del Partido Comunista de España, su lucha, alcanzar los derechos de las mujeres fuesen de la condición que fuesen, la mujeres eran seres libres para elegir su destino”.  “¡No pasarán! el fascismo; Teresa de Calcuta, religiosa con un gran sentido del humanismo, ”Yo sola no puedo cambiar al mundo, pero puedo lanzar un piedra al agua, para crear muchas ondulaciones”; Indira Gandhi, ministra de la India asesinada por promover el cambio con paz; Eva Duarte de Perón “Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa pública y ha muerto la hora de la mujer como valor inerte y numérico dentro de la sociedad”; Frida Kahlo, pintora y activista, así cientos y cientos de mujeres que contribuyeron a cambiar el mundo.

Las mujeres, en el siglo XXI, equiparable a los movimientos feministas de 100 años atrás, donde se dieron las mayores movilizaciones de protestas por generar condiciones de igualdad que les permita desarrollarse en cualquier actividad.

4 mil 112, feminicidios, con Felipe Calderón 7 mil desaparecidas, 3 mil 56 asesinatos de mujeres en condición de feminicidio cuando gobernaba Peña Nieto, los asesinatos de mujeres en 2019, 2 mil 219, de este numero 856 catalogados como feminicidios… Solo números es la imposición de etiqueta que el sistema le da a las mujeres violentadas hasta morir.

¿Qué es un número? Una cuenta fría, una cifra, algo visible e intangible a la vez, es la cuenta de la ignominia, el abuso, los golpes, la vejaciones hacia la mujer, números negativos que cuentan la impunidad, la desesperación de no obtener justicia ante el crimen artero, perpetrado por los hombres violentos que permanecen en libertad a pesar de la comprobación de su atropello malvado, una justicia en desequilibrio, a mayores muertes, menos castigos, jueces en absoluta convicción machista, donde a la primera falta de ortografía en un expediente libera al delincuente.

Podríamos enumerar un catálogo muy largo de acciones que han violentado la figura femenina, sin embargo preferiríamos resumir el motivo que dio origen a la mayor manifestación de mujeres en la historia de México y del mundo, el hartazgo de no ser escuchadas. Las mujeres son victimizadas desde que pisan un Ministerio Público, poco capacitado, arrogante y burócrata. El sufrimiento infringido a la familia de la víctima, al no tener respuestas inmediatas en las investigaciones, el tiempo borra evidencias, haciendo probable la huida del feminicida o en su caso permitirá la impunidad, justicia que nunca llegara.

El 8 de marzo se manifestó todo en contra de todos esto, se alzaron las voces en un interminable río de mujeres clamando un alto a la violencia

, ¡ni una menos!, ¡que se acabe todo si es necesario!, gritaron por su furia contenida por la desesperación de no ser escuchadas, rompieron vidrios y ventanas con botas que emulaban los zapatos de un pie agresor masculino, pintaron las paredes de casas y edificios, tal vez mudos testigos de alguna agresión física contra algunas de ellas.

Ahora a mirar hacia el futuro y lo ganado con ello. Con el paro de labores del día después 9 de marzo, los brazos caídos de las mujeres demostraron la importancia de su labor y el rol en la sociedad.

REFLEXION

Es el momento de que las mujeres mexicanas impulsen entre ellas liderazgos naturales, dejar las imposiciones, mujeres que inviten a otras a generar mayor presencia en la política, exigir cuotas de género en las actividades gubernamentales y privadas, luchar por los espacios que les corresponden, terminar con la debilidad de la idea machista, renovando el contexto viejo y anquilosado de hombre en el poder, macho por naturaleza.

La crisis machista es evidente, aprovechar esta circunstancia para ganar espacios en la vida pública; el estado como un todo, requiere que la mujer permeé en los debates de los agrandes temas nacionales, para ello insisto, se requieren liderazgos verdaderos, que hagan cambiar el “status quo” cómodo de muchas de ellas. La participación con cuota de género en equilibrio no es suficiente, se requiere la presencia permanente para ponerse de acuerdo del “como” se quiere caminar, y ganar espacios.

En los movimientos como los que se dieron, siempre se tendrán posiciones radicales, y está bien, sin embargo se debe lograr acuerdos para exigir y tomar lo que les pertenece, es indispensable obtener logros contundentes, desde la educación que se imparte en las escuelas, bajo un entorno machista, solicitar el cambio pedagógico con ideas humanistas en un ambiente igualitario, en la primaria y secundaria donde se forma el pensamiento crítico; bajo los liderazgos auténticos se podrán obtener transformaciones en la impartición de justicia; El sistema mismo esta corrompido, machista y misógino, el sistema todos requiere una cirugía mayor, no solo las sanciones aumentadas serán las soluciones, mejorar también el sistema de prevención, investigación. La impunidad termina cuando las leyes son claras y se cumplen; mantenerse informadas de los grandes movimientos políticos, económicos y sociales, para tomar de ellos lo mejor y desechar lo que no se adapte a la idiosincrasia de la mujer mexicana.

La mujer tiene sentido de comunidad y en ello va la mayor de las exigencias la igualdad debe ser la prioridad, equilibrio en las tareas como en los deberes, la violencia tal vez nunca termine, pero si la justicia se aplica, se termina la impunidad.

La lucha femenil será permanente, pero bajo esquemas donde los acuerdos y el entendimiento nos dé el justo equilibrio para la convivencia en paz.

Nos saludamos pronto.

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Contentos y descontentos | Columna de Óscar Esquivel

#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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