junio 23, 2021

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#4 Tiempos

La mano derecha | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

-No, así no se saluda; con la otra, dijo la madre al niño que me tendía la mano izquierda en gesto de bienvenida.

-Es que la otra la tengo sucia.

-Pues ve a lavártela y luego vienes a saludar como se debe.

El encanto se había roto y, así, aunque el pequeño obedeció la orden con docilidad, algo me decía que, cuando regresara, su saludo ya no sería el mismo, pues lo que ganara en corrección lo perdería en espontaneidad.

¿Pero qué habría sucedido si el niño me hubiese saludado desde el principio con la mano izquierda? Que quizá me habría sentido igual de incómodo. Cuando saludamos con la mano izquierda algo falta a nuestros saludos: es como si no estuviéramos plenamente disponibles, como si de alguna manera el visitante hubiese llegado a nosotros en un momento poco oportuno. Tal es, por ejemplo, la impresión que nos causa el amigo al que encontramos en el garaje de su casa reparando su automóvil: nos saluda efusivamente, sí, pero con la otra mano, pues la derecha la tiene sucia. Se limpia como puede, hace todo para parecer amable, pero…

Por una especie de acuerdo universal la mano derecha (y no la izquierda) es la mano de la cordialidad. He recordado ya en otra ocasión (véase La sonrisa del ángel, capítulo 32) que dar la mano derecha era en la antigüedad un gesto altamente simbólico, ya que era precisamente en ésta en la que se llevaban la espada y la lanza, de modo que tenderla significaba desarmarse. La mano derecha es la mano de la paz. Y también la mano de la juventud.

Ser joven es tender constantemente la mano derecha, crear relaciones, hacer amigos. Entre muchos filósofos y pensadores del pasado era tenido por axioma indiscutible el que sólo los jóvenes podían ser capaces de amistad, pues la amistad exige energía, pasión y mucha generosidad, cosas éstas que el hombre maduro o el anciano no suelen ya tener en las dosis que quisieran. «¿Para qué busco un amigo?», se preguntaba Séneca, el filósofo estoico: «Busco un amigo para tener por quien morir, para tener a quien seguir en el destierro, a cuya muerte salga yo al paso sacrificando mi vida».

Como es natural, el hombre maduro tiene ya otros deberes mucho más imperiosos que los de la pura amistad, otros muchos seres por quienes morir: la esposa, los hijos e incluso los nietos. Entre un hijo y un amigo, ya se sabe a quién preferirá un honesto padre de familia.

En uno de sus su diálogos –digamos su nombre: Fedro-, Platón se quejaba ya de que el amor –léase el matrimonio-, en cuanto llegaba, provocaba casi siempre «un desierto de amigos». Y tenía razón, pues tan pronto como se casan, éstos dejan de frecuentarse con una naturalidad que casi a nadie sorprende; lo que significa, en muchísimos casos, la pérdida efectiva de la amistad. ¡Cuántos amigos he tenido que desde que se casaron no han vuelto a tener tiempo para tomarse un café conmigo! Y si lo hacen, se lo toman de prisa, entre llamada y llamada, pues su mujer  no deja preguntarles: «¿Te vas a tardar mucho todavía, cariño?». En tan penosas condiciones mejor es esperar a tomárnoslo en la otra vida, donde seguramente habrá tiempo de sobra y todos seremos como ángeles en el cielo, según ha dicho Jesús.

Los viejos no hacen amigos; cuando mucho, conservan los que ya tenían. En un bellísimo libro acerca de la juventud, François Mauriac (1885-1970), el novelista francés, cita unas palabras de Barbey d´Aurevilly (1808-1889) según las cuales «el hombre es un solitario solamente desde que dejó de tener veinticinco años. Porque ser joven significa no estar nunca solo. Ser joven es desconocer la soledad». ¿Y los que sobrepasan esta edad, es decir, los que no tienen ya veinticinco años? ¡Adivínelo usted!

Acaso los viejos filósofos paganos tenían más razón de la que estábamos dispuestos a otorgarles: la amistad requiere juventud.

Narra San Agustín en el libro de sus Confesiones qué fue lo que experimentó al perder al gran amigo de su mocedad: «Mi corazón se oscureció y no veía a mi alrededor más que muerte. La patria era un suplicio para mí y la casa paterna una extraña desdicha. Todo cuanto con él había compartido se había vuelto, sin él, atroz tortura. Por dondequiera lo reclamaban mis ojos, pero me era negado. Y llegué a aborrecer todas las cosas porque no le tenían, ni podían ya decirme: “Mira, ya viene”, como cuando vivía y estaba ausente… Sólo las lágrimas me eran dulces y habían ocupado el lugar de mi amigo en las delicias de mi alma». Tan insoportable se le hizo la ciudad natal sin su amigo, que tuvo que irse a vivir a otra, a Cartago, porque –según dijo- sus ojos «le buscarían menos donde no solían verle».

Sin embargo, cuando San Agustín escribe sus Confesiones es ya un hombre de 43 años de edad que se avergüenza de sus antiguos sentimientos. «Ahora, Señor –dice-, ya pasaron aquellas cosas… Entonces era yo un necio: bullía, suspiraba, me turbaba sin tener descanso ni plan». Ya piensa como hombre maduro, es decir, como alguien que pone la amistad en el lugar que le corresponde…. ¡y que no precisamente en el primero!

La mano derecha es la mano de la juventud: así lo insinúa un aforismo pitagórico que ordena: «No des a cualquiera la mano derecha». ¿Y la mano izquierda? Es la de la vejez: no olvidemos que es con ella con la que se apoya el anciano para no caer.

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#4 Tiempos

¿Por qué surgen las variantes del SARS-CoV-2? | Columna de Andreu Comas García

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La Ciencia de la Salud

 

Actualmente hay muchas noticias, ruido, mala información y miedos sobre el surgimiento de las variantes del SARS-CoV-2. Muchos lo ven con el fin del mundo, el apocalipsis o un gran peligro, y lo correcto es poner todo en su justo medio.

Para empezar el virus de SARS-CoV-2 es un virus cuyo genoma es de un material llamado RNA, el cual es menos estable que el DNA y por lo tanto muta (cambia) con mayor facilidad y velocidad. Una mutación es un cambio en la secuencia del RNA o DNA, es decir si en la secuencia iba una A ahora va otra letra diferente.

Por un lado, el RNA es un material que se puede dañar con gran “facilidad” por factores ambientales como son la luz ultravioleta, sales, coloro, etc. Otra cualidad de los virus de RNA es que, a diferencia de los DNA, estos comenten una mayor cantidad de errores (y en menos tiempo) al copiarse y al reproducirse. Claro, a diferencia de otros virus de RNA los coronavirus son diferentes, ya que pueden corregir gran parte de los errores que se generan al reproducirse.

¿Por qué surgen las variantes?, por una parte, esto se explica por la presencia de mutaciones al azar que ocurren por a las fallas en la replicación y en donde reparación del RNA no es exitosa. También son consecuencia de a competencia por la circulación predominante con otras variantes del SARS-CoV-2, por la interacción con otros virus respiratorios, importa mucho el efecto del clima en la transmisión del patógeno (lo cual haga que estos busquen adaptarse y por lo tanto mutar) y sobre todo por la competencia con el sistema inmune para poder infectar.

El surgimiento de las mutaciones se puede dar en los genes que dan lugar a las proteínas estructurales (las que dan forma al virus) o en proteínas no estructurales (las que tienen que ver con la replicación o con luchar contra el sistema inmune). Estas mutaciones no siempre importan, es decir no logran impactar en el funcionamiento del virus. Debido al código genético una mutación en el RNA puede hacer que no se modifique a la proteína (mutaciones sinónimas) o estas sí pueden modificar la estructura/función de la proteína (mutaciones no sinónimas). Así que no todas las mutaciones importan.

Las mutaciones son una parte necesaria del sistema de evolución de los virus. Par que este sistema evolutivo sea exitoso, se debe de lograr balance muy fino que no perjudique al virus. Es decir, las mutaciones deben de incrementar su capacidad de transmisión y evasión del sistema inmune, sin afectar su capacidad replicación y sin que se vuelvan más agresivos (o se quedarían sin donde vivir).

Cuando se acumulan rápidamente muchas mutaciones y/o son mutaciones que afectan la replicación del virus, pues entonces esta variante desaparece. Pero sí estas mutaciones le dan ventajas, entonces se empieza a expandir la población de esa variante y empieza a hacerse más pequeña las otras variantes. Por ejemplo, al inicio teníamos unas variantes de SARS-CoV-2 llamadas B.1. y B.1.1, las cuales predominaron en México por mucho tiempo. Luego surgió una variante (entre Estados Unidos y México) llamada B.1.519, la cual el día de hoy es la variante predominante en nuestro país.

Como México no ha tenido una política pública de pedir prueba de PCR a los visitantes del extranjero, se han ido introduciendo por diferentes partes del país otras variantes (unas con éxito y otras sin éxito). Primero fue la variante surgida en el Reino Unido (ahora llamada Alpha), luego la variante surgida en Brasil (llamada Gamma). Estas dos variantes actualmente ya se encuentran incrementando su frecuencia.

La alpha entró por la frontera norte y la Ciudad de México y la Gamma entro sobre todo por el Caribe mexicano. Ambas ya se lograron establecer en nuestro país y ahora están creciendo de manera importante. Una tercera variante que esta siendo introducida de manera intermitente en nuestro país pero que todavía no se ha logrado establecer es la variante surgida en la India (Delta).

¿Cuáles son las consecuencias de la introducción de estas variantes? Pues bueno, estas son variantes que se transmite con mayor facilidad que el virus original. Por un lado, podemos decir son mas contagiosas y pueden rápidamente brotes mas grandes. Al tener brotes más grandes y rápidos, entonces observaremos más casos graves y muertes (porque colapsa el sistema de salud y porque que al ser más casos podemos ver los casos raros, pero NO quiere decir que sean variantes más agresivas). Por otro lado, estas variantes tienen cierto grado de escape (no sabemos que tanto) sobre la protección ya creada por el sistema inmune (adquirida esta protección por infección natural o vacunación). Por lo tanto, hay mas riesgo de reinfecciones.

En resumen, ¿nos debemos de alarmar por las variantes? NO, ¿es un proceso natural de los virus? SI, ¿puede la presencia de variantes cambiar la historia de la pandemia? SI, ¿pueden las variantes generar nuevos brotes, aunque muchas personas tengan anticuerpos? SI, ¿requerimos de las mismas medidas de protección de siempre o necesitamos nuevas? Las mismas medidas.

Finalmente, ¿Qué ese esta haciendo en México para vigilar las variantes? Bueno, existe el Consorcio Mexicano de Vigilancia Genómica el cual esta buscando las nuevas variantes y esta intentando entender su comportamiento e importancia.

En la próxima columna les hablaré del impacto de las variantes pero sobre todo, de la importancia de las acciones que el Consorcio Mexicano de Vigilancia Genómica esta llevando a cabo en nuestro país y como esto nos puede ayudar en la pandemia.

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El Aleph en las Meninas | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Carlos Argentino Daneri, debía terminar su poema, y para ello requería del Aleph, ese punto en el espacio que contiene todos los puntos, donde el tiempo pierde su sentido y se vuelve caprichosa esa relación espacio tiempo. Carlos Argentino lo había descubierto en su niñez y reclamaba su posesión. Ese lugar donde están todos los lugares del mundo, vistos desde todos los ángulos. Cuando se lo compartió a Borges este descubrió al Aleph cuyo diámetro sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Borges vio el Aleph, desde todos los puntos, vio el Aleph en la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph, y en el Aleph la tierra, vio su cara y sus vísceras, sintió vértigo y lloró, porque sus ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten.

Esos símbolos y lenguajes relacionados a las cosas del mundo inspiraron al filósofo francés Michel Foucault para escribir su libro: las palabras y las cosas, inspirado así en el humor y las historias fantásticas de Jorge Luis Borges en sus cuentos recogidos en El Aleph en el cual Carlos Argentino conduce a Borges a transitar por El Aleph.

Las palabras y las cosas esa arqueología de las ciencias humanas donde Foucault recorre la relación del lenguaje y sus símbolos. En su recorrido analiza el saber y su lenguaje, y para ello utiliza las expresiones artísticas a través de la pintura y la literatura, y en su resumen sobre el saber que consiste en referir el lenguaje al lenguaje; en restituir la gran planicie uniforme de las palabras y de las cosas. Entre las obras referidas, Foucault comienza con la famosa pintura de Velázquez: las meninas, donde aparece el propio Velázquez pintando a quienes observan a su entorno las meninas y la infanta Margarita, el rey Felipe IV y su esposa Mariana.

Diversas interpretaciones, además de las de carácter filosófico, como estructura del conocimiento, como el realizado por Foucault, se han realizado respecto a la obra realizada por Velázquez en el siglo XVII; entre ellas la relativa a la interpretación en un enfoque de paralaje que realiza Memo mi hijo, en su tesis sobre el sentido elíptico marxista en obras de arte, y esa visión de paralaje establece las diversas interpretaciones sobre un mismo hecho una misma obra como la que expresa la pintura de Velázquez.

En este juego entre literatura y saber, entre la obra de Borges y de Foucault, podríamos apreciar la presencia de ese otro Aleph que descubriera Velázquez, antes que el descubierto y reclamado por Carlos Argentino en la obra de Borges. Así Velázquez bien podría haberse representado observando ese Aleph, ese espacio diminuto donde suceden de manera simultánea esos millones de actos que ocupan el mismo punto sin superposición, sin transparencia, compartidos a su vez por esa miríada de observadores que a lo largo de más de trescientos años ha contemplado la pintura de Velázquez, esas meninas, a las que se asoma Diego Velázquez en ese punto del espacio donde ocurren todos los puntos del espacio y donde el tiempo pierde su sentido.

La próxima vez que apreciemos las meninas focalicemos en ese Aleph y comuniquémonos con Velázquez en esa interpretación del mundo a través de sus cosas y su lenguaje, reconstruyendo la historia de nuestra cultura.

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#4 Tiempos

El desprecio a la Suprema Corte | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Finalmente, el pasado 14 de junio Arturo Zaldívar emitió un pronunciamiento sobre la suerte que tendrá el artículo transitorio décimo tercero de la nueva Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación (LOPJF) que prevé ampliar por dos años su mandato como presidente del Consejo de la Judicatura, así como el del resto de las y los consejeros actuales. Es decir, se trata de un vil intento —pobremente justificado— de López Obrador de tomar por asalto al Consejo de la Judicatura y a la Presidencia de la Suprema Corte y minar su autonomía de gestión, con lo que podrían, por ejemplo, iniciar procedimientos sancionatorios en contra de jueces y juezas. El transitorio es a todas luces contrario a lo dispuesto en los artículos 97 y 100 de la Constitución, que prevén cuestiones como la duración de dichos cargos y su independencia.

Desde la aprobación del citado transitorio, el Ministro Presidente de la Suprema Corte y del Consejo de la Judicatura Federal se ha encontrado en la posición incómoda de decidir qué tratamiento darle al regalo envenenado que le envió López Obrador a través de sus serviles mayorías legislativas, que con cada voto dejan en claro que no comprenden el peso del mandato constitucional que reviste a su puesto como integrantes del Congreso de la Unión.

En dicho pronunciamiento anunciado en su cuenta de Twitter, Arturo Zaldívar afirma que solicitará la integración de un expediente que sea turnado a algún ministro o ministra para que proponga al Pleno de la Suprema Corte un proyecto, sea para ratificar el contenido del transitorio décimo tercero o para declararlo inconstitucional. El procedimiento propuesto por Arturo Zaldívar encuentra su fundamento en el artículo 11, fracción XVII de la LOPJF, que indica que, para velar por la autonomía de los órganos del Poder Judicial, son atribuciones del Pleno de la Corte «[c]onocer y dirimir cualquier controversia que surja entre las Salas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y las que se susciten dentro del Poder Judicial de la Federación con motivo de la interpretación y aplicación de los artículos 94, 97, 100 y 101 de la Constitución […]».

Lo anterior quiere decir que, por tratarse de una cuestión que afecta a la vida interna y autonomía del Poder Judicial, las y los once ministros que integran el Pleno están facultados para dirimir controversias de esta naturaleza con una mayoría simple de seis ministros. Con este procedimiento, Arturo Zaldívar no tendría impedimento alguno y sí podrá participar en la votación del futuro proyecto.

Una vía alterna para invalidar el transitorio décimo tercero sería a través de una acción de inconstitucionalidad presentada por una minoría de al menos 33% de las y los integrantes de la Cámara de Senadores y Senadoras. Dicha acción de inconstitucionalidad tendría que votarse mínimo por una mayoría de ocho ministros y ministras para que se pueda retirar del ordenamiento jurídico al transitorio décimo tercero. Sin embargo, Arturo Zaldívar ha señalado que, de ser el caso, tendría que excusarse de la votación por ser un tema que le beneficia/perjudica directamente. Por tanto, la votación requerida sería aún más ajustada (al menos ocho votos de diez posibles). Una porción significativa de las críticas a Zaldívar sostienen que esta representa la mejor vía para la invalidez del transitorio, pues ya no sería el ministro presidente el protagonista del asunto.

Considero que la vía más adecuada para invalidar al transitorio décimo tercero es con la consulta propuesta por Zaldívar en los términos del artículo 11, fracción XVII de la LOPJF. Por una parte, sostengo que la Corte saldrá mejor librada de este entuerto si es el propio Zaldívar quien impulse su invalidez y que, muy importante, vote en contra de la constitucionalidad del transitorio. Lo anterior enviaría un mensaje institucional muy claro de rechazo a la extensión de su periodo. Por otra parte, si la vía fuese a través de la acción de inconstitucionalidad, el procedimiento vendría impulsado por una minoría legislativa y con Zaldívar teniéndose que excusar de la votación, lo cual dejaría un silencio institucional por parte de Arturo Zaldívar mucho más significativo que cualquier posicionamiento que pueda realizar en medios de comunicación. No obstante, considero que las minorías legislativas deben de presentar las acciones de inconstitucionalidad para que, aunque eventualmente se resuelva el asunto con la consulta propuesta por Zaldívar, quede registrado también el rechazo del Legislativo a los embates que buscan concentrar el poder en manos del Ejecutivo.

La solicitud de Zaldívar ya fue turnada al Ministro José Fernando Franco González-Salas para la elaboración del respectivo proyecto. Hay que destacar que fue el ministro Franco González-Salas quien redactó el sólido y robusto proyecto que propuso invalidar la extensión del periodo de Jaime Bonilla como gobernador de Baja California, mismo que fue aprobado por unanimidad en el Pleno de la Corte. A su vez, hay que resaltar que Franco González-Salas terminará en diciembre próximo sus 15 años como ministro, por lo que tendrá en este proyecto la oportunidad de figurar una última vez como un ministro discreto pero confiable a la hora de hacer guardar la Constitución. 

El rechazo al transitorio décimo tercero debe de contar con el apoyo de las y los once ministros, incluyendo a Zaldívar, y quedar registrado como un acontecimiento simbólico de resistencia del derecho frente a la política. Si alguno de los o las ministras vota en favor de su constitucionalidad, la legitimidad y credibilidad de la Corte —y muy particularmente la de ese ministro o ministra— se verá reducida a su mínima expresión.

La necesidad de que la Corte rechace este transitorio de manera unánime se vuelve aún más clara cuando López Obrador no muestra recato alguno en afirmar desde Palacio Nacional que los otros diez ministros y ministras son incapaces de llevar a cabo la reforma. «Son conservadores», les dice. ¿Juan Luis González Alcántara Carrancá, Yazmín Esquivel Mossa y Margarita Ríos Farjat, propuestas por López Obrador, son inútiles? ¿Para qué los propuso para la Corte, entonces?

Decir que solamente Zaldívar puede llevar a buen puerto la reforma significa un completo desprecio a la Suprema Corte y a sus integrantes. La naturaleza misma de las instituciones radica en que estas prevalecen y funcionan sin importar quién esté al frente de ellas. Es inadmisible para la vida de nuestro Estado democrático y de derecho pensar que instituciones de una sola persona son lo que se necesita para transformar al país.

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