noviembre 2, 2026

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#4 Tiempos

El laberinto constitucional y su aniversario | Por Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

El día de hoy conmemoramos de manera anticipada el aniversario de nuestra Constitución, promulgada por Carranza el 5 de febrero de 1917 en el Teatro de la República, en Querétaro.
Sumado a la relevancia de la fecha, la manera en que la actual administración ha entendido los preceptos constitucionales y su aplicación hace sonar algunas alarmas. Por una parte, la Suprema Corte de Justicia, máximo tribunal constitucional del país, tiene aún pendiente por resolver una buena cantidad de impugnaciones a las reformas propuestas por López Obrador, como el acuerdo de la SENER que pretende cancelar la entrada de energías limpias a la nación. Por otra parte, llama también la atención el muy particular entendimiento del Derecho que revela esta administración cuando deciden acabar con los fideicomisos, proponen poner a consulta la despenalización del aborto o pretenden minar la autonomía del INAI y similares.

De este modo, tanto la fecha como el contexto jurídico-político del momento nos obliga a
detenernos y reflexionar: ¿seguir como vamos y continuar reformando la Constitución según convenga; realizar un ejercicio profundo de reestructuración y renovación de la Constitución vigente; o, en una manera más tajante, hacer una Constitución completamente nueva?

Antes de manifestar cualquier postura, propongo abordar esta problemática desde una
óptica distinta. En principio, consideremos una de las definiciones más sencillas del Derecho: es un sistema de normas jurídicas que sirve para regular la conducta humana dentro de una sociedad, rigiéndose principalmente por un principio de justicia. De esta forma, invito a que imaginemos al Derecho como un laberinto en el cual todos los sujetos de la comunidad política transitan y andan por su camino, encontrándose invariablemente con senderos que no llevan a ningún lado y límites —jurídicos, en este caso— que los hacen dar la vuelta y buscar otra vía. Este laberinto es terriblemente extenso y por demás complejo. Para quien lo necesite (o lo pueda pagar) habrá personas capacitadas que lo saquen a uno del despropósito de encontrarse perdido o ante un tope. Para quien allane o se brinque uno de los límites, habrá entonces una sanción.

Ciertamente, el laberinto en cuestión tiene distintos niveles y áreas que no todo el mundo tiene que recorrer. Uno podría nunca verse en la necesidad de transitar por la zona penal-procesal del laberinto; otros podrían encontrarse en zonas que requieren de conocimientos muy técnicos, como el de competencia económica; otra muy buena parte por la enmarañada zona tributaria.

El laberinto prevé cada una de las conductas que como personas podemos desplegar— o al menos pretende hacerlo y añade áreas según aparezcan nuevas conductas. Sin embargo, dentro de este laberinto hay una sección con primacía por sobre todas las demás y que nos es común a todas las personas que integramos la comunidad. Es decir, el laberinto constitucional. Con esta imagen en la mente, analicemos ahora las tres opciones.

Continuar como vamos y seguir reformando la Constitución según convenga tiene un par de
efectos poco benéficos para la comunidad. Por un lado, algunas de las áreas más importantes de los gobiernos seguirán inmersos en la discontinuidad de los planes sexenales. Vendrá un presidente que se identifique a sí mismo como reformador y el que venga después las derogará inmediatamente bajo el pretexto de que los tiempos cambiaron. Sirvan como ejemplo las reformas educativas y energéticas. Por otro lado, la Constitución —el laberinto, digamos— crece en su tamaño con tantas adiciones a los artículos. El texto de constitucional vigente es considerablemente mucho más largo que el de 1917. Así, el laberinto constitucional que en teoría es común a todos, deja de serlo y muchas zonas del mismo se tornan desconocidas (o irrelevantes) para muchos.

La segunda opción —y, me parece, la más adecuada— es realizar un proyecto serio de rediseño e ingeniería al laberinto constitucional. Es decir, los caminos enmarañados y enlodados de una buena parte del texto constitucional deben ser sometidos a un proceso de revisión, en el cual se reformulen y atiendan cuestiones que han sido sobrerreguladas o que se han dejado deliberadamente ambiguas, pero generando nuevos problemas. Prueba de ello fue la controversial renuncia del Ministro Eduardo Medina Mora, quien se sujetó a la “causa grave” contenida en el artículo 98 y dejó el cargo sin dar mayor explicación. La Constitución actual, desordenada y poco clara en varios aspectos clave, claudica en su objetivo de proveer de certeza jurídica a sus gobernados cuando deja de servir como un marco de referencia y se somete a las interpretaciones a modo de sus operadores.

La tercera opción de hacer una nueva Constitución no asoma ninguna posibilidad al menos en este momento. El fenómeno político que vivimos hace dos años y la polarización social que atrajo, sumado a la ruptura del tejido social causado por la violencia no favorecen ningún espacio encontrar consensos del tamaño de una nueva constitución. Además, poniéndonos formales, la propia Constitución no nos permite tirarla a la basura y hacer una nueva. Históricamente, las naciones han redactado sus textos fundamentales después de pasar por periodos de severa crisis.
Apenas hace unos meses, Chile aprobó mediante un referéndum la convocatoria de un congreso constituyente para que redacte una nueva Constitución, después de haber pasado por casi un año completo de movimientos sociales y represión. En contraste, naciones como Canadá o Finlandia han redactado sus constituciones en contextos de paz. A cada país le llega el momento cuando le tiene que llegar.

Indudablemente, el laberinto en el que nos desenvolvemos irá adquiriendo formas
desafortunadas cuando se le construye desde dentro y con la vista limitada. La manera más sensata de volverlo a encauzar es observándolo y rediseñándolo desde arriba; con un panorama más amplio que el marcado por el sexenio. Entonces, caeremos en cuenta de que el problema no es el laberinto como tal, sino quienes contaminan su funcionamiento con atajos, pasadizos escondidos y retiran los señalamientos. Nuestro Derecho no tiene por qué ser laberíntico. Nuestra Constitución debe ser de todos y para todos.

Por más que quiera poner a la Patria de manteles largos y reunirse el viernes a celebrar el
104 aniversario de la Constitución, le pido que lo haga de manera virtual. Quédense en casa,
quienes les sea posible. Todos y todas, guardemos la sana distancia.

 

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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