julio 3, 2026

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#Entrevista | Daniel de la Rosa, el mejor raquetbolista del mundo es potosino

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“Los mejores jugadores y entrenadores del planeta están en San Luis Potosí”

Por: Ana Silva

En octubre de 2021, el potosino Daniel de la Rosa pasó a ocupar el puesto número uno del ranking mundial en raquetbol, luego de ganar el US Open, logrando una doble hazaña: convertirse en el primer mexicano en ocupar ese puesto y el primero en ganar el torneo. La Orquesta conversó con el deportista, quien contó sus anécdotas para lograr convertirse en el mejor jugador de la actual.

Daniel se describió como “un hombre normal al que le gusta jugar raquetbol”, pero también practica futbol y tiene una familia llena de deportistas: su padre jugaba raquetbol en la categoría Open, su abuelo futbol profesional con el San Luis y su madre practicaba voleibol.

Gracias a sus padres, Daniel tuvo a los 4 años su primer acercamiento con una raqueta, pues ellos solían jugar en el Club Deportivo Punto Verde en San Luis Potosí, del que dijo sentirse orgulloso, por haber iniciado ahí su trayectoria:

“Mis papás jugaban y yo agarraba la raqueta para pegarle. Mi carrera inició a mis 4 años, para los 5 mi papá me preguntó que si quería jugar más en serio, dije que sí y me entrenó Fabián Parrilla, ese mismo año jugué mi primer torneo en el Punto Verde y terminé ganando las cuatro categorías. He tenido demasiado apoyo, hasta cuando tenía malas calificaciones en la escuela me decían ‘ok vas a ir a entrenar, pero en la casa no vas a tener tele, computadora, ni Xbox’, nunca me castigaron con el deporte”.

Daniel empezó a jugar en campeonatos juveniles desde temprana edad y a los 16 años que pasó a categorías profesionales; detalló que el participar en los juveniles le ayudó en su carrera a manejar mejor los nervios y con la experiencia, aunque confesó que el nivel de juego es diferente y complejo: “fue un poco difícil porque a veces perdía en las primeras o segundas o terceras rondas y había frustración, pero tenía gente detrás de mí que siempre me apoyó y me levantaba cuando me sentía deprimido de no poder pasar”.

De la Rosa contó que el momento que marcó su carrera deportiva fue el convertirse en campeón mundial infantil a los 12 años, ya que fue el primer mundial en el que participó. En ese momento decidió que quería dedicarse a este deporte profesionalmente. Su otro instante cumbre fue convertirse en el mejor del mundo:

“Cuando gané el Campeonato Mundial infantil tenía 12 años, estaba muy nervioso, me acuerdo que le preguntaba mi papá cómo manejar los nervios. En la final, conocía a mi rival, había competido con él muchas veces, en campeonatos nacionales le ganaba, tenía las de ganar. Mi papá me dijo que pasara lo que pasara me apoyaría, toda mi familia estaba ahí, mi papá y mi entrenador me dijeron que me divirtiera, que hiciera lo que más me gusta y eso hice”.

Cuando se le preguntó sobre la diferencia entre ganar su primer Campeonato Panamericano de Raquetbol en 2016 en comparación con aquel momento en su infancia, Daniel explicó que ya de adulto tenía más madurez, pues para ese momento estaba dentro de los 10 mejores del mundo a nivel profesional, “En Panamericano fue en San Luis, cuándo jugamos en casa entran los nervios porque no quieres defraudar a nadie”.

De La Rosa ha estado en 21 finales de IRT (Tour Internacional de Raquetbol), ganó 7 veces en 94 torneos; también ha conseguido 9 medallas de oro para México, así como 2 medallas de plata y una de bronce en 9 eventos internacionales, es el primer jugador mexicano en ganar el US Open y el número 1 del ranking de ese deporte, él destacó que esos logros son gracias a muchos sacrificios y trabajo constante.

El jugador mencionó que lo más difícil del raquetbol es mantenerse con mentalidad positiva, pues reconoció que a pesar de estar en el primer lugar del ranking mundial continúa experimentando y conociendo. Otro aspecto complicado es el alejarse del lugar donde nació y de la familia.

“Deje a mi familia a los 18 y me vine a Estados Unidos, llevo 10 años aquí, pero también me pierdo muchas cosas de mis hijos, por lo mismo que estoy viajando, me duele no verlos todos los días”.

Daniel señaló que el consejo que le da a los potosinos que quieren dedicarse al raquetbol es tener paciencia: “no es de la noche a la mañana, me tarde 12 años, siempre he estado en el ya merito y ahora que estoy me toca lo más difícil que es mantenerlo”.

Tres potosinos: Daniel de la Rosa (1º) Andree Parilla (2º), Eduardo Porillo (7º) y dos potosinas: Paola Longoria (1º) y Jessica Parrilla (7º) se encuentran en el top 10 mundial, situación que no se ha replicado jamás en la historia del deporte de nuestro estado. Al respecto de por qué ocurre esa situación, Daniel comentó:

“Para mi San Luis Potosí tiene los mejores jugadores de raquetbol de México, porque tenemos escuelas en todos los deportivos, en las que al menos hay 40 niños y niñas jugando desde los 5 años. Hay estados como Chihuahua que también lo tienen, pero sin demasiados niños que practican, creo que es lo que nos marca a los potosinos y que estemos en la cima”.

Daniel recomendó a cualquier persona que se quiera dedicarse al raquetbol debe acudir a San Luis Potosí, pues tiene a los mejores jugadores y entrenadores: “eso también es algo que me gusta, algunos niños me escriben por Facebook o por Instagram y me piden consejos, la mayoría de San Luis, no los conozco en persona, les pregunto en dónde entrenan y me dicen que van a la Loma o al Potosino y me comentan que me ven jugar todo el tiempo en YouTube, es algo muy padre, porque yo lo hacía cuando estaba chiquito, también veía a jugadores profesionales y decía que quería ser como ellos”.

Mencionó que el pasar de ser un niño admirador a ser al que los niños admiran genera presión: “Tienes que hacer cosas, porque muchos niños te ven, tienes que cuidar tus acciones, lo que haces en la cancha, fuera de la cancha, tienes que ser un modelo a seguir, la verdad creo que hago buen trabajo”.

Finalmente, De la Rosa reconoció a Paola Longoria como la deportista más dominante en el raquetbol, además de que gracias a ella han volteado a ver ese deporte y a su comunidad: “Ahora San Luis Potosí sobresale teniendo dos potosinos en el número 1, tanto en el varonil como en el femenil, mi único problema es que no vivo en México, no me he a conocer, pero ya tienen a un mexicano como número 1 del mundo en la rama varonil. En el futuro me gustaría regresar a México, pero por ahora mi familia y mi empresa están aquí”.

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Columna de Nefrox

Pongan Caifanes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Es el país de The Beatles, de Queen, de Led Zeppelin, de Pink Floyd, de Oasis, de The Rolling Stones. Bandas que no solo marcaron una época; prácticamente escribieron el manual de cómo entender la música moderna.

En el fútbol ocurre algo parecido.

Cada generación inglesa parece estar destinada a conquistar el mundo. Siempre aparecen figuras de primer nivel, planteles millonarios y una liga que presume ser la mejor del planeta. Inglaterra carga con ese prestigio que intimida incluso antes de escuchar el silbatazo inicial.

México nunca ha tenido ese privilegio.
Lo suyo ha sido más parecido a Café Tacvba, El Tri, Caifanes o Maná. Bandas que quizá no cambiaron la historia del rock mundial, pero que aprendieron a construir una identidad propia. Que encontraron una manera distinta de emocionar a los suyos sin necesidad de parecerse a nadie.
Y, curiosamente, esa comparación también funciona para este Mundial.
Porque si alguien hubiera visto únicamente los nombres antes de comenzar el torneo, Inglaterra sería el claro favorito.
Pero los Mundiales tienen la mala costumbre de ignorar los currículums.

México llega a estos octavos enamorando al mundo.
Eso ya lo dijimos.
No ha sido un vendaval ofensivo, pero ha ganado todos sus partidos.
No ha monopolizado la pelota, pero ha sido preciso y efectivo.
No ha regalado exhibiciones para la historia, pero es la mejor defensa del torneo.
Hay muchas cosas que no pueden ignorarse.
No ha recibido un solo gol, en todos los partidos ha anotado y juega por nota, enamora.
En un torneo donde cualquier desconcentración cuesta una eliminación, la Selección ha encontrado en la defensa una virtud que hace tiempo no presumía. Ha aprendido a sufrir sin desesperarse, a defender sin regalar espacios y a competir con una disciplina que pocas veces acompañó a los equipos mexicanos en las Copas del Mundo.
Y eso también gana partidos.

Además, hay un detalle imposible de medir con estadísticas.

El Estadio Azteca.
Hay estadios que son escenarios.
El Azteca es un personaje.
Respira distinto.
Presiona distinto.
Pesa distinto.
No necesita recordar que ahí levantó la Copa Pelé ni que Maradona escribió una de las páginas más contradictorias y brillantes de la historia del fútbol justo contra Inglaterra. Todo eso ya vive en sus tribunas.
Los rivales lo saben.
Y México también.
Por eso terminar primero del grupo significó mucho más que evitar un rival o quedarse en la misma ciudad.
Significó quedarse en casa.
Seguir escuchando un himno que retumba difer ente cuando más de ochenta mil personas lo cantan al mismo tiempo.
Seguir jugando en un lugar donde la historia no garantiza victorias… pero sí obliga a creer en ellas

.

Inglaterra llega como favorito en la estadística histórica, y sería absurdo decir lo contrario.
Tiene mejores individualidades.
Más experiencia en las grandes ligas.
Más profundidad en prácticamente todas las posiciones.
Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si eso alcanza cuando enfrente hay un equipo que ha aprendido a competir sin desesperarse.
Porque México no necesita ser mejor durante noventa minutos.
Necesita ser mejor en los momentos importantes.
Como lo ha sido hasta ahora.

Quizá esta no sea la mejor selección mexicana que hemos visto.
Pero sí parece una de las que mejor entiende sus limitaciones.
Y eso, en un Mundial, vale mucho más de lo que suele reconocerse.
Los grandes equipos no siempre son los que juegan más bonito.
Muchas veces son los que obligan al rival a jugar incómodo.
Y México ha convertido esa incomodidad en su principal argumento.

Dicen que las grandes bandas nunca desafinan en los escenarios importantes.
También dicen que las sorpresas son las que terminan convirtiéndose en leyenda.
Inglaterra tiene detrás décadas de historia, de talento y de prestigio.
México tiene un estadio que empuja, una defensa que todavía no conoce el error y un país entero convencido de que las noches imposibles existen precisamente para intentar romperlas.
Porque el rock inglés podrá haber conquistado al mundo.
Y el fútbol inglés podrá seguir apareciendo en todas las quinielas.
Pero los Mundiales, como los mejores conciertos, nunca terminan exactamente como estaban escritos en el programa.

Ellos siempre tendrán a The Beatles, a los Rolling o a Queen, pero aquí, no es así, aquí afuera, siempre estará el tío que desde algún lugar en silencio gritará como el diablito “Pongan Caifanes”.

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El otro partido | Crónica de Arturo Mena “Nefrox”

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Hay partidos que se compran con meses de anticipación. Otros se planean durante años. Y existen algunos que aparecen de pronto, casi por accidente, pero terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. El encuentro entre Corea del Sur y Sudáfrica durante la tercera jornada del Mundial de 2026 fue exactamente eso: el otro partido, el partido espejo, el que ocurre mientras el anfitrión se juega la vida en otro estadio.

Desde hace muchos mundiales existía una pregunta recurrente en mi cabeza: ¿cómo sería asistir precisamente a ese encuentro? Al partido que comparte horario con la selección local, al estadio que no tiene los reflectores principales, al escenario donde miles de aficionados llevan un ojo en la cancha y el otro en los teléfonos, las pantallas o los altavoces. ¿Cómo se vive un Mundial desde el lugar donde las noticias llegan desde otro estadio? Y peor aún, no solo al partido donde no está jugando el anfitrión, sino donde mi país es el anfitrión y yo estaría sentado en el estadio de la otra ciudad, en el otro partido.

La respuesta llegó en una tarde que terminó siendo mucho más especial de lo imaginado.

Mientras México disputaba su compromiso frente a República Checa en el Estadio Ciudad de México, en Monterrey el duelo entre Corea del Sur y Sudáfrica se convirtió en una especie de reflejo emocional de lo que ocurría a cientos de kilómetros de distancia. Los dos partidos estaban unidos por el reglamento, por la simultaneidad y por la incertidumbre.

Lo que sucedía en uno podía modificar el ambiente del otro.

Por momentos, el balón dejaba de ser protagonista. Las miradas se dirigían a las pantallas, a las aplicaciones de resultados o a cualquier señal que indicara qué estaba ocurriendo en el encuentro de México. Cada anotación en el Estadio Ciudad de México recorría las tribunas como una ola invisible. Primero llegaba el rumor, después la confirmación y finalmente la reacción colectiva.

El gol de México no se gritó en ese estadio como se hace en el inmueble del anfitrión. Se celebró de otra manera: con sorpresa, con abrazos entre desconocidos, con teléfonos levantados y con la sensación de estar viviendo dos partidos al mismo tiempo.

Y quizá ahí radique la grandeza de un Mundial.

Porque el Corea del Sur contra Sudáfrica dejó de ser únicamente un partido entre dos selecciones. Se convirtió en el espejo del México contra República Checa. Cada jugada propia convivía con las noticias del otro estadio. Cada pausa era una oportunidad para buscar una actualización. Cada gol del anfitrión modificaba el estado de ánimo de miles de personas que, técnicamente, estaban viendo otro encuentro.

Durante años existió la curiosidad de saber cómo se sentía asistir precisamente a ese partido: el de la tercera jornada, el del mismo horario, el que acompaña el destino del anfitrión. Y la respuesta terminó siendo mucho más emotiva de lo esperado.

No existe la indiferencia en un Mundial. Incluso el encuentro aparentemente secundario termina formando parte de una historia mayor. Corea del Sur y Sudáfrica disputaron sus propios puntos, sus propias aspiraciones y sus propios noventa minutos. Pero alrededor de ellos se desarrolló también otra experiencia: la de miles de aficionados viviendo simultáneamente el drama de México.

Quizá el verdadero protagonista de aquella tarde no fue el marcador ni el resultado final. Fue esa sensación única de compartir dos estadios a la vez. De escuchar un gol que ocurrió lejos y sentirlo tan cerca como si hubiera sucedido frente a los propios ojos.

Porque en las Copas del Mundo existen partidos importantes. Y luego están esos otros encuentros que, sin proponérselo, terminan contando una historia mucho más grande que el propio fútbol.

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Ayuntamiento de SLP

Gobierno capitalino entrega becas a 143 deportistas potosinos

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Los beneficiarios del programa Voy por San Luis recibirán apoyo económico y acompañamiento en nutrición, psicología deportiva y fisioterapia

Por: Redacción

El Ayuntamiento de San Luis Potosí entregó certificados a 143 atletas que fueron incorporados al programa de becas Voy por San Luis, una estrategia que busca respaldar a deportistas locales mediante apoyos económicos y servicios especializados para su desarrollo competitivo.

La entrega se realizó en Palacio Municipal y fue encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado por el director de Deporte Municipal, Luis Fernando Alonso.

De acuerdo con la administración municipal, el programa contempla no solo apoyo financiero, sino también acompañamiento profesional en áreas como nutrición, psicología deportiva y fisioterapia, con el objetivo de fortalecer el desempeño integral d e los beneficiarios.

Durante el evento, Galindo Ceballos destacó que los apoyos están dirigidos a atletas qu e representan a San Luis Potosí en competencias estatales, nacionales e internacionales.

El Ayuntamiento informó que para 2026 el programa amplió su cobertura hasta alcanzar 143 deportistas, quienes fueron seleccionados mediante un comité integrado por entrenadores, especialistas y representantes de asociaciones deportivas, con base en sus resultados y trayectoria.

En representación de los beneficiarios, la nadadora Paloma Palacios Rosas agradeció el respaldo otorgado a deportistas convencionales y con discapacidad, al considerar que este tipo de apoyos contribuyen a que más atletas puedan continuar su preparación y participación en competencias.

La administración municipal señaló que el programa forma parte de las acciones orientadas a impulsar el deporte y respaldar el desarrollo de talentos locales.

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Opinión

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