octubre 28, 2026

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#4 Tiempos

Kostoglotov | Columna de Juan Jesús Priego

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Confesó una vez Graham Greene (1904-1991) en el transcurso de una entrevista que cada vez que veía en algún tiradero de libros obras que amaba o que había amado en otro tiempo, para rescatarlas del naufragio, las compraba, aunque ya las tuviera en su biblioteca. ¡Cómo! ¿Compraba libros repetidos? Sí.  ¿Y por qué lo hacía? Él mismo lo explica más adelante: por un cierto sentido de seguridad. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si alguien le pidiese un libro que él no quisiera prestar de ninguna manera? Y puesto que tales eventualidades casi siempre acaban por presentarse –pensaba Greene-, más valía, por si las dudas, tener siempre un ejemplar de repuesto.

Si un libro ha pasado ya a formar parte de nuestra biografía personal, si es un libro de veras querido, entonces lo mejor es que tengamos de él por lo menos dos ejemplares, como hacía Greene: uno para conservarlo celosamente en nuestros anaqueles, y otro para prestarlo, en caso de que alguien se atreva a pedírnoslo prestado.

Ahora bien, ¿se deben prestar los libros? Sobre esto no hay nada escrito. El mismo Romano Guardini (1885-1968) no supo qué decir respecto a esta terrible cuestión; he aquí, por ejemplo, lo que confesó en su bellísimo Elogio del libro (1951): «¿Qué hay de más obvio que el que posee un libro lo preste a  otro que quiere leerlo? Porque éste lo necesita, o porque no ha podido conseguirlo; porque esa lectura le haría bien, o porque es bello crear un contacto humano a través del conocimiento o de la alegría que proporciona la lectura de una misma obra. Pero respecto a esto, ¡qué experiencias no se tienen! ¡Cuánto tiempo pasa antes de que el libro dado en préstamo regrese a su primer dueño! Y, si vuelve, ¡lo hace en unas condiciones tan penosas que lo mejor sería echarlo de una buena vez a la basura! En él se reúnen todos los agravios que se le pueden infligir a un libro: está sucio, las páginas se salen de su sitio o vienen dobladas y en los márgenes se han escrito signos y acaso hasta observaciones. Y el comportamiento de aquel a quien se le ha prestado es tan desenvuelto que parece no haberse dado cuenta de haber tenido en las manos un libro ajeno», etcétera… ¿No hay, pues, que prestar los libros? Guardini lo deja a la conciencia de cada cual.

Bien, todo esto ha venido a cuento porque acabo de comprar –por segunda vez- El pabellón del cáncer, la novela del escritor ruso Alexandr Solzhenitsyn (1918-2008). Como ya tenía yo esta obra, y además publicada por Aguilar en dos hermosos volúmenes –uno de cubierta azul y el otro de color malva-, pensé que lo mejor sería comprarme otros libros con ese mismo dinero; pero como el precio que me pedían por ellos era más bien módico y años atrás alguien me la había pedido prestada (sin nada de éxito por su parte, debo confesarlo), pensé que ahora era tiempo incluso de regalársela. Así que la volví a comprar. Mientras regresaba a mi casa y la hojeaba lentamente, saltó de entre sus páginas un nombre que ya había olvidado, pero que en otro tiempo recordaba con emoción y ternura, pues encarnaba una actitud ante la vida que a mí me hubiera gustado mucho adoptar. Este nombre era Kostoglotov.

En la novela de Solzhenitsyn, Kostoglotov es un muchacho con cáncer que comparte el pabellón con otros muchos enfermos del mismo mal. Pero, mientras los demás se pasan la vida quejándose de los pésimos servicios hospitalarios, o de la vida, o de sus familiares, que no los visitan nunca, o de Dios, Kostoglotov se pone a leer. Es un muchacho que está siempre leyendo. Aun con sus mínimas esperanzas de vida, hace planes y se entrega apasionadamente a la lectura.

En el mismo pabellón está también Yefrem, un hombre con cara de rata que se pasea continuamente por la sala reprochándole a todos sus falsas ilusiones.

-«Se acabó –decía éste-. No volverán a casa, ¿entendido? Y si regresan a casa no será por mucho tiempo. Volverán otra vez aquí. El cáncer está encariñado con las personas. A la que atenaza con sus dentones, ya no la suelta hasta la muerte».

Tal era el pasatiempo de Yefrem: anunciar la muerte y quebrar la esperanza a lo largo y lo ancho del pabellón. Pero un buen día, al escuchar sus profecías desventuradas, Kostoglotov lo paró en seco y le dijo:

-«¡Yefrem! ¡Deja ya de lamentarte! Toma este libro y léelo.

»Yefrem se le encaró como un toro, con la mirada turbia.

-»¿Y para qué leer? –le objetó-. ¿Para qué si, no tardando, reventaremos todos?

»Kostoglotov, moviendo, su cicatriz, replicó:

»-Por eso mismo tienes que darte prisa, porque pronto moriremos. ¡Toma, toma!

»Y le tendió el libro. Yefrem no se movió».

¿Quién de los dos tenía razón: Yefrem o nuestro joven lector? Kostoglotov sabía que vivir es apresurarse, ganarle tiempo al tiempo a fin de poder realizar las cosas esenciales. «Hay que apresurarse a amar», dice un personaje de El malentendido, la pieza teatral de Albert Camus (1913-1960). Sí, hay que apresurarse. Los mortales no pueden darse el lujo de dejar para mañana, de posponer lo urgente.

Poco antes de que muriera, fui hace tiempo a visitar a un sacerdote que en otro tiempo había sido mi maestro, el padre David Palomo. Estaba en cama y temblaba de pies a cabeza: padecía el mal de Parkinson, rondaba los ochenta años y cada tercer día era necesario conectarlo a una bombona de oxígeno. ¿Y cómo creen ustedes que lo encontré? ¿Llorando acaso por su triste suerte? Nada de eso. ¡Leyendo un método para aprender griego! «Quiero dominarlo bien», me dijo quedamente. Yefrem se hubiera burlado de él preguntándole con cinismo: «¿Y ya para qué?». Pero yo pensaba: «He aquí otro Kostoglotov, un ejemplar de esta misma raza de valientes: ejemplar de los que, por desgracia, quedan ya bien pocos en este mundo. ¡Dios sea bendito por aquellos que han aceptado vivir su vida hasta el el final!».

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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