#Si SostenidoColumna de Guillermo Carregha

Cats (2019) | Columna de G. Carregha

Criticaciones

 

           “¿Ya viste CATS?”

            “Sí, ya, ya la vi.”

            “¿Y qué tal? ¿Está buena? ¿La recomiendas?”

            “No sé.”

            “Pero ya la viste, ¿no? ¿Cómo no vas a saber si es buena o no?”

            “Precisamente por eso, porque ya la vi.”

Muchas personas cometimos el error inicial de definir CATS como una película, un simple ejercicio audiovisual producto de una cadena humana que incluye productores, inversores, directores y talento artístico. El hecho de haber sido proyectado en cines fue, quizá, el detalle que llevó a miles de almas inocentes a catalogarla como tal, pero cometimos una equivocación. CATS no es una película, no es una adaptación cinematográfica de un musical de Broadway, mucho menos un ejercicio metafórico contenido en escenas editadas para aparentar formar una trama. CATS no es ni siquiera una suma de las partes que la componen. CATS es, al mismo tiempo, maldad y bondad, unidas en un balance tan perfectamente imperfecto que desestabiliza al universo mismo con su presencia. CATS es algo que debe evitarse a toda costa, pero que también deber ser consumido. CATS es la bombilla mortal a la que se acercan los humanos polillas al sentir la titilación de saciar su curiosidad. CATS es la solución a la pregunta “¿de qué se trata Evangelion?”.

No me queda duda alguna de que es humanamente imposible describir CATS con palabras tan triviales como “buena” o “mala”. La existencia misma de CATS desbanca algo tan banal como las palabras mismas, las desbanca por mucho. Es un objeto etéreo al que no se le pueden añadir adjetivos calificativos de ningún tipo, puesto que no puede ser comprendido haciendo uso de ninguno de los cinco sentidos que limitan al ser humano. Sólo puede describírsele, dar indicios de qué es lo que se puede esperar de ella, pero, de nuevo, las palabras fallan. CATS es una experiencia personal y colectiva capaz de dejar de lado cualquier pretensión de estilo de vida para adjudicarse la propiedad mística del cerebelo de quien la observe sin protección ocular. CATS, véasele por donde se le vea, no es disimilar a un ente interdimensional, de esos que aparecen una vez cada generación, que decidió bajar hasta nuestro planeta, irrumpiendo en la sociedad sin previo aviso y desapareciendo sin dejar rastro alguno más que las cicatrices que dejó en la mente de todo aquel que pudo observarle.

CATS es una aflicción, una enfermedad que se contagia a través de pantallas de video. CATS es la maldición que presagiaba The Ring. Es una ETS cinematográfica que se transmite sin contacto humano, y solamente activada cuando existe el consentimiento expreso de quien se sabe acreedor a todos los síntomas inherentes de observarla. CATS es una tortura voluntaria que rebasa los límites establecidos por la ONU y que, al mismo tiempo, jamás alcanzará el estatus de ilegal. CATS es el castigo que te aplican tus padres cuando se enteran que dejaste de ir a la universidad hace dos años.

Lo que se presenta ante cualquier persona lo suficientemente valiente como para acceder a intercambiar dos horas de su vida y una porción de su sanidad a cambio de ver esta experiencia audiovisual es equiparable a tener un viaje astral sin salir de tu cuerpo terrenal. CATS es un trip de DMT capaz de renovar el alambrado público entre las neuronas de cualquier individuo hasta convertir a la audiencia en seres de luz que nada tienen que ver con las sombras humanas que entraron a la sala. Es el reflejo del nuevo tú en el que no te querías convertir pero que no puedes evitar. CATS es la droga que merecemos, no la que necesitamos.

CATS es lo que sucede cuando se le dan millones de dólares de presupuesto a un programa de inteligencia artificial entrenado a base de imágenes abstractas de animales inexistentes al ritmo de un teclado atonal. CATS es la culminación de cada filtro de Instagram, de cada Tik Tok compartido a lo largo y ancho del universo conocido, un intento de acercarse a las generaciones venideras por los espíritus de personas cuyos cuerpos nacieron sin alma durante la década de los sesenta. CATS es la prueba fehaciente de que existe un fetiche más allá de los furrys que jamás pudimos imaginar.

Ver CATS es equiparable a encontrar el switch de encendido de un cerebro humano y pasar minutos interminables prendiéndolo y apagándolo, manteniendo al alma en un estado constante de no saber si está viva o muerta, de saber si es hora de dejarse ir o continuar aferrándose a la existencia terrenal. Tener las escenas de CATS grabadas en tu memoria es una sentencia de felicidad por siempre eludida. Quien ve CATS es alguien que ha visto al abismo de frente y se dejó consumir por él.

Según el calendario, el día que el destino me llevó a ver CATS en el cine fue el 28 de diciembre de 2019. Según ese mismo calendario, han pasado poco más de dos meses desde la muerte de esa fecha. A pesar de la distancia espacio-temporal que me separa de ese instante de mi vida, no soy capaz de formar una opinión respecto a lo que atestigüé sobre la pantalla de cine aquel día.

Puedo asegurar que no me encontraba ni remotamente privado de mis facultades mentales por algún tipo de sustancia ilegal o por falta de sueño. Durante todo el trayecto visual realizado entre el primer anuncio de Cinépolis y los créditos finales parpadeé incrédulo un promedio de dos veces por minuto, incapaz de alejar mis ojos de lo que se que estuviera transpirando frente a mí. Absorbí en su totalidad todo el contenido audiovisual que me ofrecía. Atestigüé todo. Recuerdo cada maldita escena intrascendental, llena de paja digital casi a la perfección. Cada detalle, cada cara humana superpuesta sobre cuerpos amorfos que no son ni de humano ni de gato, cada hebra de pelo en CGI, cada pedazo de utilería exagerado para crear la apariencia de que todos los “seres humanos” en pantalla mide menos de cincuenta centímetros.

Observé minuto tras minuto la existencia de seres a quienes se les podía catalogar como femeninos gracias a las formas de sus senos humanos escondidas detrás de pelaje inamovible cantando melodías de nada. Soporté ráfagas de subtítulos desfasados lingüísticamente por traductores que prefirieron copiar y pegar el texto oficial de la versión mexicana de una obra de teatro antes de hacer su trabajo. Pasaron frente a mis pupilas incontables ejemplos de seres que tenían la dicha de llevar artículos de ropa sobre su persona, implicando la desnudez completa de aquellos que no. Quedé perplejo, mi ser por siempre destrozado, al capitular el éxodo de inconsistencias al encontrarme con un ente que llevaba puesto un abrigo de su propia piel por encima de su piel, misma que, a su vez, era también un abrigo de piel.

Perdí mi asimiento a la realidad misma ni bien pasados los diez minutos de proyección. Fue allí cuando se presentó ante mí un supuesto gato con cara humana que procedía a engullir cucarachas de tamaño real que, al igual que ella, presumían caras humanas. Acababa de presenciar un acto de snuff transpirar ante mis ojos, pero la música y la cinematografía buscaba obligarme a considerar esto como un momento lleno de magia para toda la familia. No pude seguir su juego, no en esa ocasión, no cuando se repitió el hecho una segunda vez.

CATS es la antítesis del entretenimiento. CATS es visualmente inverosímil, un torrente de imágenes literalmente increíbles y a las cuales les faltaron dos meses de renderización. CATS es una oda a los peligros de los efectos especiales y, al mismo tiempo, la razón por la que docenas de talentosos artistas digitales perdieron su trabajo al entregar precisamente lo que el director les pedía. CATS es culpable de que cientos de personas perdieron el sueño – ya fuera trabajando incansablemente en crear pesadillas en tercera dimensión en busca de un sueldo que jamás llegaría, ya fuera intentando procesar la información obtenida en una sala de cine que por siempre viviría entre sus recuerdos. CATS es una apología a las malas prácticas de la animación, la razón por la que Tom Hooper nunca volverá a encontrar trabajo en el mundo del entretenimiento. CATS es nada y todo a la vez.

CATS es un proceso de iniciación. CATS es la obligación visionada de todo ser humano. No existe en este mundo algo que tome tu cerebro entre sus sucias manos con tanta fuerza, y no haga más que violarte mentalmente sin importarle las secuelas que puedan existir.

No creo que pueda vivir lo suficiente para que las imágenes de CATS en mi mente se asienten lo suficiente como para que, finalmente, pueda decidir si me gustó o no.

Porque, sencillamente, CATS es.

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