#4 TiemposMosaico de plumas

La necesidad de una memoria nacional | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

Mientras disfrutaba de un terremoto (una bebida que debe su nombre a las réplicas posteriores a su consume) en una de las tabernas más icónicas de Santiago, “La Piojera”, un lugar que me recuerda al ambiente del Pinin o El Escalón.  Llegaron una decena de maestros de educación básica, quienes con todo y altavoz solicitaban al mesero un trago para sofocar el cansancio de la protesta llevada horas antes. Por un momento, olvidé que estaba a miles de kilómetros de México, pues parecían seguidores de Elba Esther Gordillo, en más de una ocasión se echaban porras. ¡profesores de Chi, chi, le, le! Repetían. Sin saber más, me retiré del lugar.

Sin pensarlo, busqué el motivo de sus protestas. En los primeros resultados de noticias aparecía un par de profesores quemados por culpa de una bomba molotov. Los profesores de enseñanza básica y media se encuentran en huelga para exigir, entre varias cosas, la mejora de la infraestructura educacional, pago de deuda histórica y, lo que más me llamó la atención, el regreso de la asignatura de historia como materia obligatoria y no selectiva. La materia ha sido sustituida por Educación Ciudadana, una mezcla de cuestiones cívicas. En entrevista, el presidente del Colegio de profesores de Chile mencionó el error del gobierno al eliminar Historia de los planes de estudio, pues para formar ciudadanos se requiere conocer el pasado. Además, afirmó: “el Gobierno no quiere formar ciudadanos críticos, reflexivos, ni solidarios, sino que sólo piensa en que los alumnos lleguen a conseguir un trabajo para ser mano de obra en el futuro”. Dicha sentencia me recordó un poco al sistema educativo mexicano. De todos mis alumnos, alrededor de doscientos, sólo dos se encuentran interesados en las humanidades, la mayoría busca una profesión enfocada a la industria. Poco les interesa mi materia, pues no se les solicitará para los exámenes de admisión.

Sobre la manifestación de profesores cuestioné a un par de colegas en el marco de un congreso sobre Educación y Literatura. Reflexionaban sobre el papel que juega la literatura para enseñar historia. Si los planes de estudios son dictados por el gobierno y resultan bastante limitados, es entonces labor del docente, en este caso el de literatura, enseñarle un poco de historia por medio de buenas obras literarias.

Que los chicos se sientan parte de su entorno. Me explicaban la implementación de novelas que hablan sobre la dictadura chilena. Pues para ellos, es importante recordarles a los chicos que alguien con poder puede terminar con tu vida sólo por pensar diferente. Lo anterior no quiere decir que se debe enseñar a pensar de una manera, sino, hacerle entender a los chicos que no siempre quien tiene el poder, piensa de una manera adecuada. Como muestra están los miles de torturados por la dictadura quienes no sucumbieron su pensamiento ante la presión del gobierno.

Me quedé pensando sobre la enseñanza de historia en nuestro país, si bien nunca he impartido la materia, recuerdo como estudiante sólo ser educada con un montón de fechas y actores, sin ver el porqué de los acontecimientos. Pero quizá, la reflexión más dura que me llevé ese día es que como maestra de literatura, poco les he enseñado sobre acontecimientos históricos, aún conociendo cientos de títulos que llevan entre sus líneas la historia de nuestro pueblo. Poco saben los chicos sobre historia contemporánea. Por ejemplo, se sorprenderían al escuchar la respuesta de los alumnos sobre 2 de octubre. Por más que se afirme que no se olvida, las nuevas generaciones ni siquiera saben nada sobre la fecha. Por más que deseamos que los planes de estudio fortalezcan más a las humanidades, la realidad es que improbable que eso pase. Es entonces, labor de todos aquellos que nos dedicamos a la enseñanza poner en las manos de los estudiantes el material para generar una memoria nacional.

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