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Grítalo con el alma | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Daniel es uno de mis mejores amigos, de esos que la vida regala sin pedir, de mera coincidencia, de esos que quieres y bien.

Su hermano Roberto (otro de mis mejores amigos) nos presentó un buen día, casi al instante nos enteramos que teníamos algo en común: ambos somos aficionados al San Luis de prácticamente toda la vida.

La diferencia de edad entre Daniel y yo es considerable, tanto como las experiencias en el mundo del futbol. A Daniel le tocó hacerse aficionado en los que yo considero los años dorados de futbol potosino, la década del 2000, mientras que yo pasé la amarga década del 90 con las penurias en la segunda división.

Me gusta contar lo anterior para describir casi a la perfección el gusto y el dolor de ser aficionado en una plaza tan sufrida como la nuestra.

Ambos hemos y seguimos alentando a San Luis, a nuestro San Luis, a pesar de las idas y venidas de franquicias, a pesar de los (ilógicos y horribles) cambios de colores, nombres, dueños y hasta identidad, a pesar de todo seguimos ahí.

Por cuestiones profesionales da la casualidad que ambos (Daniel y yo) compartimos las visitas al estadio con acreditación de prensa; esto tiene un valor muy alto: nuestra responsabilidad es la de representar a medios de comunicación en un evento público. Dicho de otra manera: no vamos solo como aficionados, vamos como parte de un trabajo; en mi caso, el análisis, tanto para estas columnas, como para el podcast de Tiro Indirecto.

Ir en calidad de medios nos obliga a comportarnos con ciertas consideraciones dentro del estadio: por ejemplo, no debemos consumir bebidas alcohólicas, no debemos ubicarnos en un lugar que esté vendido para algún aficionado y no debemos gritar improperios como muchos aficionados. Para acabar pronto, no entramos al estadio como aficionados.

El viernes pasado, San Luis recibió después de 7 años la visita del Guadalajara; como siempre contra un grande, el estadio se dividió. No puedo decir qué porcentaje del público estaba con los visitantes, pero era difícil diferenciar por los colores de ambas camisetas. El partido comenzó con un 0-2 muy polémico a favor (obviamente) de la visita. Poco a poco el tiempo se iba y parecía muy complicada la remontada.

Sin embargo, sucedió. Cerca del minuto 90 San Luis reaccionó y con un tiro de media distancia de Germán Berterame empató el partido.

No puedo decir mucho de ese momento, solo que nació del corazón, el grito de gol y el salto de adrenalina fue inevitable. Ambos, Daniel y yo fuimos tal vez los únicos en el palco de prensa que vibramos como aficionados, tal vez no los únicos que se emocionaron, pero sí los únicos que lo gritamos con el alma.

Horas después lo recordamos y lo reflexionamos, tal vez no debimos gritarlo, tal vez nos vimos mal vibrando con un gol siendo representantes de medios de comunicación; pero mi veredicto es contundente: no puedo. No puedo dejar una vida de amor por los equipos de la ciudad, una vida de alentar a mi San Luis a pesar de todo, no puedo quitarme la piel de aficionado y menos en momentos tan emotivos como esos últimos minutos del partido contra Chivas.

Ni hablar Daniel, si nos vimos mal que nos disculpen, y si nadie se dio cuenta de lo que pasó, que se enteren, que al final lo gritamos con el alma y eso es lo más sincero que se puede jamás gritar.

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