#4 Tiempos
Hubo dos debates | Crónica de Jorge Saldaña
CRÓNICA
Hubo dos debates, el que organizó y ejecutó la autoridad electoral para los candidatos a la alcaldía capitalina de San Luis Potosí en su sede, y el que se desarrolló al mismo tiempo entre los punteros en los medios de comunicación y sus redes sociales.
Son finalistas, de acuerdo a las encuestas, Sonia Mendoza de la coalición Verde, Morena y PT, y Enrique Galindo, de la coalición “Fuerza y Corazón por San Luis”.
Sonia llegó al Ceepac luciendo un elegante traje sastre de color marfil y en el cuello una mascada de tonalidades verdes.
“Agárrame” – le pidió a su fotógrafa que la agarró del brazo. Los tacones de la candidata y el empedrado del estacionamiento fueron por minutos una mala combinación pero el camino fue corto rumbo a donde ya la esperaban los medios de comunicación.
Antes de ella, ya habían llegado al recinto y pasado por la mesa de registro, Ángeles Hermosillo del Nueva Alianza, Luis Egure del Partido Encuentro Solidario, José Luis Chalita de Conciencia Popular (el primero en llegar) y Sebastián Pérez, de MC, que bajó de una lujosa BMW blanca acompañado solamente de su esposa y un chofer que se llevó el elegante vehículo.
“No se dejaba el listón” se excusó el candidato Naranja, por una muy breve pausa que hicieron para que su esposa acomodara un listón negro en la solapa del saco de Sebas como un símbolo de luto y solidaridad por la tragedia de San Pedro en Nuevo León ocurrida hace dos días.
Sonia responde a la banquetera mediática, y ahí contesta cuestionamientos sobre la “Guerra Sucia”, la abanderada guindavede suelta con seguridad que se trata de actos de desesperación de su contrincante, y al mismo tiempo niega lo que corre en su contra.
Los minutos se desvanecen. La manecilla grande ve al norte y la chica al sur. Son las seis de la tarde y Enrique Galindo no llegó, pero empezó el debate. El otro debate.
El candidato del “Quédate” anuncia con carácter de emergencia que dará un mensaje a través de sus redes sociales.
Mientras tanto, dentro del set se acomodan la quintilla restante de los aspirantes. Fuera del salón de sesiones del órgano electoral, unas filas de sillas ocupadas por reporteros que vigilan la pantalla que hace de ventana al foro donde se desarrolló el encuentro.
Minutos de organización y hasta de tiempo para el chacoteo entre los cinco que quieren ser jefes de la comuna.
No empieza el debate pero tampoco empieza la transmisión en vivo anunciada por Galindo.
Son las seis con siete: Inician los dos debates con sincronía y oportunidad.
Apenas la profesional y contundente periodista Erika Salgado comenzó con la presentación de los invitados, cuando ya en los teléfonos de los reporteros se estaba reproduciendo el mensaje de Enrique Galindo con diferencia de segundos. Se escuchó una y otra vez que parecía se un eco.
Empezó el primer debate justo cuando empezó el segundo:
Enrique Galindo, frente a la cámara denunció que su persona, su familia y su campaña ha sufrido “la guerra sucia más agresiva y baja de toda la historia” y aseguró que desde el primer día de su campaña una “mano negra” ha difundido mentiras a través de videos y audios que han incurrido hasta en la falsificación de la imagen de medios de comunicación y a utilizar inteligencia artificial para falsificar su voz y su imagen.
En esta ocasión, el candidato acusó directamente a la campaña de su contrincante Sonia Mendoza y sostuvo que se tienen pruebas contundentes que el equipo de Mendoza Díaz está detrás de dichos ataques.
Más tarde vendría la réplica ya sin reloj ni formato.
Durante el debate, muy poco a resaltar respecto a las propuestas. Sonia lanzó algunas alusiones directas al candidato ausente y expuso leyendo, a momentos con nerviosismo evidente, sus propuestas.
Sebastián Pérez, estructurado y resuelto. El de MC engalanó sus intervenciones con frases como la de “90 por ciento del trabajo en el territorio y el 10 en escritorio”, o la de “propuesta sin recurso es puro discurso” (o algo así) que le han funcionado bien en su narrativa.
Si hubo un ganador por la forma de comunicar, confrontar y responder, sin duda fue Sebastián Pérez de Movimiento Ciudadano y en eso coincidieron varios reporteros, organizadores y oyentes.
Luis Egure echó mano de ser ciudadano y no político y en la pasarela mediática del final acusó a los demás candidatos de “plagio” a sus propuestas.
José Luis Chalita, bien parado, dueño de sus espacios y esgrimió un discurso de contrastes contra el alcalde que busca su reelección sobre todo en temas de seguridad.
Ángeles Hermosillo hizo ver sus propuestas y respuestas respecto al tema del agua y remató con un mensaje emotivo a voz alzada. Antes de entrar, en el encuentro con la prensa previo al debate, aseguró que va en segundo lugar y que al terminar el encuentro, estaría en primero.
Sí vino la réplica por parte de Sonia, que fue informada por los propios reporteros de lo que había ocurrido minutos antes.
Se deslindó por completo de las acusaciones de Galindo. “Él es policía, pues que investigue” fue parte de lo que dijo en la entrevista al final del debate uno.
El debate dos también tiene limite de tiempo y es el próximo miércoles 29 de Mayo en que termina el periodo de campañas. Se esperan réplicas y contra replicas.
A la alcaldía de la capital, hubo dos debates.
También lee: Morena y Verde se subieron a las sillas voladoras | Apuntes de Jorge Saldaña
El Cronopio
El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.
En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.
El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.
González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador , entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.
El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.
Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.
Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.
Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.
También lee: Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano
Mejor dormir
Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.
Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.
En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.
Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.
Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.
Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.
Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.
Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.
Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.
Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.
«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.
Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud
Lee también: Otro año de mi vida | Columna de Carlos López Medrano
#4 Tiempos
Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Manuel Martínez Morales, uno de los creadores de El Cronopio, hablaba de la responsabilidad del investigador en el quehacer de la divulgación de la ciencia. Su corriente de trabajo basado en la socialización del conocimiento científico, exigía de cierta forma, exponer una opinión ante los temas tratados. Su obra de divulgación abordaba artículos y ensayos donde la historia, el arte, la filosofía y la ciencia eran recurrentes en el abordaje de sus temas.
Un buen tiempo tenía sin encontrar artículos con esta característica, hasta que la buena voluntad de Pedro Miramontes me tendió un libro suyo intitulado Mares de Tiempo y Agua, de las ediciones del Instituto de Física de la UASLP que encabeza Jesús Urías; si bien, el libro no está exento de errores editoriales viene a enriquecer los títulos que el Instituto de Física ha editado a lo largo de su corta existencia y que ha venido a refrescar el árido mundo de las ediciones potosinas y, sobre todo, las universitarias.
Formados como físicos por la misma época y su deambulación por las matemáticas, así como el estilo de escribir artículos de corte científico dirigidos a un amplio público, son los factores que caracterizan a Manuel Martínez y Pedro Miramontes quien en mares de tiempo y agua nos recorre la historia del pensamiento que formó el estudio de los sistemas complejos y nos descubre un mundo multifactorial para su explicación. Los detalles históricos, muchos de ellos dejados de lado en la historia oficial del pensamiento científico y su relación con la construcción de las ideas sobre nuestro universo desde la antigüedad y que ha moldeado la filosofía de la ciencia, son recurrentes en los capítulos que corresponden a artículos y ensayos escritos en su mayoría al despuntar el siglo XXI para la revista Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM, una de las revistas de divulgación de gran prestigio en el país, y que ahora es dirigida, precisamente, por Pedro Miramontes que realiza una estancia académica en la Facultad de Ciencias de la UASLP.
La complejidad de los sistemas naturales que conforman nuestro mundo, lo manifiesta en sus propios escritos pues la visión holística con que los aborda, nos permite transitar desde diferentes enfoques en el entendimiento de tales sistemas, ya sea a través del arte y por supuesto, desde la ciencia en su gran abanico de disciplinas, donde las matemáticas sintetizan las posibles explicaciones. A través de la selección que realiza Miramontes podemos enterarnos de conceptos sobre el caos, la geometría fractal , sin desligarnos de aspectos sociales y educativos. Sus escritos responden al requerimiento filosófico de Ortega y Gasset donde critica la especialización y sus inconvenientes en asuntos de carácter complejo, como es el mundo donde nos desenvolvemos y del que queremos entender a cabalidad para mejorarlo y construir sociedades más justas y de feliz convivencia.
En todos ellos, hay una opinión, y una socialización del conocimiento formado a lo largo de siglos para la contribución del desarrollo científico y social. Pues el carácter utilitario de la ciencia es un factor que requiere reflexión por parte de los constructores de dicho conocimiento para contribuir al desarrollo social. Nuestro país, no es ajeno a este requerimiento y esa carencia que suele suceder sobre reflexión de nuestra labor como científicos, la señala Miramontes, como un recordatorio de nuestro papel como miembros de una sociedad con múltiples problemas y de los cuales podemos contribuir.
Si tienen oportunidad, no dejen de leer ese libro es ampliamente recomendado y, en especial para quienes quieren adentrarse en la divulgación escrita, es un buen ejemplo de cómo realizarlo, para lo cual se requiere mucha preparación en el ámbito cultural.
Pedro Miramontes estudió física en la UNAM y se doctoró en la propia UNAM en Matemáticas, combina sus investigaciones en áreas interdisciplinares como computación, biología, física, matemáticas, genómica, entre otras. Es profesor titular del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ha participado desde hace años como profesor e investigador visitante en la Facultad de Ciencias de la UASLP. Su trabajo docente y de investigación lo combina con la divulgación del conocimiento científico, participa activamente como disertador en el ciclo de charlas La Ciencia en el Bar, actualmente dirige la revista de Divulgación Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM una de las más importantes revistas de alta divulgación científica en el país.
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