mayo 5, 2021

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#4 Tiempos

El silencio de Fray Luis | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Las máquinas nos han seducido de tal manera que ni tardos ni perezosos nos hemos puesto a imitarlas. Esto, como es lógico, ha resultado bastante provechoso para las empresas, aunque no sé si, finalmente, lo haya sido también para los individuos. ¡Las máquinas! ¿No es verdad que son éstas las que determinan ya el ritmo de la vida? Hoy se ha hecho necesario trabajar casi a su misma velocidad, con el resultado de que todos vivimos –hombres, mujeres y niños- con la lengua de fuera. ¿Y por qué no en vez de imitar a las máquinas tratamos de imitar a otros hombres y, sobre todo, a esos hombres representativos que la historia ha reconocido como auténticos maestros en el arte de vivir? Uno de ellos es el español Fray Luis de León. Veamos por qué es tan «representativo» como decimos y por qué tiene mucho que enseñarnos, aunque sólo sea en el breve espacio de esta página.

Fray Luis nació en Belmonte, provincia de Cuenca, en 1527; que haya quien diga que lo hizo más bien en el año 28 o 29 del mismo siglo, es cosa que a nosotros nos tiene sin cuidado. Ingresó muy joven en la Orden de los Agustinos, y en 1561 obtuvo la cátedra de teología escolástica en la prestigiosa Universidad de Salamanca. Francisco Pacheco, que conoció personalmente a Fray Luis, lo describe de esta manera en su Libro de verdaderos retratos: «En lo natural fue pequeño de cuerpo, en debida proporción; la cabeza grande, bien formada, poblada de cabello algo crespo; el cerquillo, cerrado; el rostro, más redondo que aguileño; trigueño en color; los ojos, verdes y vivos. En lo moral, es el hombre más callado que he conocido, si bien de singular agudeza en sus dichos, con extremo abstinente y templado en la comida, bebida y sueño; de mucho secreto, verdad y fidelidad; puntual en promesas y palabras…».

Que era un hombre que buscó siempre la sencillez, la soledad y el silencio y nunca el engañoso poder, es algo que puede colegirse de los siguientes versos salidos de su pluma:

 

Vivir quiero conmigo,

gozar quiero del bien que debo al cielo,

a solas, sin testigo,

libre de amor, de celo,

de odio, de esperanza, de recelo.

 

 O también de estos otros:

 

Y mientras miserablemente

se están los otros abrasando

en sed insaciable

del no durable mando,

tendido yo a la sombra esté cantando.

El mismo año en que obtuvo la cátedra en la Universidad de Salamanca «en competencia de siete opositores», Fray Luis tradujo para el uso privado de una prima suya, Isabel Osorio, monja del convento del Espíritu Santo, el libro del Cantar de los Cantares, pues además del latín dominaba el hebreo a la perfección (Fray Luis descendía de judíos conversos). Y aquí es justamente donde empezaron sus requiebros, pues según un canon del Concilio de Trento, recientemente celebrado (1545-1563), quedaba prohibido -¡bajo pena de excomunión!- traducir cualquiera de los libros de la Biblia a lengua vulgar.

Él, claro está, conocía la existencia de semejante prohibición; lo que nunca se imaginó es que lo privado llegara a hacerse público –Facebook avant la lettre-, es decir, que en el monasterio alguien copiara su traducción y la sacara después a recorrer los caminos de Dios (al parecer, quien la sustrajo fue un mozo del mismo monasterio).

Dos pecados, pues, había cometido Fray Luis, al menos según la mentalidad de la época: traducir lo que no se podía, y además hacerlo no a partir de la versión latina de la Biblia (la llamada Vulgata, hecha por San Jerónimo), sino basándose en el texto original hebreo.

Cuando, durante el proceso, el inquisidor Vicente Hernández le reprocha haber escandalizado al pueblo cristiano con su traducción del Cantar de los Cantares, responde Fray Luis en alta voz:

«-A este hombre el oír besos y abrazos, ojos claros y otras palabras destas de que está lleno el texto de aquel libro le escandalizó los sentidos. No se percataba cuando lo leía en latín, si alguna vez lo llegó a leer, y le hirió el oído por oíllo en romance».

Pero no valieron sus razones y fue condenado a prisión, donde estuvo recluido del 27 de marzo de 1572 al 7 de diciembre de 1576. Al salir, la cátedra le fue restituida. Y tan pronto como pudo sentarse nuevamente en ella, empezó su lección diciendo: Dicebamus hesterna die: «Como decíamos ayer»…

Sus discípulos esperaban una explosión, una queja, una crítica a las autoridades que tan injustamente lo habían castigado enviándolo a la cárcel, pero él empezó su clase como si nada hubiera sucedido. Los estudiantes, que asistieron a ella en gran número, esperaban algo semejante a esto: «He perdido cuatro años de mi vida, señores. ¡Cuatro años que nadie me devolverá! ¡Maldita sea la vida, y malditos los inquisidores. ¡Que el diablo se los lleve!». Pero nada de esto dijo el maestro y siguió su curso como si tal cosa.

Es verdad que pudo pasarse el resto de sus días quejándose amargamente de Dios y de los hombres; de Dios por haber permitido tan grande afrenta, y de los hombres por haberla ejecutado. Pudo, además, haber dicho dos que tres cosillas de la gente que lo acusó. Pero de sus labios no salió más que un Dicebamus hesterna die que de seguro conmovió hondamente a sus alumnos. ¿Algún día seremos capaces de semejante discreción, de semejante silencio? El día en que lo seamos, habremos aprendido su lección. La mejor que dio a sus alumnos mientras vivió en nuestro achatado planeta…

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#4 Tiempos

Ciencia básica y libertad de expresión | Columna de Andreu Comas García

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La Ciencia de la Salud

 

El miércoles 28 de abril tuve el honor de participar como comentarista dentro de las Jornadas de Reflexión sobre el Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación. Pude participar en la Mesa 8. Ciencia básica y libertad de expresión. A continuación, resumo las ideas con las cuales salí después de mi participación.

Como investigadores, parte de nuestra esencia es el entendimiento de la naturaleza mediante la curiosidad humana. Nuestra curiosidad nos deberá de llevar a la generación de nuevo conocimiento. Pero para que este entendimiento nos lleve al progreso, se deben de cumplir con ciertas condiciones.

Primero, el conocimiento debe de generase mediante el pensamiento crítico e independiente. Segundo, nuestros hallazgos, resultados y/o conclusiones deben de ser evaluadas y discutidas por pares. Tercero, el avance, aunque sea mediante pequeños pasos debe ser continuo y con libertad de análisis. Cuarto, el dinero destinado a esta actividad se debe de entender como inversión continúa y creciente a futuro. Quinto, debe de existir libertar en la creación del conocimiento.

El papel del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) es el de ser institución coordinadora, articuladora y gestora de los recursos económicos para investigación. El CONACyT deberá de garantizar que la utilización del dinero sea adecuada dentro del marco de la ley, que sea suficiente para generar conocimiento innovador y esté bien administrada para que no haya desperdicio.

Desgraciadamente en la administración federal actual, el CONACyT ha adquirido un papel de juez o verdugo. Claramente existe una política de querer imponer una ideología “anti-neoliberal” -por cierto, es una falacia que exista la ciencia neolibreal”, aislacionista, represiva, retrógrada, altamente discrecional y sobre todo vengativa con el pasado y con sus críticos.

Las políticas actuales del CONACyT están siendo manejadas de manera unilateral por su directora. Su manera de actuar no solo se basa en falacias científicas y sociales, también en su muy propia ideología política y que además se deja guiar por resentimientos, vendettas y traumas personales. La dirección se ha cerrado a debatir -elemento básico en la investigación y educación-, ha cerrado las puertas a foros, organismos, universidades, investigadores y demás masa crítica.

El CONACyT como órgano coordinador o gestor debería de facilitar el progreso de la ciencia mediante un proceso administrativo trasparente y eficiente. Sin embargo, desde el 2019 la burocracia científica de este país se ha vuelto ineficiente, lenta, prepotente, soberbia y sorda. En parte, esto es la consecuencia de la contratación de personal no capacitado para técnicos, administrativos y directivos. Muchas de estas contrataciones se han dado más por amiguismo, compadrazgos o por ideología que por sus capacidades, aptitudes, conocimiento y entrenamiento.

Siendo maquiavélicos, la actual ineficiencia burocrática del CONACYT se pudiera ver como una estrategia “pasiva” para reprimir o castigar a los investigadores -o a las líneas de investigación- que no estén alineadas con el discurso o pensamiento oficialista.

Otro problema actual, es que existen grandes presiones gubernamentales para que los investigadores generemos únicamente proyectos aplicados que “resuelva de manera inmediata los grandes problemas nacionales” que solo a la 4T le interesan. A esto hay que sumarle el hecho de que existen presiones -restrictivas- que buscan impedir la realización de la investigación básica libre de cualquier ideología política. Recordemos que sin investigación básica no puede existir investigación aplicada.

Hoy podemos hablar de que no existe libertad para la investigación en México, pero ¿Por qué digo esto?, porque nos están bloqueando por todas partes. Entendamos que hay menos becas para los alumnos de posgrado y para las pocas que hay existe una gran lentitud administrativa. El financiamiento se ha caído, y el poco que se ejerce es opaco, se hace por lo obscurito y por debajo de la mesa. Nos han ido recortado paulatinamente el acceso a revistas científicas, lo cual genera una barrera para el acceso a información actual y a la cooperación científica. Finalmente, y de manera discriminatoria, se ha retirado el estímulo económico a los investigadores de universidades privadas quienes a partir de ahora serán investigadores de segunda clase para el gobierno mexicano.

Es claro que desde el 2019 se ha iniciado una lenta, pero continua persecución ideológica en contra de la ciencia, de la educación y, sobre todo en contra del pensamiento crítico. Pero todo momento de adversidad nos puede generar nuevas oportunidades, y en este caso esta nueva oportunidad se da con la unión e interlocución transversal como los pares que somos entre cientos investigadores de diferentes disciplinas, áreas e instituciones.

Sin libertad y con acoso los investigadores no podemos ser pares. La falta de liberta y la presencia del acoso nos esta llevando a la polarización ideológica sin pensamiento crítico. Por lo tanto, sin libertad y con acoso no pude haber ciencia.

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#4 Tiempos

El arqueólogo de los músicos potosinos y sus obras | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

El maestro Carlos Undiano Errejón es un magnifico pianista que iniciara sus estudios a finales de los setenta en San Luis Potosí con los maestros Consuelo Sandoval y Nicolás Díaz y posteriormente en la ciudad de México, para ingresar en el Conservatorio Nacional de Música donde realiza la carrera de concertista de piano, así como los correspondientes cursos de perfeccionamiento pianístico con maestros de reconocida calidad internacional.

Una característica de suma importancia del maestro Undiano ha sido su interés por revivir la música de compositores potosinos que prácticamente se encuentra en el olvido, haciéndola escuchar nuevamente y en algunos casos por primera vez, dándole vida artística a este talento musical del estado potosino que ha caído en el olvido.

Gracias al maestro Undiano que viene investigando y recolectando partituras de estos músicos, desde fines de la década de los ochenta, podemos disfrutar y conocer a estos personajes y la música de su inspiración. Esta actividad es invaluable y enriquece la cultura local. Por fortuna ha editado tres discos donde recoge parte de esta música olvidada, que ha clasificado de acuerdo con su producción discográfica como composiciones de salón, y música de concierto. Por su formación las obras que rescata son obras de piano, y su trabajo permite que puedan ser escuchadas y de esta forma dar vida a estos magníficos compositores potosinos del siglo XIX y XX.

No solo ello, el rescate permite contar con las partituras que ha trabajado que permite a su vez, que otros pianistas puedan interpretar estas valiosas e históricas obras. Podemos esperar que en un futuro pueda editar estas partituras.

El trabajo de rescate del maestro Undiano, además de su trabajo artístico, valga la analogía, es todo un trabajo de arqueología, que debe de reconocérsele como una de sus aportaciones a la cultura de San Luis Potosí.

Gracias a sus grabaciones podemos escuchar música de compositores potosinos, muchos de ellos desconocidos, como Luciano Espinosa, Rafael Ambriz, Luis Martínez, Gabriel Arriaga, Manuel Hernández Nava, José Sabre Montiel, Aniceto Ortega, Julián Carrillo, Flavio F. Carlos, Clemente Aguirre, Genaro A. Moreno, Leandro Sánchez, Francisco de P. Huerta, Fausto Gaitán, Luis Martínez Colunga, Jorge Romero Malpica, Antonio Guerrero, Santiago Uresti, Santos Beltrán, León Zavala, Florencia García de Verástegui, Miguel C. Meza, Agustín Baranda y José Sabre Marroquín.

Entre los músicos que ha investigado se encuentra el célebre Julián Carrillo, las obras que muestra en sus discos, pertenece a obras clásicas en el sistema tradicional de doce sonidos; aunque en su investigación sobre este autor ha interpretado obras en el sistema de Sonido 13 desarrollado por Carrillo y desempolvado obras de la época de juventud de Carrillo, que pueden considerarse obras de salón.

Los discos en que recoge estas obras pianísticas son: San Luis Potosí …su música para piano, entre valses y lanceros y obras para piano de compositores potosinos que presentara hace un año.

Carlos Undiano Errejón, es pianista de la Camerata de San Luis, es maestro en la Escuela Estatal de Música y en el Centro de las Artes de San Luis Potosí. Ha sido maestro en el Conservatorio e Música del Estado de México y director de la Escuela Estatal de Iniciación Musical Julián Carrillo.

Los invitamos a escuchar estas obras y disfrutar la calidad pianística del maestro Carlos Undiano a quien agradecemos su esfuerzo por sacar del olvido a estos ilustres músicos potosinos.

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La maldición de Antorcha: vaya semana para Octavio | Columna de Felipe Donato

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DE CHILE, DULCE Y MANTECA.

En su carrera a la gubernatura del estado, en ya casi dos meses, pocas semanas tan malas tuvo Octavio Pedroza como la que recién terminó.

Todo empezó con el evento de Octavio y toda la coalición del PRIANRD con Antorcha Campesina. No bastó únicamente un mitin con los candidatos antorchistas, Pedroza parece que le vendió el alma al diablo cuando decidió decir que él se convertiría en el primer gobernador antorchista del país.

En la capital del estado, en las cuatro regiones y sobre todo, en el Altiplano sur, esta unión de Pedroza con los antorchos fue muy mal vista. Los municipios que sufren día a día los abusos de los gobiernos antorchistas consideraron que fueron traicionados por el panista, quien parece que no ha visto las situaciones que hacen pasar a la ciudadanía de Villa de Ramos, Santo Domingo y Charcas.

La reunión con líderes (o vividores) antorchistas de todos los candidatos de Sí por San Luis además tiene como falla el desconocer los alcances de la organización, que siempre tiende hacia la extorsión para poder llegar a sus objetivos.

¿Estaría dispuesto Pedroza, de ser gobernador, a estar seis años azotado por las exigencias de Antorcha, cada vez más fuertes? La organización es voraz y parece que no tiene llenadera. Lo que no ganan, lo arrebatan, con las amenazas de movilizar gente y hacer plantones, que pueden desestabilizar cualquier gobierno.

Estar cerca de Antorcha Campesina, para un candidato a gobernador, puede salir muy caro. Con decirle que parece que le cayó a Pedroza como maldición, por las fallas que cometió el resto de la semana.

Primero aceptó la invitación de un periodista de poca reputación para beber y charlar en una transmisión en vivo. Ahí se vio mal, porque el conductor solo se dedicó a hablar de él mismo y poco dejó expresarse al candidato.

Tanto siguió Octavio Pedroza el ritmo de su interlocutor, que sin medir consecuencias, habló mal de otra periodista, aunque el aspirante a gobernador era seguramente ajeno al pleito.

La mala suerte de Octavio con los periodistas no paró ahí, sino que después trajo de “refuerzo” a Carlos Loret de Mola, exconductor de Televisa, para intentar sobajar la campaña de “El Pollo” Gallardo.

Pero en vez de afectar al candidato del Verde, tanto Mónica Rangel como Octavio Pedroza se equivocaron al hacer notar a Gallardo como un aspirante con fuerza e incluso llamarlo “el rival a vencer”.

¿Cuánto habrá costado en dinero la visita de Carlos Loret? Seguro no fue barato, pero más les va a costar no medir las consecuencias de sus palabras el próximo 6 de junio.

¡Ah para semanita, Octavio! Todo empezó, muy temprano el domingo pasado, cuando madrugó con Antorcha.

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Opinión