octubre 7, 2026

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El Futbol Une al Mundo: Crónica de un Japón vs Túnez

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Por: Carlos Ruíz Espinosa

Si hay algo que anhelan la gran mayoría de los niños que nacen amando al futbol, es sin dudas ir a una Copa del Mundo. Obviamente, el sueño máximo es jugar en una, pero cuando nos damos cuenta de que a lo mejor no somos tan buenos para ello, con asistir nos damos por bien servidos.

Sin embargo, no es algo al alcance de todos. No cualquiera puede costearse el viaje por quién sabe cuántos días al otro lado del globo, por lo que este Mundial celebrado en tierra nacional parecía ser una oportunidad única para poder cumplir ese sueño, aunque la FIFA no lo iba a poner tan fácil.

Para empezar, a México le tocaron puras migajas. Solo 13 de los 104 partidos que conforman este torneo, y ni siquiera los más importantes. Después de Octavos de Final, todo se va a jugar en Estados Unidos y, basado en ello, en las oficinas de Suiza no se les ocurrió mejor idea que poner precios basados en la capacidad económica de los estadounidenses.

Lo que parecía ser la oportunidad perfecta para cumplir el sueño mundialista, se volvió cada vez más inalcanzable con unos costos ridículos para los partidos, a lo que se sumó la pésima gestión de los boletos en las múltiples “fases de venta” que se establecieron. A pesar de todo, lo intenté. No me quería quedar sin ir a un Mundial en mi país.

En todas estas etapas estuve. Saqué la tarjeta que había que sacar, me formé en filas virtuales de ocho horas, estuve actualizando cada treinta segundos el correo para ver si había sido elegido en la fase de sorteo… y todo sin éxito. No hubo modo de conseguir boleto de manera oficial, al menos no uno que costara menos de 40 mil pesos.

Quedaba una alternativa, no la idónea ni la más confiable. Una que le ha hecho mucho daño a estos eventos… pero que se había convertido en la única opción: la reventa. Y fue así como, con el miedo latente de caer en una estafa a pesar de hacerlo en “un sitio bien establecido”, me hice con mi entrada para ir a ver a Japón contra Túnez.

No, no era el partido más atractivo del Mundial. No, no era un juego de México. No, no era un duelo de matar o morir. Sin embargo, tenía su encanto. Los nipones se han convertido en un frecuente animador de estos torneos, y llegaban de un proceso previo ejemplar donde habían vencido a equipos como Brasil, Inglaterra y Alemania; mientras que Túnez siempre está en las Copas, y aunque nunca pasan de ronda, ya consiguieron resultados importantes como su triunfo en Qatar ante Francia.

Al haberlos adquirido varios meses antes del certamen, vinieron días de mucha incertidumbre, pues la FIFA no había establecido las fechas para el traspaso de los boletos, y la posibilidad de que nunca llegara nada (como lamentablemente le está pasando a mucha gente que compró en el mismo lugar) era cada vez más tangible, pero, afortunadamente y aunque suene hasta hipócrita, el de esta historia fue un revendedor honesto, y desde abril envió la entrada a través de los medios oficiales. Ya no había manera de falsificarlos. Iba a estar en el Mundial.

Llega la fecha marcada en el calendario: 20 de junio del 2026. El ambiente mundialista es palpable desde el aeropuerto. No sé que tan redituable esté siendo el nuevo vuelo de Volaris a Monterrey en sus primeros días, pero ese día fue un éxito rotundo. Avión lleno y, en algo que se volvería habitual en las próximas horas, repleto de camisetas de los Samurái Blue. Quién sabe cuántos potosinos hayan ido al partido, pero al menos los que viajaron conmigo, estaban con Japón.

Tras el corto vuelo, Monterrey nos recibe con la misma tendencia. La ciudad está pintada de azul (y no precisamente por Rayados), y a donde uno voltee, verá a un nihonjin diferente. Los asiáticos han invadido la Sultana del Norte.

Nuestros hermanos orientales no son las personas más tímidas, pues si bien se expresan con el respeto con el que usualmente identificamos a su sociedad, no dudan en emprender conversación con cualquier persona que vean con algo relacionado con su cultura.

Mi playera conmemorativa del título del Real Madrid en el Mundial de Clubes 2016 (celebrado justamente en Yokohama y Osaka) no pasa desapercibida en el transporte público saliendo del aeropuerto y, en uno de esos giros inesperados del destino, la primera japonesa con la que hablo no solo maneja un español bastante respetable, sino una procedencia muy interesante.

He de admitir que siempre tuve mis dudas en torno a cuánta gente realmente iba a venir a San Luis Potosí durante la Copa. No acababa de comprar esos discursos de que entre un partido y otro, los extranjeros en las sedes de nuestro país iban a realizar un turismo efectivo en tierras potosinas.

Sin embargo, ya no puedo decir que “nadie vino”. Tras entablar plática, mi nueva amiga nipona me pregunta que de qué parte de México soy,  y al escuchar que soy de potosino, reacciona con mucho más entusiasmo del que me hubiera imaginado. Resulta que ella no hizo base en Monterrey… sino en San Luis, donde ha pasado la mayor parte de su estancia en México. Quién sabe si sean muchos, pero al menos me consta que una japonesa sí vino.

Ya en el hotel, la corriente no cambia. La gran mayoría de los huéspedes son del País del Sol Naciente. Una minoría somos mexicanos. Y sí, sí hay tunecinos, pero en todo el inmueble, tan solo cuatro son de las Águilas de Cártago. Todos los demás, sean de allá o no, van con los asiáticos.

Y es que para para los locales es mucho más fácil empatizar con Japón que con Túnez. Es una mera cuestión cultural. En México, muchas personas crecieron viendo anime, y cuando una de las series más representativas de este estilo giraba en torno al futbol como Supercampeones, es natural que todos los que seguían los eternos partidos del Niupi iban a apoyar a los herederos de Oliver Atom.

Con los tunecinos es totalmente diferente. Es una cultura ajena, es otra religión. Las exportaciones del país africano no son tan conocidas como las del asiático, aquí su comida no es tan popular como la japonesa. Prácticamente, a menos que uno sea fanático de hueso colorado de Star Wars al grado de hinchar por el Tatooine de la vida real, es muy difícil que quiera ir con los ahora dirigidos por Hervé Renard.

El camino al estadio es una fiesta. La eterna pasarela que es la Expo Feria Guadalupe es folfklore mexicano en su máximo esplendor. De un lado, están bailando La Chona. Del otro, están tocando una versión norteña de El Sol No Regresa. El “quiere volar” que se ha popularizado durante la Copa aparece, y los orientales son lanzados al aire. Al lado de la fila, pasa una congregación religiosa con banderas de Jesucristo. Como siempre, México superando a la IA.

 

Hay gente vestida de Pikachu. Hay personas caracterizadas como peleadores de sumo. Las bandas de Naruto están a la orden del día y no escasean las pelucas dignas de Goku y Vegeta. Son menos de los que hubiera imaginado, pero no faltan las playeras de Oliver y Benji.

Lo que sí falta (y es la última vez que lo recalco), es la gente de Túnez. Por cada jersey de dicha selección, hay veinte de Takefusa Kubo

. Por cada uniforme del Esperance de Tunis, hay diez de Hidetoshi Nakata. Por cada camiseta del Africain, hay una del Monarcas Morelia (y no, no es broma).

El Estadio Monterrey (para que no se enoje la FIFA) es japonés, pero al mero estilo de la cocina, de una manera tropicalizada. Si tuvimos el atrevimiento de ponerle aguacate y arrachera al sushi (lo cual hasta les gusta a los nipones a los que les pregunte), por supuesto que los apoyaremos a nuestra manera.

Si los makis en México son una mezcla de las dos cocinas, los cánticos son la mezcla de las dos hinchadas. El término “Japón” desaparece progresivamente para ser sustituido por el “Nippon” (cómo se dice en su idioma de origen), mientras que los cánticos en japonés se pasan al español, formando el “Nippon, Nippon, Vamos Nippon” que se escuchará durante todo el partido.

Ya adentro, la en ocasiones hostil cancha de Rayados es una fiesta internacional. No faltan los ingleses representantes de la tierra donde naciera el futbol. Hay algunos escoceses seguidores del Celtic que fueron a apoyar a Daizen Maeda. Aparecen algunos coreanos a la espera del partido definitivo de su selección y hasta algunos iraquíes portando con mucho orgullo su bandera.

El partido mil en la historia del Mundial tiene una comunión en la grada que no hace más que crecer cuando Daichi Kamada completa una gran jugada colectiva y adelanta a los samuráis apenas a los cuatro minutos. El público se hace sentir: quieren que hoy, Japón aplaste a Túnez.

Ataviado en su característica camisa blanca que popularizó en Qatar 2022, Renard está desesperado en la banca tratando que su equipo reaccione, pero sus gritos no surten efecto; Aymen Dahmen hace una doble atajada espectacular para mantener la mínima diferencia, pero a la media hora de juego, Ayase Ueda saca un riflazo de fuera del área para clavar el 2 por 0.

El conjunto tunecino es un desastre, el repentino cambio de entrenador no parece haber surgido mayor efecto (tampoco es como que se esperara la gran cosa considerando que llegó cinco días antes) y Japón demuestra de nueva cuenta porqué es uno de los equipos llamados a animar poderosamente este Mundial y que su gran actuación contra Países Bajos no fue ningún accidente.

Los nipones se saben tan superiores que bajan el pie del acelerador en la segunda mitad, y eso se refleja en el estado anímico de la tribuna. Entendible, ya pasan las once de la noche, y cuando el partido no acompaña, la grada se empieza a apaciguar. El bajón de los decibeles parece ser una llamada de atención, y al 69′, Ueda se inventa un pase de genio para habilitar a un Junya Ito que no perdona en el mano a mano para poner el 3-0… esto ya es goleada.

Y entonces, uno de los momentos más memorables de la noche: la pausa de hidratación. Esta nueva medida de la FIFA ha sido detestada por la mayoría de la afición por “matar el ritmo del partido” y, sobre todo, por convertir los juegos en encuentros de cuatro cuartos con pausas comerciales de por medio. Entendible, yo tampoco era fan…hasta que las viví en el estadio.

Uno de los momentos que más recuerdo en mi vida viendo deportes y que más me hizo desear estar ahí no fue un gol, no fue un touchdown, no fue una canasta sobre la bocina. En los Playoffs de la NFL del 2015, los Patriotas de Nueva Inglaterra recibían a los Cuervos de Baltimore en la Ronda Divisional.

Fue un partidazo dramático (donde, para variar, ganaron Tom Brady y compañía), pero lo más memorable (al menos para mí) no fue eso. La parte más emocionante fue durante una de esas pausas que tanto abundan en el futbol americano, cuando al DJ del Gillette Stadium se le ocurrió poner “Your Love” y, como si fuera su himno nacional, los fans de los ‘Pats’ la cantaron a todo pulmón, enchinando la piel de quien estuviera viendo el juego.

No estuve ese día en Foxborough, pero en Monterrey viví la versión mejorada. Si el tercer gol nipón despertó al estadio, la pausa de hidratación lo puso en estado de éxtasis cuando en las bocinas retumbó “Livin’ On A Prayer” y, por un minuto, el Túnez vs Japón se transformó en un concierto de Bon Jovi, con las 50 mil personas presentes cantando a todo pulmón la historia de Tommy y Gina.

El ánimo estaba en su máximo esplendor para la reanudación del duelo, y acabó siendo un impulso para que Ueda completara su brillante actuación, y marcara el 4-0 definitivo con un cabezazo que acabó techando a tres tunecinos. Baile japonés en Nuevo León.

La salida del recinto no palideció. Alguien tuvo la brillante idea de poner “La Gata Bajo la Lluvia” en una bocina para que decenas de personas hicieran su mejor interpretación de Rocío Dúrcal. Los orientales seguían volando por los aires. Hasta unos suizos que andaban por ahí fueron tratados como celebridades.

En el camino de regreso al hotel, comienza la reflexión. Vivimos en un mundo en el cual parece que ser de países diferentes se vuelve cada vez en un problema mayor. Donde la ideología política se ha convertido en una manera de separar familias. En el que nos estamos acostumbrando cada vez más a los conflictos que a la armonía.

En el Mundial más polarizante de la historia, no todos fueron bienvenidos. Hubo quienes, simplemente por su origen, fueron enviados de regreso. Y, sin embargo, todavía habemos algunos que creemos en aquella mítica frase de Diego Armando Maradona: “la pelota no se mancha”.

Al menos por unas horas, Monterrey fue una fiesta. Nuevo León se convirtió en un sitio de hermandad para mexicanos, japoneses, tunecinos y demás invitados. En un país lleno de problemas y donde la gente está cada vez más dividida… hubo un lugar donde las distinciones se dejaron de lado y se demostró que, como lo reitera la FIFA en la transmisión de cada partido: El Futbol Une al Mundo.

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Enyerliannys, a tus pies | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hay goles que suman puntos y hay goles que escriben historia. El que Enyerliannys Higuera marcó en La Corregidora fue de los dos: con su anotación ante Querétaro, la delantera venezolana se convirtió en la máxima goleadora en la historia del Atlético de San Luis Femenil.

Llegó a 23 goles con la camiseta rojiblanca y dejó atrás la marca de 22 que compartían Bea Parra y Daniela Carrandi, dos nombres que ya eran sinónimo de gol en este club. Ahora el primer lugar tiene dueña única, y es la que sigue sumando cada semana.

El momento lo resumió Becky Contreras. Cuando el balón entró, la capitana corrió hacia Higuera y le hizo el gesto de coronación, como si hiciera realidad lo que toda la afición quiere: coronar a una reina. Fue un gesto espontáneo, pero dijo lo que el equipo y la tribuna piensan desde hace tiempo. No es la jugadora que aparece de vez en cuando; es la que ha cargado al equipo en este torneo.

Los números lo respaldan. Higuera suma 13 goles en el Apertura 2026, es la segunda mejor goleadora del certamen y está a tres de la brasileña Geyse Da Silva (16). Anotó dobletes ante Puebla y Atlas, también se hizo presente ante Necaxa, y esta semana volvió a hacerlo en el partido donde un solo gol bastaba. Una delantera así, además de goles, da seguridad: el equipo sabe que, con una oportunidad, hay alguien capaz de convertirla.

Hoy el trono es suyo. Lo que falta saber es hasta dónde piensa llevar la marca.

Ahora sí, el partido. Cuando un equipo está obligado a ganar y gana, el tr abajo está hecho. El Atlético de San Luis Femenil cumplió, venció 1-0

a Querétaro y llegó a tres partidos sin perder.

El sábado 3 de octubre, en la jornada 10, Higuera puso el único gol en los primeros diez minutos, al aprovechar un despeje que le quedó a modo en el área. El resto fue contención: Querétaro se acercó con Guillermina Grant y Jade Bailey, pero se topó con Dayra Bustos, quien mantuvo el arco en ceros. En el segundo tiempo ambos equipos tuvieron oportunidades, pero el marcador no se movió: 1-0 final.

La figura de la jornada, por detrás de la reina, es precisamente Dayra Bustos. Cuidar una ventaja de un solo gol durante más de ochenta minutos no siempre luce en las crónicas, y la joven portera cumplió en el partido donde más se necesitaba. Cuando el ataque se queda corto, un arco firme es lo que sostiene una racha.

Con este resultado, San Luis suma 10 jornadas jugadas, 6 victorias, 1 empate y 3 derrotas, 23 goles a favor, 16 en contra y 19 puntos, y se mantiene en el tercer lugar del Grupo 2, por detrás de América (25 pts) y Guadalajara (21 pts).

La siguiente prueba llegará el domingo 18 de octubre, a las 17:00 horas, en el Libertad Financiera, después de dos semanas sin partido. El rival es FC Juárez, cuarto lugar del Grupo 1 con 21 puntos y la defensa menos goleada del torneo, con apenas 7 goles recibidos en 10 jornadas. Será un duelo de contrastes: la reina del gol contra la zaga más sólida de la liga.

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San Luis Femenil, un punto ante Tigres y se mantienen terceras | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

San Luis salió del Volcán con un punto que sabe a triunfo moral. Visitar a Tigres, uno de los equipos más fuertes del torneo, y regresar con el empate no es poca cosa, sobre todo después de haberse ido arriba en el marcador.

El domingo 27 de septiembre, en la jornada 9, San Luis sorprendió al minuto 23 con gol de Amina Bello, quien dejó atrás a su marcadora y definió ante la portera local para el 1-0. El equipo sostuvo la ventaja buena parte del complemento, hasta que Tigres encontró el empate al 49′ con gol de Alexia Delgado, tras una jugada colectiva que terminó en falta cerca del área. El resultado ya no se movió, ni siquiera cuando Tigres se quedó con diez por la segunda amarilla de Natalia Coury al 85′: 1-1 final.

Lo interesante de este empate es quién lo consiguió. Esta semana no fue Higuera la que apareció en el marcador, sino Amina Bello, prueba de que este equipo ya no depende de un solo nombre para lastimar rivales. Higuera se mantiene en 12 goles, segundo lugar de la tabla de goleo, aunque la brasileña Geyse Da Silva ya le sacó tres de ventaja (15). No pasa nada: cuando la punta de lanza no aparece, alguien más da un paso al frente, y eso es justo lo que necesita un equipo que aspira a más que sobrevivir el torneo.

Con este resultado, San Luis suma 9 jornadas jugadas, 5 victorias, 1 empate y 3 derrotas, 22 goles a favor, 16 en contra y 16 puntos, y se mantiene en el tercer lugar del Grupo 2, por detrás de América (25 pts) y Guadalajara (18 pts).

Rescatar un punto de visita ante un rival de la categoría de Tigres es una buena noticia, pero también deja una tarea pendiente: convertir esos empates en victorias cuando el partido está para ganarlo, como pasó en el primer tiempo.

La próxima oportunidad de sumar para las potosinas llegará el sábado 3 de octubre, a las 17:00 horas, cuando visiten a Querétaro, colista del grupo, en La Corregidora. Por lo visto hasta el momento de uno y otro equipo, San Luis llegará obligado a ganar, para no perder terreno ante un equipo que se ha quedado a deber toda la temporada, y se antoja una oportunidad grande para que Higuera sume goles en su lucha por dominar ese apartado estadístico.

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El San Luis que ilusiona | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Una semana de altibajos para el Atlético de San Luis Femenil ante Santos Laguna, y siete días después la respuesta inmediata: victoria de carácter ante Pachuca.

El domingo 13 de septiembre, en la jornada 7, San Luis se puso 2-0 muy pronto ante Santos con un doblete de Enyerliannys Higuera (9′ y 40′). Parecía partido resuelto, pero Santos descontó al cierre del primer tiempo con gol de cabeza de Gineva López (45+2) tras un tiro de esquina. En la segunda mitad se complicó todo: al minuto 56 llegó el empate 2-2, y cuatro minutos después, al 60′, Elaily Hernández vio la segunda amarilla y dejó a las potosinas con una menos. Con esa ventaja numérica, Santos remontó con el gol de Carol Soto (67′) para llevarse el partido 3-2. Un golpe duro, sobre todo por cómo se dio: dominando, adelante en el marcador, y dejándolo ir.

La respuesta no se hizo esperar. El domingo 20, en la jornada 8 y de nuevo en el Libertad Financiera, San Luis recibió a Pachuca y volvió a apoyarse en su goleadora estrella: Higuera anotó al cierre del primer tiempo (45+1) y amplió la ventaja al 62′, para un doblete que confirmó su gran momento. Pachuca descontó al 65′ con un autogol de Frida Gómez, pero el resultado ya no se movió: 2-1 para San Luis, victoria que reafirma el buen momento d el equipo pese al tropiezo previo.

Y ya que hablamos de Higuera, merece mención a parte. Con los dos dobletes de esta quincena, la venezolana llegó a 12 goles en el torneo

y quedó a uno solo del liderato de goleo individual, que hoy tiene la brasileña Geyse Da Silva (13). El club la nombró la mejor jugadora del duelo ante Pachuca, reconocimiento que empieza a sentirse casi automático cada que juega. Lo notable no es solo la cantidad de goles, sino la constancia: no ha dejado de anotar cuando el equipo más lo necesita, incluso en la derrota ante Santos. San Luis crece alrededor de su punta de lanza, y esa dependencia, que hoy es una fortaleza, también es la responsabilidad que carga cada domingo.

Con estos resultados, San Luis suma 8 jornadas jugadas, 5 victorias, 0 empates y 3 derrotas, 21 goles a favor, 15 en contra y 15 puntos, en el tercer lugar del Grupo 2, apenas por detrás de Guadalajara (15 pts, mejor diferencia) y de un América que sigue lejos de todos (22 pts).

Lo que dejan estas dos semanas es una lección de la que el equipo de Nacho Quintana tendrá que aprender rápido: cuando se pone en ventaja, necesita saber administrarla, sobre todo si el partido se complica con una expulsión. Higuera sigue siendo la diferencia, pero un equipo que aspira al play off no puede depender solo de su goleadora para sostener resultados.

La prueba de fuego llega el próximo domingo 27 de septiembre, cuando San Luis visite a Tigres, uno de los conjuntos más fuertes del torneo, en el Estadio Universitario, a las 18:00 horas.

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