agosto 2, 2021

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#4 Tiempos

El Mijis: un chavo banda cosmopolita | Columna de Carlos López Medrano

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Luces de variedad

Texto acreedor de Mención Honorífica en el Premio Estatal de Periodismo 2021 dentro de la categoría de Artículo de Fondo o Comentario.

Este año, La Orquesta ha sido honrada con 4 galardones del Premio Estatal de Periodismo, para celebrarlo, publicaremos de nueva cuenta esos trabajos que fueron reconocidos por nuestros y nuestras colegas del medio. Esperamos que los disfruten.

Pedro Carrizales, el Mijis, anunció que no piensa seguir como diputado. Harto de la política y los acuerdos corruptos, dijo, prefiere recorrer México en bicicleta. A juicio del legislador local de San Luis Potosí, la política no se hace detrás del escritorio, sino recorriendo el “México real” (el que usted ha visto desde casa es solo un holograma, la ruta mijista es la que cuenta). No explica cómo, si bien atribuye a su viaje la posibilidad de traer un horizonte mejor. Aunque el mensaje fue transmitido en un video de un minuto, en él repite las palabras, lugares comunes y la liviandad con la que él y su equipo configuraron un personaje que poco ha abonado a la arena política. Uno que ha sido más performance que sustancia.

Privilegiado en lo económico y por ser el representante de una parte de la sociedad (que depositó su confianza en él) ante uno de los poderes del Estado, ha decidido sin embargo tirar la responsabilidad por la borda, como adolescente que patea el tablero cuando las cosas no salen como le hubiera gustado. Sin la capacidad ni valentía para luchar desde adentro para cambiar al sistema, aunque sea unas micras para que sus sucesores continúen la larga marcha, recurre a un abandono que sería respetable si no fuera porque pretende revestir la falta de seriedad con un discurso difuso y demagógico. Y porque se trata de una renuncia parcial, la de dejar lo que no le place mientras se sigue sirviendo de su estatus para ser un bon vivant.

En un mensaje posterior, grabado en su camino rumbo a Iguala, el propio Mijis añade que seguirá impulsando iniciativas y estará al pendiente de su distrito, si bien, como llama la atención, prefiere mantenerse a cientos de kilómetros de él. Añade que exhibirá los acuerdos corruptos y la incongruencia de varios diputados de San Luis Potosí ante medios nacionales ya que los locales, asegura, son manipulados, acaso con la tierna ilusión de que las plataformas del resto del país no jueguen bajo esquemas análogos a los de su tierra, a la que ama de lejos. La empresa resulta loable, en caso de que tenga evidencia, aunque no queda muy claro cómo es que el road trip contribuye a la misión. No mostró un avance de sus revelaciones. Será que un tráiler tiene demasiadas ruedas.

El Mijis se vende todavía como un chavo banda. Quizás por ello viaje en bicicleta (equipado con GoPro y toda la cosa, eso sí), cuando su labor podría ser más eficiente si la complementara con un coche o una moto, vehículos para los que tiene dinero de sobra. Además, va acompañado de un séquito que no se sabe muy bien cómo se sostiene, de qué vive, cómo es que ellos, a diferencia de usted y la mayoría de los mexicanos, pueden tirarse a la aventura sin temor a que las deudas les den una patada la próxima quincena.

En redes sociales él y sus asesores recurren a la caricaturización como una plantilla. El uso de las mismas palabras y emojis hasta la náusea. Banda, bandita, chido, *carita de lentes obscuros*, chale, carnal, al chile, jefe, *signo de amor y paz*, latiguillos para sostener una endeble pantalla. Las críticas a políticos de otros partidos se intercalan con críticas en miniatura a algunos que son parte de su movimiento como para aparentar equidistancia sin ir nunca más allá. Son nuevas formas del maquillaje. Si Elvis Presley movía las caderas para provocar el júbilo de su audiencia, El Mijis y sus asesores usan esas palabritas para mantener el cuento y ganar un tipo de aplauso menor. Tratan a los lectores como un público infantil. Aun si en el proceso Pedro realiza algunos actos encomiables (que no me atrevo a regatear), al diputado le cuesta asumir su posición acomodada y usa la máscara de chavo banda en la medida en que le sirve para posicionar su imagen e impulsar su agenda, al tiempo que con suma facilidad se olvida de ella cuando le conviene.

En realidad, hace mucho que no es la persona que pretende mostrar. Tiene los recursos suficientes para abandonar su puesto laboral sin el temor a quedarse sin comer, ni él ni su familia, y ha usado su fuero y posición de poder para eludir dificultades, maniobras a las que los chicos banda en funciones no pueden recurrir. Su alejamiento tampoco supone una tragedia mayor: mal evaluado por su desempeño en el Congreso, la instancia ante la que se había comprometido, tiene aún la desfachatez de amagar con marcharse cual divo y dejar en segundo plano al estado que lo encumbró. En una publicación posterior ha matizado su dicho original; quizás, en efecto, todo el pedaleo sea un nuevo episodio de farsa, como cuando separó a un asesor de su cargo por mañas que ya le conocía de antemano. Una separación que duró unas cuantas horas. Las personas sumidas en el artificio no dan para más.

Su marca, que eso es, tiene aspiraciones nacionales, no lo esconde, y de manera reiterada se va de gira para, de nuevo, cumplir el papel que se ha formado para la obra. Un papel que con cada función pierde más credibilidad y recibe menos aplausos. Chale, bandita, hagan paro.

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#4 Tiempos

#Editorial | Nueve años de La Orquesta y Jorge, el reportero que puso un medio

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Por: Luis Moreno

El primero de agosto del 2012, La Orquesta arrancó operaciones: era Jorge Saldaña sentado frente al monitor de su propia computadora de casa, en una oficina prestada. En aquel momento, Jorge cumplía con esa labor, quiero suponer, como un acto de amor propio, pues las circunstancias lo habían dejado marginado del juego público como a muchos otros que creyeron en Fernando Toranzo y luego fueron traicionados.

Conocí a Jorge unos meses antes de esa primera publicación, durante una fiesta en la que luego de que nos presentaran dio una locuaz y genial explicación de por qué, gracias al desayuno, la conquista estadounidense sobre México nunca sería posible al 100%. Recuerdo de manera general el discurso, pero mejor sería que algún día Jorge lo cuente.

Así es Jorge, un loco que cae en la casilla de la genialidad y que, como a todos, a veces le gana el loco al genio.

A Jorge, la historia del periodismo potosino debe reconocerle ser un pionero de los medios indie (usando un término de la época en que nos conocimos), pues, como a él mismo le gusta decir: La Orquesta es el primer medio de comunicación que no estuvo respaldado por una gran fortuna, que no sirvió como brazo armado para resolver en la arena pública los problemas de grupo de ricos y que no se anda con la mojigatería de decirse objetivo (creo que la neutralidad es un valor sobre estimado e imposible de acercar, porque ¿quién es dueño de verdades absolutas?).

Durante estos nueve años, La Orquesta ha tenido muchas configuraciones tanto en su esquema de trabajo como en el equipo que lo ejecuta, a veces ha sido más grande y ambiciosa de lo que Jorge pudo imaginar, para luego contraerse. Personalmente, lo veo como una larguísima curva de aprendizaje que nunca va a concluir. Pero estoy seguro que todos quienes trabajamos en ella intentamos tuvimos ratos de brillantez, sacada en buena medida por convección con el talento de Jorge.

Estos vertiginosos 9 años, han servido para que La Orquesta se demuestre a sí misma que es un medio de verdad. Una supervivencia tan prolongada hoy es garantía de permanencia.

Nuestro país y San Luis Potosí, en lo particular, viven una época de cambios que nos emociona ver y narrar, hemos sido testigos de la caída de muchas falsos pilares sociales y esperamos que se derrumben otros tantos. Ahí estaremos para tratar de interpretar el por qué de las cosas.

Por lo pronto, al culto público, le agradezco su paciencia y felicito a todas y todos mis compañeros que han militado en La Orquesta, muy en especial a Jorge, el reportero que puso un medio.

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#4 Tiempos

Crónicas de un voto anulado | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

Ayer, como todos los domingos, desperté algo tarde, tomé café, leí algunas columnas y atendí mis rigurosos planes de hacer absolutamente nada por el resto del día hasta que llegara el momento de la noche en que me dispongo a escribir esta opinión.

Particularmente, el día de ayer tenía pensado no salir a votar en la consulta popular por los motivos que ya había expuesto en este espacio hace algunas semanas y por otros que se fueron sumando desde entonces. También había decidido que dedicaría estas líneas al —me parece— bobo, patriotero e injustificado linchamiento mediático que recibieron las jugadoras mexicanas de softball que dejaron en la basura parte de sus uniformes olímpicos.

Para bien o para mal, mis planes se interrumpieron cerca del mediodía, hora en que uno de mis hermanos me pidió que lo acompañara a vacunarse. Ya de vuelta a casa pasamos por enfrente de la mesa de votación de la consulta, que para sorpresa de nadie se encontraba absolutamente vacía salvo por los seis vecinos y vecinas funcionarias de casilla. Nos seguimos de largo.

Una vez en casa, con muchas preguntas y sin respuesta cierta a ninguna de ellas, sentí la inmediata necesidad de acudir a la mesa de votación y sufragar; al menos para vivirlo en carne propia y no solo a través de los testimonios de otros pocos. Decidido a participar, aún sin saber exactamente en qué sentido, me replanteé los tres posibles escenarios: votar por el «no»; votar por el «sí»; o anular mi voto.

Primero descarté votar por el «no» por razones que para este punto espero que sean obvias; quiero suponer que realmente todas y todos estamos de acuerdo en que los fenómenos de violencia, corrupción y abuso tienen que detenerse, investigarse, repararse. Aunque, claro, también me parece completamente válido y razonable votar «no» a semejante pregunta.

Descarté también votar por el «sí» porque, de nuevo, se trata de una pregunta que no tiene ni pies ni cabeza, es decir, no tiene ningún cauce procedimental definido.

También porque lo que sea que vaya a suceder después pudo haberse realizado sin la consulta y sin todos los costos que representó; la Corte lo menciona muy claramente en la sentencia: se trata de facultades discrecionales, o sea, pueden activarse cuando exista la voluntad para hacerlo. Además porque el gobierno y sus aliados promovieron esta consulta desde la mentira y la desinformación mañosa, repitiendo mil veces el cuento de los “juicios a expresidentes” y otra sarta de falsedades.

Sobre la anulación de mi voto, consideré que al menos para mí ello representaría una buena opción para participar en este ejercicio sin caer en las dinámicas obstinadas de los extremos del oficialismo y de la oposición, que, sin ningún plan, sólo llaman a votar por votar, o a contradecir por contradecir.

Anular también representaría una manera de aportar al total de votos necesarios para la obligatoriedad del resultado sin tener que votar por el «sí» y validar todo lo mencionado en líneas anteriores. No hace falta que lo digan, sé muy bien que los 37 millones de votos jamás se iban a alcanzar en estas condiciones. Sin embargo, la razón por la cual vale la pena sumarse a este ejercicio y buscar el resultado obligatorio es para respaldar a los colectivos de víctimas que ven en esta consulta una buena oportunidad para seguir luchando por la creación de comisiones de la verdad y de otros mecanismos dirigidos a atender fenómenos de violencia sistemática y no solo a hechos delictivos y
responsabilidades aisladas.

Bajo esas dos premisas —pensar la consulta desde el matiz, no desde la polarización sorda y simplona; y la necesidad de que sean las víctimas el centro de la discusión— acudí a la mesa cercana a mi domicilio a emitir mi opinión: una X grande rayada por toda la boleta. Ahora bien, de ninguna manera pretendo presentar mis motivos como correctos o más válidos que otros. Mientras no comprendamos que toda manifestación democrática que se realice de manera consciente —votar en cualquier sentido, o incluso no acudir a votar— es tan válida y respetable como cualquier otra, nuestros procesos deliberativos valdrán para muy poco.

Hay que decir que los votos emitidos por el «sí» o aquellos anulados que coinciden con el objetivo aquí descrito no servirán para nada si este ejercicio solamente inició y terminó el 1 de agosto. Pensar en esta consulta popular como un fin y no como uno de varios escalones es terriblemente equivocado; ante la pequeñez de este gobierno, los grandes esfuerzos de la ciudadanía tendrán que seguir siendo los que lleven la atención a lo más urgente: verdad, justicia y reparación para quienes han sufrido lo peor de nuestros gobiernos, incluido el actual.

El tiempo, el trabajo y la lucha invertida en los próximos meses definirán el verdadero resultado de esta consulta. Mientras tanto, vivir este primer ejercicio de democracia directa me deja —y supongo que a muchos y muchas más— decepcionado, con las ideas nubladas y buscando las respuestas que definitivamente no encontré mirando detenidamente y por varios minutos la tinta indeleble que marca mi pulgar derecho.

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#4 Tiempos

Carreras y Gallardo, los tocayos | Crónica de Jorge Saldaña

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TERCERA LLAMADA

Ricardo Gallardo “Carmona” y Juan Manuel Carreras López son “Tocayos”, por lo menos durante los siguientes 55 días, por ser el primero gobernador electo y el segundo constitucional. Así lo explicaron ambos en tono chusco y a pregunta expresa cuando se despedían de fuerte apretón de manos y cordial abrazo a contra luz de la puerta lateral del palacio de gobierno.

El evento había terminado, de “tocayo y tocayo” se trataron en los breves discursos que dieron uno y otro sentados al fondo del Salón de Gobernadores.

Agradezco la disposición y cordialidad del gobernador electo, Ricardo Gallardo Carmona”, soltó Juan Manuel Carreras en su turno del uso de la voz. Risitas, ojos saltones y ceños fruncidos entre la más de una docena de camarógrafos y reporteros que cubrieron el evento de forma presencial. Detalle para el apunte e involuntaria confusión que no deja de ser por lo menos extraña para un gobernador pendiente e informado respecto de quién es su sucesor.

Treinta minutos antes, la tensión en el ambiente se podía cortar con un pan Bimbo. Los pasillos superiores de palacio estaban siendo ocupados poco a poco por entrantes y salientes. En la oficina de Comunicación Social platicaban los “tocayos” de dicha área. Desde el balcón palaciego se giraban instrucciones, estaba por llegar el gobernador electo.

Ya llegó”, dijo alguien, lo que detonó los resortes de los entregareceptores dispersados entre la oficina del gobernador y la última esquina de la oficina de comunicación social.

No era. En su lugar, de una lujopoderosa camioneta Cadillac negra bajó, en la esquina de Carranza y Aldama, Guadalupe Torres Sánchez, ex diputado, representante del gobernador electo y nombrado como próximo secretario general de gobierno por el propio Gallardo Cardona.

Saludos y silencios en el pasillo norte del palacio. A veces puños chocantes, a veces manos abiertas. Todos se conocen y reconocen, pero guardan distancias. Era ver a dos equipos de futbol americano sin uniformes y terminado un cerrado partido.

Ahora sí llegó el gobernador electo, y bajo el moderno traje azul con adorno a cuadros, cargaba una certidumbre extra: por la mañana en Tribunal Estatal Electoral validó la elección y derrumbó la mayoría de las impugnaciones contra de Gallardo.

El siguiente round jurídico se pasa a la inapelable sala superior y al INE, asunto que tras la sentencia local parece ya un trámite más perfumado de derrota digna que de esperanza fundada.

A buen paso, Guadalupe Torres, Francisco Elizondo Garrido, Noé Lara Enriquez, Jorge Castillo, Gerardo Zapata y Gerardo Alfaro, escoltaron al próximo mandatario rumbo al salón Presidente Juárez.

En el elegante, barroco y balconeado salón, ya esperaban el titular de la Secretaría de Finanzas, Daniel Pedroza Gaitán, el Contralor, Oscar Alarcón, el Secretario Técnico, Aldo Torres Villa y el joven Ramiro Robledo López, consejero jurídico del actual jefe del ejecutivo.

¿A qué fueron? Nadie supo. Los presentes tomaron uno y otro lado de la mesa, algunos más optaron por sentarse, cordialidad sí, camaradería no siempre y no entre todos. Tragar sapos.

El gobernador electo se dirige a la oficina del gobernador Carreras entrando por la puerta que conecta a su despacho, solo ellos, cero comitiva ni asesores ni acompañantes. Quien va de salida y quien viene de entrada platicaron en privado durante unos 20 minutos.

La transmisión en vivo comenzó cuando ambas figuras salieron del despacho gubernamental y aparentemente Carreras explicaba algunos retablos de madera que adornan el espacio a quien será el próximo inquilino del ala norte del palacio de Madero.

Enseguida llegaron al Salón de gobernadores a donde fueron pastoreados por personal de logística y protocolo los ocho protagonistas, cuatro por posición de entrada o salida.

¿Por qué tantos interinos? Cuestionó a Noé Lara Enriquez, quien le explica que a partir de la ingobernabilidad del 91, cuando cayó Fausto, entró Martínez Corbalá, mismo que dejó el cargo para intentar participar en la siguiente elección constitucional y mientras tanto el congreso nombró a Teófilo Torres Corzo, como nuevo gobernador por poco más de 9 meses.

-San Luis ya no merece eso, interrumpe un tercero.

Elizondo Garrido reconoce no conocer la historia del estado, y se nota que fue su primera visita al palacio de gobierno potosino cuando preguntó discreto por la ubicación de un baño. Fue y vino.

Por fin entran los “Tocayos” y toman sus puestos, la cabeza en alto en uno y otro lado de la mesa.

Afuera, las notas principales de los diarios dan cuenta de sangrientos y acumulados hechos.

Ejecuciones y más ejecuciones. Esa es la “otra entrega recepción”, dijo un reportero.

La política y la cordialidad en palacio. Nada más en el palacio. Parece que allá afuera no hay “tocayos”.

Arrancó el protocolo, el ocaso de un gobierno y víspera del amanecer del siguiente.

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Opinión