octubre 15, 2026

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#4 Tiempos

El laberinto constitucional y su aniversario | Por Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

El día de hoy conmemoramos de manera anticipada el aniversario de nuestra Constitución, promulgada por Carranza el 5 de febrero de 1917 en el Teatro de la República, en Querétaro.
Sumado a la relevancia de la fecha, la manera en que la actual administración ha entendido los preceptos constitucionales y su aplicación hace sonar algunas alarmas. Por una parte, la Suprema Corte de Justicia, máximo tribunal constitucional del país, tiene aún pendiente por resolver una buena cantidad de impugnaciones a las reformas propuestas por López Obrador, como el acuerdo de la SENER que pretende cancelar la entrada de energías limpias a la nación. Por otra parte, llama también la atención el muy particular entendimiento del Derecho que revela esta administración cuando deciden acabar con los fideicomisos, proponen poner a consulta la despenalización del aborto o pretenden minar la autonomía del INAI y similares.

De este modo, tanto la fecha como el contexto jurídico-político del momento nos obliga a
detenernos y reflexionar: ¿seguir como vamos y continuar reformando la Constitución según convenga; realizar un ejercicio profundo de reestructuración y renovación de la Constitución vigente; o, en una manera más tajante, hacer una Constitución completamente nueva?

Antes de manifestar cualquier postura, propongo abordar esta problemática desde una
óptica distinta. En principio, consideremos una de las definiciones más sencillas del Derecho: es un sistema de normas jurídicas que sirve para regular la conducta humana dentro de una sociedad, rigiéndose principalmente por un principio de justicia. De esta forma, invito a que imaginemos al Derecho como un laberinto en el cual todos los sujetos de la comunidad política transitan y andan por su camino, encontrándose invariablemente con senderos que no llevan a ningún lado y límites —jurídicos, en este caso— que los hacen dar la vuelta y buscar otra vía. Este laberinto es terriblemente extenso y por demás complejo. Para quien lo necesite (o lo pueda pagar) habrá personas capacitadas que lo saquen a uno del despropósito de encontrarse perdido o ante un tope. Para quien allane o se brinque uno de los límites, habrá entonces una sanción.

Ciertamente, el laberinto en cuestión tiene distintos niveles y áreas que no todo el mundo tiene que recorrer. Uno podría nunca verse en la necesidad de transitar por la zona penal-procesal del laberinto; otros podrían encontrarse en zonas que requieren de conocimientos muy técnicos, como el de competencia económica; otra muy buena parte por la enmarañada zona tributaria.

El laberinto prevé cada una de las conductas que como personas podemos desplegar— o al menos pretende hacerlo y añade áreas según aparezcan nuevas conductas. Sin embargo, dentro de este laberinto hay una sección con primacía por sobre todas las demás y que nos es común a todas las personas que integramos la comunidad. Es decir, el laberinto constitucional. Con esta imagen en la mente, analicemos ahora las tres opciones.

Continuar como vamos y seguir reformando la Constitución según convenga tiene un par de
efectos poco benéficos para la comunidad. Por un lado, algunas de las áreas más importantes de los gobiernos seguirán inmersos en la discontinuidad de los planes sexenales. Vendrá un presidente que se identifique a sí mismo como reformador y el que venga después las derogará inmediatamente bajo el pretexto de que los tiempos cambiaron. Sirvan como ejemplo las reformas educativas y energéticas. Por otro lado, la Constitución —el laberinto, digamos— crece en su tamaño con tantas adiciones a los artículos. El texto de constitucional vigente es considerablemente mucho más largo que el de 1917. Así, el laberinto constitucional que en teoría es común a todos, deja de serlo y muchas zonas del mismo se tornan desconocidas (o irrelevantes) para muchos.

La segunda opción —y, me parece, la más adecuada— es realizar un proyecto serio de rediseño e ingeniería al laberinto constitucional. Es decir, los caminos enmarañados y enlodados de una buena parte del texto constitucional deben ser sometidos a un proceso de revisión, en el cual se reformulen y atiendan cuestiones que han sido sobrerreguladas o que se han dejado deliberadamente ambiguas, pero generando nuevos problemas. Prueba de ello fue la controversial renuncia del Ministro Eduardo Medina Mora, quien se sujetó a la “causa grave” contenida en el artículo 98 y dejó el cargo sin dar mayor explicación. La Constitución actual, desordenada y poco clara en varios aspectos clave, claudica en su objetivo de proveer de certeza jurídica a sus gobernados cuando deja de servir como un marco de referencia y se somete a las interpretaciones a modo de sus operadores.

La tercera opción de hacer una nueva Constitución no asoma ninguna posibilidad al menos en este momento. El fenómeno político que vivimos hace dos años y la polarización social que atrajo, sumado a la ruptura del tejido social causado por la violencia no favorecen ningún espacio encontrar consensos del tamaño de una nueva constitución. Además, poniéndonos formales, la propia Constitución no nos permite tirarla a la basura y hacer una nueva. Históricamente, las naciones han redactado sus textos fundamentales después de pasar por periodos de severa crisis.
Apenas hace unos meses, Chile aprobó mediante un referéndum la convocatoria de un congreso constituyente para que redacte una nueva Constitución, después de haber pasado por casi un año completo de movimientos sociales y represión. En contraste, naciones como Canadá o Finlandia han redactado sus constituciones en contextos de paz. A cada país le llega el momento cuando le tiene que llegar.

Indudablemente, el laberinto en el que nos desenvolvemos irá adquiriendo formas
desafortunadas cuando se le construye desde dentro y con la vista limitada. La manera más sensata de volverlo a encauzar es observándolo y rediseñándolo desde arriba; con un panorama más amplio que el marcado por el sexenio. Entonces, caeremos en cuenta de que el problema no es el laberinto como tal, sino quienes contaminan su funcionamiento con atajos, pasadizos escondidos y retiran los señalamientos. Nuestro Derecho no tiene por qué ser laberíntico. Nuestra Constitución debe ser de todos y para todos.

Por más que quiera poner a la Patria de manteles largos y reunirse el viernes a celebrar el
104 aniversario de la Constitución, le pido que lo haga de manera virtual. Quédense en casa,
quienes les sea posible. Todos y todas, guardemos la sana distancia.

 

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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