mayo 7, 2021

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#Si Sostenido

Cats (2019) | Columna de G. Carregha

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Criticaciones

 

           “¿Ya viste CATS?”

            “Sí, ya, ya la vi.”

            “¿Y qué tal? ¿Está buena? ¿La recomiendas?”

            “No sé.”

            “Pero ya la viste, ¿no? ¿Cómo no vas a saber si es buena o no?”

            “Precisamente por eso, porque ya la vi.”

Muchas personas cometimos el error inicial de definir CATS como una película, un simple ejercicio audiovisual producto de una cadena humana que incluye productores, inversores, directores y talento artístico. El hecho de haber sido proyectado en cines fue, quizá, el detalle que llevó a miles de almas inocentes a catalogarla como tal, pero cometimos una equivocación. CATS no es una película, no es una adaptación cinematográfica de un musical de Broadway, mucho menos un ejercicio metafórico contenido en escenas editadas para aparentar formar una trama. CATS no es ni siquiera una suma de las partes que la componen. CATS es, al mismo tiempo, maldad y bondad, unidas en un balance tan perfectamente imperfecto que desestabiliza al universo mismo con su presencia. CATS es algo que debe evitarse a toda costa, pero que también deber ser consumido. CATS es la bombilla mortal a la que se acercan los humanos polillas al sentir la titilación de saciar su curiosidad. CATS es la solución a la pregunta “¿de qué se trata Evangelion?”.

No me queda duda alguna de que es humanamente imposible describir CATS con palabras tan triviales como “buena” o “mala”. La existencia misma de CATS desbanca algo tan banal como las palabras mismas, las desbanca por mucho. Es un objeto etéreo al que no se le pueden añadir adjetivos calificativos de ningún tipo, puesto que no puede ser comprendido haciendo uso de ninguno de los cinco sentidos que limitan al ser humano. Sólo puede describírsele, dar indicios de qué es lo que se puede esperar de ella, pero, de nuevo, las palabras fallan. CATS es una experiencia personal y colectiva capaz de dejar de lado cualquier pretensión de estilo de vida para adjudicarse la propiedad mística del cerebelo de quien la observe sin protección ocular. CATS, véasele por donde se le vea, no es disimilar a un ente interdimensional, de esos que aparecen una vez cada generación, que decidió bajar hasta nuestro planeta, irrumpiendo en la sociedad sin previo aviso y desapareciendo sin dejar rastro alguno más que las cicatrices que dejó en la mente de todo aquel que pudo observarle.

CATS es una aflicción, una enfermedad que se contagia a través de pantallas de video. CATS es la maldición que presagiaba The Ring. Es una ETS cinematográfica que se transmite sin contacto humano, y solamente activada cuando existe el consentimiento expreso de quien se sabe acreedor a todos los síntomas inherentes de observarla. CATS es una tortura voluntaria que rebasa los límites establecidos por la ONU y que, al mismo tiempo, jamás alcanzará el estatus de ilegal. CATS es el castigo que te aplican tus padres cuando se enteran que dejaste de ir a la universidad hace dos años.

Lo que se presenta ante cualquier persona lo suficientemente valiente como para acceder a intercambiar dos horas de su vida y una porción de su sanidad a cambio de ver esta experiencia audiovisual es equiparable a tener un viaje astral sin salir de tu cuerpo terrenal. CATS es un trip de DMT capaz de renovar el alambrado público entre las neuronas de cualquier individuo hasta convertir a la audiencia en seres de luz que nada tienen que ver con las sombras humanas que entraron a la sala. Es el reflejo del nuevo tú en el que no te querías convertir pero que no puedes evitar. CATS es la droga que merecemos, no la que necesitamos.

CATS es lo que sucede cuando se le dan millones de dólares de presupuesto a un programa de inteligencia artificial entrenado a base de imágenes abstractas de animales inexistentes al ritmo de un teclado atonal. CATS es la culminación de cada filtro de Instagram, de cada Tik Tok compartido a lo largo y ancho del universo conocido, un intento de acercarse a las generaciones venideras por los espíritus de personas cuyos cuerpos nacieron sin alma durante la década de los sesenta. CATS es la prueba fehaciente de que existe un fetiche más allá de los furrys que jamás pudimos imaginar.

Ver CATS es equiparable a encontrar el switch de encendido de un cerebro humano y pasar minutos interminables prendiéndolo y apagándolo, manteniendo al alma en un estado constante de no saber si está viva o muerta, de saber si es hora de dejarse ir o continuar aferrándose a la existencia terrenal. Tener las escenas de CATS grabadas en tu memoria es una sentencia de felicidad por siempre eludida. Quien ve CATS es alguien que ha visto al abismo de frente y se dejó consumir por él.

Según el calendario, el día que el destino me llevó a ver CATS en el cine fue el 28 de diciembre de 2019. Según ese mismo calendario, han pasado poco más de dos meses desde la muerte de esa fecha. A pesar de la distancia espacio-temporal que me separa de ese instante de mi vida, no soy capaz de formar una opinión respecto a lo que atestigüé sobre la pantalla de cine aquel día.

Puedo asegurar que no me encontraba ni remotamente privado de mis facultades mentales por algún tipo de sustancia ilegal o por falta de sueño. Durante todo el trayecto visual realizado entre el primer anuncio de Cinépolis y los créditos finales parpadeé incrédulo un promedio de dos veces por minuto, incapaz de alejar mis ojos de lo que se que estuviera transpirando frente a mí. Absorbí en su totalidad todo el contenido audiovisual que me ofrecía. Atestigüé todo. Recuerdo cada maldita escena intrascendental, llena de paja digital casi a la perfección. Cada detalle, cada cara humana superpuesta sobre cuerpos amorfos que no son ni de humano ni de gato, cada hebra de pelo en CGI, cada pedazo de utilería exagerado para crear la apariencia de que todos los “seres humanos” en pantalla mide menos de cincuenta centímetros.

Observé minuto tras minuto la existencia de seres a quienes se les podía catalogar como femeninos gracias a las formas de sus senos humanos escondidas detrás de pelaje inamovible cantando melodías de nada. Soporté ráfagas de subtítulos desfasados lingüísticamente por traductores que prefirieron copiar y pegar el texto oficial de la versión mexicana de una obra de teatro antes de hacer su trabajo. Pasaron frente a mis pupilas incontables ejemplos de seres que tenían la dicha de llevar artículos de ropa sobre su persona, implicando la desnudez completa de aquellos que no. Quedé perplejo, mi ser por siempre destrozado, al capitular el éxodo de inconsistencias al encontrarme con un ente que llevaba puesto un abrigo de su propia piel por encima de su piel, misma que, a su vez, era también un abrigo de piel.

Perdí mi asimiento a la realidad misma ni bien pasados los diez minutos de proyección. Fue allí cuando se presentó ante mí un supuesto gato con cara humana que procedía a engullir cucarachas de tamaño real que, al igual que ella, presumían caras humanas. Acababa de presenciar un acto de snuff transpirar ante mis ojos, pero la música y la cinematografía buscaba obligarme a considerar esto como un momento lleno de magia para toda la familia. No pude seguir su juego, no en esa ocasión, no cuando se repitió el hecho una segunda vez.

CATS es la antítesis del entretenimiento. CATS es visualmente inverosímil, un torrente de imágenes literalmente increíbles y a las cuales les faltaron dos meses de renderización. CATS es una oda a los peligros de los efectos especiales y, al mismo tiempo, la razón por la que docenas de talentosos artistas digitales perdieron su trabajo al entregar precisamente lo que el director les pedía. CATS es culpable de que cientos de personas perdieron el sueño – ya fuera trabajando incansablemente en crear pesadillas en tercera dimensión en busca de un sueldo que jamás llegaría, ya fuera intentando procesar la información obtenida en una sala de cine que por siempre viviría entre sus recuerdos. CATS es una apología a las malas prácticas de la animación, la razón por la que Tom Hooper nunca volverá a encontrar trabajo en el mundo del entretenimiento. CATS es nada y todo a la vez.

CATS es un proceso de iniciación. CATS es la obligación visionada de todo ser humano. No existe en este mundo algo que tome tu cerebro entre sus sucias manos con tanta fuerza, y no haga más que violarte mentalmente sin importarle las secuelas que puedan existir.

No creo que pueda vivir lo suficiente para que las imágenes de CATS en mi mente se asienten lo suficiente como para que, finalmente, pueda decidir si me gustó o no.

Porque, sencillamente, CATS es.

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Todavía no impriman las boletas | Columna de Jorge Saldaña

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TERCERA LLAMADA.

Espere señor impresor que aún la nave del olvido no ha partido. Para las próximas 24 horas la elección potosina puede tomar un nuevo rumbo con nuevos protagonistas.

Las incertidumbres florecen con el anuncio de la Unidad de Fiscalización del INE, la misma que quitó la candidatura a Raúl Morón y a Félix Salgado Macedonio en Michoacán y Guerrero respectivamente, ha puesto en la mesa la posibilidad de retirar también su condición de candidata a Mónica Liliana Rangel Martinez, la hasta hoy abanderada potosina y además por las mismas razones.

Si el Consejo General del INE toma el mismo criterio (que debería de acuerdo a una cosita que se llama jurisprudencia) con Mónica que con Felix y Raúl, para hoy jueves por la tarde noche, la ex secretaría de salud estaría perdiendo su lugar en la boleta electoral.

Pero hay más, Culto Público, también en las próximas horas el Supremo Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, última e inapelable instancia, estaría determinando si Xavier Nava puede o no estar en condiciones legítimas de reelegirse como alcalde ahora postulado por Morena.

Ambas situaciones abren posibilidades poco exploradas por inverosímiles y prácticamente impensables en el cálculo político de apenas unos meses. El tablero se mueve con 31 días de anticipación para la votación.

Xavier se puede quedar sin candidatura a la alcaldía por no cumplir el requisito de ser postulado por el mismo partido político que lo llevó al poder en primera ocasión y por participar en dos procesos internos al mismo tiempo con partidos distintos.

Si bien la Sala Superior de Monterrey, con voto dividido, le regresó sus derechos de candidato, en la tercera y última instancia, el apego al texto constitucional debe privilegiarse por encima de la interpretación muy endeble de la ambigua renuncia a la militancia.

Es decir que Xavier, en pocas horas, una vez más, corre el riesgo de quedarse fuera de la boleta municipal, sin embargo, ante la propuesta de la Unidad de Fiscalización de sancionar a Mónica Liliana Rangel con retirarle la candidatura, la coyuntura podría permitir a Nava Palacios colarse a la boleta en la que quiso estar desde el inicio: rumbo a la gubernatura.

Si a Mónica le quitan la nominación, asunto muy probable si el Consejo General del INE aplica los mismos criterios que aplicó con Salgado y Morón, Morena tendría 48 horas para sustituir a su candidato, que podría ser varón porque en Guerrero cambiaron de género a mujer al otorgar la candidatura a Evelyn Salgado, por lo que los equilibrios de género estarían a salvo.

Si el STEPJF baja a Nava, es porque este estaría impedido de repetir como alcalde, pero nada le prohíbe ni a él ni al partido que se convierta en el candidato sustituto de Rangel Martínez.

Morena tendría que dejar la candidatura de la capital a alguien más, nombre que sería irrelevante pues en la práctica estarían abandonando la idea de ganar San Luis a cambio de la apuesta mayor que es la de suceder a Juan Manuel Carreras.

Mónica, aunque lo niegue, hizo precampaña y está comprobado y registrado. Por miles de entrevistas con Carlos Loret en las que lo desmienta y por docenas de comunicados nocturnos en los que insista en que su candidatura está firme, la doctora no presento reporte de gastos de ese periodo, y lo que es más absurdo aún, es que asegure que no se había siquiera separado del cargo en el periodo de precampañas.

¿El escenario es posible? Sí. ¿Probable? Quién sabe. Morena podría muy bien echar mano de Juan Ramiro Robledo Ruíz para sustituir a Rangel y dejar a Xavier Nava a su suerte de lo que decida el Tribunal Electoral.

Nava podría incluso no perder su condición de candidato a la alcaldía si los magistrados de la tercera instancia se lo permiten y hasta Mónica, en un asunto que sería de locura para Morena y sus dirigentes, podría ser juzgada en forma distinta a la de sus símiles de Guerrero y Michoacán.

Mientras tanto, yo no apretaba el “control + P” de la maquinaria de impresión de las boletas potosinas. Sea cual sea el resultado, el viento enrarecido arrecia para San Luis Potosí y la elección potosina, asomada ya a la vuelta de la esquina está en “ascuas” como diría mi enferma abuela.

En cualquier caso, la cercanía de la contienda parece dejar a cualquiera con tiempo insuficiente en todos los escenarios, Mónica se ve lejos de remontar, Xavier se ve lejos de poder ampliar su campaña a 58 municipios en tres semanas y Juan Ramiro Robledo (otro de los posibles bateadores emergentes) tendría una cruzada tan cuesta arriba que hasta sería difícil pensar en que acepte semejante empresa destinada al fracaso.

¿Pero qué mas da, Culto Público? Si en este San Luis Potosí, el más panista es candidato del PRI, la más priista es de Morena, el grupo más Fifí y anti-4T hoy corea “es un honor estar con Obrador” cuando hace unos meses tildaban públicamente al partido del presidente y sus aliados de “porquería” y el Tecmol piensa que gana votos dando vueltas gratis a niños en su helicóptero…(pfff).

En este mundo tan bizarro, ya nada más nos falta ver que el Mijis se afilie al PAN y el Gabo Salazar regrese lo que les bailó a sus clientes.

En fin, que estamos a unas horas de conocer el desenlace de otro embrollo morenista, quizás el último antes de preguntarnos: ¿Quién se lleva la elección? ¿Pollo u Octavio? A los de Morena pues ahí nos avisan cuando terminen sus impugnaciones y se pongan de acuerdo ¿no?

Hasta saber certezas de ambos casos, no me platiquen más, que quiero imaginar que no existe el pasado… (Ah no, esa es de Garrido pero me vino a la cabeza y me salió por los ojos).

¡Hasta la próxima!

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Menos del 30% de las personas que dedican a la investigación son mujeres

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Algunas cifras a propósito del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia

Por: Itzel Márquez

Este jueves 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, por lo que es un momento oportuno para hacer una pausa y reflexionar sobre la brecha social que aún existe en la ciencia por temas de género, a pesar de que cada vez son más los espacios ocupados por mujeres.

La conmemoración se remonta seis años atrás, al 22 de diciembre de 2015, fecha en la cual la Asamblea General de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) estableció para reconocer el papel tan importante de las niñas y mujeres en ciencia y tecnología.

En pleno 2021 la desigualdad por razones de género sigue imperando en el mundo y en todos los ámbitos, la ciencia no es la excepción, pues actualmente menos del 30% de las personas que se dedican a la investigación son mujeres. La UNESCO también calcula que solo el 30% de estudiantes mujeres en nivel superior eligen desarrollarse en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, en todo el mundo solo el 3% de la matrícula corresponde a mujeres en tecnología, información y comunicaciones, ciencias naturales, matemáticas y estadísticas 5%, mientras que ingeniería, manufactura y construcción 8%.

Otros números preocupantes en este tema son los referidos por: Carmen Fenoll, investigadora y presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), quien anota que en los libros de secundaria son menos del 8% los referentes de mujeres científicas, lo cual hace que se identifique la ciencia como una actividad masculina; además, desde 1901 hasta 2020, los premios Nobel se han otorgado solo 58 a mujeres (la mitad de estos por actividades en la ciencia), frente a 876 recogidos por hombres.

Este 2021, sin dejar de lado la contingencia sanitaria que se vive en el mundo, el lema es “Las mujeres científicas, líderes en la lucha contra el COVID” y desde la UNESCO se plantea un evento virtual, en el cual participen científicas que han estado al tanto del Covid-19 desde su inicio hasta la fecha.

En este sentido, en México un grupo de siete mujeres científicas, se han dado a la tarea de investigar el covid-19 y sus efectos a largo plazo: Talia Wegman, Sandra López, Carol Perelman, Rosalinda Sepúlveda, Paulina Rebolledo, Angélica Cuapio y Sonia Villapol; los resultados de su investigación fueron presentados el pasado 30 de enero.

ALGUNAS MUJERES Y SUS APORTACIONES EN LA CIENCIA

Marie Curie: primera mujer reconocida con un Premio Nobel en Física y Química, reconociendo su trabajo en la ciencia.

Margherita Sarrocchi: filósofa y poeta; intercambió ideas con Galileo Galilei.

Helia Bravo: primera bióloga en México, especialista en cactáceas; fue fundadora del jardín botánico de la UNAM.

Nubia Muñoz: epidemióloga en el Centro Internacional de Estudios Sobre Cáncer de Colombia, fue nominada al premio Nobel por descubrir el virus del papiloma humano como principal causa del cáncer del papiloma humano.

Kathrin Barboza: originaria de Bolivia, bióloga y especialista en murciélagos; ha estudiado a la bioacústica de los murciélagos y su importancia en los ecosistemas.

Sandra Díaz: ganó el premio de Asturias por sus aportes en ecología, recibió el título como “guardiana de la biodiversidad” por la revista Nature.

María Teresa Ruíz: primera astrónoma chilena, así como la primer mujer en recibir el premio Nacional de Ciencias Exactas.
Marie Tharp: realizó los primeros mapas de los suelos oceánicos.

Flora de Pablo: doctora en biología molecular que lucha por la reivindicación de la mujer en la ciencia, con la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

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San Vicente y la hiperactiva | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Durante mucho tiempo abrigué por la gente que se dormía temprano una sincera antipatía. ¿Cómo dormir cuando se podía leer? No sé por qué, pero me daba la impresión de que estas personas se cuidaban a sí mismas demasiado. Cuidaban su vista, cuidaban su sueño, cuidaban su salud, pero no hacían nada más. ¿Y no era necesario hacer algo más?

Por si fuera poco, en aquel entonces hasta elaboré para mi uso personal una tipología gracias a la cual me era posible clasificar en grados y jerarquías a estos durmientes odiosos. En la cúspide, naturalmente, se encontraba el «durmiente tacaño», es decir, aquel que se iba pronto a la cama para no gastar luz eléctrica, energía o palabras. Pues, ¿por qué se iba a dormir tan pronto si no para ahorrarse un rato de televisión, un momento de reflexión, o una hora de conversación? Los durmientes de esta especie me causaban horror. Eran metódicos, aburridos y, sobre todo, avaros. Ignoraba qué relación había entre el durmiente precoz y el amor al dinero, pero me parecía que, de una manera secreta, misteriosa, tal relación existía. ¿Y no se ha fijado usted que los avaros hablan siempre susurrando, como si conspiraran? ¡Es que su vida es toda una conspiración!

Hoy las cosas han cambiado. La tipología se ha hecho menos rígida, y aunque sigo viendo con recelo a los que a las diez de la noche ya andan por el quinto sueño, pienso que apagar la luz a cierta hora es algo que exige grandes dosis de autodominio y de humildad. «Se necesita fe para dormirse, para comenzar cualquier tarea», escribió Erich Fromm en El arte de amar. ¿Fe para dormirse? Sí.

A menudo me descubro a mí mismo buscando por la noche cosas en qué ocuparme para no dormir. Empiezo a leer un libro, lo cierro, tomo una hoja de papel, escribo, cancelo párrafos, los rehago y vuelta a abrir el libro apenas dejado hace un momento: un círculo vicioso que conforme pasa el tiempo se vicia cada vez más. Y el tictac del reloj siempre allí, anunciándome el lento transcurrir de las horas. ¿Ansiedad? Tal vez, aunque no estoy muy seguro. ¿Miedo a la oscuridad? ¡Nada de eso! Quizá sea orgullo, pero orgullo de una especie muy particular.

Mi tenacidad es muy parecida a la de aquel que sabe que quizá mañana ya no estará y necesita apresurarse. ¿Falta de confianza? Pudiera ser, pues dormir exige confianza en la vida y, sobre todo, en Dios. «En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú, Señor, me haces vivir tranquilo», cantaba el salmista lleno de tranquilidad (Salmo 5, 1): es la confianza del que cree que si Dios le ha dado vida, no tiene por qué no seguir dándosela mañana, pasado mañana e incluso la semana entrante. «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto al Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2,29-32): he aquí la oración del justo, es decir, del hombre que ha tratado de hacer las cosas lo mejor que podía. También es la plegaria con que la Iglesia manda a sus hijos a la cama en la oración de Completas, pues si bien es cierto que son las palabras de un anciano, de Simeón, bien pudieran ser también las de uno que se dispone a cerrar los ojos y a decir adiós al día que termina.

¡Apagar la luz! ¡Qué difícil resulta a veces ejecutar este acto que debiera ser el más sencillo! Atlas deja, aunque sólo sea por unas horas, el mundo a sus pies; Sísifo suelta la piedra y deja que ruede, pues ya irá mañana por ella al pie de la montaña; Tántalo olvida sus suplicios y su sed; Damocles cierra los ojos para no ver la espada que pende sobre su cabeza. Todo queda en un estado como de suspenso. El cuerpo se abandona; los puños se abren, relajados; la respiración adquiere su ritmo natural; los músculos se distienden y los ojos se cierran, abandonándose a la contemplación de una nada reparadora.

Aunque debamos concluir lo antes posible cuanto traemos entre manos, es necesario dormir y atrevernos a apagar la luz. El que no duerme nunca, pronto irá a dormirse para siempre, pero lejos de su cuarto, a otro lugar. Hay que hacer las cosas con la confianza de quien sabe que mañana, si Dios quiere, podrá terminarlas si quedaron incompletas, o rehacerlas si le salieron mal. Mañana, hoy ya no.

Cuánta razón hay en las palabras con que San Vicente de Paúl (1581-1660) amonestaba a una hiperactiva amiga suya: «Cuando gocéis de buena salud –le decía-, tened cuidado de conservarla por amor de Nuestro Señor y de vuestros pobres miembros, y cuidaos de no hacer demasiado. Es una astucia del diablo para engañar a las buenas almas el incitarlas a hacer más de lo que pueden con el fin de que más tarde nada puedan hacer. En cambio, el Espíritu de Dios invita dulcemente a hacer el bien que razonablemente se puede hacer con el fin de que lo hagamos perseverante y largamente».

Sí, hacer demasiado puede ser nefasto: una tentación del demonio. Hace tiempo, por ejemplo, me dije a mí mismo: «Mis feligreses tienen derecho a saberse el número de mi teléfono celular, pues nadie sabe a qué hora del día o de la noche podrán necesitarme». ¿Qué más generoso que estar a disposición de todos las veinticuatro horas del día? Y di a conocer mi número en una hoja volante. Pero una noche –eran alrededor de las 3 de la madrugada- alguien me habló para decirme: «Hola, padre». Yo pensé que se trataba de un moribundo, o tal vez de un enfermo grave, pero no era así.

-¿Sabe? –me dijo la voz-, como no puedo dormir, he pensado hablarle a usted. ¿Cómo está? ¿Le fue bien hoy? ¿Qué hará más tarde?

Yo quería matar a ese cretino. Pero de nada valía lamentarme: el culpable, por lo menos de esto, era yo mismo.
El diablo –tal es la idea de San Vicente- quiere que nos quememos antes de tiempo. Pues bien, no hay que darle gusto. Una vez hecho lo que se ha podido, hay que apagar la luz. Y también, de ser posible, nuestro teléfono celular. Buenas noches.

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