#4 TiemposDesde mi ventaja

Espacios Robados | Columna de Beatriz Lobo Elizondo

DESDE MI VENTANA

Algo muy curioso pasó este verano. Entre más lo pienso, más extraño me parece: todo inicií cuando me contactó una conocida con quien ya había colaborado antes para participar en su programa de radio, aquella vez hablamos sobre un tema que me apasiona: las mujeres en la historia del arte.

Esta vez sería diferente, se trataba de una colaboración a distancia y pregrabada, por lo que me mandaría las preguntas y yo regresaría mis respuestas. Recibí las tres preguntas y escribí en un documento Word mis respuestas. Las leí, las repasé, pero algo no me cuadraba, algo no estaba bien la situación.

Le comenté a uno de mis amigos. Inmediatamente me contestó, podría decir que hasta algo alarmado, o con sentido de urgencia, y tenía toda la razón: El programa de radio que estábamos preparando era un especial para hablar sobre el mes del orgullo gay, que es junio, y yo, mujer blanca heterosexual iba a participar para dar mi punto de vista como profesora de prepa. Algo no me terminaba de hacer sentido, pero ya estaba ahí metida en esta situación, con mis respuestas escritas desde la cima de mi privilegio, y ni siquiera me había detenido a pensar en por qué me habían pedido mi participación, sino hasta unos segundo antes de grabar las respuesta. Así que fue muy bueno que esa vocecita que tengo en la nuca me dijera “oye, espera… algo está raro aquí, será mejor consultarlo con (inserte nombre de mi amigo)”.

Las preguntas de la entrevista y mis respuestas no son el tema de discusión aquí, sino el espacio y el tema a tratar. Aunque agradezco cada espacio que me dan para dar mi punto de vista, para hablar de mi trabajo, de mis proyectos, sé muy bien que no era un sitio que me correspondiera, y ahora lo entiendo completamente. Hay muchísimos profesores homosexuales y maestras lesbianas dando clases frente a grupos. Quizá algunos lo hagan abiertamente, así lo espero, pero imagino que muchos más lo han de ocultar, porque seamos realistas, en este país todavía no está completamente aceptado que haya personas con una sexualidad diferente a la que es “la norma”.

Creo que el programa hubiera sido mucho más valioso si se les hubiera dado ese espacio a ellos, o también, creo que mis respuestas hubieran sido más relevantes de haberle preguntado a mis alumnos sobre sus experiencias, no es que la mía no tenga valor, pero hablando sobre diversidad sexual en estudiantes, sobre diversidad sexual en el mundo del arte, sobre los avances sociales relacionados con el hostigamiento en las aulas de clase, mi experiencia es poca, sino nula, porque no lo he vivido en carne propia.

Históricamente los hombres se han adueñado de casi todos los espacios, especialmente los hombres blancos heterosexuales, privilegiados, y a las mujeres nos han dejado un pequeñísimo lugar para intentar recuperar algunas áreas, y sin embargo, caí en lo mismo. Ocupé un espacio que no me correspondía, y lo hice sin intensión de hacerlo, de hecho creo que después de consultar a mi amigo y escuchar fielmente su experiencia como hombre homosexual mis respuestas no fueron malas, pero no era mi opinión o mis experiencias las que debieron haber sido escuchadas.

Ya es tiempo de dar lugar a quiénes se los hemos quitado. Sí, como mujer sé que nos han negado muchas oportunidades, pero también sé y puedo admitir que tenemos que dar voz a otros: a personas con discapacidades, a personas homosexuales o dentro del espectro, a indígenas, a quienes por su situación, cualquiera que está sea, han sido desfavorecidos por esta sociedad.

Hay que negarnos a ocupar espacios que no nos corresponden, tenemos que decir no, hay que escuchar las historias de los menos privilegiados, porque son esas vivencias las que nos harán crecer y transformarnos en una sociedad más incluyente, y esto, es responsabilidad de todas y todos.

 

 

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