mayo 9, 2021

Conecta con nosotros

#Si Sostenido

Los olvidados | Columna de Juan Jesús Priego

Publicado hace

el

los olvidados

LETRAS minúsculas

 

En una ciudad del mundo de cuyo nombre no quiero acordarme fue encontrado hace poco el cadáver de una mujer. En su cuarto, sobre la mesa de noche, había un vaso vacío, una caja de pastillas y un libro de oraciones; abajo, en el suelo, un par de pantuflas perfectamente alineadas; frente a la cama, una poltrona en la que se extendía un periódico que había perdido el equilibrio. En suma, nada aparentemente extraordinario, salvo la constitución del cadáver, la fecha del periódico y algunos otros detalles que revelaron «ciertas cosas».

El periódico, por ejemplo, databa de un día bastante lejano; las pastillas, a juzgar por la fecha que podía leerse en el ángulo derecho de la caja, habían caducado desde hacía tiempo; y ¿para qué hablar de la cantidad de polvo que opacaba cada cosa confiriéndole un aspecto repulsivamente viejo, descuidado, mortecino?

¿Cuánto tiempo tenía allí la mujer con una mano en el regazo y los ojos hundidos? Los peritos anotaron con rápida caligrafía en su libreta de pastas negras: «Siete años».

¡Desde hacía siete años el cuerpo de aquella anciana esperaba que alguien lo viera, se compadeciera de él y lo hiciese regresar al seno de la tierra!

Los vecinos no se imaginaban nada, por supuesto. Simplemente habían dejado de ver a aquella mujer solitaria que todas las mañanas, a eso de las ocho, regresaba de Misa con un libro de tapas negras bajo el brazo. A ninguno se le había ocurrido llamarla, buscarla, insistir.

El esposo, que vivía lejos de ella desde hacía diez años, confesó que ciertamente había dejado de buscarla, pero que de cualquier manera el hecho «le dolía». La hija –porque la anciana señora también era madre además de esposa- dijo entre lágrimas que, a decir verdad, durante todo ese tiempo no le había telefoneado mucho (acaso unas tres o cuatro veces, sin obtener respuesta), pero que no era su culpa porque el trabajo la tenía agobiada y además su mamá nunca respondía. Las amigas con que solía reunirse los viernes por la noche para organizar actividades de beneficencia gritaron a su vez impresionadas «que no era posible, que no era posible, que no era posible», que creían que se había cambiado de casa o que simplemente se había ido a vivir a otra ciudad. ¡Y vaya si era posible! ¡Siete años!

¿Cuántos hombres y mujeres, muertos desde hace tiempo, estarán hoy, en algún lugar, esperando que alguien ponga a funcionar su memoria y los recuerde, que haga uso de los derechos de la amistad y se lance en su búsqueda? «Debo respetar su intimidad», me dijo alguien hace poco de un amigo suyo al que de pronto había dejado de ver. No se atrevía a llamarlo, a importunarlo con un timbrazo de teléfono. ¡Extraña idea de la amistad! Confieso que no la comprendo y que, al menos por lo que a mí respecta, no consideraría nunca amigo mío a uno que no quisiera meterse en mi vida y me viera siempre desde fuera, como lo hacen los extraños. El amigo puede importunar, preguntar, pedir explicaciones e incluso, cuando la ocasión lo amerite, exigir y reclamar.

Pero, al parecer, nadie tiene derechos sobre nadie en esta sociedad sin amigos. Hoy el principio al cual todos deben someterse es: «Yo no me meto en tu vida para que tú no te metas en la mía. Respétame, respeta mi vida privada, mi derecho a estar solo».

Antes era posible que el habitante de una pequeña ciudad se supiese los apodos, los oficios y las direcciones de todos sus paisanos; hoy ni siquiera sabemos el nombre de la persona que desde hace veinte años entra a su casa por la puerta de enfrente. «Ocúpate de lo tuyo y deja a los otros en lo suyo». «No te inmiscuyas, no preguntes, déjame en paz». La privacidad se ha convertido en objeto de culto para los habitantes del siglo XXI. Privacidad: respeto al otro que no es en ocasiones más que indiferencia simple y pura.

Los griegos de la antigüedad utilizaban la expresión ta idia para referirse a la persona que no participaba nunca en la cosa pública, que se retiraba de los demás para dedicarse de tiempo completo a la prosecución de sus intereses privados. Ta idia, es decir, idiota. El idiota, originalmente, no es el tarado; tampoco es el tonto, sino el que no piensa en los otros porque cree bastarse a sí mismo: el que no busca la compañía ajena y se reduce a cuidar su propio jardincito, pensando que a ese gesto (idiota) se reduce toda su misión en el universo. 

He aquí lo que confesaba hace poco más de dos décadas –en 1985- un tal Robert Palmer a los autores de Hábitos del corazón, uno de los libros más significativos acerca de la vida americana publicado en los últimos tiempos:

«Algo que para mí caracteriza la vida en California, una de las cosas que hacen de California un sitio tan agradable para vivir, es que la gente en general no se preocupa de las escalas de valores de los otros, siempre y cuando no interfieran en su propio sistema. Por lo general, aquí la regla consiste en que si tienes dinero puedes hacer lo que te dé la gana, siempre que ello no destruya la propiedad de alguien, interrumpa su sueño o ataque su intimidad; entonces todo va bien. Si quieres ir a tu casa y fumar marihuana, o inyectarte droga y destrozarte, es cosa tuya, pero no lo saques a la calle, no expongas a mis hijos a eso: tú ocúpate de tus cosas».

He aquí la nueva filosofía de la vida: haz lo que quieras; mátate, si te da la gana, pero te advierto que yo no quiero líos con la policía.

Una ciudad, un edificio, podrán ser limpios, bellos y funcionales; pero si nadie conoce allí a nadie, si nadie saluda a nadie y nadie se interesa por nadie, ésa es una ciudad y un edificio de idiotas.

Recomendamos leer también: Última carta a Mehmet | Columna de Juan Jesús Priego

 

#Si Sostenido

Todavía no impriman las boletas | Columna de Jorge Saldaña

Publicado hace

el

TERCERA LLAMADA.

Espere señor impresor que aún la nave del olvido no ha partido. Para las próximas 24 horas la elección potosina puede tomar un nuevo rumbo con nuevos protagonistas.

Las incertidumbres florecen con el anuncio de la Unidad de Fiscalización del INE, la misma que quitó la candidatura a Raúl Morón y a Félix Salgado Macedonio en Michoacán y Guerrero respectivamente, ha puesto en la mesa la posibilidad de retirar también su condición de candidata a Mónica Liliana Rangel Martinez, la hasta hoy abanderada potosina y además por las mismas razones.

Si el Consejo General del INE toma el mismo criterio (que debería de acuerdo a una cosita que se llama jurisprudencia) con Mónica que con Felix y Raúl, para hoy jueves por la tarde noche, la ex secretaría de salud estaría perdiendo su lugar en la boleta electoral.

Pero hay más, Culto Público, también en las próximas horas el Supremo Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, última e inapelable instancia, estaría determinando si Xavier Nava puede o no estar en condiciones legítimas de reelegirse como alcalde ahora postulado por Morena.

Ambas situaciones abren posibilidades poco exploradas por inverosímiles y prácticamente impensables en el cálculo político de apenas unos meses. El tablero se mueve con 31 días de anticipación para la votación.

Xavier se puede quedar sin candidatura a la alcaldía por no cumplir el requisito de ser postulado por el mismo partido político que lo llevó al poder en primera ocasión y por participar en dos procesos internos al mismo tiempo con partidos distintos.

Si bien la Sala Superior de Monterrey, con voto dividido, le regresó sus derechos de candidato, en la tercera y última instancia, el apego al texto constitucional debe privilegiarse por encima de la interpretación muy endeble de la ambigua renuncia a la militancia.

Es decir que Xavier, en pocas horas, una vez más, corre el riesgo de quedarse fuera de la boleta municipal, sin embargo, ante la propuesta de la Unidad de Fiscalización de sancionar a Mónica Liliana Rangel con retirarle la candidatura, la coyuntura podría permitir a Nava Palacios colarse a la boleta en la que quiso estar desde el inicio: rumbo a la gubernatura.

Si a Mónica le quitan la nominación, asunto muy probable si el Consejo General del INE aplica los mismos criterios que aplicó con Salgado y Morón, Morena tendría 48 horas para sustituir a su candidato, que podría ser varón porque en Guerrero cambiaron de género a mujer al otorgar la candidatura a Evelyn Salgado, por lo que los equilibrios de género estarían a salvo.

Si el STEPJF baja a Nava, es porque este estaría impedido de repetir como alcalde, pero nada le prohíbe ni a él ni al partido que se convierta en el candidato sustituto de Rangel Martínez.

Morena tendría que dejar la candidatura de la capital a alguien más, nombre que sería irrelevante pues en la práctica estarían abandonando la idea de ganar San Luis a cambio de la apuesta mayor que es la de suceder a Juan Manuel Carreras.

Mónica, aunque lo niegue, hizo precampaña y está comprobado y registrado. Por miles de entrevistas con Carlos Loret en las que lo desmienta y por docenas de comunicados nocturnos en los que insista en que su candidatura está firme, la doctora no presento reporte de gastos de ese periodo, y lo que es más absurdo aún, es que asegure que no se había siquiera separado del cargo en el periodo de precampañas.

¿El escenario es posible? Sí. ¿Probable? Quién sabe. Morena podría muy bien echar mano de Juan Ramiro Robledo Ruíz para sustituir a Rangel y dejar a Xavier Nava a su suerte de lo que decida el Tribunal Electoral.

Nava podría incluso no perder su condición de candidato a la alcaldía si los magistrados de la tercera instancia se lo permiten y hasta Mónica, en un asunto que sería de locura para Morena y sus dirigentes, podría ser juzgada en forma distinta a la de sus símiles de Guerrero y Michoacán.

Mientras tanto, yo no apretaba el “control + P” de la maquinaria de impresión de las boletas potosinas. Sea cual sea el resultado, el viento enrarecido arrecia para San Luis Potosí y la elección potosina, asomada ya a la vuelta de la esquina está en “ascuas” como diría mi enferma abuela.

En cualquier caso, la cercanía de la contienda parece dejar a cualquiera con tiempo insuficiente en todos los escenarios, Mónica se ve lejos de remontar, Xavier se ve lejos de poder ampliar su campaña a 58 municipios en tres semanas y Juan Ramiro Robledo (otro de los posibles bateadores emergentes) tendría una cruzada tan cuesta arriba que hasta sería difícil pensar en que acepte semejante empresa destinada al fracaso.

¿Pero qué mas da, Culto Público? Si en este San Luis Potosí, el más panista es candidato del PRI, la más priista es de Morena, el grupo más Fifí y anti-4T hoy corea “es un honor estar con Obrador” cuando hace unos meses tildaban públicamente al partido del presidente y sus aliados de “porquería” y el Tecmol piensa que gana votos dando vueltas gratis a niños en su helicóptero…(pfff).

En este mundo tan bizarro, ya nada más nos falta ver que el Mijis se afilie al PAN y el Gabo Salazar regrese lo que les bailó a sus clientes.

En fin, que estamos a unas horas de conocer el desenlace de otro embrollo morenista, quizás el último antes de preguntarnos: ¿Quién se lleva la elección? ¿Pollo u Octavio? A los de Morena pues ahí nos avisan cuando terminen sus impugnaciones y se pongan de acuerdo ¿no?

Hasta saber certezas de ambos casos, no me platiquen más, que quiero imaginar que no existe el pasado… (Ah no, esa es de Garrido pero me vino a la cabeza y me salió por los ojos).

¡Hasta la próxima!

También lee: El camión con despensas es mío. ¡Ya dénmelo! | Columna de Jorge Saldaña

Continuar leyendo

#Si Sostenido

Menos del 30% de las personas que dedican a la investigación son mujeres

Publicado hace

el

Algunas cifras a propósito del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia

Por: Itzel Márquez

Este jueves 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, por lo que es un momento oportuno para hacer una pausa y reflexionar sobre la brecha social que aún existe en la ciencia por temas de género, a pesar de que cada vez son más los espacios ocupados por mujeres.

La conmemoración se remonta seis años atrás, al 22 de diciembre de 2015, fecha en la cual la Asamblea General de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) estableció para reconocer el papel tan importante de las niñas y mujeres en ciencia y tecnología.

En pleno 2021 la desigualdad por razones de género sigue imperando en el mundo y en todos los ámbitos, la ciencia no es la excepción, pues actualmente menos del 30% de las personas que se dedican a la investigación son mujeres. La UNESCO también calcula que solo el 30% de estudiantes mujeres en nivel superior eligen desarrollarse en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, en todo el mundo solo el 3% de la matrícula corresponde a mujeres en tecnología, información y comunicaciones, ciencias naturales, matemáticas y estadísticas 5%, mientras que ingeniería, manufactura y construcción 8%.

Otros números preocupantes en este tema son los referidos por: Carmen Fenoll, investigadora y presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), quien anota que en los libros de secundaria son menos del 8% los referentes de mujeres científicas, lo cual hace que se identifique la ciencia como una actividad masculina; además, desde 1901 hasta 2020, los premios Nobel se han otorgado solo 58 a mujeres (la mitad de estos por actividades en la ciencia), frente a 876 recogidos por hombres.

Este 2021, sin dejar de lado la contingencia sanitaria que se vive en el mundo, el lema es “Las mujeres científicas, líderes en la lucha contra el COVID” y desde la UNESCO se plantea un evento virtual, en el cual participen científicas que han estado al tanto del Covid-19 desde su inicio hasta la fecha.

En este sentido, en México un grupo de siete mujeres científicas, se han dado a la tarea de investigar el covid-19 y sus efectos a largo plazo: Talia Wegman, Sandra López, Carol Perelman, Rosalinda Sepúlveda, Paulina Rebolledo, Angélica Cuapio y Sonia Villapol; los resultados de su investigación fueron presentados el pasado 30 de enero.

ALGUNAS MUJERES Y SUS APORTACIONES EN LA CIENCIA

Marie Curie: primera mujer reconocida con un Premio Nobel en Física y Química, reconociendo su trabajo en la ciencia.

Margherita Sarrocchi: filósofa y poeta; intercambió ideas con Galileo Galilei.

Helia Bravo: primera bióloga en México, especialista en cactáceas; fue fundadora del jardín botánico de la UNAM.

Nubia Muñoz: epidemióloga en el Centro Internacional de Estudios Sobre Cáncer de Colombia, fue nominada al premio Nobel por descubrir el virus del papiloma humano como principal causa del cáncer del papiloma humano.

Kathrin Barboza: originaria de Bolivia, bióloga y especialista en murciélagos; ha estudiado a la bioacústica de los murciélagos y su importancia en los ecosistemas.

Sandra Díaz: ganó el premio de Asturias por sus aportes en ecología, recibió el título como “guardiana de la biodiversidad” por la revista Nature.

María Teresa Ruíz: primera astrónoma chilena, así como la primer mujer en recibir el premio Nacional de Ciencias Exactas.
Marie Tharp: realizó los primeros mapas de los suelos oceánicos.

Flora de Pablo: doctora en biología molecular que lucha por la reivindicación de la mujer en la ciencia, con la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

Lee también: ¿Qué v#%&@$ le pasa a Morena? | Columna de Ana G Silva

Continuar leyendo

#Si Sostenido

San Vicente y la hiperactiva | Columna de Juan Jesús Priego

Publicado hace

el

LETRAS minúsculas

 

Durante mucho tiempo abrigué por la gente que se dormía temprano una sincera antipatía. ¿Cómo dormir cuando se podía leer? No sé por qué, pero me daba la impresión de que estas personas se cuidaban a sí mismas demasiado. Cuidaban su vista, cuidaban su sueño, cuidaban su salud, pero no hacían nada más. ¿Y no era necesario hacer algo más?

Por si fuera poco, en aquel entonces hasta elaboré para mi uso personal una tipología gracias a la cual me era posible clasificar en grados y jerarquías a estos durmientes odiosos. En la cúspide, naturalmente, se encontraba el «durmiente tacaño», es decir, aquel que se iba pronto a la cama para no gastar luz eléctrica, energía o palabras. Pues, ¿por qué se iba a dormir tan pronto si no para ahorrarse un rato de televisión, un momento de reflexión, o una hora de conversación? Los durmientes de esta especie me causaban horror. Eran metódicos, aburridos y, sobre todo, avaros. Ignoraba qué relación había entre el durmiente precoz y el amor al dinero, pero me parecía que, de una manera secreta, misteriosa, tal relación existía. ¿Y no se ha fijado usted que los avaros hablan siempre susurrando, como si conspiraran? ¡Es que su vida es toda una conspiración!

Hoy las cosas han cambiado. La tipología se ha hecho menos rígida, y aunque sigo viendo con recelo a los que a las diez de la noche ya andan por el quinto sueño, pienso que apagar la luz a cierta hora es algo que exige grandes dosis de autodominio y de humildad. «Se necesita fe para dormirse, para comenzar cualquier tarea», escribió Erich Fromm en El arte de amar. ¿Fe para dormirse? Sí.

A menudo me descubro a mí mismo buscando por la noche cosas en qué ocuparme para no dormir. Empiezo a leer un libro, lo cierro, tomo una hoja de papel, escribo, cancelo párrafos, los rehago y vuelta a abrir el libro apenas dejado hace un momento: un círculo vicioso que conforme pasa el tiempo se vicia cada vez más. Y el tictac del reloj siempre allí, anunciándome el lento transcurrir de las horas. ¿Ansiedad? Tal vez, aunque no estoy muy seguro. ¿Miedo a la oscuridad? ¡Nada de eso! Quizá sea orgullo, pero orgullo de una especie muy particular.

Mi tenacidad es muy parecida a la de aquel que sabe que quizá mañana ya no estará y necesita apresurarse. ¿Falta de confianza? Pudiera ser, pues dormir exige confianza en la vida y, sobre todo, en Dios. «En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú, Señor, me haces vivir tranquilo», cantaba el salmista lleno de tranquilidad (Salmo 5, 1): es la confianza del que cree que si Dios le ha dado vida, no tiene por qué no seguir dándosela mañana, pasado mañana e incluso la semana entrante. «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto al Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2,29-32): he aquí la oración del justo, es decir, del hombre que ha tratado de hacer las cosas lo mejor que podía. También es la plegaria con que la Iglesia manda a sus hijos a la cama en la oración de Completas, pues si bien es cierto que son las palabras de un anciano, de Simeón, bien pudieran ser también las de uno que se dispone a cerrar los ojos y a decir adiós al día que termina.

¡Apagar la luz! ¡Qué difícil resulta a veces ejecutar este acto que debiera ser el más sencillo! Atlas deja, aunque sólo sea por unas horas, el mundo a sus pies; Sísifo suelta la piedra y deja que ruede, pues ya irá mañana por ella al pie de la montaña; Tántalo olvida sus suplicios y su sed; Damocles cierra los ojos para no ver la espada que pende sobre su cabeza. Todo queda en un estado como de suspenso. El cuerpo se abandona; los puños se abren, relajados; la respiración adquiere su ritmo natural; los músculos se distienden y los ojos se cierran, abandonándose a la contemplación de una nada reparadora.

Aunque debamos concluir lo antes posible cuanto traemos entre manos, es necesario dormir y atrevernos a apagar la luz. El que no duerme nunca, pronto irá a dormirse para siempre, pero lejos de su cuarto, a otro lugar. Hay que hacer las cosas con la confianza de quien sabe que mañana, si Dios quiere, podrá terminarlas si quedaron incompletas, o rehacerlas si le salieron mal. Mañana, hoy ya no.

Cuánta razón hay en las palabras con que San Vicente de Paúl (1581-1660) amonestaba a una hiperactiva amiga suya: «Cuando gocéis de buena salud –le decía-, tened cuidado de conservarla por amor de Nuestro Señor y de vuestros pobres miembros, y cuidaos de no hacer demasiado. Es una astucia del diablo para engañar a las buenas almas el incitarlas a hacer más de lo que pueden con el fin de que más tarde nada puedan hacer. En cambio, el Espíritu de Dios invita dulcemente a hacer el bien que razonablemente se puede hacer con el fin de que lo hagamos perseverante y largamente».

Sí, hacer demasiado puede ser nefasto: una tentación del demonio. Hace tiempo, por ejemplo, me dije a mí mismo: «Mis feligreses tienen derecho a saberse el número de mi teléfono celular, pues nadie sabe a qué hora del día o de la noche podrán necesitarme». ¿Qué más generoso que estar a disposición de todos las veinticuatro horas del día? Y di a conocer mi número en una hoja volante. Pero una noche –eran alrededor de las 3 de la madrugada- alguien me habló para decirme: «Hola, padre». Yo pensé que se trataba de un moribundo, o tal vez de un enfermo grave, pero no era así.

-¿Sabe? –me dijo la voz-, como no puedo dormir, he pensado hablarle a usted. ¿Cómo está? ¿Le fue bien hoy? ¿Qué hará más tarde?

Yo quería matar a ese cretino. Pero de nada valía lamentarme: el culpable, por lo menos de esto, era yo mismo.
El diablo –tal es la idea de San Vicente- quiere que nos quememos antes de tiempo. Pues bien, no hay que darle gusto. Una vez hecho lo que se ha podido, hay que apagar la luz. Y también, de ser posible, nuestro teléfono celular. Buenas noches.

También lee: NASRUDÍN Y SU HIJO | Columna de Juan Jesús Priego

Continuar leyendo

Opinión