octubre 28, 2026

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#4 Tiempos

El ritmo de las cosas | Columna de Juan Jesús Priego

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Termino de leer –un poco tarde, es verdad- Ultimas noticias del paraíso, de Clara Sánchez, obra ganadora, en el año 2000, del Premio Alfaguara de Novela, y me quedo con la sensación de que el verdadero protagonista de la historia es la tristeza. Tristeza por todo lo que se pierde, por todo lo que desaparece sin decir adiós. La vida, al menos vista desde este mirador –un edificio madrileño ubicado en una zona más o menos exclusiva-, no es más que una sucesión interminable de desapariciones. Desaparece Eduardo, el amigo; desaparece Yu; desaparece Wei Ping; desaparece el padre y, a un cierto punto, desaparece también la esperanza.

He subrayado cuidadosamente las veces en que el narrador –un joven que ve a su madre arrojarse a los brazos de un amante primero y a los de la cocaína después– se queja de la indiferencia de un mundo que ni siquiera es capaz de encogerse de hombros ante la pérdida de tantos rostros, de tantas presencias. Todo se pierde, pero a nadie parece importarle un bledo. «Me asusta la idea de que sea tan fácil desaparecer». Uno se va, y nadie pregunta por qué, nadie pregunta por él: el universo sigue su camino y los demás hombres el suyo, al menos hasta que también éstos desaparezcan y nadie pregunte por ellos.

Cierto día, nuestro narrador se entera de que uno de sus vecinos acaba de morir asesinado a manos de su propia esposa. La noticia le espanta, pero, incapaz de hacer nada más, se limita a reflexionar: «El de la tintorería había muerto y su mujer estaba en la cárcel, y esto a la vida no le afectaba: la Pizzería Antonio seguiría estando hasta los topes de gente y la tintorería abierta, y en los demás locales se entraba y se salía como si no hubiera pasado nada».

Ésta es la tragedia: que muramos y que, aun así, no pase nunca nada. El mundo no se estremece, los televisores no se apagan, las calles no moderan el brillo de sus luces. Es como si hubiera muerto un perro, como si a una maquinaria gigantesca se le hubiera caído, de pronto, un minúsculo tornillo. «He comprobado en más de una ocasión –vuelve a pensar nuestro joven- que la vida sigue a pesar de nosotros, que somos piezas de una maquinaria que genera piezas sin cesar para su propio funcionamiento, que no es otro que generar más piezas».

Ante la desaparición del otro, ¿no sería necesario derramar por lo menos una lágrima? Pero no, nada llora, nadie gime. Los pájaros siguen cantando en las ramas, los escolares van y vuelven con sus mochilas al hombro, los semáforos de la avenida siguen cambiando del rojo al verde y del verde al ámbar. Un hombre ha muerto, pero en realidad no ha pasado nada. No se percibe ni siquiera un cambio mínimo en el ritmo de las cosas. El mundo no da muestras de alarma, no da señales de luto: es más, ni siquiera disminuye en él el sonido de los estéreos. Nuestra muerte no le afecta. Todo sigue estando igual, pero nosotros ya no estamos.

«Parece que cualquier clase de pérdida exige estar rodeada de señales de pérdida, porque de lo contrario el suceso habrá tenido lugar en un mundo indiferente a lo que cesa de estar en él». «Seguramente faltará alguien, pero en la vida el que falta no cuenta. Los demás no se dan cuenta de que no está». Todo esto se dice a sí mismo el protagonista de la historia. Pero se lo dice sin llorar, como quien se da cuenta de que, sea como sea, no hay manera de cambiar nada.

Cuando llego a la última página de la novela, siento la misma pena que el joven protagonista de la novela; también yo me estremezco ante la indiferencia del mundo. ¿Quién preguntará por nosotros cuando ya no estemos? ¿Quién derramará por nosotros una lágrima? ¿Quién guardará un minuto de silencio al escuchar nuestro nombre?

A pesar de su pesimismo, la novela me cautivó: las preguntas de aquel muchacho han sido siempre las mías.

No obstante, que el mundo nos olvide, que sea indiferente a nuestra desaparición, ¿no es una prueba más, una prueba real de que, como dice San Pablo, los hombres no pertenecemos a este mundo? «Si pertenecieran al mundo, el mundo los querría como a cosa suya, pero como no le pertenecen, sino que al elegirlos yo los he sacado de él, el mundo los odia» (Juan 15,17), dijo una vez Jesús a sus discípulos. Podría haber dicho también, pues en el fondo es lo mismo: «Si ustedes fueran de este mundo, el mundo los recordaría». Pero, puesto que seremos olvidados en él, no le pertenecemos.

Casi podría decir que la lectura de esta novela me hizo profundamente comprensibles aquellas palabras de San Agustín que había leído infinidad de veces pero cuyo sentido profundo, al parecer, se me escapaba: «Porque nos hiciste, Señor, para ti, nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti» (Confesiones, I,1,1). Fuimos creados para Él, no para el mundo; si hubiésemos sido creados para el mundo y éste, a pesar de eso, nos olvidara –como de hecho lo hará- deberíamos ser los más desdichados de los hombres.

Pero no, no somos de este mundo. Aun cuando nos hayan puesto bajo tierra y en ella reposemos, no somos de la tierra, no le pertenecemos. Es por eso que al final de los tiempos ésta nos devolverá, según asegura el libro del Apocalipsis: «El mar devolvió sus muertos. La Muerte y el Hades devolvieron sus muertos» (20,13).

¿Y por qué los devuelven, o, mejor dicho, por qué los devolverán? Porque nunca han sido suyos. Incluso durmiendo el sueño del olvido, los muertos estaban allí como extranjeros, como unos fatigados peregrinos que, venidos de muy lejos, se quedan dormidos en una posada del camino, pero que pronto, muy pronto despertarán para reemprender la marcha de regreso a casa.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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