#4 Tiempos
Libertad | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
«Llovió de noche y ahora las nubes se desplazan por el cielo. A veces caen algunas gotas. Estoy de pie bajo un manzano que está terminando de florecer, y respiro. No sólo el manzano, sino también los pastos que lo rodean, expanden aromas después de la lluvia, y no hay palabras para este sabor dulce y penetrante que impregna el aire. Lo respiro con todos mis pulmones, siento el aroma en todo mi pecho, respiro, ora con los ojos abiertos, ora con los ojos cerrados, no sé cómo es mejor. Tal vez esto sea la libertad, la única, pero la más apreciada libertad, de la cual nos priva la cárcel: respirar así, respirar aquí».
Cuando Alexandr Solzhenitsyn (1908-2008), el escritor ruso, volvía a casa después de un largo tiempo en prisión, escribió estas líneas, y si las transcribo ahora es porque veo en ellas uno de los efectos más patentes de la libertad: la capacidad de respirar a pleno pulmón.
Pareciera una broma y, sin embargo, así es: el hombre libre se delata por su respiración, así como el hombre atormentado se delata por su rostro. Sólo los hombres libres respiran como se debe.
Lo contrario de la libertad –al menos de la libertad entendida en un sentido puramente psicológico- es la angustia, que se manifiesta en la estrechez, en la opresión, casi en la asfixia. Ya la misma etimología de la palabra lo dice todo: angustia viene del latín angustus, que significa estrecho, pequeño, reducido. En momentos de gran ansiedad da la impresión de que no somos capaces ni de tragar saliva y, cuando lo logramos, emitimos un ruido muy extraño que según las historietas infantiles (cómics, los llaman en España, y también tebeos) suena más o menos así: ¡gulp! Es como si un ente malévolo se hubiese puesto a anudar una bufanda en torno a nuestro cuello con el único fin de sofocarnos. En alemán, la angustia se designa con la palabra Angst, y ya escuchar esta palabra nos hace pensar en una especie de hueso atorado en la garganta.
«Escúchame en seguida, Señor, que me falta el aliento» (Salmo 142, 7), clamaba el salmista en un momento de enorme aflicción. Al hombre angustiado casi siempre le falta el aliento; literalmente, siente que se ahoga. El médico, al principio, le aconseja hacerse una radiografía de tórax, pero luego tiene que rendirse a la evidencia: el problema no son sus pulmones, sino sus nervios, es decir, la angustia, ese vértigo del alma en el que el cuerpo participa.
Hasta aquí creo no haber dicho nada nuevo. Lo que para mí sí que constituyó una novedad, fue el haber caído en la cuenta de que la palabra espiritual, que utilizamos a menudo, viene de spirare, que significa respirar. Esto quiere decir que el hombre que vive del Espíritu –el hombre espiritual, como suele llamársele- es aquel que respira bien, es decir, que se halla libre de toda preocupación porque se ha liberado (o mejor, ha sido liberado) de cuanto lo oprimía.
Se me hizo claro repentinamente que el que cree en Dios no tiene por qué vivir en la estrechez, y que la fe o es liberadora o no es fe todavía. Cristo lo dijo muchas veces: «No pierdan la paz, ni vivan angustiados. Observen los lirios del campo, que ni hilan ni cosechan. No tengan miedo, pues el Padre de ustedes conoce sus necesidades» (Mateo 6, 25-26).
En su libro Reaching out (que fue traducido al castellano con el título de Abriéndonos), Henry J. M. Nouwen escribió lo siguiente: «Nosotros, los cristianos, somos como asmáticos curados de aquello que les angustia. El Espíritu ha curado nuestra pequeñez (en latín ansia se dice angustia, pequeñez) y lo ha hecho todo nuevo para nosotros. Hemos recibido un nuevo aliento, una nueva libertad, una nueva vida. Esta vida nueva es la misma vida de Dios»…
Le decía hace poco a un amigo mío sacerdote que nuestras predicaciones, nuestras catequesis y nuestros discursos olvidan muchas veces esta dimensión liberadora de la fe: insistimos en «las verdades que hay creer», en «el dogma que hay que custodiar» y en «la recta doctrina que es preciso enseñar », pero casi nunca hacemos ver que esta verdad, este dogma y esta doctrina son eminentemente saludables tanto para el alma como para el cuerpo.
Este mismo amigo –según me contó él mismo-, fue a visitar un día a una mujer que agonizaba desde hacía varias semanas; le daba miedo morir y eso la hacía prolongar su sufrimiento.
-Tengo miedo, mucho miedo –le decía a mi amigo-. Creo que no seré capaz de abandonarme… He pecado mucho, padre. He sido una mujer mala, por lo menos durante buena parte de mi vida. ¿Cómo me presentaré así ante mi Dios? Me dirá: «Apártate de mí, maldita, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles» –era éste, en realidad, el único texto de la Biblia que se sabía de memoria.
Entonces mi amigo tomó esa misma Biblia que aquella mujer tanto había leído durante su enfermedad y leyó para ella en voz alta:
–«¡Levántate, amada mía, hermosa mía y ven a mí! Porque ya ha pasado el invierno, las lluvias han cesado y se han ido, brotan flores en la vega, llega el tiempo de la poda, el arrullo de la tórtola se deja oír en los campos… ¡Levántate, amada mía, hermosa mía y ven a mí! Paloma mía que anidas en los huecos de las peñas, en las grietas del barranco, déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz, porque es muy dulce tu voz y muy hermosa tu figura. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía y ven a mí!» (Cantar de los cantares 1, 8-14).
-¿Eso también está en la Biblia? –le preguntó la mujer.
-También éstas son palabras de Dios –dijo mi amigo, y repitió para ella una vez más-: «¡Levántate, amada mía, hermosa mía y ven a mí!».
La mujer cerró los ojos y respiró profundamente. Fue, en realidad, su último suspiro. Ya no tenía miedo ni siquiera de la muerte.
Por fin era libre.
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El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
Lee también: Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina
El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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