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Puntos y contrapuntos fílmicos en el presente | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Los Olvidados/Tokio sonata/Nosotros los pobres

Cuando inicia un año, solemos hacer propósitos.

Cuando inicia un año, también podemos vernos en perspectiva.

Cuando inicia un año, remarcamos los augurios, y para que sean realizables, ayuda vernos en el espejo de películas con posibilidades de generar empatía, y propiciar reflexiones y/o mirar en perspectiva.

Tal es el caso de estas películas con paralelismos y divergencias:

Los Olvidados, de Luis Buñuel, México 1950. Reconocida con la Palma de oro en el Festival de Cannes y certificada como Patrimonio de la humanidad por la UNESCO.- En un contexto marginal urbano de pobreza y marginalidad, de la ciudad de México, el Jaibo, joven delincuente, escapó de un correccional y se reúne en el barrio con otros joven para qyuienes es un referente líder, pero temible. Días después, el Jaibo mata, en presencia de su amigo Pedro, al muchacho que supuestamente tuvo la culpa de que lo enviaran al reformatorio. A partir de entonces, los destinos de Pedro y el Jaibo estarán trágicamente unidos.

Tokyo Sonata, de Kiyoshi Kurosawa, Japón, 2008. Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes.- Retrato de una familia de Tokio con suficiencia económica, pero incomunicada y en crisis. El padre pierde su trabajo como oficinista, oculta el hecho a su familia; el hijo mayor, escapa del contexto opresivo y se alista como “voluntario extranjero” en el ejército estadounidense; otro hijo menor niño, contra la voluntad de su papá, toma lecciones de piano a escondidas –ello, más delante generará un pasaje de extrema violencia del padre hacia él; y la madre “abnegada” y laboriosa, quien, cada vez menos motivada, se esfuerza por entender y mantener la familia unida. Cuando todos los integrantes de la familia, cada uno por separado, han vivido situaciones desfavorables y dramáticas, un suceso unificador los sustrae de la desesperanza.

Nosotros los pobres, de Ismael Rodríguez, México 1947.- El humilde carpintero Pepe “El Toro” vive las alegrías y sinsabores de la pobreza junto a su hija Chachita, su madre paralítica y su novia Celia “La Chorreada”. Ayudados por un pintoresco grupo de vecinos y amigos, Pepe y su familia librarán una ardua batalla contra la injusticia cuando él es acusado de un asesinato que no cometió

Se trata de dos películas rodadas en México –Los Olvidados y Nosotros los pobres- hace más de 60 años, pero con características y cualidades vigentes e impactantes aún, de manera primordial para público latinoamericano, y de una película japonesa reciente –Tokio sonata-, pero igual que Los Olvidados, reconocida por uno de los máximos certificadores o avales del mejor cine, el Festival de Cannes, Francia.

CARACTERÍSTICAS COMUNES A LOS TRES FILMES

  • Tienen un contexto metropolitano marginal.
  • Los personajes sobrellevan una existencia en vilo, carente o despojada de asideros que garanticen un tránsito cierto y estable en el futuro.
  • Poseen trama compleja, quiebres o vueltas argumentales sorpresivas e inesperadas para un espectador medio, presencia de conflictos capaces de mover –cada una a su manera- emociones y reflexione en el espectador.
  • Hay verosimilitud y lógica en el grueso de los argumentos.
  • Están soportadas por una productora fílmica comercial que les demanda recuperar la inversión financiera en su realización y generación de ganancias.
  • Son universales en tanto sus argumentos y desarrollo no requieren de temporalidad ni geografía precisas y corresponden a sucesos susceptibles de acontecer en distintos confines.

DIFERENCIACIÓN Y PERVIVENCIA DE LAS 3 PELÍCULAS

  • Los Olvidados.- La más consistente, mejor certificada y con menores, casi nulas, concesiones hacia los patrocinadores y régimen mandante. Rompe con el predominio melodramático de la industria fílmica mexicana en su momento, desafía el discurso gubernamental y el eclesiástico de su tiempo. El primero negaba la pobreza y discriminación, el clerical imponía la idea de la pobreza como sinónimo de sino divino que demanda resignación, obediencia, soporte de injusticias, todo ello premiable a los “buenos” en otra vida. Para Buñuel, los pobres no son intrínsecamente buenos y pasivos ni las mamás son abnegadas. La película lleva a la calidad como espectáculo por su singularidad argumental, el realismo y veracidad de sus aconteceres, los matices surrealistas y el cúmulo de contrapuntos argumentales y cualidades estéticas.
  • Tokio sonata.- Durante las dos primeros tercios de su transcurrir, hay verosimilitud y situaciones dificultosas de los protagonistas, capaces de generar empatía y emociones a los espectadores por la veracidad y crudeza las existencia de sus personajes. Luego viene un fatalismo esquemático para los 4 protagonistas integrantes de una misma familia y desenlace con redención obvia como innecesaria en su abultamiento para tres de ellos.
  • Nosotros los pobres, identificada por la mayoría de los espectadores de habla hispana y en otras geografías, es una película harto trascendida porque cumplió de sobra con su cometido melodramático exigido en su momento por sus patrocinadores, pero es mucho más que eso. Ayudó a crear una falsa identidad de culto a la pobreza y jodidez con resignación, al machismo endulcorado con simpatía, si maltratas y cornificas a tu mujer, pero eres simpático, trabajador y sabes cantar, no hay tox. Con todo y sus deformaciones, generó una falsa identidad mexicana, pero identidad al fin. Tanto que la película resiste el paso del tiempo y esa falsa identidad aún tiene feligreses trans-generacionales.

Al respecto, Francisco J. Millán en el libro “Se sufre, pero se aprende”, comenta: Nosotros los pobres lanza a la fama a Pedro Infante y lo convierte en el modelo urbano a imitar del macho mexicano a imitar (…)  Uno de los objetivos tras el triunfo de la Revolución era ese, crear nuevas identidades nacionales y elevar a categoría de mitos a esos héroes anónimos emanados del pueblo, y qué mejor que los intereses bastardos de los políticos en el poder (…) para contrarrestar el descontento de las masas populares.

También, consabido es que el genial Luis Buñuel, estuvo a punto de ser expulsado de México cuando se estrenó Los Olvidados porque la película contravenía la imagen oficial del “milagro mexicano” con “desarrollo estabilizador”. Gana el máximo galardón mundial del cine y su película es tolerada, pero queda advertido de no volver a mullir el tema. Tanto que, unos años después Oscar Lewis, autor de Los Hijos de Sánchez, le propone llevar ese estudio antropológico al cine y el aragonés descarta la posibilidad.

AUGURIOS PARA EL 2020

Estimado lector, te envío un fuerte abrazo y te comparto una máxima, “El cine como la vida”, ayuda a vernos y sentirnos en él y eso no se contrapone a diversión, espectáculo y disfrute. Se recomienda abundante y variado.

Cierto, una película y el cine no cambian al mundo, pero ah, cuánto abonan a re identificar la condición humana de seres inteligentes, en proceso evolutivo y con capacidad de discernimiento y auto-determinación. Cuesta lo mismo ver una película hiperactiva, previsible y todo catarsis que una inteligente multi-cualificada y/o interrogativa y/o polisémica.

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