octubre 13, 2026

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#4 Tiempos

El activismo a la backstreet boy | Colaboración de Carlos López Medrano

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backstreet boy

Una panda de sujetos se agolpa afuera de las instalaciones de TV Azteca San Luis Potosí. Es fin de semana en época de cuarentena. No hay nadie ahí. Pero los radical chic creen que es buena idea clausurar un lugar que está cerrado.

No se emocionen. La clausura consistió en colocar un par de mantas con cintas y clavitos que pudieron ser más productivos como sostén de un calendario en la cocina. Según ellos, se trataba de un acto simbólico, palabra con la que a menudo se reviste a cuestiones que no sirven de nada salvo para la autocomplacencia y estimular a la tropa.

Fuera de eso poco más. Ya no hablemos del nulo eco que aquello tendrá en Ricardo Salinas Pliego, quien, se supone, ha motivado la revuelta. El performance a lo sumo causará fastidio en algún empleado local que tardará unos segundos en retirar esos mensajes de animadversión que no le correspondían. Pero bueno, así es lo simbólico: cualquier cosa.

Lo anterior pasaría a la irrelevancia si no fuera por lo chusco. Y porque todo quedó registrado audiovisualmente por estos X-Men de la política, los salvadores del pueblo. Los iluminados que no creen que el público tenga el mismo criterio que ellos tienen para identificar la basura. Por eso los protegen. Son patriotas.

Cerca del final del metraje, el cabecillla del levantamiento, David Reyes Medrano, pregunta al camarógrafo “¿Ya se vio esa madre?”. Parece intrascendente, pero es la frase más lúcida de todo el video.

En efecto, aquello es una madre, una nimiedad. Lo importante es lo otro: la imagen, lucir ante cámara, la superficialidad. Revestir de palabrería lo que no da para más. En eso ha acabado el activismo, más en la imagen que en la sustancia. Centrado en la foto, el video, que los demás vean lo comprometidos que somos, si no se ve… ¿para qué salir de la cama? La estampa importa y es lo que domina en la arenga.

En realidad, es difícil que ese tipo de causas sean tomadas en serio por alguien medianamente sensato. Como las boy bands, son consumidas por un público adolescente, tan idealista como ingenuo. Además, a estos herederos de Menudo la coyuntura les tomó fuera de tiempo: ya están pasados de tueste, aunque sigan con el infantilismo tanto discursivo como de vestimenta.

David y sus acompañantes se saltan las indicaciones que en días previos había dado un erudito: el propio David. El intrépido abogado había salido a las calles, bocina y micrófono en mano, a sermonear a los transeúntes para que mantuvieran la sana distancia y atendieran a las medidas de precaución ante el coronavirus. Aunque razón no faltaba a sus palabras, el motor era otro. La arrogancia de quien cree saber lo que otros no saben y la arrogancia de creer que alguien le hará caso a las prédicas de un desconocido. Más hubiera valido que se pusiera a cantar alguna pieza acorde a lo suyo, “Show Me the Meaning of Being Lonely” de los Backstreet Boys, por ejemplo. También había cámaras aquella vez. De qué sirve ser un samaritano si no se ganan likes en redes sociales. Es la autopromoción; muy respetable, aunque incluso para ello hay que ser honestos.

Si David es una mezcla de Kevin y AJ, otro Backstreet Boy que estuvo en la clausura, un tal Luis Alberto Suárez Castillo, es Brian pasado por Pyongyang. Luis es conocido por su entrega ante regímenes liberticidas a los que revindica en redes sociales sin ningún empacho

, a sabiendas de las limitaciones de su público, uno que sucumbe ante la verborrea. Un cursi que compra un boleto para la (no) rifa del avión presidencial argumentando que se trata de un acto simbólico (sí, también. Todo es simbólico ya: usted que lee esto probablemente esté haciendo un acto simbólico sin darse cuenta) que “involucra que se eleve el nivel de discusión”. Semejante son las tribulaciones del conjunto, profundidad nickelodeon.

La razón del descontento tiene que ver con las desafortunadas declaraciones que un conductor de noticias hizo horas antes desde la Ciudad de México. La invitación de Javier Alatorre de no hacer caso a las autoridades de salud respecto al COVID-19 fueron la excusa ideal para que la boy band arremetiera contra dos de sus enemigos predilectos: el sector privado y el periodismo no alineado a la causa.

Los chicos de la calle de atrás son abiertamente deudores y admiradores de movimientos caracterizados, entre otras barbaridades, por su inquina a la disidencia y a los medios y empresas que no puedan controlar. Vale la pena mencionar esta farsa porque es una patética expresión de un sentimiento cada vez más extendido en algunos sectores: la demonización de la clase empresarial y del periodismo que no abone al oficialismo.

TV Azteca y Salinas Pliego son más bien lamentables. Mucho, muy. Se han aprovechado de su cercanía con los gobiernos en turno para sobresalir pese a un contenido de baja calidad. Pero pretender silenciar en automático a cualquier voz nauseabunda o que actúe en contra de la versión del gobierno sienta un peligroso precedente. A una idea errónea se le debe combatir con una idea mejor, una idea correcta. O en casos extremos con un debido proceso. No con la supresión irreflexiva de la plataforma (su ansiado exprópiese). Deberían saberlo ellos, tan rebeldes e incisivos contra gobiernos alejados de su ideología.

Lo burdo de la boy band parece corresponder a una negación de la madurez. Los Back Street Boys sentaron cabeza antes de que las arrugas les ganaran la batalla. Luego regresaron, pero ya bajo otro cariz. A estos combatientes, en cambio, la sofisticación les queda grande. No asumen la realidad. Quizás se crean próximos a Gramsci y Althusser cuando están más cerca de Nick Carter y Luisito Comunica (guardando las proporciones). Que le avisen a Víctor, el mánager, un viejo lobo de mar que andaba por ahí. Ya es hora de sentar cabeza. Nobody knows what the famous groupies know.

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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