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En SLP, en 2019 hubo 17% más homicidios con armas de fuego que en 2015
Las lesiones dolosas con armas de fuego también han crecido en este mismo periodo, de acuerdo con datos oficiales y asociaciones civiles
Por: El Saxofón
En los últimos cinco años, los homicidios cometidos con armas de fuego en San Luis Potosí han aumentado 17.23 por ciento.
De las 494 víctimas de homicidio doloso registradas en 2019, 335 murieron por disparos de armas de fuego, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Esta cantidad es equivalente al 67.81 por ciento del total de asesinatos intencionales.
En 2015, año en que se empezó a contabilizar el número de víctimas de homicidio doloso, el 50.58 por ciento murieron a causa de heridas provocadas por impactos de bala. La proporción creció a 66.66 por ciento al año siguiente (2016) y para 2017, se redujo a 57.38 por ciento.
Sin embargo, en 2018, el uso de armas de fuego en los asesinatos repuntó hasta el 72.48 por ciento del total, registrando el mayor nivel en un lustro.
A nivel nacional 24 mil 420 de las 34 mil 582 víctimas de homicidio dolosos fueron asesinadas con armas de fuego, esto representa una proporción del 70.61 por ciento del total de muertes por esta causa.
De acuerdo con un reporte del diario El Financiero, la venta legal de armas en México creció 35 por ciento en el primer semestre de 2019, a tasa anual. Incluso, añade que, según estimaciones de la organización Small Arms Survel, México es el séptimo país del mundo con más armas de fuego en manos de civiles.
Según esta fuente, en el país hay 16.8 millones de armas, aproximadamente una por cada siete habitantes.
Aunado a ello, el tráfico ilegal de armas desde Estados Unidos hacia México creció 122 por ciento. Según el Canciller Marcelo Ebrard, siete de cada diez armas usadas en los homicidios dolosos que se cometen en el país, provienen de Estados Unidos.
En el caso de San Luis Potosí, en 2019 también aumentaron las denuncias por lesiones dolosas con arma de fuego. En 2018, la Fiscalía General del Estado (FGE) abrió 204 carpetas de investigación por este delito y para el 2019, la cifra se elevó a 254.
Robo de armas de fuego
Además de haber crecido la venta de armas de fuego, en México también ha incrementado el robo de este tipo de artefactos. De acuerdo con datos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), entre enero y octubre de 2019, las corporaciones de seguridad pública o ministeriales reportaron el robo o extravío de 792 armas de fuego.
Los datos de la Sedena indican que el robo o extravío de armas en manos de cuerpos de seguridad, aumentó 32 por ciento en comparación con el 2018, cuando a lo largo del año se reportaron 533 casos de robo o extravío.
En diez meses de 2019, las corporaciones policíacas reportaron el extravío de 600 pistolas y 192 armas largas, especifica la Sedena.
Las entidades que presentaron más casos de robo de armas son: el Estado de México, con 206; Ciudad de México con 69 armas robadas; Veracruz con 52, Puebla con 49, Guerrero con 48 y Chihuahua con 39.
Pero en San Luis Potosí también se cuecen habas, de acuerdo con la organización Causa En Común, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado reportó, con base en una solicitud de información, que de 2012 a 2018, reportó ante la Sedena el robo o extravío de 45 armas de fuego.
Para no ir más lejos, apenas el pasado 2 de febrero se dio a conocer que dos agentes de la Policía Municipal de la capital, adscritos a tareas de vigilancia en el Rastro TIF, fueron sorprendidos por sujetos desconocidos, quienes además de robarles sus pertenencias los despojaron de sus armas de cargo.
Cabe mencionar que también el aseguramiento de armas prohibidas ha incrementado en la entidad en los últimos años. De acuerdo con datos del IV Informe de Gobierno, hasta septiembre del año pasado elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, han decomisado 727 armas.
Armas de fuego y feminicidios
Si bien la proporción es menor, las armas de fuego también suelen ser utilizadas en casos de feminicidio. En 2019, de los 28 feminicidios ocurridos en la entidad potosina, 4 fueron perpetrados con este tipo de armamento; en 2018 la cifra fue mayor, pues de 28 feminicidios registrados en 10 de ellos las víctimas presentaron impactos de bala.
Tráfico de armas
El control del tráfico ilegal de armas es una de las tareas pendientes del Gobierno Federal. Como se ha dicho anteriormente, muchas de las armas que sostienen el clima de violencia que vive el país entran por la frontera con Estados Unidos, sin que las autoridades mexicanas hagan nada por evitarlo, y mucho menos las estadounidenses.
El alto poder armamenticio con el que cuenta el crimen organizado le permite multiplicar el número de homicidios que se cometen con el fin de mantener el control de sus actividades ilegales en diversas regiones del país.
Cabe mencionar que, además de ser utilizadas para cometer homicidios, las armas de fuego también son empleadas por delincuentes para amedrentar a sus víctimas en casos de robo en todas sus modalidades, secuestros y extorsiones, entre otros.
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El olor a descomposición llegaba a la calle; la indiferencia llegaba más lejos | Editorial de La Orquesta
Durante años, un hombre habría vivido de reproducir perros sin poder ofrecerles ni agua, ni comida, ni una muerte digna. No eran perros, eran mercancias hasta que dejaron de existir
Por: La Orquesta
La crueldad humana no puede justificarse en nuestra condición de seres humanos complejos e imperfectos, es un porqué pero no una justificación.
Lo ocurrido en Milpillas es difícil de procesar. No por falta de información, sino porque mientras más se sabe, más insoportable resulta imaginar el sufrimiento que soportaron esos animales.
Es constante el intentar entender a las personas crueles. Decimos que tuvieron una infancia complicada, que padecen enfermedades mentales, que son producto de la pobreza, de la ignorancia, del abandono institucional o de una sociedad enferma. Todo eso puede ayudarnos a entender de dónde viene la violencia. Es un porqué, pero jamás puede convertirse en una justificación.
Porque el hombre que operaba este criadero vivía de los perros. Su trabajo consistía, básicamente, en encerrar a un macho con una hembra dentro de una jaula para que se reprodujeran, vender las crías y repetir el proceso una y otra vez. Nada más. Explotaba animales para obtener un ingreso económico y aun así no pudo ofrecerles lo más elemental: agua accesible, alimento suficiente, atención veterinaria, un espacio limpio o una muerte digna.
La normalización de estos actos de personas así es profundamente preocupante. Vecinos cuentan que llevaba años funcionando de esta manera. Durante años, al parecer, para él fue insignificante que los perros sufrieran. Era irrelevante que estuvieran en los huesos. Era irrelevante que agonizaran. Era irrelevante que compartieran espacio con cadáveres de otros perros, que respiraran el olor de cuerpos en descomposición, que algunos nunca hubieran recibido una caricia, un paseo, una manta durante el frío o un tratamiento para enfermedades.
Y entonces aparece la pregunta más dolorosa: ¿cuántos perros murieron ahí? ¿Cuántos nacieron solo para ser vendidos? ¿Cuántos pasaron toda su vida dentro de una jaula? ¿Cuántos agonizaron durante días antes de morir? ¿Cuántos soportaron el hedor de otros muertos porque ni siquiera eran retirados de las instalaciones? ¿Cuántos más existen en otros patios, bodegas o periferias de este país y nunca los conoceremos porque nadie denuncia, porque las autoridades no van o porque aprendimos a convivir con el horror?
El causar dolor a un ser vivo indefenso habla mucho más de quien infringe ese dolor que de quien lo recibe. No hablamos únicamente de perros. Las personas hieren personas. Torturan personas. Matan personas. Las razones pueden ser políticas, económicas, sociales, familiares o personales, pero muchas veces tienen un hilo conductor: herir a otros desde las propias heridas no resueltas.
A quienes observamos desde fuera nos conmueve el sufrimiento, especialmente cuando se trata de seres incapaces de defenderse. Un perro no es una persona. Nunca lo será. Pero reconocer esa diferencia tampoco justifica minimizar el dolor que sentimos al imaginar la crueldad que soportaron estos animales. Deprimirnos ante ello no nos hace exagerados; probablemente nos hace una sociedad un poco menos enferma.
También debemos aceptar algo incómodo: la cárcel por si sola no cura a quien necesita infligir dolor. El castigo punitivo no repara la empatía rota de una persona. Sin embargo, sí debe existir un castigo ejemplar. Y en México, particularmente en San Luis Potosí, los castigos por maltrato animal suelen ser una burla. Hemos visto agresores salir prácticamente ilesos tras entregar costales de croquetas, cumplir medidas mínimas o evitar condenas efectivas, a pesar de que la legislación contempla penas de hasta cinco años de prisión en casos graves.
Quizá la prisión no transforme a un maltratador, pero las sanciones económicas severas sí pueden convertirse en un mecanismo disuasorio. A muchos les duele más perder dinero que saber que otro ser vivo sufrió bajo su responsabilidad.
La omisión institucional también es parte del problema. Resulta frustrante que cuando alguien roba un vehículo existan operativos, seguimiento y reacción inmediata, pero que cuando un policía observa a un animal siendo golpeado, encadenado, abandonado o muriendo lentamente, pocas veces intervenga. El maltrato animal debería asumirse con mayor seriedad y atenderse como un indicador de violencia social, no como una falta menor.
Hay otro componente incómodo: la periferia. En muchas comunidades alejadas de los centros de poder parece existir un mensaje tácito de impunidad. Ahí la gente construye sin permisos, quema basura, tira escombros, abandona animales y, a veces, opera criaderos clandestinos durante años sin consecuencias. Es un abandono institucional que termina normalizando cualquier cosa.
Finalmente, hay una responsabilidad colectiva que rara vez queremos asumir. Mientras siga existiendo un mercado dispuesto a pagar miles de pesos por un cachorro de determinada raza, seguirá habiendo personas dispuestas a reproducirlos en serie. Tal vez deberíamos dejar de decir “me encantan los perros, pero solo de tal raza”, porque ese supuesto amor muchas veces alimenta la industria que los convierte en mercancía.
El caso de Milpillas es indignante. Pero sería aún más indignante descubrir que dentro de unos meses volvemos a compartir fotografías de otro criadero, de otro perro en los huesos, de otro cadáver cubierto con cal, y reaccionamos con sorpresa, como si no supiéramos que el problema nunca fueron solamente los animales abandonados.
El problema es la facilidad con la que aprendimos a convivir con la crueldad.
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Ciudad
Era peor de lo que se imaginaba: Animalistas rescatan a perros de criadero clandestino de Milpillas
Perros husky y pastor alemán en los huesos, animales agonizando dentro de jaulas, cadáveres cubiertos con cal, restos reducidos a mechones de pelo, un olor nauseabundo que llegaba hasta la calle y hasta lechones muertos dentro del predio
Por: Ana G Silva
Lo que vecinos y rescatistas encontraron al ingresar a un presunto criadero clandestino de perros en la fracción Milpillas fue descrito por ellos mismos como una escena “horrible, difícil de ver, de oler y profundamente triste”.
La tarde del miércoles, colectivos animalistas potosinos acudieron al domicilio señalado desde hace semanas por habitantes de la zona como un sitio donde se criaban y comercializaban perros husky y pastor alemán en condiciones inadecuadas. La intervención ocurrió luego de que el caso se viralizara en redes sociales, ante la falta de respuesta de autoridades municipales y estatales, pese a denuncias previas realizadas por vecinos.
Al llegar al inmueble, las rescatistas no localizaron a los cachorros que anteriormente habían sido observados en el lugar y que presuntamente eran comercializados incluso a la orilla de la carretera. De acuerdo con testimonios de quienes participaron en el rescate, aparentemente algunos animales fueron retirados antes de su llegada y hubo intentos por limpiar parcialmente las instalaciones.
Entre las acciones que detectaron se encontraba la colocación de recipientes con agua; sin embargo, ésta permanecía fuera de las jaulas, imposibilitando que los perros encerrados pudieran acceder a ella.
A pesar de ello, numerosos ejemplares permanecían confinados en jaulas pequeñas, sin alimento y en condiciones de extrema desnutrición. Algunos perros se encontraban prácticamente reducidos a piel y huesos, mientras que otros presentaban un estado de salud tan delicado que las voluntarias consideraron que estaban al borde de la muerte.
Las activistas denunciaron además la presencia de grandes cantidades de cal esparcidas en distintas áreas del predio, particularmente en zonas donde localizaron perros muertos en avanzado estado de descomposición. El olor, señalaron, era nauseabundo y podía percibirse desde la calle, situación que vecinos consideraron incluso un riesgo sanitario para quienes habitan en las inmediaciones.
Durante la inspección también fueron encontrados restos de animales que consistían únicam ente en mechones de pelo y vestigios óseos.
Asimismo, localizaron varios lechones recién nacidos muertos, que, según sospechan algunas personas involucradas en el rescate, podrían haber sido utilizados ocasionalmente como alimento para los perros.
Los rescatistas sostuvieron que las condiciones encontradas permiten presumir que los animales sobrevivientes permanecían cotidianamente en ese entorno insalubre, rodeados de cadáveres, desechos y fuertes olores derivados de la descomposición.
Ante la gravedad de la situación, vecinos y colectivos decidieron sacar del inmueble a todos los perros que aún permanecían con vida. Algunos fueron adoptados de manera inmediata por ciudadanos que acudieron al sitio, mientras que el resto fue trasladado a un refugio para recibir atención, aunque hasta el momento se desconoce con precisión el estado de salud de cada uno de los ejemplares rescatados.
Habitantes de Milpillas recordaron que el funcionamiento del presunto criadero clandestino había sido denunciado con anterioridad ante diversas autoridades, pero aseguran que no obtuvieron respuesta ni inspecciones formales, situación que derivó en que las agrupaciones animalistas actuaran por cuenta propia una vez que el caso alcanzó notoriedad en redes sociales.
Respecto al propietario del inmueble, vecinos señalaron que presuntamente se encontraba hospitalizado y que recientemente habría sido dado de alta; sin embargo, hasta ahora no se ha presentado en la vivienda ni ha establecido contacto con quienes participaron en el rescate.
Las organizaciones animalistas anunciaron que este jueves acudirán a presentar una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado por posibles actos de maltrato animal, abandono y operación irregular de un criadero, además de aportar evidencia sobre la presunta venta de perros en las inmediaciones de la carretera y las condiciones deplorables en que eran mantenidos.
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“Dependerá del gobierno entrante”: Sedesore sobre sus programas sociales
La titular de Sedesore reconoce que los apoyos —tortilla subsidiada, becas, madres solteras, adultos mayores— podrían no sobrevivir al cambio de administración en 2027
Por: Redacción
María del Rosario Martínez Galarza, titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Regional (Sedesore), reconoció este miércoles que la continuidad de los programas sociales del gobierno de Ricardo Gallardo Cardona dependerá de quien encabece la siguiente administración, al margen de los compromisos adquiridos.
La declaración ocurrió durante el anuncio de una nueva tortillería subsidiada en Residencial del Bosque, cuando se le preguntó si existe garantía de que los apoyos no se eliminen con el cambio de gobierno. “Cada administración tiene un tema muy diferente de trabajar”, respondió.
Martínez Galarza recordó que cuando Sedesore inició la gestión de Gallardo, la dependencia contaba con un solo programa activo: las despensas de emergencia de la pandemia de COVID-19. Desde entonces, la Secretaría construyó una red que hoy incluye tortilla subsidiada , apoyos a madres solteras, adultos mayores y becas escolares.
La titular planteó que estos apoyos deberían convertirse en políticas permanentes, sin embargo, sostuvo que “va a depender muchísimo de las personas que estén a cargo de la dependencia, pero sobre todo de las indicaciones del gobierno”.
La dependencia opera actualmente ocho tortillerías en el estado con una inversión de más de 3 millones de pesos y una distribución de más de 500 kilos diarios a 14 pesos el kilo, poco menos de la mitad del precio comercial.
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