#4 TiemposCon mirada de Gitana 

La vida es un riesgo | Columna de La Varsoviana

Con mirada de gitana

 

El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños.

Para muchos les es excitante la idea de salir de su zona de confort, de siempre estar conociendo el límite, en todos los sentidos: del cuerpo, de conocimiento, de adaptación, de locura, de sentimientos, incluso de alimentación. Porque qué triste sería que nuestra vida fuera tan pasiva y sin ningún exabrupto, aunque hay quienes buscamos una vida llena de sorpresas.

Es por eso que me atrevo a decir que soy adicta a la adrenalina, a todo aquello que hace que mi ritmo cardiaco se acelere incontrolablemente.

Me fascina de una descomunal manera saber que estoy en riesgo, es una sensación de satisfacción que me hace sentir viva, como esa emoción que solo se puede sentir al ir a alta velocidad, ver como el tacómetro avanza rápidamente y solo ver lateralmente cómo el paisaje se difumina en rápidas rayas y qué decir cuando se tiene la oportunidad de subirse a una poderosa motocicleta, que a pesar de portar un casco puedes sentir la fuerza del viento que al ir a alta velocidad solo te deja escuchar los latidos de tu corazón en un eco, ¡qué grandeza el sentir estar viva!

Otra de las cosas más alucinantes de la cual soy amante es de las alturas. Estar en una cima, en un paracaídas o en un acantilado hace que todos los poros de mi cuerpo despierten y se pongan alerta para apreciar la belleza del paisaje, o nadar en mar abierto en donde no hay control alguno de las circunstancias y la única forma de sobrevivir es la pericia y el talento, pero esas solo son locuras.

Bueno, tal vez en una escala de menor riesgo, pero al fin locura: no soy del tipo que me guste planear las cosas, más bien me gusta que la vida me sorprenda. Hay días que sin estar en mis planes conozco un sitio nuevo, personas nuevas (de las cuales han surgido grandes amistades), comida nueva… ¡eso! La comida tiene una magia fuera de serie, mi cabeza no termina de comprender a las personas “melindrosas”. Una de las formas en que yo considero que es una satisfacción estar vivo es la comida, me gusta de todas las índoles, desde lo más sencillo hasta lo más exótico y es ahí en donde entra la adrenalina a lo desconocido. He comido, tarántulas, caldo de rata, víbora de cascabel, carne de venado, gusanos, jabalí, alacranes, caballo, chapulines, huevos de tortuga y así un sinfín de alimentos suculentos que han ampliado mucho mi criterio culinario. Es que no hay como probarlo todo, mi mamá me educó con la filosofía: “no digas que no te gustó hasta que no lo hayas probado”, es por eso que me atrevo a hacerlo desde que era una niña.

Dejando la comida de lado, he experimentado riesgos bastante peligrosos, que hasta ahora caigo en cuenta que realmente tenían mucho peligro, hace unos ayeres en mi afán de viajar y de calmar el hambre de comerme al mundo con poco presupuesto, incité a una amiga un día en la mañana. Hicimos nuestras mochilas, nos paramos en el Periférico y nos fuimos de aventón a Xilitla con un trailero. Fue un viaje increíble, no cabe duda que Dios puso al mejor de sus ángeles a cuidarme. El señor trailero nos contó toda su vida, nos invitó unas papitas y un refresco. La mayoría de mis riesgos han sido en los viajes, definitivamente viajar a uno lo hace crecer personalmente, adaptarse a situaciones ajenas sin control y por consecuencia conocerse mucho así mismo. Puedo decir que he viajado en aviones en primera clase, así como en cajuelas de los carros de mis amigos, con relación a esto también he dormido en hoteles muy lujosos, en hostales, carros y hasta en sofás del Airbnb y todos han sido viajes increíbles y satisfactorios llenos de encanto, los cuales me han dejado mucha experiencia en esta selva llamada vida.

Tengo la teoría de que un ser humano sedentario, sin emociones, tiene el alma seca. Odio la rutina y trato de que siempre haya una señal de que mis venas llevan sangre, por eso me motivo a tener muchas experiencias que me den taquicardia, porque una vida sin riesgos no vale la pena vivirla…. ¡solo vivo!

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