#4 Tiempos
Dar y recibir | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Leo en el Diario de Léon Bloy (31 de mayo de 1895) este episodio que me hace bajar la cabeza y enmudecer de emoción:
«Horrible miseria…No hace mucho, Veronique, mi hija, viéndome muy triste, se acerca a mí, me coge por el cuello y, con extrema ternura, me dice: “Papito querido, no llores, yo te daré algo”. Y la pobre niña busca, entre sus juguetes, algo que ofrecerme… ¿Hay algo más desgarrador que la compasión del que no tiene nada y quiere, sin embargo, dar algo?».
Las mejores páginas acerca de la pobreza que existen en el mundo acaso hayan sido escritas por Léon Bloy, ese mendigo que nunca se resignó a serlo y para quien ser pobre era el peor de los pecados. «La pobreza –escribió una vez- es el más enorme de los crímenes y el único que ninguna circunstancia sabría atenuar a los ojos de un juez equitativo… El oprobio de la miseria es absolutamente indefendible porque es, en el fondo, la única deshonra y el único pecado. Es una culpa tan desmesurada que Dios Nuestro Señor la ha escogido como suya cuando se ha hecho hombre para asumirlo todo».
¿Pecado la pobreza? Sí, porque nos impide dar, y no dar es un mal, es el único mal de que puede ser acusado un hombre. El pobre, a causa de su pobreza, es egoísta y, si se descuida, puede llegar incluso a convertirse en criminal.
«La pobreza voluntaria –escribe Bloy en El desesperado, otro de sus libros- es aún un lujo y, en consecuencia, no es la verdadera pobreza que todo hombre aborrece. Ciertamente, se puede llegar a ser pobre, pero a condición de que la voluntad no intervenga en ello. La pobreza verdadera es involuntaria y su esencia consiste en no poder ser deseada.
El cristianismo ha realizado el mayor milagro ayudando a los hombres a soportarla con la promesa de compensaciones infinitas. Pero si no hay estas compensaciones, ¡al diablo todo!».
Si alguien habló de lo inhumano que es ser pobre, ése fue sin duda Léon Bloy (1846-1917), el padre espiritual de Jacques Maritain y de muchos otros católicos ilustres de principios del siglo XX.
Eterno fustigador de un cristianismo hecho a la medida de los poderosos, despiadado en su cólera, feroz en sus invectivas, nadie se apiadó nunca de él y tuvo que vivir la vida literalmente mendigando. «¡Malhaya el que no ha mendigado! –escribió un día para tratar de consolarse-. No hay nada más grande que mendigar. Dios mendiga, los ángeles mendigan. Los reyes, los profetas y los santos mendigan. Los muertos mendigan. Todo lo que está en la Gloria y en la Luz mendiga. ¿Por qué no querrán que yo me enorgullezca de haber sido un mendigo, y, sobre todo, un mendigo ingrato?».
Ni sus libros, ni sus panfletos, ni sus artículos lo sacaron nunca de pobre, pese a que era leído con avidez tanto por sus amigos como por sus enemigos: por los primeros, para admirar el radicalismo extremado de su fe, y por los segundos para tener algo que comentar en su próxima reunión.
Un gran estudioso de la literatura dijo hace poco que Léon Bloy fue el único escritor de su tiempo que utilizó casi todas las palabras contenidas en el diccionario; por lo tanto, que había sido el escritor estilísticamente más rico de su generación. ¡Claro, claro, lo creemos! Cuando no se tiene miedo de ofender, cuando no se quiere ya halagar, es natural que el lenguaje sea más libre, más desenfadado y más desenvuelto. ¡Cuando se ha renunciado incluso a la autocensura, es natural que se utilicen todas las palabras! Pero prosigamos.
Tardes enteras se le iban a Bloy tocando puertas en busca de 20 francos que le permitieran dar de comer a su hija y a su mujer. Y una tarde en que había tocado en vano innumerables timbres y ventanas, llegó a su casa llorando y se sentó, vencido, en un sillón. Su hija Veronique lo vio, sintió una enorme pena por ese profeta que clamaba en el desierto, se puso a rebuscar entre sus pocos juguetes y le tendió uno con su manecita derecha. No sabemos qué juguete era porque Bloy no nos lo dice, pero aquel gesto de la niña lo resucitó.
La hija no tenía dinero, pero tenía unos cuantos juguetes, acaso tomados de la basura, y eso fue lo que le dio. Porque, sí, el hombre, todo hombre, necesita también alguna vez recibir y no sólo dar.
Una concepción demasiado espiritualista del amor nos ha hecho creer que siempre es mejor dar que recibir. Pero no. A veces lo contrario es lo mejor. El que siempre da y nunca recibe acaba casi siempre cansándose. Tal es el motivo por el que Anselm Grün, un famoso autor de libros espirituales, dice a la hora de hablar de la amistad que uno de sus mayores enemigos es el exceso de favores. «Hay personas –escribe- que regalan muchas cosas a sus amigos. Esto lleva a que el amigo sienta que el otro quiere comprar la amistad. Puede, es cierto, reprimir este sentimiento, pero en seguida el sentimiento reprimido se transforma en agresividad y finalmente conduce al endurecimiento. Y un corazón endurecido no puede sentir la amistad».
Cuando da sin recibir nunca nada a cambio, el donador se siente tratado injustamente o incluso explotado, y entonces se apodera de él una desgana de vivir de la que nada ni nadie lo podrá curar después. Que esto es de veras así, lo ha dicho también el Papa Benedicto XVI en una de sus encíclicas (Dios es amor): «El hombre no puede vivir exclusivamente del amor oblativo, descendente. No puede dar únicamente y siempre: también desea recibir» (n. 7).
Por eso, cuando Léon Bloy vio venir a su hija con aquel juguete inservible entre las manos no pudo menos de esbozar una sonrisa. ¡Ella sabía, esta pobre niña había comprendido el misterio de la vida!
¡Recibir, recibir aunque no sea más que una vez en la vida, aunque no sea más que una palabra afectuosa o un objeto sin valor! Son estos pequeños gestos, inútiles en apariencia, los que nos libran de esa caída en la nada que llamamos desesperación.
También lee: Sobre la muerte | Columna de Juan Jesús Priego
#4 Tiempos
Hagamos Fan Fest, eso lo paga el pueblo | Columna de Haniel Valdés
Acento Ajeno
La clase política potosina parece estar de acuerdo en una sola cosa: es hora de pelearse. Sin embargo para coordinarse y ahorrar dinero público, para cumplir promesas de campaña o terminar las obras conjuntas, para dialogar como adultos o políticos maduros, serios, profesionales, en lugar de andar tirando piedras con cuanta pregunta lanzan mis colegas del gremio, para eso: “no señor, no tenemos tiempo”.
El Mundial de 2026 está dejando una imagen que resume buena parte de la relación entre el gobernador Ricardo Gallardo y el alcalde Enrique Galindo: dos Fan Fest en la misma ciudad, financiados con recursos públicos distintos, promovidos por gobiernos distintos y dirigidos exactamente al mismo público, los potosinos.
Por un lado, el Gobierno del Estado adquirió un paquete de derechos de transmisión para llevar los partidos a San Luis Potosí, Soledad, Ciudad Valles y Rioverde. Por otro, el Ayuntamiento capitalino firmó sus propios acuerdos para organizar transmisiones en Plaza del Carmen.
La pregunta es inevitable: ¿era realmente necesario dos fan fest en la capital del estado?
Porque más allá de los argumentos políticos o administrativos que cada autoridad pueda presentar, el resultado práctico fue que dos gobiernos sostenidos por los mismos contribuyentes terminaron desarrollando estructuras paralelas para ofrecer exactamente el mismo servicio: que los ciudadanos vieran partidos del Mundial en espacios públicos.
Pantallas, logística, promoción, personal operativo, actividades complementarias y derechos de transmisión. Todo por duplicado.
Hasta ahora, ninguna autoridad ha transparentado completamente cuánto costaron los derechos de transmisión en cada caso. Se especula que mientras el Ayuntamiento capitalino gastó unos 11 millones, el “tetrapack” estatal superó los 60 millones.
Estas cifras pueden o no ser ciertas, pero lo que sí se conoce es que tanto el Ayuntamiento como el Gobierno del Estado comprometieron millones de pesos en contratos relacionados con sus Fan Fest destinando recursos para un mismo esquema de transmisiones mundialistas, solo que en dos plazas distintas.
El problema no es que existan eventos para acercar el Mundial a la gente. Eso puede justificarse perfectamente. El problema es la ausencia de coordinación institucional.
¿Alguien analizó cuánto habría costado un solo gran Fan Fest respaldado por ambas administraciones?
¿Alguien calculó cuánto dinero público se habría ahorrado compartiendo infraestructura, producción y permisos?
¿Alguien explicó por qué era mejor tener dos proyectos compitiendo entre sí en lugar de uno complementario?
La impresión que queda es incómoda: la rivalidad política terminó pesando más que la eficiencia administrativa.
Mientras los discursos oficiales hablan de unidad, promoción turística y convivencia familiar, las decisiones muestran otra cosa. Muestran dos gobiernos empeñados en demostrar quién podía organizar el mejor evento, aunque eso implique gastar más recursos públicos de los necesarios.
Yo veo dos niños pequeños, organizando su cumpleaños y peleados por ver quien hace la fiesta más linda. ¿El problema? Como los niños son de la misma familia, el dinero sale de la misma bolsa y los invitados son exactamente los mismos “amiguitos”.
El Mundial dura unas semanas. Las consecuencias de gastar sin coordinación permanecen mucho más tiempo.
Porque el dinero utilizado para financiar proyectos paralelos no pertenece ni al gobernador ni al alcalde. Pertenece a los ciudadanos.
Y los ciudadanos tienen derecho a preguntarse si realmente era indispensable pagar dos veces por lo mismo.
También lee: Educar en el siglo veintiuno es un acto de fe, no solo de vocación | Columna de Haniel Valdés Velázquez
El Cronopio
El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
El 5 de junio de 1925 nace en la Ciudad de México Enrique Chavira Navarrete, el incasable escrutador del cielo; personaje que representa el renacer de la astronomía mexicana moderna. Heredero de los pioneros mexicanos de la astronomía que formaron los establecimientos para el estudio de la disciplina, entre ellos los potosinos Valentín Gama y Rodolfo Jurado y, muy especialmente de Joaquín Gallo quien le enseñó a observar y dar seguimiento a cuerpos celestes en el Observatorio de Tacubaya donde ingresó Chavira a trabajar, para luego pasar, al entonces naciente, Observatorio Nacional de Tonantzintla en Puebla, siendo de los astrónomos que iniciaron actividades en aquel lugar en 1943.
Su labor sería pionera al llevar a la astronomía observacional y a explicar que sucede en los fenómenos celestes que fue un paso significativo de la astronomía para usos prácticos que se realizaba en México a la astronomía moderna en el país, con el uso de nuevos instrumentos con los que contaría el Observatorio de Tonantzintla, como la cámara Schmidt, convirtiéndose en uno de los grandes observadores del cielo. El Observatorio de Tonantzintla se convertiría en uno d ellos principales centros de astronomía a nivel mundial, donde se descubrieron una buena cantidad de objetos celestes, participando en ello Enrique Chavira.
En los setenta, cuando yo estudiaba física en San Luis, visitamos el INAOE que había asumido ese nombre a principios de los setenta al extenderse el observatorio de Tonantzintla a las áreas de electrónica y óptica que se agregaban a la de astrofísica, el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, conocimos a Enrique Chavira quien nos mostraba parte de la instrumentación telescópica que contaba esa institución, posteriormente al ir a continuar mis estudios a Puebla, fui compañero de la maestría en física de su hija Elsa Chavira, de quien ya hemos comentado en esta sección, y visité varias veces su casa además de encontrarlo seguido en el INAOE; entre las visitas a su casa, una de ellas de varios días pues estaba convaleciente y la familia de Elsa me albergó, descubrí que Enrique Chavira era un estudioso de las arqueología, y que había recopilado una buena colección de objetos prehispánicos propios de la región cholulteca donde estaba alojado el INAOE , mismos que estudiaba con ahínco.
Enrique Chavira es uno de los pilares de la astronomía observacional en México, que lo llevo a ser integrado como investigador en 1952 del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (OANTon), destacando en la identificación y clasificación de galaxias y estrellas azules gracias a su preparación en análisis espectral.
Entre sus descubrimientos observacionales se encuentran, el de una supernova en la región de Sagitario, el registro del quasar Ton256, que en el nombre lleva las siglas del observatorio de Tonantzintla, el objeto extragaláctico más lejano observado por la Cámara Schmidt de Tonantzintla y del Cometa Haro-Chavira en 1954 en la región del Toro. No es de extrañar que aparezca en el par de novelas de Elena Poniatowska que le dedicó la escritora al Observatorio de Tonantzintla donde trabajaba su esposo Guillermo Haro, compañero de Enrique Chavira.
A lo largo de más de cincuenta años contribuyó a la colección de más de 15 mil placas astrofotográficas del INAOE, sucesor del OANTON. La colección de placas astrofotográficas de la Cámara Schmidt de Tonantzintla que fue reconocida oficialmente en 2015 en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, cuestión que ya no pudo ser testigo Enrique Chavira Navarrete, pues su muerte ocurrió el 23 de noviembre del año 2000 en la Ciudad de Puebla donde radicó en todo ese tiempo.
Sus grandes descubrimientos y la intensa labor en pro de la astronomía mexicana le valieron diversas distinciones, diplomas, cédulas reales, medallas al mérito académico y el nombramiento de Investigador Emérito en el INAOE.
Enrique Chavira, el gran astrónomo observacional, pasa a la historia como uno de los pilares de la astronomía mexicana moderna.
También lee: La enseñanza de matemáticas para la vida, Emma Castelnuovo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
Gallardo manejó, Claudia le leyó el mapa | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos de la forma y el fondo:
Les traigo la primicia. Hace unas horas estuvo aquí en la capital la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Así. Sin aviso previo. Sin discurso. Rompiendo por completo — y si no me equivoco, por primera vez en su mandato — la forma de acudir a sus giras de fin de semana.
Los eventos a los que vino son, por donde se vea, guiños tiernos: premiar a un equipo de fut femenil en la Politécnica e inaugurar una cancha de futbol en Santa María del Río. Nada que ver con el estilo de sus giras. Y eso dice mucho.
La presidenta comenzó a visitar gobernadores. Y que el primero haya sido el potosino habla de la importancia que le da la mandataria a este estado de cara a la próxima contienda.
No dio discurso — seguramente algunas palabras a las premiadas y a los usuarios de la cancha —, pero su sola presencia dijo mucho más que cualquier micrófono encendido.
En los traslados estuvieron solo ella y el gobernador. Ni siquiera hubo chofer: manejó Gallardo. Y yo les apuesto, sin haberlo visto, que no hablaron del clima ni del partido México contra Corea.
Temas que sí tocaron, a mí juicio: la llamada Ley Serrano, la narrativa nacional construida sin contexto sobre la persecución a “voces críticas” — por fin la presidenta supo la calaña de personas a las que organismos internacionales defendieron con tanto ardor — y la realidad de fondo de ese asunto. Si hubo regaños, que bueno. Si se puso cada cosa en su lugar y en justa dimensión pues qué mejor.
En lo político les dejo dato para que ustedes le den mejor interpretación:
Nadie de Morena ni de Bienestar fue enterado. En Santa María del Río ni despertaron a la presidenta municipal — que es de Morena — y se enteró de la visita de Sheinbaum cuando apenas se andaba haciendo un huevito para el desayuno. Memo Morales y Rita tampoco estuvieron enterados, hasta donde se sabe.
Esos no son descuidos. Eso es mensaje.
Preguntas que dejo en el aire, porque yo no sé nada y ustedes sabrán leer mejor:
¿Comenzó la presidenta a hacer acuerdos rumbo al 27?
Si es así, se le aplaude que los haga en persona. Los mensajes encriptados y los “te mando decir con gestos” caen gordos.
¿Vino a conceder la “Excepción Ruth” estatutaria para amarrar la alianza Verde-Morena de cara a la gubernatura?
¿Vino a decirle al gobernador — no a preguntarle, ojo— cómo se va a llamar el candidato?
¿O ya quedaron en jugar a las venciditas uno contra el otro y buena suerte?
Yo por mi parte no sé nada. Yo apenas estaba echando baño para ir a misa de una en Tequis.
Buen domingo a todos y todas.
Yo soy Jorge Saldaña.
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