#4 Tiempos
Los diputados al VI y VII local | Columna de Jorge Saldaña
TERCERA LLAMADA.
Culto Público, seré breve porque tuve tiempo, a diferencia de los candidatos a los que ya se les agotó ese preciado activo:
Me voy a referir en esta entrega a dos candidatos a diputados locales, al postulado por Morena al VII distrito, Óscar Valle Portilla, y al abanderado por la Coalición Sí por San Luis al VI distrito local, Ricardo Villareal Loo.
Óscar Valle:
1) Jamás se ha preparado para ser funcionario público, mucho menos para ser representante popular y por lo tanto no tiene una sola experiencia en su trayectoria profesional en el ámbito legislativo. Formó su familia y su currículum en la Ciudad de México y en Puebla siendo primero bróker financiero, asesor de inversiones, su vida hasta hace tres años fue la del apasionante mundo del juego de los capitales y el dinero. Compra barato y vende caro, la acumulación, la ganancia y la generación de capital son su Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nadie dice que eso sea malo ni negativo, caray que bueno porque además fue exitoso y generó fortuna, alimentó a su familia y un estilo de vida.
2) Su retorno a San Luis, tras un breve paso por tierras poblanas, en las que defendió a multimillonarios capitalistas defraudados por algún vivales relacionado a banco Interacciones (en el que además abandonó el caso) responde al ruego perfumado de invitación que le hizo su amigo y socio Xavier Nava Palacios, cuando veía hundirse el barco de su campaña en 2018. Valle decidió regresar con la condición de mantener su calidad de vida (léase puesto asegurado y mejor remunerado). Allá en Puebla, por cierto, hizo buenas relaciones con empresas dedicadas a los proyectos de iluminación rentables, representantes o intermediarios involucrados con una de las productoras de energía más importantes de Francia (pura casualidad si fue el principal promotor e intermediario con TrafficLight empresa “ganadora” de la licitación del proyecto de 400 millones de pesos por 50 mil luminarias que a precio de mercado no cuestan ni la mitad).
3) Por construcción humana, y me refiero a educación, círculos sociales, relaciones familiares, convicciones e historia personal, Óscar Valle se puede definir como un hombre de derecha, capitalista, marista, privilegiado, siempre de alta esfera, beneficiado del apellido y los rendimientos del mismo que jamás dudó en usar. Vamos que, de haber nacido en Estados Unidos, Óscar Valle sería un ejemplar republicano y seguramente un ferviente admirador de Donald Trump. Entre sus libros favoritos, casi por lo seguro, tiene alguno de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, o ¿Quién se robó mi queso? de Spencer Jhonson, y su biblia de cabecera me imagino puede ser “Padre Rico, Padre Pobre” o alguna novedad sobre cómo “triunfar en la vida” de Arturo Elías Ayub (que conste que nada tengo en contra de los textos y mucho menos de los autores, los pongo como ejemplos para dibujar al personaje en cuestión).
4) ¿Qué hace pues un perfil como el de Valle Portilla buscando el voto por el Movimiento de la Regeneración Nacional? Ese Partido de la llamada Cuarta Transformación en México, que entre sus principios se compromete a cuidar de los menos privilegiados, con el más alto sentido social encaminado a la recomposición estructural del sistema político y económico del país, el partido que es enemigo de los privilegios y fomentador de los derechos universales, ¿qué hace ese partido que es la antítesis de la acumulación desmedida de recursos en las manos de unos cuantos abanderando a un hombre como Óscar Valle?
5) A Óscar le interesan las relaciones del más alto nivel, la vida holgada, vivir en el Campestre, comer bien y beber mucho mejor en los mejores restaurantes, es aficionado al campismo y, comprobado, se encuentra invirtiendo 50 millones de pesos en la construcción de un Hotel-Camping para niños con padres de alta capacidad adquisitiva en la Sierra de Álvarez ¿Qué sabe el candidato de Morena de no tener agua en su casa si su fraccionamiento riega diariamente hectáreas de jardines con abundancia de H20 y en los baños de su residencia cuenta con sistema hidroneumático?
6) ¿Qué sabe Don Oscar de inseguridad si antes de vivir en la zona mejor ubicada de la Ciudad de México, creció viviendo en una enorme mansión de la Avenida Venustiano Carranza? ¿Cómo puede, ya no digamos representar, sino saber y sentir lo que siente un potosino de Mesa de Conejos, Tierra Blanca, Pozuelos, El Aguaje, Terrero o la Simón Díaz? ¿Podrá representarlos también a ellos? ¿Los conoce? ¿O nada más se acerca a hacer promesas, regalar estufas y persuadirlos con su gentileza efímera y estudiada que puede desde el legislativo resolver la seguridad y la falta de agua?
7) ¿No será que quiere seguir manteniendo su ritmo de vida, sus buenas relaciones y no alejarse del círculo de los negocios en el cobijo del presupuesto y vida pública? El partido, los valores y los ideales son lo de menos, mientras en su biografía no falte algo que para Valle Portilla es indispensable: recursos a manos llenas y la cercanía del lugar donde eso se consigue.
8) No tengo bola de cristal, Culto Público, pero puedo apostar doble contra sencillo que Valle Portilla ya tiene un plan “B” para cuando pierda la elección al séptimo distrito local. Saldrá de este pueblo polvoriento al que tanto desprecia, para ir a buscar un acomodo en la capital de la República o en alguna ciudad cosmopolita, desde donde administre las ganancias que le generen sus “Campamentos de Verano” para adolescentes mimados hijos de las clases altas.
9) Su campaña va en cuarto lugar en las preferencias y con razón. El VII distrito vota, como desde hace 50 años, por el PAN, no por una cara bonita que cambia de atuendo a conveniencia y que tiene por único objetivo mantener su status a cualquier costo.
10) Por lo anterior, Culto Público, si le dieran solo dos opciones a elegir y la primera fuera el señor Valle, por congruencia le sugiero escoger la segunda (sea lo que sea).
11) A casi tres años de ingresar al Ayuntamiento, el señor Valle Portilla no ha podido explicar, ni de dónde está invirtiendo cantidades millonarias en la construcción de un Hotel Campamento en la Sierra, ni ha podido explicar cómo es que le alcanza para pagar la renta de la casa que Jesús Ramírez Stabros en el exclusivo Club Campestre de Golf en más de 50 mil pesos, cuando Oscar Valle como funcionario ganaba apenas 46 mil mensuales, mismos que dejó de recibir hace más de 7 meses. ¿Será que en el Campestre fían las rentas?
12) Bonus Line: Valle Portilla la lleva de la mano con Xavier Nava, no se sueltan ni a sol ni a sombra… todavía no sé quién de los dos le quita más votos al otro.
Ricardo Villareal Loo (Candidato al VI distrito local por la coalición PRI-PAN-PRD-CP):
Diré muy poco y mucho menos de lo que sé: El diputado Villarreal quiere repetir en el cargo que le permitió darse gustos propios con dinero ajeno. Jamás regresó al distrito que se supone representa, pero que no conoce. Vive tan lejos de las colonias que recorre y ha gozado siempre de lo que los ciudadanos que pretende representar tanto carecen, que su campaña es una afrenta a la inteligencia, a la congruencia y a su propia integridad.
De Villarreal Loo, se le recuerda apenas por su paso, sin pena ni gloria, por la televisión local. No se ha distinguido por casi nada en la vida, ningún logro personal, ninguna causa desinteresada, ninguna iniciativa relevante ni mucho menos alguna historia de ayuda o interés genuino por sus semejantes.
El señor, eso sí, goza de vivir la buena vida y derrochar el dinero fácil, por ejemplo aquel millón de pesos que le fue entregado el 13 de diciembre del 2018 en casa del propio alcalde Xavier Nava por manos de Jesús Medina, atestiguada por otros asistentes, y confirmada por funcionarios municipales que estuvieron presentes.
La entrega del soborno a cambio de que votara Villarreal el aumento de la tarifa del agua que se celebraría un día después, fue festejado a lo grande en una francachela empapada de alcohol y mujeres en el privado del restaurante Casa Altero, evento que este reportero consignó puntualmente por encontrarse en el lugar y tener acceso posterior y por separado con casi todos los invitados al festín del reparto del dinero.
En aquella ocasión, el señorito Villarreal ebrio de poder y vanidad, pero también envalentonado con por lo menos medio litro de algún delicioso destilado, agredió verbal y físicamente al reportero que esto escribe y que en aquel entonces exhibió puntualmente, pero no hay rencores. Lo aquí plasmado son hechos verificables.
Nota: (Por razones técnicas, la crónica se perdió de la base de datos de La Orquesta pero se encuentra en nuestra página amiga Código San Luis en la que se puede acceder a través de éste link: https://archivo.codigosanluis.com/la-orquesta-cronica-de-un-aumento-al-agua-que-termino-en-cruda/)
Al final de cuentas, los diputados panistas involucrados en apoyar el intento municipal de aumentar la tarifa fracasó, pero solo los “decentes” (y lo pongo entre comillas porque ya habían recibido también su parte de recursos) regresaron el efectivo que habían recibido.
Villarreal Loo, no. El prefirió quedárselo y gastárselo, total –pensaría- “lo caido (sin acento) caido.
Por eso Ricardo Villarreal, no se atreve a decir una sola palabra en contra de Xavier Nava, por eso, aunque lo niega, le juega sucio y en contra a Enrique Galindo, candidato de su misma coalición a la alcaldía, del que, por cierto, se aprovecha en cada evento y oportunidad, por eso no se atreve a tocar temas municipales, simple y sencillamente porque no tiene cara ni valor para mirar a Nava a la cara… digo, le debe un millón de pesos (y su carita de vergüenza lo sabe).
¿Así quiere repetir en el cargo? ¿Quiere otro millón para gastar en gustos costosos? No creo que los potosinos quieran mantenerle 3 años más la parranda, la socarronería, la desvergüenza y la falta de integridad, pero pues allá él, su distrito y sus compañeros del “maxi-combo” si siguen confiando en dicho personaje.
Me despido por esta ocasión, Culto Público, pero regreso pronto con apuntes. Los 7 días de campaña lo ameritan. Próximo jueves, esos sí, le prometo dar a conocer mis pronósticos para las diputaciones federales.
Hasta muy pronto.
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#4 Tiempos
El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.
Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.
Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.
En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.
Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.
La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.
En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.
Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.
En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.
La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.
Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.
Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.
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#4 Tiempos
Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:
–¿Alguien quiere este billete?
Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?
El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:
-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.
Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!
Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.
-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.
Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.
-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.
El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:
-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?
Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…
Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.
Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.
El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.
Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:
-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?
-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.
-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?
El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…
¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.
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El Cronopio
El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
J.R. Martínez/Dr. Flash
En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.
Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.
Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.
En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.
Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela , la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.
En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).
Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.
En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.
Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.
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