octubre 28, 2026

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#4 Tiempos

La muerte de la mirada o la era de la prisa | Columna de Juan Jesús Priego

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Hace muchos, muchos años -cuando yo era niño y estaba en la primaria-, la maestra nos explicó en clase que los hombres éramos como casas, pues teníamos cinco puertas o ventanas a través de las cuales podíamos entrar en contacto con el mundo exterior. Estas cinco puertas o ventanas eran nuestros sentidos, es decir, la vista, el oído, el gusto, el tacto y el olfato. «Imagínense ustedes una casa sin puertas ni ventanas –nos dijo la maestra aquella vez-. ¿No sería demasiado triste? Nadie podría entrar en ella, pero nadie podría tampoco salir a la calle para ver el sol, jugar a la pelota o ir a la escuela. Más que una casa sería una prisión y, por cierto, la más terrible de todas las prisiones. El que allí viviera, se moriría de aburrimiento, pues no podría tocar a los demás, ni darles un abrazo, ni escucharlos cuando éstos le hablaran. Traten ustedes de imaginárselo, por favor, cerrando los ojos».

Tal vez fueron aquellos ejercicios de imaginación los que me hicieron aborrecer, más tarde, cierto tipo de sermones que se deleitaban hablando del «engaño de los sentidos». ¡El engaño de los sentidos! ¡Como si se pudiera vivir sin ellos, prescindir de sus servicios! ¿Qué tienen de malo los sentidos, si son, precisamente, los que nos hacen salir, los que nos ponen en contacto con la realidad, con los demás? La diferencia entre el buen samaritano, el sacerdote y el levita está, sobre todo, en la mirada, es decir, en su capacidad de ver al herido de la carretera. Aquél vio y se detuvo, mientras que éstos no vieron absolutamente nada (o, por lo menos, hicieron como si nada hubieran visto). Y de la vista, claro, nació el amor: «Lo vio, sintió lástima de él, se acercó, le vendó las heridas después de habérselas limpiado con aceite y vino, lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él» (Lucas 10,34). Todo esto hizo el samaritano con aquel hombre dejado medio muerto en el camino. Pero, ¿qué habría hecho por él de haber estado ciego?

Suele decirse que la caridad empieza por casa; habría que decir, más bien, que la caridad empieza por la vista. Ver es una de las formas del amor. Si no ha caminado usted nunca por las calles de una ciudad lejana, en la que no conoce a nadie, lo invito a que lo haga. Comprenderá entonces lo que se agradece un simple –y fugaz- encuentro de los ojos: el que no existía porque era como un fantasma, comienza entonces a tomar cuerpo, peso, consistencia: empieza a existir, a emerger de esa nada a la que lo habían reducido los miles y miles de ojos que no lo miraban.

Mirar a un ser es rescatarlo del olvido. Sin embargo, como constata Paul Virilio, reconocido pensador francés, asistimos hoy a lo que él llama «la muerte de la mirada», es decir, a la ignorancia voluntaria de cuanto nos rodea para no tocarlo ni siquiera con la vista. Hoy se camina de prisa y los gestos de desatención se multiplican por doquier. Los ojos, más que en el cielo, en las nubes o en los demás, se posan en el propio reloj, en los cartelones publicitarios que inundan las ciudades, o en el espejo retrovisor para cerciorarnos del estado general de nuestro pelo (en el f eliz caso de que todavía nos quede un poco). Los otros, puesto que no son mirados, es como si no existieran; o mejor aún: dan la impresión de que no existen porque nunca son mirado

s.

En la actualidad, la única vida de la que es testigo el ciudadano global es la que ve vivir en la televisión.

Le ha sucedido lo que los moscos, que en su irresistible atracción por la luz, no pueden ya revolotear en torno a otra cosa que no sea una pantalla luminosa. Sus contactos, como sus amores, son más virtuales que reales. La antigua máxima aristotélica según la cual nada existe en el intelecto que no haya pasado antes por los sentidos ha sido cambiada por ésta otra: nada existe en la inteligencia que no haya pasado antes por los medios de comunicación.

Los sentidos, gracias a los cuales nos comunicábamos con el exterior, han sido tapiados uno a uno en sucesión lenta pero inexorable, con el resultado de que nos vamos pareciendo cada vez más a esas mónadas de las que hablaba Leibniz en uno de sus tratados filosóficos: entes sin puertas ni ventanas que languidecen en el más penoso aislamiento: en esa soledad que que me imaginé un día en mi salón de clases y que aterrorizó mi infancia.

Hace no mucho, aquí, en San Luis Potosí, en pleno centro histórico, fueron encontrados los cadáveres de dos mujeres. Una –quizá la madre- estaba en su cama, y la otra –tal vez la hija- en el suelo: habían muerto juntas en el mismo cuarto mientras dormían. ¿Intoxicación? Era lo más probable. Pero lo que hizo todavía más dramático el incidente fue que estas mujeres, cuando las descubrieron, estaban ya momificadas. Como mínimo, dijeron los peritos, llevaban allí, en esa actitud, aproximadamente un año y medio… ¿Quién las había buscado durante todo ese tiempo? Nadie. Con la mirada, pues, ha muerto también el interés por los demás.

Ya Ray Bradbury (1920-2012) había presentido todo esto cuando escribió Fahrenheit 451, su famosa novela, en la lejanísima década de los años sesenta. La prisa tiene un precio, y es, precisamente, el de la muerte de la mirada. «A veces pienso que los conductores no saben cómo es la hierba, ni las flores, porque nunca las ven con detenimiento… Apuesto que sé algo más que usted desconoce. Por las mañanas la hierba está cubierta de rocío». Montag –el incinerador de libros- no sabe si lo que le dice esa muchacha encontrada al acaso en una de las calles de la ciudad es verdad o no lo es. ¿De veras la hierba se cubre de rocío por la mañana? No lo sabía. ¡Hace tanto tiempo que no se detiene a ver la hierba! ¡Hace tanto que no ve nada!

Imagínense ustedes una casa sin puertas ni ventanas. ¿No sería demasiado triste? El que allí viviera, se moriría de aburrimiento, pues no podría ver a los demás, ni tocarlos, ni darles un abrazo, ni escucharlos cuando les hablaran. Sí, sería demasiado triste: la tristeza de la soledad. El que corre, deja atrás muchas cosas. Correr es no ver, correr es concentrarse sólo en la carrera. Es estar profundamente solos. Como casas sin puertas ni ventanas. Como nosotros, hoy, en la era de la prisa.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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