abril 3, 2026

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Eugenio y Cayeyo; los amigos describen sus perfiles y el día de la tragedia

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Amigos de Eugenio y Cayeyo hablaron sobre las horas previas al asesinato ocurrido en el Fraccionamiento Campestre en 2017 pasado

Por: Fernanda Padilla

El viernes 26 de abril se llevó a cabo la cuarta audiencia de testigos a cargo de la Fiscalía General del Estado en el caso de Cayeyo Jr., acusado del homicidio con agravante de ventaja y traición en contra de Eugenio C.

La audiencia inició en punto de las 9:00 horas, el público era visiblemente menor que al inicio durante la audiencia de incidencias, y el recorrer de varios peritos que atendieron el caso, sin embargo, el viernes se revelaron detalles que solo eran conocidos por las últimas personas que vieron a Eugenio con vida.

El primer testigo en pasar, narró las últimas horas de convivió entre Eugenio y un grupo de amigos que festejaban el cumpleaños de uno de ellos.

Reveló que a la víctima la conocía desde la infancia, y a pesar de que al imputado lo conoció hasta la tarde del 04 de abril, consideró que era una persona carismática, y quien al concluir el convivió en un restaurante, ofreció su casa para seguir con los festejos. La víctima se encontraba en la camioneta del festejado, por lo que el imputado acudió hasta la ventanilla para ofrecerle llevarlo él mismo hasta el domicilio.

Una vez en el lugar, tres de los testigos esperaron cerca de 10 minutos a que Eugenio y Eduardo arribaron al lugar para poder ingresar hacia la casa.

Una vez adentro Eduardo se dispuso a sacar algunas botellas de whisky y tequila, en ese momento Eugenio quedó atrapado por uno de los plafones de la sala principal y aprovechó para halagar el accesorio, fue entonces que Eduardo decidió iniciar un recorrido por su casa siendo su habitación el primer lugar en visitar.

Ahí lo que les llamó la atención fue un parapente, por lo que inició una plática acerca de sus viajes, después acudieron al cuarto de su papá, los tres testigos señalaron que había un cuarto con cuadros, pero uno resaltó que de ahí aprecio una vitrina con armas, por lo menos 3 o 4 armas largos y 2 o 3 armas cortas.

Al ingresar al cuarto del papá, dos de los testigos indicaron que uno de los presentes hizo un comentario acerca del desorden en el mismo, lo que hizo explotar a Cayeyo en ese momento.

“Sálganse todos a la chingada de aquí”, tronó.

Uno de los testigos dijo sentirse asustado debido a qué dijo era de todos conocido que Eduardo es una persona explosiva, y a pesar de no conocerlo bien, no quería meterse en problemas con él.

Después dos de ellos decidieron recostarse en una de las salas, mientras que Eduardo, Eugenio y otro de los visitantes permanecieron en la cocina, cerca de las 3:30 horas decidieron retirarse del lugar a excepción de Eugenio quien argumentó que se sentía muy agusto.

Al primer testigo se le cuestionó que pasó después de que salió de la casa e indicó que regresaron al restaurante, ya que se ubicaba ahí su unidad, después despertó cerca de las 9:00 horas cuando otro de los testigos le llamó para decirle que había pasado algo horrible, “Eduardo le metió un tiro en la cabeza a Eugenio”, describió que entró en un estado de shock debido a la información que estaba escuchando.

Después reveló que la convivencia con Eugenio era inmensa, y sobre el día previo a su homicidio, que tanto el imputado como la víctima parecían llevarse bien

.

La Fiscalía le cuestionó cómo ha sido su vida tras el homicidio de Eugenio, momento en el que se quebró frente al estrado, reconoció que le cambió la vida, las lágrimas lo invadieron, por lo que fue necesario qué le acercaran incluso una botella de agua, después, procedió a señalar que Eugenio era el tipo de persona que daba la vida por su familia y amigos, un pilar en el grupo y una pieza fundamental para todas las personas que lo conocían.

Después la defensa de Cayeyo inició con sus cuestionamientos en el que el testigo reconoció que no le consta la forma en que perdió la vida, además reveló que mientras visitaban la habitación de Eduardo este se cambió la ropa previo al homicidio, situación que contrapone la versión emitida por los peritos, ya que en un inicio se argumentó que el imputado se cambió la ropa después de cometer el presunto homicidio.

El segundo testigo señaló que todos estuvieron juntos en la primaria, por lo que sí existía una amistad previa, además dijo ser testigo de los momentos explosivos de Eduardo en diversas ocasiones.

Sin embargo, durante el turno de la defensa, el imputado fue sometido al método de refrescamiento de memoria, ya que señaló que se encontraban sobre una mesa rectangular. Además de que Eduardo previamente había lanzado un caballito de tequila que se quebró en el suelo, mientras que en sus declaraciones del 2017 había señalado que la isla de la cocina era redonda, además de que nunca declaró el hecho del caballito.

El testigo consideró que su omisión pudo deberse al estado de shock en el que se encontraba por la pérdida de su amigo.

Mientras que las dos primeras testigos tardaron aproximadamente una hora en el interrogatorio, el tercero de ellos no fue mayor a 15 minutos, él explico lo mismo que había señalado los otros dos, sin embargo, la forma en la que se enteró del homicidio de Eugenio, fue por medio de su hermano, a quién le avisó la propia hija del fiscal.

Una vez concluido con dicho testigo, el juez le preguntó a la defensa si deseaba liberarlo, sin embargo, este se encontraban discutiendo algún asunto, por lo que omitieron la presencia del Juez, situación que desencadenó que el propio imputado levantará la voz para señalarles sobre su falta.

Después de un receso de media hora, se reanudó la audiencia con uno de los peritos de la Fiscalía, pero al paso de las preguntas fue solicitada una audiencia privada debido a que se revelarían fotos de la víctima.

El juez explicó que aún faltaban dos órganos de prueba por parte del Ministerio Público situación que desencadenaría en la reprogramación para la próxima semana, dando por terminada la jornada laboral casi a las 16:00 horas.

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Siete altares, siete copas: La fe y la sed. Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

Es jueves, siempre lo es.

En San Luis Potosí, el jueves no es un día de la semana, es un estado de la conciencia. Es el momento exacto en que la piedra cantera comienza a exudar un sudor frío, una mezcla de incienso y aguardiente. Hoy, las puertas de los siete templos se abren de par en par para recibir a los que buscan perdón, mientras que, a pocos metros, las puertas batientes de las cantinas reciben a los que buscan olvido.

La tradición dicta siete paradas. Siete altares donde se expone el cuerpo de un Dios que sufre. Pero en este “primer cuadro” de la ciudad, la geografía del dolor es compartida. El parroquiano camina la misma banqueta que el devoto, y a veces, son la misma persona.

En ese cuadro delimitado en el que, por cierto, hay más estaciones para el alivio del cuerpo que para el alivio del alma. (7 Iglesias y al menos 25 bares).

El poeta y ensayista, Alfredo García Valdez, lo supo escribir con el mejor tino: “la cantina es espacio y tema, forma, ambiente, sujeto y paisaje, ese laboratorio donde el alma se descompone para volverse a armar”.

Es el templo lo mismo que de vividores que periodistas, que el del albañil que carga el mundo o del cirujano que sueña con salvarlo. Allí, la melancolía se corona con la misma solemnidad con la que se corona de espinas al que va camino al Gólgota.

¿Qué diferencia hay entre el pecador que se arrodilla frente a la imagen de la Virgen de los Dolores, que el hombre que se desploma sobre la barra de El Tampico, La Montaña, o el Banco?.

Ambos cargan una cruz. Cristo cayó tres veces, y en el suelo falaz de una taberna, ¿quién no ha besado el polvo, literal o figuradamente?

Las caídas en la cantina obligan a levantar el propio peso porque ahí se cae a solas, mientras el cantinero —ese sacerdote de a deshoras— oficia la misa del último trago.

La última cena se repite en cada ronda. “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, se traduce en el pan compartido y el vino que quema la garganta antes de que la tormenta estalle.

En las siete estaciones eclesiásticas, se recuerda el sudor de sangre en Getsemaní; en los siete bares, se suda el delirio de la derrota, del desamor, de la euforia y la tristeza perfumada de fiesta y del “sírveme otra” como si fuera el “hágase tu voluntad y no la mía”.

En la cantina también se comparte el vaso, la palabra, la herida y a veces la soledad

: La que se tiene o la que viene.

Observo la procesión silenciosa de la fe y la ruidosa procesión de la sed.

Aquí cerca de San Agustín las velas se consumen rezando por los pecados del mundo. El sacrificio del cordero.

En la cantina de más adelante, los vasos se vacían urdiendo poemas que nadie escribirá. Es el punto de encuentro definitivo: el santo sufrimiento.

Unos lo entregan a la divinidad para que tenga sentido, otros lo ahogan en el alcohol para que deje de tenerlo.

Me quedo con esa imagen: la ciudad dividida entre el incienso y el paseo por el duro adoquín en el suelo que conecta lo mismo iglesias que cantinas.

Siento una profunda admiración por la fe que mueve los pies de los creyentes hacia los altares y al mismo tiempo siento una profunda admiración por la impredecible condición humana de aquellos que, a pesar de la caída, piden (pedimos con fe) una última ronda antes de que el mundo se acabe.

Una ronda más antes de la traición. Una ronda más antes de lo que viene, y que con mayor o menor sufrimiento, más o menos espinas y caídas, también nos va matar: la vida.

Es lo mismo cuando el cantinero avisa que es hora de cerrar que cuando el sacristán apaga la última vela.

Todos, tanto los fieles borrachos como los piadosos pecadores- caminamos hacia la misma noche.

Porque hay noches en las que el alma pesa y no siempre se sabe rezar, por lo tanto…se bebe. En este jueves, que siempre lo es, la ciudad lo entiende sin decirlo. Nadie interrumpe, nadie corrige. Es un mismo tránsito, algunos con fe, otros con sed, pero todos con algo encima.

Dos “tradiciones”, una milenaria y otra mundana. Las dos que se encuentran no en la moral, no en el juicio, sino en esa condición profundamente humana que no distingue entre el altar y la barra: el dolor, la caída y la posibilidad, siempre incierta, de poder volver a levantarse.

Culto Público, en jueves, que siempre lo es, pero no tan santo no es tan distinta la oración que el trago, ni la cruz del vaso.

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SLP registra afluencia récord en Semana Santa

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La derrama económica podría acabar superando los mil 250 millones de pesos en todo el estado

Por: Redacción

En San Luis Potosí, la afluencia de visitantes para Semana Santa está superando las expectativas iniciales, generando ahora proyecciones de 800 mil turistas y hasta mil 250 millones de pesos como derrama económica.

Municipios con gran vocación turística como Ciudad Valles, Xilitla, El Naranjo, Aquismón y Tamasopo reportan llenos totales en parajes naturales y sitios emblemáticos.

Entre los puntos con mayor afluencia destacan las cascadas de El Meco y Minas Viejas en El Naranjo, los embarcaderos hacia la cascada de Tamúl en Aquismón, el paraje Puente de Dios

en Tamasopo y las cascadas de Micos en Ciudad Valles.

También sobresalen el Jardín Escultórico de Edward James, la Media Luna y Real de Catorce, que registran cifras récord de visitantes. 

De acuerdo con el área de Planeación de la Secretaría de Turismo (Sectur), del jueves 2 al domingo 5 de abril diversos destinos se prevé que alcancen el 100 por ciento de ocupación hotelera, además de una alta demanda en restaurantes y servicios como recorridos guiados.

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Ayuntamiento de SLP

Diego “El Cigala” conquista el Festival San Luis en Primavera 

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El cantautor español se presentó en la Plaza de Fundadores con un show lleno de flamenco, bolero y emoción

Por: Redacción

La Plaza de los Fundadores volvió a convertirse en el gran escenario cultural de San Luis Capital con la presentación del cantaor español Diego “El Cigala”, quien ofreció una noche cargada de flamenco, bolero y emoción como parte del Festival Internacional San Luis en Primavera. 

Ante una plaza completamente llena, el intérprete conquistó al público con un repertorio que incluyó canciones de autores mexicanos, latinoamericanos y españoles, interpretadas con la intensidad de su característico cante flamenco, que logró una conexión inmediata con los asistentes. 

Durante la velada sonaron algunos de sus temas más emblemáticos como “Lágrimas Negras”, “Piensa en mí” y otros boleros que forman parte de su repertorio internacional, provocando ovaciones y aplausos del público que acompañó cada interpretación en una atmósfera de fiesta y emoción. 

Antes de que iniciara el espectáculo, el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado de la presidenta del DIF Municipal, Estela Arriaga Márquez, entregó al artista español el colibrí, símbolo del festival, como reconocimiento a su trayectoria y a su participación.

La noche también destacó el talento potosino con la participación del ensamble de guitarras Sul Tasto, que abrió el escenario y dio muestra de la calidad musical local.

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Opinión

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