Desde mi clóset

¿Como se diagnostica el sexo y el género? | Columna de Paúl Ibarra Collazo

Desde mi clóset

La identidad sexual ha sido motivo de estudio a lo largo de la historia moderna. Mientras una buena parte de la ciencia se ha enfrascado por la lucha para explicar la etiología de las expresiones de género diversas, otros muchos estudios se regocijan en documentar sus divergencias.

¿Será que la identidad sexual es un aspecto genético que se hereda, y se disemina generación tras generación? O tal vez ¿es un proceso cultural que se facilita en cada una de las etapas de la vida, y es cambiante, mutable?

Si bien, no hay un consenso que determine el origen de la identidad sexual, lo cierto es que la complejidad de este fundamento propio de la humanidad lo vuelve más que interesante.

John Money, científico controvertido, durante la segunda mitad del siglo pasado, dedicó una parte de su vida a documentar los diferentes elementos que constituyen al sexo y al género. Hoy en día tenemos claro que el sexo no solo involucra la genitalidad, sino además los cromosomas sexuales, las hormonas prenatales, neonatales y puberales; además de las gónadas y los órganos sexuales internos. Que, al final del día se ven mermados por la obra de la obstetricia que, después del parto asigna un sexo con base en la externalidad genital. Sin tomar en cuenta la percepción subjetiva de la cría, que, limitada por las posibilidades comunicativas, no es capaz de opinar sobre sí.

Pero, ¿en qué momento de la historia se decidió segmentar a la humanidad en dos extremos opuestos, invisibilizando la diversidad corporal entre la especie? Existe una necesidad imperiosa por asignar una funcionalidad reproductiva a cada elemento de la especie. Quien no tiene la capacidad de fecundar o ser fecundada, es factible de ser desechada. Incluso, al ser una anomalía, es necesario patologizar, de esta manera es posible corregirle.

Butler asegura que el género se diagnostica, es decir, forma parte de un proceso externo al sujeto. Por lo tanto, ¿qué pasaría si se dejara de asignar un sexo al nacer? Incluso, ¿cuál sería el resultado de no valorar la identidad de una persona con base en una imagen ultrasónica que solo localiza la presencia o ausencia del falo?

La eliminación del diagnóstico del género ¿facilitaría la dimisión de la reproductividad como aspecto fundante de la especie?

Por último, cabe señalar que la ciencia médica como parte del kiriarcado, que, es un sistema social que mantiene el status quo de unas opresiones vinculadas interseccionalmente (Ferguson, 2014), buscará a toda costa suprimir la mayor cantidad de diferencias. Nacer, crecer, REPRODUCIRSE y morir, son el mantra que le ha permitido a la especie humana trascender como la habitante de la Tierra más rapaz y destructiva. ¿Por cuanto tiempo más? Tal vez la respuesta está en la disidencia, en las personas trans, y las intersexualidades.

 

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