#4 Tiempos
El Perro Aguayo y yo, en San Luis Potosí | Columna de El Dandy
Columna invitada
El Dandy, Roberto Gutiérrez Frías, es probablemente uno de los mejores luchadores mexicanos en la historia. Goza de prestigio en las arenas de México, Estados Unidos y Japón. Actualmente es quirofísico en la Ciudad de México. Hoy nos comparte una anécdota de una función de lucha libre en el auditorio Miguel Barragán.
Esto sucedió en San Luis Potosí, para ser exactos, en el Auditorio Miguel Barragán, bajo la promoción de mi amigo Luis Salazar (qepd), donde muchos, tanto de la Empresa Mexicana de Lucha Libre como independientes les decían a sus patrones “¿por qué El Dandy va allá y yo por que no?” Mi ‘apá Alonso siempre dijo: “a él lo piden, a ustedes no”.
En esa ocasión, Luis Salazar, que fue esposo de Reyna Gallegos, que espero esté bien, me pidió la fecha para ir un sábado a San Luis. Le dije “sí, claro” porque él sí pagaba y muy bien.
En esa ocasión me programó como pareja de mi compadre Pedro El Perro Aguayo, a quien le mando todos mis mejores deseos. Nos enfrentaríamos a The Killer y al primer Andy Barrow, junto con El Indómito, Vicente, quien espero se acuerde.
La verdad desde que llegamos al Auditorio… bueno, llegué yo con Luis, porque él fue a recogerme a la Central y me dijo “mi Beto, va a haber muy buena entrada”. Eso me alegró mucho. Llegando al Auditorio me dio mucha alegría ver a mucha gente conocida, que esas personas me empezaron a ver desde 1981, fecha en la que debute en San Luis Potosí, pero en la Arena Coliseo.
Se sentía un ambiente luchistico donde todos los muchachos locales hicieron su mejor esfuerzo, porque como yo siempre decía: “Echenle ganas muchachos, si sale buena la primera salen buenas todas” y es verdad. Si la primera lucha sale mala, se contagia.
Empezamos a vestirnos mi compadre y yo, porque antes nos habían llamado a unas entrevistas de radio y algunos periódicos locales. Tenía mucho tiempo que no se presentaba un programa tan completo y con tanta expectación por The Killer y El Indómito, que eran la sensación en el grupo independiente.
Me la pasé entre broma y broma con Aguayo, hasta que nos dijeron “ya iba a subir la semifinal y después ustedes”. Se iba a salir Luis del vestidor y le pregunté “¿cómo está la Arena?”. Luis volteó y me dijo con las dos manos “no se puede llegar al ring, Beto, está lleno”.
Muchos aficionados le comentaban a él que siguiera haciendo este tipo de combinaciones entre coliseinos e independientes y él contestó: “pero que luchen como El Dandy, porque otros nada más vienen a hacer sus dizque lances”. Al que le duela que se sobe y al que le apriete el saco que se ajuste a la medida. Total que a mi me agrado mucho cuando giré mi cara para ver la expresión de mi compadre. El Perro se levantó y me dio un abrazo fuerte y me dijo: “compadre, vas para una gran estrella, nunca cambies cabrón”. Mi contestación fue “esto se lo debo a ustedes que me han enseñado a prepararme como luchador no como fisicoculturista”.
Llegó la hora de subir al ring. Los rudos primero, Killer y el Indómito, con Andy Barrow. La gente se los quería comer por que subieron con la bandera americana y gritando “¡USA, USA!”. Cuando tocaron La Marcha de Zacatecas la gente enloqueció y me dijo mi compadre Aguayo: “Compadre, vámonos”. Le contesté: “es tu canción”. Me abrazó y me dijo: “Vámonos juntos, vente”, haciendo que compartiera su popularidad y el cariño del público hacia mi también.
Pero chin…. se nos hizo bien tarde. Que nos llegan entre la gente los rivales y empezó la lucha, me subieron a mi al ring y empezaron los castigos. Cuando giré mi cara a buscar a Aguayo, ya traía el rostro lleno de sangre. La verdad nos dieron una repasada rica como rudos, no como ahora que a pura raqueta se la llevan. Ya cuando no hay recursos hay que pegar con la mano abierta.
Nos ganaron la primera caída. Para la segunda ya sangraban Indómito y Aguayo. En eso The Killer aventó a las cuerdas a Aguayo, asestándole un fuerte golpe de antebrazo . Para el segundo, Aguayo se agachó para esquivarlo. Luego corrió a la cuerda y al regreso le dio el antebrazo a Killer mientras caía.
Aguayo corrió a la cuerda, le asestó sus lanzas asesinas y remató con el sentón que lo caracterizó mucho. El Perro cubrió a The Killer para la cuenta de tres, pero entró El Indómito, al cual derribe con zancadilla y le apliqué la casita.
Se quiso meter Andy, pero Aguayo le dio unas patadas de canguro que hasta arriba de la tercer cuerda llegó pegándose en la barbilla. El réferi le contó las tres con la casita a Indomito y ganamos la segunda.
Para la tercera caída no paraba la sangre de Aguayo, que hasta una aficionada me regaló una mascada de seda para amarrársela a mi compadre. Durante los castigos de la tercera caída, era tanto el coraje de los rudos, que ya casi para finalizar fue el principio de la tragedia.
Killer me arrojó a la cuerda, Barrow me jaló de las piernas, derribándome fuera del ring. Killer bajó y “bye, bye, baby”, me aplicó el martinete en el piso: cruel y duro cemento.
Empecé a convulsionar y a sangrar también. Aguayo bajó a quererme cubrir y entre los tres, Killer, Barrow e Indómito, nos surtieron. La gente decía: “ya dejenlos que se alivianen”.
Aguayo me pegaba cachetadas para alivianarme y me decía “pinche compadre, tú puedes, levántate”, pero su sangre caía sobre mi rostro. Una aficionada llegó con una cerveza bien helada, echándonosla tanto a él como a mi en la cara. Eso me hizo reaccionar un poco, pero muchos aficionados ya querían linchar a los rudos. Espero se acuerde Vicente, ¡qué momentos vivimos!.
Para que las personas no siguieran pegándoles a los rudos, tuvimos que pegarles nosotros a Killer, Barrow e Indómito. Pero ya los habían descalificado. Los metimos al vestidor a golpes y la gente nos llevó en hombros hacia el ring del Auditorio.
Recuerdo el rostro de Luis que decía: “La gente está caliente, llévenselos para allá”. Nos subieron al ring entre gritos de “¡Perro, Perro!”, “¡Dandy, Dandy!”. Nos premiaron con monedas, billetes, muchas pañoletas de las damas y la verdad, por ahi llegaron hasta dos brasieres.
Bajamos del ring y la gente ya más calmada nos pedía una revancha, la cual nunca se dio por compromisos de The Killer e Indómito, que tenían mucho trabajo en muchas arenas. Mi compadre y yo después hicimos pareja muchas veces.
Todo eso sucedió en San Luis Potosí, ciudad que para mi es un lugar clave en mi trayectoria luchística. Ahí me hicieron hacer resortes, atravesando el parque y ahí recibí dinero por primera vez en mi carrera, de parte de la gente, también en la Arena Coliseo. Gracias gente -como le decía yo-, gente sanluisina. Bonito público y conocedor. Gracias por su cariño hacia su servidor y respeto, sobre todo, espero les guste y la compartan.
Le mando un abrazo a The Killer y a Vicente, El Indómito. También a mi Andy Barrow. Mi compadre Aguayo, de corazón espero que encuentre la paz, tranquilidad y salud, que se lo merece. Es un gran ser humano que me hizo ver la realidad de la lucha libre: ¿cómo? Ahí les va… ser profesional, no abusivo. Ladies and gentlemen, good afternoon.
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#4 Tiempos
Emergencia ambiental urbana, por Renato Ramos | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En 2006 en el marco de los cincuenta años de la física profesional en San Luis inicia la serie La Ciencia en el Bar, por lo que en este ciclo que inicia el próximo 25 de febrero estará cumpliendo veinte años de actividades ininterrumpidas.
La Ciencia en el Bar, es un programa pionero en el país que lleva el conocimiento a la población de viva voz de sus productores, creando un escenario informal de comunicación entre la comunidad científica y el público en general; un escenario de debate ciudadano. El programa ha sido replicado en varios puntos del país y se convierte en un referente en actividades de comunicación pública de la ciencia.
El programa de aniversario comienza tratando un tema de interés para la población, como es el caso del escenario ambiental urbano, como un recurso para regular el clima de la ciudad y reactivar una vegetación acorde a las características climáticas y de suelo de una ciudad como San Luis Potosí. Los problemas de inundación en tiempo de lluvia que ahora suceden muy seguido en la ciudad es uno de los problemas que debe atenderse con el uso de áreas verdes urbanas y de los que carecemos con diseño adecuado y con especies acordes a la ciudad.
Para hablar de ello le toca el turno al Dr. Renato Ramos, investigador y profesor de la Facultad del Hábitat de la UASLP y colaborador de la Agenda Ambiental de la propia universidad. El tema a tratar será: Espacios Verdes y Emergencia Ambiental Urbana; charla que será impartida el próximo miércoles 25 de febrero en punto de las ocho de la noche en la Cervecería San Luis, ubicada en Calzada de Guadalupe número 326.
El Dr. Renato Ramos Palacios es especialista en la ecología vegetal, el balance energético y el microclima de los ecosistemas forestales. Y realiza investigación en temas como: estudios ambientales y microclimáticos, planificación urbana de arbolado y vegetación en proyectos de paisaje, espacios verdes bajo principios eco hidrológicos, relación entre áreas verdes y sociedad, así como los beneficios de espacios naturados de acuerdo con la teoría de la biofilia.
La vegetación, las áreas naturales y los espacios públicos es la línea que guía sus trabajos en investigación en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Actualmente trabaja en medidas de la forma y volumen de árboles básicas y su distribución en banquetas y en la introducción de módulos de vegetación urbana para el control de escurrimientos en vialidades con pendiente.
Ramos palacios estudió la licenciatura en biología en la Universidad Nacional Autónoma de México realizando una maestría en la misma institución en Ciencias Biológicas y su doctorado en Ciencias Ambientales con especialidad en Ecología Forestal en el Instituto Potosino de investigación Científica y Tecnológica (IPICyT), graduándose en el 2014.
El propio Renato Ramos nos describe su interés de trabajo: Los temas que desarrollo se centran en la ecología vegetal y forestal, tanto en zonas naturales como urbanas. Los estudios base para el restablecimiento de las condiciones ecológicas y ambientales mediante la práctica de reforestación y la plantación de árboles urbanos. Otras líneas se enfocan en la recuperación y diseño de áreas verdes, la eco-hidrología y ecología urbana vegetal. También, abordo los estudios sobre teoría biofílica entorno a la vegetación y la percepción social con aplicación en la calidad de vida humana.
Los invitamos a que asistan a esta charla que inaugura el programa conmemorativo de los veinte años de La Ciencia en el Bar y participar en este importante tema para nuestra condición urbana y así poder colaborar en la resolución de nuestros problemas como sociedad en ecología urbana.
Espacios Verdes y Emergencia Ambiental Urbana; charla impartida por el Dr. Renato Ramos palacios, miércoles 25 de febrero en punto de las ocho de la noche en la Cervecería San Luis, ubicada en Calzada de Guadalupe número 326.
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#4 Tiempos
El genio que se niega al olvido | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Este 11 de febrero se conmemora un aniversario más del nacimiento de Francisco Javier Estrada Murguía, brillante potosino que merece un mejor recuerdo en la vida cultural de San Luis Potosí. Varias entregas de La Orquesta se las hemos dedicado y ahora compartimos un libro que escribí en 2021 sobre la vida y aportación de Estrada a las comunicaciones inalámbricas de las que él es el inventor. El libro es de distribución gratuita y puede descargarse de:
o la dirección:
http://galia.fc.uaslp.mx/museo/libros/ESTRADA%20COMUNICACION%20INALAMBRICA.pdf
Uno de los desarrollos que caracterizan nuestra vida cotidiana y que marcan a la sociedad actual son los procesos que involucran la comunicación a distancia, la comunicación inalámbrica. Nuestro país, depende de los servicios que las transnacionales ofrecen en materia de comunicación, producto del rezago tecnológico en que nos han sumido las políticas seguidas en materia científica en el país. Lo paradójico, es que la comunicación inalámbrica como tal, fue desarrollada primeramente en México, antes que en cualquier otro punto del mundo y, específicamente en la ciudad de San Luis Potosí, por el físico potosino Francisco Javier Estrada Murguía.
Hoy, este hecho, al igual que el descubridor del principio e inventor del primer sistema de comunicación inalámbrica en el mundo, son desconocidos en su propia tierra. Una lección que hay que tener presente, es la historia de este acontecimiento científico, así como los factores que impidieron fuese aprovechado el invento de Francisco Estrada, para apuntalar el desarrollo social e industrial que requería el país y dejó ir entre las manos.
La cultura del olvido se liga a esta lamentable situación. En las escuelas y, lastimosamente, en las universidades se repite la historia parcializada que la historia de la ciencia oficial ha construido a lo largo de los años. De esta forma, personajes como Edison, Tesla Marconi, vienen a ser los protagonistas en esta historia, dejando de lado a su principal gestor el mexicano Francisco Estrada. Francisco Javier Estrada, un personaje sobresaliente que en un medio no propicio para el estudio de la ciencia y el desarrollo tecnológico, tuvo aportaciones de primicia mundial colocándose, no sólo como un hombre que creaba en la frontera del conocimiento práctico en temas de electromagnetismo, una de las áreas importantes en el siglo XIX, sino como el físico mexicano más importante del siglo XIX, a pesar de haber estudiado la carrera de farmacéutico, área que eligió para poder sostenerse económicamente en un país convulsionado por los movimientos bélicos que imperaban en el país.
Las condiciones adversas para su desarrollo no fueron solo las sociales, la salud mermada al iniciar su trabajo científico, que inhibiría su movimiento y dificultaría su vista, pondría en dificultades e incluso en la imposibilidad del trabajo práctico y creativo a cualquier ser humano; sin embargo, Estrada brillaría a pesar de estas circunstancias lo que hace más valioso su trabajo. Trabajo y aportaciones que merecen sean puestas al conocimiento del pueblo mexicano y, en especial el de su tierra natal, donde sigue siendo un total desconocido.
Lamentablemente, la institución donde dictaba cátedra y donde compartía con sus discípulos sus contribuciones, como muestra de los fundamentos que enseñaba en la cátedra de física en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, no ha asumido el compromiso de sacar de las penumbras las extraordinarias aportaciones de uno de sus principales catedráticos, que si bien, no realizaba formalmente su trabajo de desarrollos tecnológicos en su seno, si los usaba para adiestrar a sus alumnos en el mundo de la ciencia y como elementos para enfrentar los problemas que les fuera demandando el país. Así la actual Universidad Autónoma de San Luis Potosí está en deuda con Francisco Javier Estrada.
Mientras se entregan Doctorados Honoris Causa a toda una serie de personajes que, si bien son merecedores a dicha distinción, deja de lado a personajes locales que dieron brillo a la institución. Las contribuciones de Francisco Estrada son muy amplias y después de más de ciento cincuenta años, siguen siendo de actualidad y, comúnmente se encuentran aportaciones que Estrada había ya apuntando en el siglo XIX. Ejemplos sobran, pero podríamos mencionar un par de casos, el relativo a la predicción de temblores y el relativo a la energía, en el que contribuyó Estrada con el desarrollo del motor eléctrico y los primeros sistemas de iluminación eléctrica en el Continente Americano que combinaba con el estudio de sistemas de aprovechamiento de la energía solar para el movimiento motriz.
En la etapa de máximo deterioro en su salud, se centra en el problema de la reproducción del sonido, que le llevaría a tener aportaciones sobresalientes, como el desarrollo del micrófono de carbón que mejoraría los sistemas de comunicación telefónica, que permitirían que Estrada lograra la comunicación a larga distancia más grande en aquella época a nivel mundial y de manera especial, el descubrimiento de la comunicación inalámbrica y el invento del primer sistema de comunicación basado en este descubrimiento, como fuera la posibilidad de comunicar trenes en movimiento con la estación central.
En este libro, abordamos esta desconocida historia de la comunicación inalámbrica, esperando sea una aportación para colocar la figura de Francisco Javier Estrada en el lugar que le corresponde, así como subrayar su trascendental descubrimiento colocándolo en el escenario mundial, como lo merece.
Su patente de comunicación inalámbrica fue realizada diez años antes que la realizada por Marconi, cuando aún se comenzarían a dar los desarrollos teóricos que la sustentaran. Marconi tuvo el camino libre una vez vencida la patente de Estrada cuyo privilegio le fue concedido por diez años y, una vez que la patente de idea de Edison, que sospechosamente también era para comunicar trenes en movimiento y que solo quedó en patente de idea, fue cedida a Marconi por Edison, dejando el camino libre para su registro por Marconi en 1896 que lo haría famoso, dejando en la sombra a figuras como Francisco Estrada en la cual sus propios paisanos han contribuido.
El talento mexicano está más que comprobado, debemos eliminar no solo la cultura del olvido, sino el llamado malinchismo que padecemos, debemos de sentirnos orgullosos de nuestros personajes como el caso de Francisco Javier Estrada. Por fortuna, la obra de Estrada ha cobrado cierto interés en últimas fechas, entre algunos sectores de la sociedad.
Este libro forma parte de este ejercicio de rescate y difusión uniéndose a los esfuerzos que la sociedad civil realiza por reivindicar a personajes ilustres, acción en la que se enfoca la asociación que pretende formarse llamada Personajes Ilustres de México.
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#4 Tiempos
Pensamientos en la Catedral | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Los dos jóvenes se toman de la mano por unos instantes y él le dice a ella: «Yo, Juan, te acepto a ti, Lucía, como mi esposa, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida».
De reojo observo a la mamá de la novia: está llorando, y con discreción se pasa un pañuelito blanco por el área de los ojos. El padre del novio, en cambio, se muestra pensativo y perplejo. Quizá se pregunte: «¿A qué hora creció este niño? ¡Apenas ayer se me sentaba en las piernas, y mírenlo ahora! ¿Tan rápido se va entonces la vida? ¿Tan rápido nos hacemos viejos? Dentro de un año, tal vez, ya seré abuelo». Todas estas preguntas y exclamaciones, y aún otras más de la misma índole, puedo leer en su rostro, en su cabeza que se mueve a intervalos rítmicos y en sus pies que casi tiemblan. Sí, ¿en qué momento se hicieron grandes estos niños que hoy, dejándolo todo, se van de casa, a qué hora crecieron y se enamoraron?
La ceremonia continúa. Ahora ya no miro a los papás, sino a los novios, que se entregan el uno al otro un anillo dorado. Y yo pienso en la grandeza de este sacramento. Porque esto es lo que es: un sacramento, es decir, un rito sagrado que no sólo simboliza, sino que también realiza y aun trasciende, la materialidad de los signos. «Este es un gran misterio –decía San Pablo hablando del matrimonio-, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia» (Efesios 5,32). De pronto empecé a pensar cosas en las que nunca antes había pensado.
Esto que los dos jóvenes están haciendo hoy en la Catedral –me decía a mí mismo- es una imagen terrena de lo que sucede místicamente en el alma de los hombres. ¡Dios se ha desposado con cada una de sus criaturas! ¿Es esto posible? Dios se desposa con ellos, y lo que este muchacho acaba de decir a su amada lo dice Dios también a cada uno y de manera individual: «Prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad…, todos los días de mi vida». ¿Pero Dios puede decir: todos los días de mi vida? Sí, sólo que, para Él, ese todos los días se designa con una sola palabra: eternidad. Por la eternidad estaré contigo. No te abandonaré ni siquiera por un momento, ni siquiera en la muerte. Porque es fuerte el amor como la muerte, dice la lectura que hace un momento acabamos de escuchar (Cantar de los cantares 8,6).
Mientras pienso en estas cosas que me llenan de emoción, los padrinos de arras me llaman al orden pidiéndome que las bendiga. Hay que bendecirlas, claro. Y lo hago. Derramo sobre las monedas unas gotas de agua bendita y se las entrego al esposo para qué él, a su vez, las haga llegar a su mujer como un río que fluye, sin quedarse con ninguna, y yo sigo diciendo para mis adentros: «¡Por toda la eternidad! Porque nos hiciste, Señor, para ti, nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti. ¡Hermosas palabras éstas de San Agustín! ¿Nos hiciste, entonces, para ti? Sí, sólo para ti. Tú eres el esposo verdadero de nuestras almas y a los demás sólo nos los prestas por un tiempo, para el tiempo. ¡La eternidad te la reservas Tú, pues eres el Señor de ella!».
Estoy distraído o, mejor aún, embebido. Los padrinos de lazo me hacen señas desde la distancia y me preguntan como jugando a caras y gestos si ya es tiempo de ponérselo a los nuevos esposos. Yo les hago un gesto afirmativo con la cabeza. ¡Claro, el lazo! Sí, ya es tiempo de ponérselo. Y mientras los padrinos ejecutan esta sencilla maniobra, yo sigo pensando: «Haber nacido es haber sido elegido. Estamos aquí, Señor, porque nos quisiste, porque nos amaste. ¡Nos elegiste para la vida, es decir, para ser tuyos! Nadie está en este mundo por causalidad, o por azar. ¡Tú elegiste a los que viven para desposarte con ellos en el amor y la fidelidad! Así pues, nunca los dejas solos, ni los has dejado, ni los dejarás jamás. Esto es lo que dices a cada hombre que nace, y aún antes de que nazca, desde que está en el seno de su madre: «Prometo serte fiel».
Creo estar más emocionado que los mismos novios. Pero sus padres –los cuatro- me miran con extrañeza y casi diría que hasta con rencor. Seguramente piensan que he estado muy distraído durante la ceremonia. Ha sido mi actitud exterior la que quizá les haya hecho pensar que no he estado realmente con ellos, sino en otra parte: en la luna, por decir un lugar. Y, sin embargo, nunca había estado más cerca de alguien que con estos jóvenes que ahora se tal vez se preguntaban por qué me habían elegido a mí, precisamente a mí, para…
¿Cómo no había pensado con más detenimiento en este misterio? Jesús elevó a rango de sacramento la unión definitiva entre el hombre y la mujer para que éstos, celebrándolo, vayan todavía más allá y piensen en Dios, que nos ama así: con un amor que ni se arrepiente ni vacila. Todo lo podemos temer, menos que Dios deje de querernos. «Podrán desaparecer las colinas y los montes, pero mi amor por ti no desaparecerá». ¿Y no es esto justamente lo que hemos recordado, lo que hemos celebrado hoy? ¡No se enojen, amigos! Enseguida estoy con ustedes.
Mientras coloco los dones sobre el altar, sigo pensando: «No hay historia de amor más bella que la del alma con su Dios. ¿Acaso el verdadero matrimonio sea sólo éste? Sí, quizá sea así, de manera que el matrimonio que acabamos de celebrar no sea, en el fondo, más que una imagen pálida –aunque visible y real- de aquél.
Y cuando termino la Misa y los padres de la novia se me acercan para darme las gracias por haber venido de lejos únicamente para celebrarla, me dicen sonrientes:
-Estuvo muy bonita la ceremonia, ¿verdad? ¡No lo niegue! Se le veía a usted emocionado.
Emocionado, sí, esa es la palabra: pero no era por las flores que ellos mismos habían mandado colocar a todo largo y ancho de la iglesia, sino únicamente por esos pensamientos míos que ya conoce el lector.
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