#4 Tiempos
Hoy ganó nuestra amistad | Columna de Sebastián Escorza
En cancha rival
Los nervios comenzaron apenas desde la semana pasada, a pesar de que ya sabía que la final de la Champions League era Tottenham vs. Liverpool desde hace más tiempo. Publicidad de Facebook y los camiones del transporte público de la ciudad me recordaban que ese choque raro de ver, pero real, se acercaba.
Luego de dos días de parranda seguidos por el cumpleaños de un amigo, despierto con más nervios que nunca, estábamos a unas horas de saber si Liverpool conseguía su sexta Liga de Campeones o si el Tottenham debutaba en estas instancias consagrando su buen paso a través de esta competencia.
Son las 12:30 del mediodía, quedé de ver a Carlos en el Walmart de Carretera 57 para ir a un bar a ver este encuentro. Carlos es fan del Tottenham. Carlos nunca hubiera soñado con ver a sus Spurs en una final, y yo ya había firmado el pase del Barcelona a la final con ese escandaloso 3-0 en Camp Nou, pero el milagro de Anfield nos puso en contra esta ocasión.
Es la cuarta final de Champions League que vemos juntos, una simple salida a comer que año con año se volvió tradición.
Vimos la final de la temporada 2013-2014 que enfrentó a Real Madrid y al Atlético de Madrid y que le dio la décima orejona a los merengues; 2014-2015 nos la perdimos por alguna razón que no recuerdo; 2015-2016: Griezmann falló ese maldito penal y Real Madrid alcanzó la onceava; 2016-2017: otra vez Real Madrid, ahora contra Juventus, los vikingos ganan la doceava; 2017-2018: Carlos me deja plantado media hora antes del partido y me toca ver a Liverpool perder ante el Real Madrid. “¡Pinche Karius! ¿por qué hiciste eso?” eso grité al televisor tras ver que los Reds perdieron por un (quizá) escandaloso 3-1 debido a los errores de Karius que, sin embargo, lo había hecho bien en la temporada.
Regresamos a 2019… Hace un calor horrible y nos dirigimos a un bar con temática inglesa; Carlos consiguió un jersey de los Spurs de la temporada 2002-2003 y yo me hice de un jersey rojo de esta temporada, no quise usar mi playera negra del año pasado porque, después de todo, soy un tanto supersticioso. Fue la playera con la que vi al Liverpool caer y, por coincidencia, el mismo color del uniforme de Karius en aquella final. Carlos también me regaló una gorra del Liverpool, y, aunque no me gusta usar gorras, le prometí estrenarla en esa final.
Llegamos al bar, escuchar a Imagine Dragons en la ceremonia previa solo acentúa mis nervios, pedimos un sampler de mini-hamburguesas y un par de limonadas (después de las parrandas de ambos lo que menos queremos es una cerveza).
Silbatazo inicial y Carlos va al baño: -Vas a ver que iré al baño y algo va a pasar-, me dice. Yo no le creo, pero sigo viendo el partido. Apenas pasan 20 segundos y el árbitro decreta penal por una mano de Sissoko en el área de los Spurs. Carlos regresa y, entre el enojo y el asombro solo atina a decir: Te lo dije.
Pasan la repetición. El balón pega en el pecho de Sissoko y luego en su hombro. ¡NO ES PENAL! Gritan Carlos y un niño que veía el partido con su padre. -Tú me dijiste que ganar es ganar- Le respondo a Carlos, y todo porque días antes recordó cuando Sergio Ramos dejó sin final a Salah, el año pasado. -Ojalá leñen al egipcio, la neta- dijo hace unos días. Ahora ese egipcio anotaba el penal más rápido en la historia de la competencia y Carlos no podía con ello.
Poco a poco se diluyeron mis nervios. Una espontánea ingresó al terreno de juego en un traje de baño negro, algo que le dio un poco más de emoción a ese partido que, fuera del significado que tenía para Carlos y para mí, parecía un partido de esos aburridos que nadie quiere ver.
Tan aburrido está el juego que Carlos pide un café. Hasta el mesero se sorprende con su petición, seguro está más acostumbrado a que la gente pida cerveza al por mayor y no un café cargado para evitar quedarte dormido en esta final trabada en media cancha.
Heung-Min Son llega en varias ocasiones al arco de Liverpool. Llega a mí el amargo recuerdo de Kiev. -¿Y si Alisson también la riega?- pienso. Pero no, ese arquero que valió un tremendo pastón desquitó su sueldo, con atajadas increíbles, jugando con el reloj como lo haría un profesional. Pese a ello, los nervios regresaban, los minutos parecían horas y yo quería que el partido acabara.
Sin lugar a dudas los momentos más angustiantes fueron a partir del minuto 75. Mauricio Pochettino hace algunos cambios para acomodar mejor a sus jugadores y se nota. La delantera de Spurs llega más seguido, no quieren morir de nada y los nervios se acentuaban. -Ahorita empatan seguro- pensé para mis adentros, después de todo soy un pesimista de lo peor y más cuando se trata de futbol.
Minuto 87 y aparece Divock Origi. Entró de cambio por Roberto Firmino con la esperanza de replicar lo que hizo contra el Barcelona y lo logró. Joel Matip le da un pase a Origi, quien hace un tiro cruzado y decreta el 0-2 definitivo. En ese momento la felicidad me invade, contengo los gritos porque Liverpool no es Barcelona ni mucho menos Real Madrid y no hay ese ambiente futbolero que he visto en otras finales de Champions. Empiezo a llorar porque siento que estoy ganando la revancha, el futbol y la vida me la deben. No lo digo yo, fue algo que Carlos y yo nos dijimos entre nosotros previo a la final.
En ese momento Carlos se desmorona. Siente que los Spurs están muriendo de nada y todo ello después de ver que un delantero que casi no vio acción durante la temporada le anota un gol a unos Spurs que tuvieron pánico escénico.
El árbitro da 5 minutos de compensación y por dentro me siento como ese aficionado loco del Cruz Azul en la final de Concachampions contra Toluca. ¡ACÁBALO YA HIJO DE TU PUTA MADRE! pienso para mis adentros, con un nudo en la garganta y los ojos rojos. Se acaba el partido y me llevo las manos a la cara para limpiar las lágrimas.
Carlos está triste y feliz: triste porque quería ver a Spurs campeón, feliz porque mi equipo inglés ganó. Después de todo fue el final del camino, un final que ninguno de los dos hubiera esperado desde el inicio del torneo.
Subimos una selfie a Instagram, que se note que fuimos a ver la final y que, tal y como debería de ser, la rivalidad se acaba cuando el árbitro pita el final del encuentro. “Cuarta Champions que vemos juntos y en alguna ocasión nos íbamos a enfrentar, me dejó tirado en la del año pasado pero hoy hubo revancha, literal”.
Carlos toma esa foto y la publica como historia: “Hoy ganó nuestra amistad” es el título que le pone a esa imagen, después de todo está feliz por mí, por Liverpool y porque la tercera fue la vencida para Kloppo, quien perdió una final de Champions League con el Borussia Dortmund.
Salimos del bar rumbo al cine, le prometí ver una película tras la final, abro YouTube en mi teléfono y pongo “You’ll Never Walk Alone”, todo porque en el bar pusieron mute a la tele tras decretar el final del encuentro, de eso se trata el futbol y la amistad: caminar con esperanza en el corazón para, después de todo, saber que no estás solo.
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El Cronopio
Un pionero de la astrofísica en San Luis Potosí | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Uno de los dos primeros potosinos en estudiar formalmente astronomía y en realizar investigación en astrofísica son Joel Cisneros Parra oriundo de Salinas, San Luis Potosí, y de quien hemos tratado ya en esta columna, y Antonio Sarmiento Galán que se recibiera como físico y como matemático en la década de los setenta del siglo XX en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Antonio Sarmiento Galán comenzó a estudiar física en la entonces Escuela de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, para interrumpir sus estudios y emigrar a la Ciudad de México donde ingresaría a la Facultad de Ciencias de la UNAM para estudiar simultáneamente la carrera de física y la carrera de matemáticas, mismas que concluiría en 1976. Estas líneas de formación regirían su vida académica y profesional, pues contribuiría a la investigación en física en el área de la astrofísica y posteriormente en el ámbito de las matemáticas, siendo actualmente investigador del Instituto de Matemáticas, Unidad Cuernavaca de la UNAM desde 1999; previamente había sido investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM de 1981 a 1998.
Su formación primaria en astrofísica fue en el tema en el que coincidieron estos dos personajes potosinos, pioneros en el estudio de la astrofísica, sistemas binarios. Su tesis de licenciatura en física presentado en 1978 versó sobre Etapas Evolutivas Avanzadas en Sistemas Binarios. Realizó su maestría en ciencias en la propia Facultad de Ciencias de la UNAM y su doctorado en el Departamento de Matemáticas Aplicadas del Queen Mary College en la Universidad de Londres donde vuelve a combinar su interés en la física y la matemática, que no la física-matemática. Su tesis de doctorado en dicha universidad fue sobre Gravitación en el Sistema Solar que presentó en 1981.
Entre sus estudios de formación y, en especial en astrofísica se encuentran Estudios para la Localización de un Sitio Astronómico en la República Mexicana, en la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1977 y 1978 y, Ph ysical Cosmology en Francia en la École d’Été de Physique Théorique. Université de Grenoble. Les Houches, Haute Savoie en julio de 1979.
Antonio Sarmi ento, como astrofísico ha hecho importantes aportaciones científicas teóricas en temas como la evolución química del Universo, la gran explosión, la gravitación en teoría general de la relatividad y el vacío en sistemas no inerciales.
Su contribución no se ha limitado al carácter de investigación pues ha tenido una intensa actividad en educación, no sólo impartiendo cursos de astrofísica, relatividad, física teórica y gravitación, sino que ha realizado una destacada participación en actividades de educación no formal, en especial en divulgación de la ciencia, donde ha escrito numerosos textos entre artículos y libros entre los que se encuentran libros técnicos y de divulgación, participando, además, con conferencias, videos y programas de radio para todo tipo de público con temas de física y astronomía.
Antonio Sarmiento ha contribuido al desarrollo de la educación y la investigación científica en su tierra de nacimiento apoyando programas de divulgación como Domingos en la Ciencia en San Luis Potosí, La Semana de Física y La Ciencia en el Bar, donde ha participado en varias sesiones. Como la charla Fractales que puede consultarse en la dirección: https://www.youtube.com/watch?v=AutyQCtnuI8
En una entrevista para la revista “¿Cómo Ves?”, de la UNAM, rechaza la idea de que la labor científica sea evaluada por premios, “Por fortuna hay muchos investigadores para quienes lo valioso es tener amor por la camiseta de la ciencia, o pasar horas en el laboratorio haciendo un experimento. Ellos se olvidan por completo de premios o publicidad en la radio o la televisión”.
Antonio Sarmiento Galán nació en San Luis Potosí el 23 de abril de 1954 y se convierte en el segundo potosino en formarse profesionalmente como astrofísico y contribuir al desarrollo de la ciencia y la educación científica, siendo además uno de los primeros matemáticos potosinos.
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#4 Tiempos
El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.
Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.
Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.
En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.
Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.
La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.
En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.
Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.
En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.
La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.
Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.
Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.
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#4 Tiempos
Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:
–¿Alguien quiere este billete?
Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?
El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:
-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.
Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!
Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.
-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.
Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.
-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.
El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:
-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?
Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…
Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.
Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.
El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.
Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:
-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?
-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.
-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?
El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…
¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.
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