enero 13, 2026

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#4 Tiempos

La Balanza de Astrea de Benito Jerónimo Feijoo | Columna de Ricardo García López

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San Luis en su historia

 

He aquí parte del texto de lo que llamó Feijoo, La Balanza de Astrea o Recta Administración de la Justicia, añadiendo a manera de subtítulo, la siguiente oración: En carta de un togado anciano a un hijo suyo recién elevado a la toga para informarnos que se trata de una serie de consejos que da un padre a su hijo. El texto ha sido adaptado.

 

LA CONCIENCIA. LA CORRUPCIÓN. LAS DÁDIVAS Y FAVORES.  

No sé, hijo mío, si celebre o llore la noticia que me das de haberte honrado su Majestad con esa toga. Te contemplo viviendo de ahora en adelante en una honrosa esclavitud, pero al fin esclavitud. Ya no eres mío, ni tuyo, sino de todo el pueblo. Las obligaciones de este cargo no sólo te emancipan de mí, tu padre; también deben desprenderte de ti mismo.

Ya se acabó para ti el procurar tu comodidad, tu salud, tu reposo, ahora tendrás que estar atento a los dictados de tu conciencia. Ahora debes considerar tu bien propio como si fuera ajeno, y sólo el bien de los demás como el tuyo propio. Se acabaron para ti los paisanos, los amigos, los compadres, los ahijados, los parientes. Como si no tuvieras patria, ni carne, ni sangre. ¿Quiero decir, entonces, que no has de ser hombre? No, por cierto, sino más bien que los intereses  del hombre han de estar tan alejados de los del juez que las acciones del juez no deberán tener ninguna relación con los intereses del hombre.

Vuelvo a decir que no sé si llore o celebre la noticia que me das. Veo puesta tu vida en un riesgo continuo de malograrse. Casi me atrevo a decirte que el oficio de juez es una continua invitación de ceder a la corrupción, y que esa invitación dura toda la vida. Posiblemente yo estoy exagerando en esta postura, lo confieso. Pero esa es la consecuencia de la proposición de San Juan Crisóstomo: Me parece imposible que se salve alguno de los que gobiernan. Del mismo parecer es el Santo Pontífice Pío V, quien decía que cuando era un simple religioso tenía una gran esperanza de salvarse y que cuando lo hicieron Cardenal empezó a temer por su salvación y que para cuando lo hicieron Papa casi vivía desesperado por no estar seguro de salvarse. De estos ejemplos se deduce  que quienes tienen un cargo de gobierno tienen un alto riesgo de corromperse.

Aunque debemos estar conscientes de que se trata de un mal necesario, porque los pueblos siempre tienen necesidad de un gobierno y, por lo tanto, tal riesgo es inevitable, alguien tiene que correrlo. Tendrán menor riesgo aquellos que estén sinceramente dispuestos a ejercer con rectitud las funciones gubernamentales y como es obvio estarán en una mayor posibilidad de corromperse aquellos que carecen de tal disposición. Quienes aspiran a una función de gobierno deben tener no como un consejo sino como una obligación lo que dice el libro del Eclesiástico: No solicites que te hagan juez, si no te hallas con la virtud y fortaleza que es menester para exterminar la maldad.

Aquel que sabe que no tiene  la ciencia suficiente o la salud necesaria para cargar con tan grave peso; el que no siente un corazón robusto, que no se deja impresionar por las promesas o amenazas de los poderosos; el que se ve muy enamorado de la hermosura del dinero; el que se conoce muy sensible a los ruegos de los amigos, compadres o parientes, no puede, según mi criterio, entrar con buena conciencia a desempeñar la judicatura. No comprendo aquí la virtud de la prudencia que es no sólo necesaria sino indispensable y por lo común todos juzgan que la tienen y este es un error más grave cuando los que más carecen de ella aseguran tenerla y no hay manera de disuadirlos de su error.

Por todas partes debe tener fortalecida el alma el que se viste la toga, porque en todos y cada uno de los momentos de su función todas las pasiones son enemigas de la Justicia y  los postulantes examinan con todo cuidado y escrúpulo por dónde flaquea la muralla [hoy en día en un lenguaje coloquial diríamos que los postulantes procuran saber de qué pata cojea el togado]. Aún aquellos afectos que son lícitos y naturales para el común de los mortales, suelen ser un obstáculo para la impartición de la justicia. ¿Qué cosa más justa que ser tiernos y afectuosos con la propia esposa? ¡Pero cuántas veces la inclinación a la esposa y con su influencia  hizo inclinar la rectitud de la vara de la justicia!

Con esto no quiero decir que el juez tiene que ser feroz, despiadado y duro, sino constante, animoso e íntegro. Es difícil, pero no imposible, tener alma de cera para la vida privada y tener espíritu de bronce para la administración pública. Si padece el corazón sus debilidades, esté, sin embargo, inaccesible a ellas el sagrado alcázar de la justicia. Se dice que las amistades pueden llegar hasta los altares. Pero en el templo de Astrea amistades y parientes deben quedar fuera de las puertas.

Hijo mío, sé que tienes grandes virtudes para ese ministerio y sin embargo, nada sosiega mis temores. Eres desinteresado. Virtud que debe tener un ministro. Pero ¿durante toda tu vida seguirás teniendo tal desinterés? El desinterés es como la hermosura, prenda de la juventud y rara vez nos acompaña hasta la vejez. Respecto de la hermosura, leí sobre dos mujeres que la conservaron  hasta los setenta años: Diana de Poitiers, duquesa de Valentinois, en tiempo de Henrico II de Francia y en la antigüedad, Aspasia de Mileto, concubina de Ciro, rey de Persia. No sé si se encuentren un número mayor de hombres que dejados únicamente al preciso beneficio del temperamento, hayan conservado hasta los setenta años el desprecio de las riquezas y del oro. El alma se marchita juntamente con el cuerpo, y son arrugas del alma los encogimientos de la codicia.

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#4 Tiempos

Autonomía de la UASLP sobre senda de espinas | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

La Universidad Autónoma de San Luis Potosí está cumpliendo ciento tres años de vida autónoma, y, suele considerársele como la primera universidad en obtener su autonomía. Cierto que es una de las primeras en el sentido de conservar su nombre y estatus desde 1923 hasta la fecha, con algunos retrocesos jurídicos en la década de los veinte. Sin embargo, el movimiento por contar con instituciones de educación superior autónomas incluye, tanto personajes y proyectos planteados desde el siglo XIX e instituciones que obtuvieron el rango de autonomía mediante decretos amplios y reducidos y que han cambiado de nombre.

El movimiento marcó en América Latina en cuanto a obtención de autonomía a universidades lo constituye el movimiento de la Universidad de Córdoba en Argentina que logró su autonomía, jurídica, académica y administrativa en 1918, mientras que en México, la Universidad Nacional formada en 1910 y proyectada en 1881, planteaba entre sus objetivos el derecho a la autonomía en el sentido del movimiento de Córdoba, aunque lograría formalmente su autonomía hasta 1929. Justo Sierra, en su proyecto de creación de la Universidad Nacional de México, siendo diputado en 1881 incorporaba la idea de autonomía. Estos dos movimientos confluyeron en 1921 en el Congreso Internacional de Estudiantes realizado en México donde participaron los estudiantes de la Universidad de Córdoba. Así la necesidad de lograr la autonomía en la Universidad Nacional de México fue una constante desde fines del siglo XIX y, durante los primeros años de existencia de dicha universidad, repitiéndose en los discursos de autoridades y de estudiantes.

Los aires de autonomía se respiraban en diferentes puntos del país antes de 1923, año en que la UASLP obtuvo su autonomía; uno de los primeros intentos se realizó en el año de 1914, en la entonces Universidad Nacional de México, estando involucrado un potosino: Don Valentín Gama y Cruz que fuera estudiante de preparatoria entre 1880 y 1885 en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí de donde partió a la ciudad de México a continuar sus estudios de ingeniero geógrafo. Como rector de la Universidad estuvo convencido de la necesidad de que le fuera otorgada la autonomía a las instituciones de educación superior, pues con claridad expresó que esa era la única forma en que cumplirían adecuadamente su misión. En su toma de posesión en 1914 como rector de la Universidad Nacional de México anunció: “… Creemos que la Universidad debe subsistir; pero pedimos que viva independiente, libre, autónoma: que no haya menester de limosneo oficial y que la jerarquía de sus directores y la competencia de sus catedráticos sean el resultado de su propia responsabilidad. El gobierno propónese (sic) organizar la vida universitaria con un funcionamiento autónomo, y mientras tanto, cuida de que el personal directivo responda a las exigencias de la cultura general y, así como ha dado muestras en el terreno político, de que su mano es fuerte y firme, en la enseñanza será cauteloso y precavido…”

Públicamente sería el segundo pronunciamiento por una universidad autónoma, su eco no se hizo esperar en la formación institucional en otros puntos del país; de esta manera se obtiene el primer decreto por la autonomía universitaria para la Universidad Michoacana que incorporó la autonomía en su constitución en 1917,

siendo así la primera universidad autónoma de manera formal en el país. La ley referida para la Universidad Michoacana era limitada y en 1939 fue incorporada al Estado. En 1918 inicia sus labores como universidad autónoma la Universidad de Occidente, que debería llamarse, como ahora sucede, Universidad de Sinaloa,
así que dentro de su historia se realizó un cambio de nombre años después. En 1922 la Universidad Nacional del Sureste, fue creada también mediante el régimen autónomo en 1922, esta universidad es la actual Universidad de Yucatán, sufriendo también un cambio de nombre. En este movimiento nacional surge la propuesta de Rafael Nieto Compeán que otorgaba la autonomía a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 1923, siendo la cuarta universidad en obtener su autonomía de manera formal, ahora considerada la primera universidad de las que existen actualmente en obtener el rango de autonomía, aunque debemos de ubicarla como una de las primeras en este intrincado movimiento latinoamericano por la autonomía de sus universidades.

Rafael Nieto Compeán fue funcionario en el gobierno de Venustiano Carranza donde también participara Valentín Gama y Cruz, este último como rector en dos ocasiones de la Universidad nacional de México y que ya planteara la necesidad de ser autónoma. Estos personajes potosinos Nieto y Gama, participarían en los discursos por la autonomía en universidades mexicanas.

De manera formal, una Universidad es autónoma en la medida en que es libre de tomar, dentro de su propia organización y por medio de sus propios procedimientos, las decisiones relacionadas con su legislación y administración y contar con libertad de cátedra. Lo anterior implica la necesidad de la participan activa de su planta académica como eje dinámico de dicha autonomía, asegurando a sus miembros una parte reconocida e importante en su toma de decisiones, asunto que en el caso de la universidad potosina es asunto pendiente. Así la UASLP, que en sus primeros años fuera conocida como Instituto Científico Autónomo, como reminiscencia de su pasado como Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, tiene mucho que reflexionar sobre su papel autónomo y, principalmente como centro dinámico social de la entidad, papel que no ha sido cubierto como podría esperarse a pesar de su gran desarrollo en las últimas décadas. El programa universitario académico que tuvo en la década de los cincuenta bajo el rectorado del Dr. Manuel Nava, debe de ser un referente en sus discusiones por contar con una universidad más integral y con responsabilidad social, así como eje del propio desarrollo social de la entidad .

En estos tiempos, además de festejos, se requiere reflexión sobre su papel social y los asuntos pendientes.

También lee: Gabriel Macías un periodista y político potosino en los albores del siglo XX | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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#4 Tiempos

Los quehaceres de la providencia | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Por: Juan Jesús Priego

¿Ve usted, estimado señor, esta carpeta abultada? ¿La ve? Pues bien, déjeme decirle que contiene un manuscrito que he ofrecido ya, si las cuentas no me fallan, a una veintena de editoriales. He aquí lo triste, sin embargo: que, hasta ahora, todas me lo han rechazado o me han pedido tiempo para pensarlo mejor.

«Olvídelo, tenemos mucho trabajo», me han dicho unas. «Su obra es realmente prodigiosa y llena de interés, y no dudamos que hasta revolucionará el saber en más de un campo, pero por ahora no podemos publicársela», me han dicho otras. Y las demás ni siquiera se han tomado el trabajo de responderme. De modo que aquí me tiene usted, con mi eterna carpeta amarilla bajo el brazo.

¿Me creerá usted si le digo que ha habido días en que he decidido ponerme en huelga de brazos caídos y dejar de escribir? ¿Para qué seguir haciéndolo, estimado señor, para qué? En esos días de los que le hablo veo todo con tanta amargura que hasta el mismo sol me parece negro. ¿Es menester tomarse en serio un trabajo que a nadie le importa, salvo a este pobre servidor de usted? 

Una casa, por ejemplo, es esperada por quienes la mandaron construir, y mientras ésta va levantándose poco a poco, el arquitecto es animado a seguir adelante y a no desfallecer; lo mismo le sucede al médico y al industrial; pero, dígame, ¿quién echa de menos un libro que aún no ha sido escrito? Entonces tomo al respecto serias resoluciones, diciéndome a mí mismo: «¡Ya no más! ¡Ya no más!». 

Y arrojo la pluma al cesto de la basura y estrujo con ira el pedazo de papel. Pero al día siguiente todo vuelve a comenzar, como si en realidad nada hubiese sucedido la tarde anterior. Por si quiere usted saberlo, con la escritura no hay manera.

Escribir, ¿para qué escribir? He aquí, como se dice, la pregunta de los sesenta y cuatro mil. Sin embargo, hoy he cambiado de parecer; hoy mis hombros están mucho más relajados y casi diría que la vida me parece hermosa. ¿Y sabe usted por qué? 

Porque he leído una carta que ha provocado en mí una especie de giro copernicano, si me permite hablar de este modo. ¿Cree usted, acaso, que se trata de la carta de un editor en la que me anuncia que mi manuscrito ha sido por fin aceptado? ¡Nada de eso! A la que me refiero es a una carta que Hermann Hesse escribió a una amiga suya en 1928. ¡Ya lo ve usted, hace mucho tiempo! 

Y, no obstante eso, vea lo que este genio dice allí a su lejana corresponsal: «Querida amiga: ¿de modo que está vagando de nuevo por esas regiones de Salerno y Nápoles y de momento se ha tomado un descanso en Positano? Hay allí muchos alemanes y para usted este hecho debe tener evidentemente la ventaja de la comunicación verbal. Sin embargo, creo que podría entenderse y convivir mucho mejor con las criaturas meridionales, con los pescadores y los viñadores, que con esos artistas e intelectuales que…».

¿Me pregunta usted qué tiene que ver esto con lo que le decía hace un momento? Nada, es verdad; se trata, por ahora, de un mero preámbulo. Pero escuche lo que sigue: «Sí, y si deposita sus cartas en esos viejos y oxidados buzones, colocados entre las piedras, y luego se entera de que desde hace años y años ya no son usados ni vaciados y que desde tiempos inmemoriales no existen llaves para abrirlos, no se afane, querida amiga que, dentro de algunos decenios, encontrarán sus cartas y las exhumarán como a las ruinas de Pompeya. 

Volarán como mariposas, liberadas de la crisálida, y algún profesor interesado en realizar una compilación y un editor se harán famosos y adquirirán fortuna a través de estas cartas. Muy pronto, todos serán de la opinión unánime de que a partir de Bettina Brentano jamás fueron escritas cartas semejantes».

¡Éste es el párrafo que finalmente me ha abierto los ojos, estimado señor!

Después de leerlo, me he dicho a mí mismo: «Amigo, tú preocúpate en escribir tus cartas, es decir, en hacer lo que te toca; haz lo que sabes que es tu deber y luego deja lo demás a la suerte, o, mejor, a los quehaceres de la Providencia. 

Dios sabrá cuándo es necesario que tus escritos sean conocidos, si es que alguna vez es necesario que lo sean; acaso hoy no serían comprendidos ni mucho menos apreciados. Escribe; no dejes de hacerlo, pues eso y sólo eso es lo que depende de ti, que lo demás ya no te toca». 

¿No es consolador este pensamiento, señor? ¡Sí que lo es! Uno hace lo suyo, y lo hace lo mejor que puede; pero lo que no puede, es decir, lo que ya no depende de él, lo pone en las manos de Dios para que Él haga con la obra lo que quiera: para decirlo ya, un poco así como esas cartas que, ocultas en un buzón olvidado, alguien, algún día, rescatará. 

«Recuerdo –sigue diciendo Hesse-, por ejemplo, a cierto Knut Hamsun, que es hoy un anciano y goza de fama universal; los editores y las redacciones lo tienen en muy alta estima y sus libros se han reeditado varias veces. Ese mismo Hamsun fue un desesperado sin patria y en la época en que escribió sus libros más bellos y tiernos, andaba descalzo y andrajoso, y cuando nosotros, jóvenes rapaces entonces, abogamos por él y lo defendimos con fanatismo, cosechamos la risa de los demás o no nos escucharon». ¡Ese Hamsun del que habla Hermann Hesse es el mismo que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1920, según tengo entendido! 

Pero, ¿quién le hizo caso cuando era un joven escritor lleno de sueños? ¡El éxito, qué tarde llega siempre! Así que, a la luz de todo esto, permítame darle un consejo, señor; a usted que, como yo, no ve publicado casi nada de lo que escribe: nunca desespere, ni permita que se apoderen de su pobre corazón pensamientos descorazonadores. 

Usted haga lo que sabe que tiene que hacer –o sea, escribir, echando sus cartas al buzón herrumbroso- y, de ser posible, hágalo con ardor, con pasión, con elegancia y majestad, y luego pase a otra cosa. Eche la botella al mar, para que Dios, más tarde, la haga llegar a la playa, que es su destino.

De este modo las cosas se tornan mucho más sencillas y usted se salva de la desesperación. ¿No ve cuán sencillo es? Hágalo y verá los resultados. O quizá no los vea, pero esto en realidad no importa…

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#4 Tiempos

Hagamos cuentas | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Comienza el torneo de la Liga MX, un torneo previo a la Copa del Mundo es un torneo con reglas diferentes, este año la cosa es simple, solo los ocho mejores de la tabla general calificarán a la liguilla, lo cual reduce las posibilidades de jugar postemporada. Esta situación me hace pensar que San Luis tiene muy pocas chances de colarse entre esos equipos que pelearán por el título al final de la temporada regular. 

Pero en fin, como cada inicio, hagamos el ejercicio de pronosticar los puntos que puede llegar a hacer el cuadro potosino, jornada tras jornada. 

Jornada 1.- Tigres / derrota (0 puntos)

Jornada 2.- América / derrota (0 puntos) 

Jornada 3.- Tijuana / empate (1 punto) 

Jornada 4.- Chivas / empate (2 puntos) 

Jornada 5.- Necaxa / empate (3 puntos) 

Jornada 6.- Querétaro / victoria (6 puntos) 

Jornada 7.- Atlas / empate (7 puntos) 

Jornada 8.- Puebla / victoria (10 puntos) 

Jornada 9.- Mazatlán / victoria (13 puntos) 

Jornada 10.- Cruz Azul / derrota (13 puntos) 

Jornada 11.- Pachuca / empate (14 puntos) 

Jornada 12.- León / victoria (17 puntos) 

Jornada 13.- Monterrey / derrota (17 puntos) 

Jornada 14.- Toluca / derrota (17 puntos) 

Jornada 15.- Pumas / empate (18 puntos) 

Jornada 16.- Santos / victoria (21 puntos) 

Jornada 17.- Bravos / derrota (21 puntos) 

Según el presupuesto, 21 puntos tendrá San Luis al terminar la temporada regular

, una suma que le daría para culminar la competencia aproximadamente en el lugar 10 del torneo, mismo que lo estaría dejando fuera de los puestos de liguilla. 

Siendo realistas, la plantilla de San Luis es muy limitada, con buenos jugadores pero que no puede competir contra las grandes nóminas, es un plantel modesto con pocas incorporaciones y aunque en este torneo parece que tiene diferentes opciones, no aspira a grandes números para revertir por mucho lo sucedido en los torneos anteriores, el equipo humilde tiene que distinguirse por el trabajo y demostrar

Será un torneo complicado para San Luis, desesperante para la afición y de largo aliento para la prensa y dirigencia del equipo, ojalá que la suerte los apoye y el presupuesto aquí dicho se quede corto, que se sumen más de 21 puntos y se aspire a una calificación, ojalá las cosas mejoren y sea el despertar de una reconciliación con la afición, saquemos la calculadora, el rosario y suframos el bendito futbol mexicano, que al fin, es lo que hay.

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