junio 24, 2026

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#4 Tiempos

En San Luis Potosí, el primer observatorio meteorológico en provincia | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1877 se fundaba el Observatorio Central Mexicano y se creaba a su vez una red de observatorios meteorológicos en el país. Uno de los miembros de la red de observatorios meteorológicos fundados en el siglo XIX, y conectados al Observatorio Central Mexicano, fue el Observatorio Meteorológico del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, siendo el primer observatorio que se creaba en México, fuera de la Ciudad de México.

El Observatorio Meteorológico del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí inició operaciones en 1878, en uno de los torreones del actual Edificio Central de la UASLP, pocos meses después de que quedara en funciones el Observatorio Central Mexicano. Su director fue el Dr. Gregorio Barroeta y estuvo al frente hasta su muerte en 1906; el observatorio potosino tuvo la virtud de quedar conectado telefónicamente con el observatorio central, gracias a los trabajos que, en materia de telefonía y telegrafía, había desarrollado Francisco Javier Estrada, quien también, construiría algunos aparatos para el mismo. Esto constituía un adelanto de primacía mundial, pues de manera inmediata se registraban en el observatorio central las mediciones realizadas en el observatorio del Instituto Científico de San Luis. Francisco Estrada lograría en 1882, comunicar telefónicamente a la ciudad de San Luis Potosí con la ciudad de México, siendo la mayor distancia lograda en ese momento en el mundo.

El primer reporte del observatorio quedó registrado a través de una misiva formal de su director Barroeta.

Instituto Científico.-Dirección del Observatorio Meteorológico.-Hoy inaugura sus trabajos el Observatorio Meteorológico en el Instituto Científico del Estado, siendo sus coordenadas:
Lat. N. 22° 9’ 8’’ 2
Long, W. de México 1° 51’ 5’’
Long. Id. de Grenwich 100° 57’ 44’’
Su altura sobre el nivel del mar 1893 metros.- Salvo error.
Lo que tengo la satisfacción de comunicar a V. para conocimiento del Gobierno del Estado.
Libertad y Constitución San Luis Potosí, Febrero 5 de 1878.-G. Barroeta.-C. Secretario de Gobierno del Estado.-Presente.

En realidad, el Observatorio Meteorológico potosino estuvo proyectado desde 1863, año en que se implementó la ley de instrucción pública que refería entre otros aspectos las cátedras y su contenido para los diferentes niveles educativos. En el mes de marzo de 1867, con la reapertura del Instituto Científico, después de haber sido ocupado su edificio por las tropas imperialistas, se plantea nuevamente su establecimiento ordenando el gobernador se proceda a comprar los instrumentos necesarios y se remitiera mensualmente a la secretaria de gobierno copia de las observaciones diarias.

En 1870, se proyectó la creación de un par de observatorios meteorológicos, uno en el Instituto Científico y Literario que se instalaría junto al gabinete de física y funcionaría como observatorio meteorológico y astronómico y otro que estaría a cargo de la Junta Auxiliar de la ciudad de San Luis Potosí de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, instalado en la azotea de la Casa de Beneficencia.

Mientras se lograba esto, se formó una comisión en donde se iniciaron trabajos de medición, repartiendo las actividades entre los socios de la Junta Auxiliar: Florencio Cabrera, que se encargó del termómetro, higrómetro y pluviómetro; Gregorio Barroeta, encargándose del termómetro y el socio Pereira del anemómetro. Florencio Cabrera, realizaría las mediciones en su casa, utilizando, además, instrumentos de su propiedad, como una brújula que ponía sobre la meridiana que tenía trazada en la azotea de su casa y que fuera rectificada por Díaz Covarrubias y Manuel Fernández en su estancia en San Luis en la década de los sesenta decimonónicos.

Aunque no lograron instalarse los observatorios referidos, la comisión estuvo realizando mediciones, mismas que eventualmente fueron publicadas en el periódico La Fraternidad de la naciente Sociedad Médica de San Luis, con el título: algunas observaciones meteorológicas zoológicas &., correspondientes al mes de mayo de 1875; dando cuenta de datos meteorológicos, como temperaturas máximas, cantidad de agua, vientos y luz zodiacal, así como información sobre la migración de pájaros que habitaban las principales torres de la ciudad y la aparición de insectos.

Para la década de los ochenta del siglo XIX, ya instalado el Observatorio Meteorológico del Instituto Científico, funcionó también un Observatorio Meteorológico particular que estuvo ubicado en la Plazuela de San Sebastián número 8 y que atendía Remigio Alemán. Los datos meteorológicos de dicho establecimiento eran publicados en el periódico El Estandarte de Primo Feliciano Velázquez y se registraban periódicamente datos del barómetro, temperatura máxima y mínima, psicómetro registrando la fuerza clásica de vapor de agua en milímetros y humedad relativa, del pluviómetro, anemómetro con indicación de dirección y velocidad del viento, así como la descripción de nubes.

Zanjado el sinuoso camino para el establecimiento de un observatorio meteorológico en el Instituto Científico y Literario, soportado por la calidad académica de sus catedráticos y los trabajos que realizaron en años anteriores, propició el que se contara con un establecimiento de prestigio considerado, en su tiempo, como uno de los más importantes del país. Merece preservarse su memoria y sus vestigios.

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El Cronopio

La cultura es la infraestructura viva de un país: Ángel Blanco | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Ángel Blanco, el músico méxico-canadiense de quien hemos tratado en varias ocasiones en esta columna; que se distingue por ser de los principales difusores de la música de Julián Carrillo, con énfasis en la de Sonido 13, intervino en la Casa de los Comunes del Parlamento Canadiense ante el Comité Permanente de Patrimonio Canadiense, bajo una invitación del mismo para disertar y proponer ideas para el desarrollo cultural de la región, enfatizando en su presentación que la cultura no es un elemento decorativo, sino la infraestructura viva de un país.

Blanco habló en el Parlamento desde la visión de los artistas que trabajan fuera de los grandes centros urbanos, donde existe talento, pero las oportunidades siguen siendo desiguales, en su calidad de artista independiente y en representación de la École de musique Alain-Caron, situada en Rivière-du-Loup, donde labora profesionalmente enseñando música; habló también desde la visión de un artista internacional que llva el nombre de Canadá al extranjero y de quien mantiene vivo el vínculo con sus raíces y herencias mexicana y estadounidense.

Sus planteamientos, dados en la Casa de los Comunes y dirigidos al contexto canadiense, son de aplicación general a nuestros pueblos latinoamericanos y en particular al mexicano, dado que subraya la infrarrepresentación de las tradiciones musicales indígenas en las instituciones educativas formales, la necesidad de integrar la innovación tecnológica en la educación musical, recordando que la tecnología no sustituye al arte; lo amplifica.

Su intervención nos hace reflexionar sobre el estado en México de la difusión y enseñanza de las tradiciones musicales autóctonas, mismas que no están integradas en la educación formal y que son también sistemas vivos de conocimiento que siguen evolucionando e influyendo en el presente. La música de los pueblos mesoamericanos estuvo muy desarrollada y se cultivaban formalmente y esas tradiciones no son solo el legado de esas grandes civilizaciones americanas. También nos hace reflexionar sobre las trascendentes contribuciones de músicos mexicanos y potosinos que suelen estar alejadas en los planes educativos nacionales.

La innovación a la que se refiere Ángel Blanco en su intervención, no sólo es tecnológica sino también conceptual, lo ejemplifica con modelos de integración entre tradición e innovación que ya se usan en algunos países han desarrollado políticas culturales que integran activamente las tradiciones locales en la educación, la creación contemporánea y la identidad nacional, demostrando que la tradición y la modernidad no son opuestas, sino profundamente interdependientes, como el caso de Burkina Faso.

En su intervención subraya que la música puede ser accesible, inclusiva y un motor de creatividad desde una edad temprana, incluso para las personas con discapacidad

. Ejemplifica con herramientas tecnológicas usadas en el Reino Unido que tienen su fuerte relación con la aportación del músico mexicano Raúl Pavón Sarrelangue que creara en 1960 el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

Resaltó la importancia de la música microtonal para ampliar los planes de estudios, diversificar las herramientas pedagógicas y profundizar en la comprensión del sonido, para lo cual puso en la palestra las contribuciones de los músicos mexicanos Augusto Novaro con su Sistema Natural de Música, y de quien tratamos en su oportunidad en esta columna, así como del potosino Julián Carrillo y su Teoría del Sonido 13 como campo coherente de experimentación sonora de donde surge una corriente que va más allá de la experimentación para convertirse en una auténtica línea de pensamiento musical.

Esta obra no debe considerarse una simple curiosidad aislada, sino una contribución significativa al lenguaje musical contemporáneo, con claras implicaciones para la educación, la investigación y la creación artística”.

Su intervención la remata recordando que el que el progreso colectivo no se mide únicamente bajo variables económicas. “Una sociedad fuerte no se sustenta únicamente en la economía sino también en la ciencia, el arte, el deporte y la filosofía: pilares esenciales de la formación humana. La próxima generación de artistas no solo necesita espacios; necesita un sistema conectado

Felicitamos a Ángel Blanco por tan distinguida invitación en el Parlamento Canadiense y en la oportunidad para resaltar uno de los puntos esenciales para el desarrollo cultural y su integración en la educación, en particular lo relacionado con el caso mexicano.

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#4 Tiempos

Hagamos Fan Fest, eso lo paga el pueblo | Columna de Haniel Valdés

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Acento Ajeno

 

La clase política potosina parece estar de acuerdo en una sola cosa: es hora de pelearse. Sin embargo para coordinarse y ahorrar dinero público, para cumplir promesas de campaña o terminar las obras conjuntas, para dialogar como adultos o políticos maduros, serios, profesionales, en lugar de andar tirando piedras con cuanta pregunta lanzan mis colegas del gremio, para eso: “no señor, no tenemos tiempo”.

El Mundial de 2026 está dejando una imagen que resume buena parte de la relación entre el gobernador Ricardo Gallardo y el alcalde Enrique Galindo: dos Fan Fest en la misma ciudad, financiados con recursos públicos distintos, promovidos por gobiernos distintos y dirigidos exactamente al mismo público, los potosinos.

Por un lado, el Gobierno del Estado adquirió un paquete de derechos de transmisión para llevar los partidos a San Luis Potosí, Soledad, Ciudad Valles y Rioverde. Por otro, el Ayuntamiento capitalino firmó sus propios acuerdos para organizar transmisiones en Plaza del Carmen.

La pregunta es inevitable: ¿era realmente necesario dos fan fest en la capital del estado?

Porque más allá de los argumentos políticos o administrativos que cada autoridad pueda presentar, el resultado práctico fue que dos gobiernos sostenidos por los mismos contribuyentes terminaron desarrollando estructuras paralelas para ofrecer exactamente el mismo servicio: que los ciudadanos vieran partidos del Mundial en espacios públicos.

Pantallas, logística, promoción, personal operativo, actividades complementarias y derechos de transmisión. Todo por duplicado.

Hasta ahora, ninguna autoridad ha transparentado completamente cuánto costaron los derechos de transmisión en cada caso. Se especula que mientras el Ayuntamiento capitalino gastó unos 11 millones, el “tetrapack” estatal superó los 60 millones.

Estas cifras pueden o no ser ciertas, pero lo que sí se conoce es que tanto el Ayuntamiento como el Gobierno del Estado comprometieron millones de pesos en contratos relacionados con sus Fan Fest destinando recursos para un mismo esquema de transmisiones mundialistas, solo que en dos plazas distintas.

El problema no es que existan eventos para acercar el Mundial a la gente. Eso puede justificarse perfectamente. El problema es la ausencia de coordinación institucional.

¿Alguien analizó cuánto habría costado un solo gran Fan Fest respaldado por ambas administraciones?

¿Alguien calculó cuánto dinero público se habría ahorrado compartiendo infraestructura, producción y permisos?

¿Alguien explicó por qué era mejor tener dos proyectos compitiendo entre sí en lugar de uno complementario?

La impresión que queda es incómoda: la rivalidad política terminó pesando más que la eficiencia administrativa.

Mientras los discursos oficiales hablan de unidad, promoción turística y convivencia familiar, las decisiones muestran otra cosa. Muestran dos gobiernos empeñados en demostrar quién podía organizar el mejor evento, aunque eso implique gastar más recursos públicos de los necesarios.

Yo veo dos niños pequeños, organizando su cumpleaños y peleados por ver quien hace la fiesta más linda. ¿El problema? Como los niños son de la misma familia, el dinero sale de la misma bolsa y los invitados son exactamente los mismos “amiguitos”.

El Mundial dura unas semanas. Las consecuencias de gastar sin coordinación permanecen mucho más tiempo.

Porque el dinero utilizado para financiar proyectos paralelos no pertenece ni al gobernador ni al alcalde. Pertenece a los ciudadanos.

Y los ciudadanos tienen derecho a preguntarse si realmente era indispensable pagar dos veces por lo mismo.

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El Cronopio

El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

El 5 de junio de 1925 nace en la Ciudad de México Enrique Chavira Navarrete, el incasable escrutador del cielo; personaje que representa el renacer de la astronomía mexicana moderna. Heredero de los pioneros mexicanos de la astronomía que formaron los establecimientos para el estudio de la disciplina, entre ellos los potosinos Valentín Gama y Rodolfo Jurado y, muy especialmente de Joaquín Gallo quien le enseñó a observar y dar seguimiento a cuerpos celestes en el Observatorio de Tacubaya donde ingresó Chavira a trabajar, para luego pasar, al entonces naciente, Observatorio Nacional de Tonantzintla en Puebla, siendo de los astrónomos que iniciaron actividades en aquel lugar en 1943.

Su labor sería pionera al llevar a la astronomía observacional y a explicar que sucede en los fenómenos celestes que fue un paso significativo de la astronomía para usos prácticos que se realizaba en México a la astronomía moderna en el país, con el uso de nuevos instrumentos con los que contaría el Observatorio de Tonantzintla, como la cámara Schmidt, convirtiéndose en uno de los grandes observadores del cielo. El Observatorio de Tonantzintla se convertiría en uno d ellos principales centros de astronomía a nivel mundial, donde se descubrieron una buena cantidad de objetos celestes, participando en ello Enrique Chavira.  

En los setenta, cuando yo estudiaba física en San Luis, visitamos el INAOE que había asumido ese nombre a principios de los setenta al extenderse el observatorio de Tonantzintla a las áreas de electrónica y óptica que se agregaban a la de astrofísica, el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, conocimos a Enrique Chavira quien nos mostraba parte de la instrumentación telescópica que contaba esa institución, posteriormente al ir a continuar mis estudios a Puebla, fui compañero de la maestría en física de su hija Elsa Chavira, de quien ya hemos comentado en esta sección, y visité varias veces su casa además de encontrarlo seguido en el INAOE; entre las visitas a su casa, una de ellas de varios días pues estaba convaleciente y la familia de Elsa me albergó, descubrí que Enrique Chavira era un estudioso de las arqueología, y que había recopilado una buena colección de objetos prehispánicos propios de la región cholulteca donde estaba alojado el INAOE

, mismos que estudiaba con ahínco. 

Enrique Chavira es uno de los pilares de la astronomía observacional en México, que lo llevo a ser integrado como investigador en 1952 del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (OANTon), destacando en la identificación y clasificación de galaxias y estrellas azules gracias a su preparación en análisis espectral.

Entre sus descubrimientos observacionales se encuentran, el de una supernova en la región de Sagitario, el registro del quasar Ton256, que en el nombre lleva las siglas del observatorio de Tonantzintla, el objeto extragaláctico más lejano observado por la Cámara Schmidt de Tonantzintla y del Cometa Haro-Chavira en 1954 en la región del Toro. No es de extrañar que aparezca en el par de novelas de Elena Poniatowska que le dedicó la escritora al Observatorio de Tonantzintla donde trabajaba su esposo Guillermo Haro, compañero de Enrique Chavira.

A lo largo de más de cincuenta años contribuyó a la colección de más de 15 mil placas astrofotográficas del INAOE, sucesor del OANTON. La colección de placas astrofotográficas de la Cámara Schmidt de Tonantzintla que fue reconocida oficialmente en 2015 en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, cuestión que ya no pudo ser testigo Enrique Chavira Navarrete, pues su muerte ocurrió el 23 de noviembre del año 2000 en la Ciudad de Puebla donde radicó en todo ese tiempo. 

Sus grandes descubrimientos y la intensa labor en pro de la astronomía mexicana le valieron diversas distinciones, diplomas, cédulas reales, medallas al mérito académico y el nombramiento de Investigador Emérito en el INAOE.

Enrique Chavira, el gran astrónomo observacional, pasa a la historia como uno de los pilares de la astronomía mexicana moderna. 

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