octubre 13, 2026

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#4 Tiempos

Hoy ganó nuestra amistad | Columna de Sebastián Escorza

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Hoy ganó nuestra amistad

En cancha rival

 

Los nervios comenzaron apenas desde la semana pasada, a pesar de que ya sabía que la final de la Champions League era Tottenham vs. Liverpool desde hace más tiempo. Publicidad de Facebook y los camiones del transporte público de la ciudad me recordaban que ese choque raro de ver, pero real, se acercaba.

Luego de dos días de parranda seguidos por el cumpleaños de un amigo, despierto con más nervios que nunca, estábamos a unas horas de saber si Liverpool conseguía su sexta Liga de Campeones o si el Tottenham debutaba en estas instancias consagrando su buen paso a través de esta competencia.

Son las 12:30 del mediodía, quedé de ver a Carlos en el Walmart de Carretera 57 para ir a un bar a ver este encuentro. Carlos es fan del Tottenham. Carlos nunca hubiera soñado con ver a sus Spurs en una final, y yo ya había firmado el pase del Barcelona a la final con ese escandaloso 3-0 en Camp Nou, pero el milagro de Anfield nos puso en contra esta ocasión.

Es la cuarta final de Champions League que vemos juntos, una simple salida a comer que año con año se volvió tradición.

Vimos la final de la temporada 2013-2014 que enfrentó a Real Madrid y al Atlético de Madrid y que le dio la décima orejona a los merengues; 2014-2015 nos la perdimos por alguna razón que no recuerdo; 2015-2016: Griezmann falló ese maldito penal y Real Madrid alcanzó la onceava; 2016-2017: otra vez Real Madrid, ahora contra Juventus, los vikingos ganan la doceava; 2017-2018: Carlos me deja plantado media hora antes del partido y me toca ver a Liverpool perder ante el Real Madrid. “¡Pinche Karius! ¿por qué hiciste eso?” eso grité al televisor tras ver que los Reds perdieron por un (quizá) escandaloso 3-1 debido a los errores de Karius que, sin embargo, lo había hecho bien en la temporada.

Regresamos a 2019… Hace un calor horrible y nos dirigimos a un bar con temática inglesa; Carlos consiguió un jersey de los Spurs de la temporada 2002-2003 y yo me hice de un jersey rojo de esta temporada, no quise usar mi playera negra del año pasado porque, después de todo, soy un tanto supersticioso. Fue la playera con la que vi al Liverpool caer y, por coincidencia, el mismo color del uniforme de Karius en aquella final. Carlos también me regaló una gorra del Liverpool, y, aunque no me gusta usar gorras, le prometí estrenarla en esa final.

Llegamos al bar, escuchar a Imagine Dragons en la ceremonia previa solo acentúa mis nervios, pedimos un sampler de mini-hamburguesas y un par de limonadas (después de las parrandas de ambos lo que menos queremos es una cerveza).

Silbatazo inicial y Carlos va al baño: -Vas a ver que iré al baño y algo va a pasar-, me dice. Yo no le creo, pero sigo viendo el partido. Apenas pasan 20 segundos y el árbitro decreta penal por una mano de Sissoko en el área de los Spurs. Carlos regresa y, entre el enojo y el asombro solo atina a decir: Te lo dije.

Pasan la repetición. El balón pega en el pecho de Sissoko y luego en su hombro. ¡NO ES PENAL! Gritan Carlos y un niño que veía el partido con su padre. -Tú me dijiste que ganar es ganar- Le respondo a Carlos, y todo porque días antes recordó cuando Sergio Ramos dejó sin final a Salah, el año pasado. -Ojalá leñen al egipcio, la neta- dijo hace unos días. Ahora ese egipcio anotaba el penal más rápido en la historia de la competencia y Carlos no podía con ello.

Poco a poco se diluyeron mis nervios. Una espontánea ingresó al terreno de juego en un traje de baño negro, algo que le dio un poco más de emoción a ese partido que, fuera del significado que tenía para Carlos y para mí, parecía un partido de esos aburridos que nadie quiere ver.

Tan aburrido está el juego que Carlos pide un café. Hasta el mesero se sorprende con su petición, seguro está más acostumbrado a que la gente pida cerveza al por mayor y no un café cargado para evitar quedarte dormido en esta final trabada en media cancha.

Heung-Min Son llega en varias ocasiones al arco de Liverpool. Llega a mí el amargo recuerdo de Kiev. -¿Y si Alisson también la riega?- pienso. Pero no, ese arquero que valió un tremendo pastón desquitó su sueldo, con atajadas increíbles, jugando con el reloj como lo haría un profesional. Pese a ello, los nervios regresaban, los minutos parecían horas y yo quería que el partido acabara.

Sin lugar a dudas los momentos más angustiantes fueron a partir del minuto 75. Mauricio Pochettino hace algunos cambios para acomodar mejor a sus jugadores y se nota. La delantera de Spurs llega más seguido, no quieren morir de nada y los nervios se acentuaban. -Ahorita empatan seguro- pensé para mis adentros, después de todo soy un pesimista de lo peor y más cuando se trata de futbol.

Minuto 87 y aparece Divock Origi. Entró de cambio por Roberto Firmino con la esperanza de replicar lo que hizo contra el Barcelona y lo logró. Joel Matip le da un pase a Origi, quien hace un tiro cruzado y decreta el 0-2 definitivo. En ese momento la felicidad me invade, contengo los gritos porque Liverpool no es Barcelona ni mucho menos Real Madrid y no hay ese ambiente futbolero que he visto en otras finales de Champions. Empiezo a llorar porque siento que estoy ganando la revancha, el futbol y la vida me la deben. No lo digo yo, fue algo que Carlos y yo nos dijimos entre nosotros previo a la final.

En ese momento Carlos se desmorona. Siente que los Spurs están muriendo de nada y todo ello después de ver que un delantero que casi no vio acción durante la temporada le anota un gol a unos Spurs que tuvieron pánico escénico.

El árbitro da 5 minutos de compensación y por dentro me siento como ese aficionado loco del Cruz Azul en la final de Concachampions contra Toluca. ¡ACÁBALO YA HIJO DE TU PUTA MADRE! pienso para mis adentros, con un nudo en la garganta y los ojos rojos. Se acaba el partido y me llevo las manos a la cara para limpiar las lágrimas.  

Carlos está triste y feliz: triste porque quería ver a Spurs campeón, feliz porque mi equipo inglés ganó. Después de todo fue el final del camino, un final que ninguno de los dos hubiera esperado desde el inicio del torneo.

Subimos una selfie a Instagram, que se note que fuimos a ver la final y que, tal y como debería de ser, la rivalidad se acaba cuando el árbitro pita el final del encuentro. “Cuarta Champions que vemos juntos y en alguna ocasión nos íbamos a enfrentar, me dejó tirado en la del año pasado pero hoy hubo revancha, literal”.

Carlos toma esa foto y la publica como historia: “Hoy ganó nuestra amistad” es el título que le pone a esa imagen, después de todo está feliz por mí, por Liverpool y porque la tercera fue la vencida para Kloppo, quien perdió una final de Champions League con el Borussia Dortmund.

Salimos del bar rumbo al cine, le prometí ver una película tras la final, abro YouTube en mi teléfono y pongo “You’ll Never Walk Alone”, todo porque en el bar pusieron mute a la tele tras decretar el final del encuentro, de eso se trata el futbol y la amistad: caminar con esperanza en el corazón para, después de todo, saber que no estás solo.

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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