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La moral que nos urge | Columna de Óscar Esquivel

Desafinando

 

La moralidad es doble o sencilla, en cuerpo blanco, apiñonado o de plano, negra. La moral nunca cambia, aun cuando la piel es diferente. En Japón, en Chin, amarilla como color huevo, brillante como el sol.

Existe, para muchos, la moral indefinida, aquella que nos acomoda dependiendo de las circunstancias, diga lo que se diga. Como ejemplo, a los pobres siempre se les ve como delincuentes, su vestimenta, su aseo deficiente, por la falta de agua para el baño diario, sus viviendas como un palomar de 50 metros cuadrados, pies de casa sin terminar, fraccionamientos populares entregados al municipios sin servicios, las calles del pobre, bache sobre bache, que rompe los zapatos de hule de los niños, de las señoras.

Los vemos y el ceño se frunce como si fueran de otro planeta, se juzga su falta de moda, esa que representa la esclavitud moderna, verte actual para que seas “alguien”; Se señala al hombre y a la mujer pobre con el dedo fulminante de culpable por ser marginado. ¡Eres desarrapado!, señalado serás de inmoral, indecente y hasta criminal.

El desorden mental de los señoritos los hace moralmente aptos para pisar la tierra, inocentes por ser de alcurnia, bien vestidos, con una playera raída que de fabricación cuesta dos dólares y por ser de marca y adquirida en una tienda donde cobran por respirar, la venden en 500 pesos.

El “pudiente” nace inocente de todo, en contraparte del desvalido, culpable hasta por no pagar el parto en clínica particular, el maltrecho Seguro Social guardará el llanto del nuevo crío, que en las actuales circunstancias será difícil que rompa con el circulo vicioso de la pobreza.

La moral no se compra, se adquiere en el paso del tiempo de la vida. Para ello, la mejor receta es vivir con dignidad, ejercer la bondad, estatus del hombre superior. Sin la bondad, el mundo estaría a merced del mal. Desmitificar aquello que el pobre carece de moral y será un delincuente, así como el acomodado socialmente que burlará los cánones sociales y de leyes, ambos deben observar comportamiento adecuado.

Sin ser moralistas, tanto ricos y pobres deberían acatar comportamientos racionales, adecuados y sobre todo dignos, esto hace a la sociedad una afluencia de paz, cocimiento y disfrute mental.

“La vida es buena y hay que vivirla, porque es buena”

Hace unos días se dio una noticia estremecedora: en el Reino Unido, 39 cuerpos encontrados en una caja de tráiler. En un recorrido desde Rumania, miles de kilómetros andados para lograr un sueño, que terminó en pesadilla.

Una joven tailandesa le envía un mensaje a su madre pidiendo perdón por no poder llegar a Londres, donde trabajaría seguramente en una labor poco remunerada, pero aun así mejor que en su país de origen.

Solo descubrió la muerte. Ahogada, sin aire, solicito el perdón por no dejar de ser miserable. Todo había concluido. Sus padres y hermanos quedarían nuevamente a merced de la pobreza en un país donde la prostitución es lacerante, inhumana e infernal.

36 mil euros pagó a sus “polleros” belgas para dejarla morir. Trabajó y ahorró toda una vida. La moral no sirve, no funciona cunando la vida humana es despreciada.

La moral podría ver con la religión solo si los lineamientos a seguir para el buen comportamiento del hombre en la Tierra, ante sus semejantes y ante sí mismos, se hagan costumbres.

En una carta dirigida al escritor Benito Pérez Galdós por su amigo Méndez Pelayo, hombre muy religioso, lo describe como un inmoral incrédulo y le reconoce al final la razón, por no tener un comportamiento cristiano y clerical.

“Eres un anticlerical, Benito, y puede que te dé la razón”, escribía “porque los curas nunca se decidieron a correr el riesgo de la pobreza evangélica como San Francisco de Asís. Han preferido refugiarse en el poder secular y en el dinero, en los privilegios estatales nacidos como feliz regalo de bodas en entre el Estado y la Iglesia… ¡Lutero tenía razón! Veía a obispos y curas arrimarse al sol que más calienta, siempre al lado de los ricos y siempre subido al carro de los vencedores…¡y a los pobres que les parta un rayo! Por eso, Benito, y otras más sin razones, desde pequeño te hiciste anticlerical a la fuerza. No por eso juzgo tú moral que es intachable.

Entrampados estamos un país donde la moral está descrita entre contrincantes políticos; algunos de derecha morales, de izquierda inmorales o viceversa; depende del punto de donde se mire. La cuarta transformación, en voz de su líder, se rige bajo los principio cristianos ¿a cuáles tipos de cristianos se referirá?

Los azules, rojos y verdes, sobreviven bajo el manto protector del catolicismo de la curia Romana, ligados siempre al alto clero. Si la moral se refiere a un conjunto de costumbres, normas, valores, la religión son creencias regidas por sus preceptos escritos y el valor de los buenos actos, podría ser diferente al valor de las religiones.

Por ello, durante décadas se entiende la polarización de la sociedad, cada vez sumergida en una moral cibernética, contaminada por una pantalla llena de frases de odio entre unos y otros.

Prevalece la  indiferencia social ante el más pobre y la morbosidad de la nota roja del delincuente de cuello blanco, más rico. Enoja la postura de algunos que quisieran ver al país fracasado, derrotado, sin poner en reflexión que somos los mismos, con pensamientos diferentes, ideas diferentes, posiciones diferentes y, sin embargo, nos movemos de tal forma que parecemos todos ser inmorales.

No se pretende alcanzar la perfección social, pero sí la empatía ciudadana, alejar el ego y sobreviviremos ante las tempestades.

Si el gobierno falla, reclamemos; si el empresario falla, apoyemos; si el delincuente roba, rehabilitemos; pero nunca olvidar que nacemos y crecemos con costumbres, normas, valores, transmitidos de años. Eso es moral que nos hace tanta falta, ponerla en práctica es obligación de todo mexicano bien nacido.

DIA DE MUERTOS

Calaverita preferida, Carmen Esquivel

Aquí te esperamos el 2 de noviembre para encontrarnos, para decirnos tantas cosas, disfrutar del mole, chocolates, tú “cocacolita” y una buena biznaga, hazte acompañar de Laica o la Pelusa, estará bien definido el camino con pétalos amarillos de flor de cempasúchil, para que llegues contenta y regreses feliz, después de sentirnos y recordando eternamente tú bondadosa y dulce presencia amorosa.

Nos saludamos pronto.

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