octubre 30, 2026

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#4 Tiempos

Hoy ganó nuestra amistad | Columna de Sebastián Escorza

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Hoy ganó nuestra amistad

En cancha rival

 

Los nervios comenzaron apenas desde la semana pasada, a pesar de que ya sabía que la final de la Champions League era Tottenham vs. Liverpool desde hace más tiempo. Publicidad de Facebook y los camiones del transporte público de la ciudad me recordaban que ese choque raro de ver, pero real, se acercaba.

Luego de dos días de parranda seguidos por el cumpleaños de un amigo, despierto con más nervios que nunca, estábamos a unas horas de saber si Liverpool conseguía su sexta Liga de Campeones o si el Tottenham debutaba en estas instancias consagrando su buen paso a través de esta competencia.

Son las 12:30 del mediodía, quedé de ver a Carlos en el Walmart de Carretera 57 para ir a un bar a ver este encuentro. Carlos es fan del Tottenham. Carlos nunca hubiera soñado con ver a sus Spurs en una final, y yo ya había firmado el pase del Barcelona a la final con ese escandaloso 3-0 en Camp Nou, pero el milagro de Anfield nos puso en contra esta ocasión.

Es la cuarta final de Champions League que vemos juntos, una simple salida a comer que año con año se volvió tradición.

Vimos la final de la temporada 2013-2014 que enfrentó a Real Madrid y al Atlético de Madrid y que le dio la décima orejona a los merengues; 2014-2015 nos la perdimos por alguna razón que no recuerdo; 2015-2016: Griezmann falló ese maldito penal y Real Madrid alcanzó la onceava; 2016-2017: otra vez Real Madrid, ahora contra Juventus, los vikingos ganan la doceava; 2017-2018: Carlos me deja plantado media hora antes del partido y me toca ver a Liverpool perder ante el Real Madrid. “¡Pinche Karius! ¿por qué hiciste eso?” eso grité al televisor tras ver que los Reds perdieron por un (quizá) escandaloso 3-1 debido a los errores de Karius que, sin embargo, lo había hecho bien en la temporada.

Regresamos a 2019… Hace un calor horrible y nos dirigimos a un bar con temática inglesa; Carlos consiguió un jersey de los Spurs de la temporada 2002-2003 y yo me hice de un jersey rojo de esta temporada, no quise usar mi playera negra del año pasado porque, después de todo, soy un tanto supersticioso. Fue la playera con la que vi al Liverpool caer y, por coincidencia, el mismo color del uniforme de Karius en aquella final. Carlos también me regaló una gorra del Liverpool, y, aunque no me gusta usar gorras, le prometí estrenarla en esa final.

Llegamos al bar, escuchar a Imagine Dragons en la ceremonia previa solo acentúa mis nervios, pedimos un sampler de mini-hamburguesas y un par de limonadas (después de las parrandas de ambos lo que menos queremos es una cerveza).

Silbatazo inicial y Carlos va al baño: -Vas a ver que iré al baño y algo va a pasar-, me dice. Yo no le creo, pero sigo viendo el partido. Apenas pasan 20 segundos y el árbitro decreta penal por una mano de Sissoko en el área de los Spurs. Carlos regresa y, entre el enojo y el asombro solo atina a decir: Te lo dije.

Pasan la repetición. El balón pega en el pecho de Sissoko y luego en su hombro. ¡NO ES PENAL! Gritan Carlos y un niño que veía el partido con su padre. -Tú me dijiste que ganar es ganar- Le respondo a Carlos, y todo porque días antes recordó cuando Sergio Ramos dejó sin final a Salah, el año pasado. -Ojalá leñen al egipcio, la neta- dijo hace unos días. Ahora ese egipcio anotaba el penal más rápido en la historia de la competencia y Carlos no podía con ello.

Poco a poco se diluyeron mis nervios. Una espontánea ingresó al terreno de juego en un traje de baño negro, algo que le dio un poco más de emoción a ese partido que, fuera del significado que tenía para Carlos y para mí, parecía un partido de esos aburridos que nadie quiere ver.

Tan aburrido está el juego que Carlos pide un café. Hasta el mesero se sorprende con su petición, seguro está más acostumbrado a que la gente pida cerveza al por mayor y no un café cargado para evitar quedarte dormido en esta final trabada en media cancha.

Heung-Min Son llega en varias ocasiones al arco de Liverpool. Llega a mí el amargo recuerdo de Kiev. -¿Y si Alisson también la riega?- pienso. Pero no, ese arquero que valió un tremendo pastón desquitó su sueldo, con atajadas increíbles, jugando con el reloj como lo haría un profesional. Pese a ello, los nervios regresaban, los minutos parecían horas y yo quería que el partido acabara.

Sin lugar a dudas los momentos más angustiantes fueron a partir del minuto 75. Mauricio Pochettino hace algunos cambios para acomodar mejor a sus jugadores y se nota. La delantera de Spurs llega más seguido, no quieren morir de nada y los nervios se acentuaban. -Ahorita empatan seguro- pensé para mis adentros, después de todo soy un pesimista de lo peor y más cuando se trata de futbol.

Minuto 87 y aparece Divock Origi. Entró de cambio por Roberto Firmino con la esperanza de replicar lo que hizo contra el Barcelona y lo logró. Joel Matip le da un pase a Origi, quien hace un tiro cruzado y decreta el 0-2 definitivo. En ese momento la felicidad me invade, contengo los gritos porque Liverpool no es Barcelona ni mucho menos Real Madrid y no hay ese ambiente futbolero que he visto en otras finales de Champions. Empiezo a llorar porque siento que estoy ganando la revancha, el futbol y la vida me la deben. No lo digo yo, fue algo que Carlos y yo nos dijimos entre nosotros previo a la final.

En ese momento Carlos se desmorona. Siente que los Spurs están muriendo de nada y todo ello después de ver que un delantero que casi no vio acción durante la temporada le anota un gol a unos Spurs que tuvieron pánico escénico.

El árbitro da 5 minutos de compensación y por dentro me siento como ese aficionado loco del Cruz Azul en la final de Concachampions contra Toluca. ¡ACÁBALO YA HIJO DE TU PUTA MADRE! pienso para mis adentros, con un nudo en la garganta y los ojos rojos. Se acaba el partido y me llevo las manos a la cara para limpiar las lágrimas.  

Carlos está triste y feliz: triste porque quería ver a Spurs campeón, feliz porque mi equipo inglés ganó. Después de todo fue el final del camino, un final que ninguno de los dos hubiera esperado desde el inicio del torneo.

Subimos una selfie a Instagram, que se note que fuimos a ver la final y que, tal y como debería de ser, la rivalidad se acaba cuando el árbitro pita el final del encuentro. “Cuarta Champions que vemos juntos y en alguna ocasión nos íbamos a enfrentar, me dejó tirado en la del año pasado pero hoy hubo revancha, literal”.

Carlos toma esa foto y la publica como historia: “Hoy ganó nuestra amistad” es el título que le pone a esa imagen, después de todo está feliz por mí, por Liverpool y porque la tercera fue la vencida para Kloppo, quien perdió una final de Champions League con el Borussia Dortmund.

Salimos del bar rumbo al cine, le prometí ver una película tras la final, abro YouTube en mi teléfono y pongo “You’ll Never Walk Alone”, todo porque en el bar pusieron mute a la tele tras decretar el final del encuentro, de eso se trata el futbol y la amistad: caminar con esperanza en el corazón para, después de todo, saber que no estás solo.

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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