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Ya no, Atlantis | Columna de El Mojado

Rudeza Necesaria

 

Atlantis levantó sobre su cuello la espalda de La Sombra. Era la tercera vez que intentaba aplicar su castigo predilecto, La Atlántida, después de una primera oportunidad, en la que su rival revirtió la llave a un toque de espaldas y una segunda que fue interrumpida por el ingreso de Rush a la rampa del escenario.

Esta vez, Atlantis logró cerrar su movimiento de firma y lo reforzó dejándose caer de rodillas, como había hecho antes en sus grandes triunfos contra Villano III y Último Guerrero. La Sombra inmediatamente agitó sus manos en señal de rendición y el réferi “El Güero” Noriega saltó para dar por concluida la contienda.

Con eso terminó el nervio que había sentido toda la semana, que se había intensificado durante todo ese viernes 18 de septiembre de 2015 y que era ya insoportable mientras veía la lucha por internet desde la oficina de La Orquesta. Atlantis mantenía su máscara, su prestigio, su récord invicto y reforzaba su calidad de leyenda.

Yo solo pude gritar “¡A huevo!” y chocar las palmas con toda la gente, bien querida, que me rodeaba en ese momento.

Me puse después a disfrutar un momento más en el que la trayectoria de Atlantis era reconocida, con la máscara de un talentoso joven que hizo dudar en varios momentos acerca de la posibilidad de destapar a la leyenda.

También abracé a mi hermano, que por su juventud conoció una faceta de Atlantis distinta a la que lo convirtió en mi ídolo. Para él era un rudo infranqueable, despiadado, pero justo.

Al mismo tiempo, mi amigo Édgar, a quien conocí gracias a la lucha, también seguidor de Atlantis desde muy pequeño pero quien pronosticaba el triunfo de La Sombra, me escribió un mensaje de felicitación, no solo por el resultado, sino por la tremenda lucha que acabábamos de ver.

Luego discutí con los amigos con los que vi la función, pues somos siempre muy dados a racionalizar algo tan irracional como la lucha, que el máscara contra máscara de Atlantis y La Sombra fue un combate perfectamente construido, con muchos giros dramáticos que la hicieron tan disfrutable como sufrible.

La primera caída la ganó Atlantis por descalificación, debido a la intromisión de Rush, el sécond de La Sombra. En la segunda, una doble desnucadora puso a Atlantis contra las lámparas.

La tercera caída estuvo llena de momentos que pudieron ser el final de la lucha y que provocaron gran incertidumbre acerca de quién sería el ganador.

Al final, el triunfo de Atlantis podría servir como el colofón perfecto a una carrera extraordinaria, de más de 30 años, llena de triunfos resonantes. Una trayectoria que lo tiene ya como miembro del Salón de la Fama de la Lucha Libre mundial, según el Wrestling Observer Newsletter.

La máscara de La Sombra es el cierre ideal para la carrera de uno de los más grandes atletas que haya tenido el deporte-espectáculo.

O no. Cuando despojaba de su máscara a La Sombra, Rush retó en un máscara contra cabellera a Atlantis, en un duelo en el que de nuevo, su gran renombre sería su único argumento contra un rival en el mejor momento de su carrera, mucho más joven y con todas las cualidades para vencerlo.

Por favor no, Atlantis. Si me niego a que sigas jugándote tu máscara es porque sé que cada vez será más difícil hacer frente a las nuevas generaciones. Entiendo que tu carrera, por más grande que sea, comienza a marcar una línea de declive, pese a que sigues siendo el más grande exponente de los luchadores de tu camada.

Aunque han pasado casi cuatro años, el temor se mantiene ahí cada vez que se enfrentan.

Atlantis, es momento de enfrentar un retiro digno, en el momento justo, aún en plenitud de facultades y no mantener ese nombre, pero dando lástima en los encordados, como aquellos que no han sabido administrar su leyenda y se siguen paseando por el ring, alrededor de los 70 años.

 

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