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Pequeña grandeza | Columna de Emmanuel Gallegos D.

Gambeta

 

Se hacen llamar o sus aficionados quieren hacerlos conocidos como en su momento fuera el Necaxa, llamado “equipo de la década” al club Tigres de la UANL. Quienes apenas la noche de ayer consiguieron su séptimo título de Liga, igualando a los Pumas y al León. Pero debe recordárseles que América y Chivas casi les sacan el doble de títulos, además de que en esta década, Santos o América, también han conseguido tres títulos en lo que va del dos mil a la fecha, por lo que no es que han demostrado una supremacía tan importante como ellos creen.

Hablando quizá más con las entrañas que con la razón, lo que pasó en la final de antier me tiene con el ánimo un poco decaído pero además con una “encorajinación” por cómo fue que se dio el título de los felinos: con un gol más que fortuito en la final de ida en Nuevo León y con un planteamiento defensivo en la ciudad de León, cuando tienen un plantel para hacer un juego diferente, ante un León que sufrió una baja muy sensible para las finales, y que además perdió a su mejor jugador del torneo apenas a los 30 minutos del partido de vuelta.

Los títulos de Tigres no valen menos porque jueguen con un esquema que priorice pararse bien en defensa y medio campo, como nos tiene acostumbrados desde hace mucho tiempo el “Tuca” Ferretti, ni porque en ocasiones prefieran renunciar al ataque buscando conservar la ventaja y llevar el partido con un estilo canchero y poco vistoso. Dentro de todo, ese tipo de juego los ha llevado a una final de Libertadores y a una final de Concachampions, que aunque no la pudieron ganar (por pichicateros) llegar hasta esas instancias tiene su propio mérito, pero es entendido que un equipo que tiene jugadores de primera línea y que puede hacer mucho daño en ofensiva, es más fácil que consiga los títulos proponiendo la mayor parte del encuentro, que únicamente cuando necesita apretar y le es obligado ir al frente.

No puedo imaginarme a un equipo como los galácticos metiendo un gol y luego echándose para atrás esperando que la suerte y la contundencia al frente los acompañe (con todo y que no consiguieron muchos títulos); no puedo imaginar a un Barcelona de Guardiola, ese que ganó un sextete y que exhibió a todo el equipo que se le puso en frente, metiendo un gol y luego nomás tocar el balón de arriba abajo sin buscar el arco rival cuando se encontrara en ventaja. Las comparaciones pueden parecer exageradas, pero si los aficionados y la gente de Tigres se sienten “incomparables”, deberían de ponerse a pensar que el juego ratonero y medroso, no es digno de un equipo que se quiere considerar “grande” en una liga tan generosa y permisiva como la Liga MX.

Para eso están equipos como el Puebla, Atlas o hasta el San Luis en la época del maestro Arias, para jugar con los resultados y luego echarse atrás esperando que la marea no cambie de rumbo. Pero no Tigres, no con el monstruo de empresa que tiene detrás como respaldo, no con el magnífico y ganador entrenador que tienen, no con una de las mejores plantillas del continente y con una afición que siempre le llena el estadio; los Tigres tienen muchas cosas que son “Incomparables”, pero hablando específicamente de cómo juegan al futbol, arrastran una grandeza que existe únicamente en la imaginación de los que no les gusta el buen futbol.

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