febrero 9, 2023

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#4 Tiempos

Sobre la muerte | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

Para un cristiano, morir es nacer; para él, el llanto que sale de la cama de los moribundos se parece mucho a los sollozos de las criaturas apenas nacidas.

¿Quiere el bebé salir del mundo uterino, en el que se encontraba hasta hace poco bastante bien, para venir a dar a este mundo hostil en el que se trabaja y se suda? No, no quiere: si por él fuera, se quedaría para siempre en el vientre de su madre. Y, sin embargo, ese paraíso tiene fecha de caducidad: bajo ninguna circunstancia debe quedarse en él más de los nueve meses de rigor, pues de lo contrario morirá; entonces el paraíso se le convertirá en infierno y el edén en una cámara de gas… Nacer, para él, es una de las formas del morir: un trauma verdadero, según dicen los que saben. Pero no muere: únicamente nace.

Cuando el bebé salió del vientre de la madre, pensó que de verdad moriría: una mano fría como un cuchillo lo expulsaba del paraíso sin que él supiera qué había hecho para merecer tal castigo. Pero cuando crezca, haya vivido y salga de este mundo, lo mismo pensará. Sin embargo, tampoco entonces muere, sino que nace: lo que sucede es que ahora ha sido expulsado del vientre de este mundo.

«Me preguntan a menudo lo que pienso de la muerte –confesó una vez a un periodista el cardenal Godfried Daneels, arzobispo de Bruselas-. Mi respuesta es siempre la misma: morir es nacer. El niño que se encuentra aún en el seno de la madre no tiene el menor deseo de abandonarlo: en él se siente feliz y seguro. Pero cuando llega el momento de nacer, se ve expulsado de este lugar protector. Lanza un grito de angustia. Sin embargo, poco a poco irá descubriendo los colores y oyendo los sonidos, aprenderá a hablar, a gatear, a correr. Pronto no tendrá ya ningún deseo de volver al seno de su madre, pues habrá descubierto un universo más rico. Lo mismo ocurrirá en el momento de nuestra muerte. No querremos morir, no tendremos ningún deseo de abandonar un mundo familiar que, después de todo, apreciamos. A menos que no dispongamos ya de todas nuestras facultades físicas y mentales, nuestro organismo se negará a morir. Pero envejeceremos y llegará el día en que seremos arrancados de esta existencia. En cuanto nos encontremos en el otro mundo, descubriremos un universo increíblemente más rico en sonidos y colores, un universo en el que el amor reina como señor, en el que la palabra y el pensamiento son muchísimo más profundos que todo lo que hemos conocido hasta ese momento: entonces no tendremos el menor deseo de dar marcha atrás. Por eso nunca ha vuelto nadie de ese mundo nuevo» (Guido van Hooff, Entretiens avec le Cardinal Daneels)

Sí, así debe ser, en efecto. «Por eso nunca nadie ha vuelto de ese mundo nuevo», como nadie ha vuelto jamás –ni lo haría, aunque pudiera- al vientre de su madre. ¿Para qué, si este nuevo mundo no es tan tenebroso, después de todo?

¿Para qué, si la vida es ahora mucho más rica y luminosa que antes? ¡Después de todo, de su estancia en el vientre no recuerda muchas cosas que digamos! Era feliz, sí, pero no le consta: la suya era entonces una felicidad que nada sabía de sí misma.

Hace poco leí en un libro una parábola que hablaba del nacimiento y de la muerte, y me gustó tanto que no me resisto a la tentación de transcribirla aquí; es una parábola, como puede verse, bastante moderna:

«Un día, las celulitas de la cavidad uterina materna vieron aterrizar algo así como una pequeña nave espacial que se adhirió a la pared cerca de ellas. Había descendido por las trompas de Falopio un huevo fecundado. Durante meses, las celulitas vieron desarrollarse una criatura, tomar forma, palpitar y comenzar a flotar en aquel espacio. Se encariñaron con ella. Pero, hete aquí que, de pronto, se agita todo: un terremoto, unas convulsiones y contracciones, unas corrientes de agua…, y aquella criaturita, con la que se habían encariñado, se les escapa por un túnel oscuro. La sujetan para retenerla, pero alguna fuerza parece tirar desde fuera. Al fin se les escapa y se cierra la salida o entrada de aquel túnel. Aquellas celulitas se quedaron solas y tristes en el interior del seno, llorando por la criatura desaparecida. Se pusieron a organizar un funeral por su muerte, pero les molestaban los ruidos que venían del exterior. No sabían que allá fuera se estaba celebrando con júbilo el nacimiento» (Juan Masiá Clavel, S.J., Respirar y caminar. Ejercicios espirituales en reposo).

Como las celulitas, lloramos por lo que se ha ido, por lo que hemos perdido, sin saber que al otro lado, en la casa de Dios, se está organizando una fiesta por el hijo que acaba de nacer para la eternidad.

Y, ahora, ¿por qué no emprender una breve excursión al Oriente lejano en busca de lo que el Concilio Vaticano II llamó las semillas del Verbo? ¡Ah, la sabiduría ancestral también afirmaba que vivir es nacer! Tomemos como botón de muestra un viejo libro de Chuang Dsi, el filósofo chino, titulado El verdadero libro del país meridional de las flores. ¿Lo conoce usted? Pues bien, si abre usted el volumen por la mitad, se encontrará al instante con estos dos apólogos maravillosos:

«¿Cómo puedo saber que el que odia a la muerte no se parece al niño que había equivocado el camino e ignoraba que volvía a casa?

«Gi de Li era hija del guardia de frontera de Ai. Cuando el príncipe de Dsin acababa de desposarla, ella lloró amargamente y las lágrimas humedecieron sus vestidos. Mas luego, cuando llegó al palacio real y se convirtió en compañera del monarca, se arrepintió de sus lágrimas. ¿Cómo puedo saber si los muertos no se arrepienten de su lucha anterior por la existencia?».

Sí, ¿cómo saberlo?, ¿cómo saber si morir no es únicamente regresar? ¿Cómo saber si, ante la muerte, sería preferible reír a entristecerse? En efecto, ¿cómo saberlo?

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#4 Tiempos

Noches medievales | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Ha habido en mi casa una avería eléctrica y estoy sin luz, sin televisión y sin computadora. La luz elige casi siempre para irse las horas más inoportunas. ¿Por qué no a mediodía?, ¿por qué, en cambio, a las diez de la noche, hora en que más la necesito? Mañana llamaré al electricista, pero sólo hasta mañana. Hoy me acuesto temprano.

¡Qué silenciosa está mi casa de noche! ¡Y qué llena de misterios! Esta penumbra me recuerda los años de mi niñez en Tamazunchale, cuando, en tardes de tormenta, la luz se iba a la hora del crepúsculo y ya no regresaba sino hasta bien entrado el otro día.

¡Y yo que pensaba acabar esta misma noche el capítulo de una obrita que estoy escribiendo! Pues bien, lo más seguro es que no lo acabe. Hoy me acostaré temprano; hoy, por primera vez en muchos años, me iré a la cama a las diez de la noche.

En cierto sentido, qué bueno que se haya ido la luz, pues de lo contrario me la pasaría garrapateando papeles y acomodando carpetas hasta después de medianoche, como suelo hacerlo. En realidad, casi podría decir que estoy contento de que se haya ido la luz: es como si a Sísifo, de repente, le hubiese sido quitada la piedra de los hombros y se le concediera, por extrañas razones, un pequeño descanso. Aprovecha, Sísifo: es sólo por hoy que se te concede una tregua. ¡Sólo por hoy! Bendice la ocasión, aprovecha la oportunidad.

Hoy me siento como uno de esos hombres del medioevo que respetaban religiosamente los ciclos del día y de la noche, de la luz y de las tinieblas, del trabajo y del descanso, y una paz inconsciente se apodera de mí, una lasitud nostálgica que no sabría describir con exactitud.

Una voz interior me dice: «Eso, eso es. Hay una bendición especial para quienes respetan la noche. ¡Bienaventurados los que duermen a sus horas, porque mañana despertarán con nuevos bríos!».

¿Sabía usted, lector, que la media nacional de sueño en el Japón es de sólo 5 horas por día? Esto quiere decir que, por un japonés que duerme las ocho horas que, según se dice, debemos dormir todos, hay otro que sólo duerme dos. Ahora bien, ¿cómo hace este otro para permanecer de pie, para seguir adelante y no caerse? Ah, ya lo sabemos: gracias a esas sustancias prohibidas que nadie ignora cómo se llaman…

Sin embargo, para el hombre medieval el día comenzaba con el alba y acababa poco después de la puesta del sol. A este hombre, sabio entre los sabios, ni siquiera se le ocurría trabajar de noche, y aunque se le ocurriera, jamás le habría permitido la sociedad hacer tal cosa. ¡Trabajar de noche era considerado entonces como algo sumamente peligroso!

El trabajo nocturno, en el medioevo, estaba incluso penado por la ley. En primer lugar, porque el que trabajaba de noche tenía que hacerlo necesariamente a la luz de las velas; ¿y qué pasaría si por una torpeza o una infeliz una inadvertencia se producía un incendio en su taller mientras sus vecinos dormían? El fuego, entonces, se propagaría con rapidez por toda la ciudad y provocaría innumerables desgracias.

Tampoco se trabajaba de noche porque los operarios, alumbrados por la luz deficiente de las candelas, no podían producir sino obras de ínfima calidad: el tejedor ensartaría mal la aguja en el género, y la prenda, así, terminaría siendo igual de cara, pero sin duda menos resistente; el orfebre engarzaría mal la piedra al anillo, y el comerciante manejaría con poca exactitud –y menos escrúpulos- las pesas y las medidas. Y ante semejantes eventualidades, ¿quién terminaría pagando los platos rotos? ¡Claro que el consumidor!, pues es bien sabido que cuando de equivocarnos se trata, los humanos casi siempre lo hacemos a favor nuestro y en contra de los demás. Entonces, y por si las dudas, lo mejor era no trabajar de noche.

Otra razón por la que el trabajo nocturno estaba prohibido en aquellos tiempos benditos era ésta: porque daba pie a la competencia desleal y a la explotación de los obreros. La codicia, como sabemos, no tiene límites, y permitirle a un patrón que trabajara de noche era tanto como darle licencia para esclavizar a quienes dependieran de su salario.

No, los medievales no eran esos tontos que a menudo aparecen en nuestros manuales de historia. Sólo que ellos tenían una visión comunitaria de la vida que nosotros hemos perdido ya. Ellos sabían que lo que se hace de noche no se hará bien, y que las consecuencias que se produzcan a causa de los desvelos del trabajador tendrá que pagarlas más tarde la ciudad entera.

Hoy hacemos como si el mal dormir de los obreros careciera de importancia, y hasta defendemos nuestro derecho a trabajar a la hora que sea. Pero, en el fondo, lo sabemos: los desvelos sistemáticos causan más desgracias en el mundo que los paros cardíacos y los enfisemas pulmonares. Por lo pronto, un amigo mío muy querido aún estaría con vida si no lo hubiera arrollado un auto que era conducido, precisamente, por un trabajador que había doblado turno, como se dice, y que conducía por las avenidas no únicamente amodorrado, sino bien dormido.

¡Y pensar que hay todavía quienes emplean todavía la expresión tiempos bárbaros para referirse a los siglos medievales! ¡Como si los señores que vivieron en aquellas épocas no tuvieran ya nada que enseñarnos!

Pero acabemos de una vez con estas disgresiones, que van tomando ya la forma de lo interminable. ¿No quedé conmigo mismo que por lo menos hoy me iría a la cama a las diez de la noche?

Pues bien, sí, señores: hay una bendición reservada a aquellos que se acuestan temprano: sólo ellos gozarán la dulzura del alba, el frescor del amanecer.

Por eso, bienvenido el apagón. Buenas noches.

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#4 Tiempos

La Ley de Faraday y la guitarra eléctrica, charla de Armando Encinas en el Bar | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Armando Encinas Oropeza, jefe de la División de Materiales Avanzados del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, IPICyT, es el científico que tuvo a su cargo la primera charla del ciclo 35 de La Ciencia en el Bar, donde habló sobre la ley de Faraday y la guitarra eléctrica.

Armando Encinas es especialista en fabricación de nanomateriales magnéticos y metálicos (redes de nanoalambres, películas delgadas y multicapas, compósitos y materiales nanoporosos), realiza investigación además en el estudio de propiedades magnéticas, de magneto-resistencia, absorción de micro-ondas y resonancia ferromagnética. También estudia sistemas magnéticos macroscópicos y tecnologías de separación magnética.

Es egresado de la Licenciatura en Física en la Universidad de Sonora. En San Luis Potosí realizó sus estudios de maestría en física en el Instituto de Física de la UASLP y posteriormente obtuvo su doctorado en la Universidad de París. Su trayectoria profesional la ha realizado en San Luis Potosí, incorporándose como investigador en el Instituto de Física de la UASLP, donde laboró por trece años para incorporarse como investigador al IPICyT en 2013 donde labora a la fecha. Forma parte de los investigadores distinguidos con el nivel III del Sistema Nacional de Investigadores y tiene una importante productividad científica, tanto en publicaciones de impacto mundial, como en la formación de recursos humanos de alta calidad.

Además de la ciencia, una de sus grandes pasiones es la música y gusta tocar la guitarra eléctrica; forma parte del grupo de rock conformado por científicos radicados en San Luis conocido como Los Barbahanes. De este modo, no es extraño que fundiera el mundo de la guitarra eléctrica con los fundamentos que la hacen posible, en especial la ley de Faraday, tema sobre el que trato con los asistentes a la sesión de La Ciencia en el Bar.

Michael Faraday, científico británico nacido al final del siglo XVIII, tuvo una formación empírica y un talento para la experimentación científica, lo que le permitió lograr trascendentes aportaciones a la física, en especial al electromagnetismo y la electroquímica. Sus principales descubrimientos incluyen la inducción electromagnética, el diamagnetismo y la electrólisis.

Las aportaciones de Faraday sustentan nuestro actual modo de vida al ser las bases del desarrollo de la electricidad y el magnetismo que tuvo la física durante el siglo XIX y el vertiginoso desarrollo que ha aportado a la ciencia del siglo XX y XXI.

Así, el motor eléctrico, las comunicaciones inalámbricas, entre muchas otras se sustentan en la llamada ley de Faraday de la inducción.

En la charla Armando Encinas describió el desarrollo histórico de la guitarra eléctrica y sus fundamentos en cuanto transformar la vibración acústica de las cuerdas de la guitarra en señales eléctricas que aumentan así la intensidad de su sonido y le dan ese sonido característico de las guitarras eléctricas, muy usadas en el rock, blues, jazz, entre otros géneros.

Utilizó una serie de demostraciones implementadas en su laboratorio en el IPICyT, que ilustran la forma en que funcionan las guitarras eléctricas que usan esas pastillas hechas con materiales magnéticos y bobinas, basadas en la mencionada ley de Faraday. Habló a su vez, de las aportaciones de Faraday al electromagnetismo, considerado el brazo derecho de la física del siglo XIX y la base de desarrollo de la tecnología moderna.

El desarrollo de la guitarra eléctrica realizada a mediados del siglo XX, nos recuerda ese antecedente potosino de Francisco Javier Estrada, que fue el desarrollo de un piano eléctrico donde usaba esos sistemas de inducción magnética que le permitieron desarrollar posteriormente la comunicación inalámbrica. El piano eléctrico de Estrada fue dado a conocer en 1877 y, es una de las aportaciones potosinas que merecen ser sacadas a la luz.

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#4 Tiempos

Así fue: El evento de BMW y mi pijama | “Cronicrítica” de Jorge Saldaña

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Crónica

El fin de semana físicamente estuvo en San Luis Potosí el presidente Andrés Manuel López Obrador… pero como si no hubiera estado. El espíritu de la cuarta transformación, el presidente cercano, el del pueblo, el del mensaje cautivador o reaccionario y el que nos llevaba hasta la emoción, este fin de semana estuvo ausente.

¿En dónde está el Andrés Manuel del pueblo, el que saludaba a la gente buena, el accesible, el que nos mantuvo tras 18 años de intentarlo hasta verlo presidente?

Lo que vino hacer en este febrero en San Luis Potosí, marca un “antes y un después” se lee en los comunicados oficiales y es cierto: es un antes y un después en una materia muy específica, pero es un antes y un después trascendental porque ya perdimos al caudillo sensible, al que se rodeaba de gente porque quería…y, parece, ya no quiere.

Andrés Manuel estuvo en San Luis. Estuvo pero no estuvo. Se reflejó, por primera vez, como un vampiro: sin poder verse en el espejo.

Llegar al 3 de febrero para concretar el deseado anuncio de la ampliación de la planta de BMW con una inversión de 16 mil millones de pesos (eso de 800 millones en Euros confunde…) no es poca cosa, mucho menos si se contempla que en nuestro territorio se ha dado el primer paso en Latinoamérica para producir baterías de altísimo desempeño para vehículos eléctricos al mismo tiempo y en el mismo lugar.

Es, y que me corrijan los conocedores, la inversión extranjera más importante de su sexenio. Hay más y más fuertes, pero no directas de una sola marca a un solo estado sin intervención del “Estado” con mayúscula. Las grandes y suntuosas no son de una sola mano. Ni la de Sonora con las disculpas que merezca don Marcelo Ebrard al que su “niño Montessori” le aconseja tener “exclusivas” absurdas en cada lugar al que va.

Los antecedentes para que ocurriera lo del pasado viernes aquí, datan desde la administración de Fernando Toranzo y aquel viaje que hizo junto a Fernando Macías a Alemania en el que una rubia funcionaria de BMW de casi dos metros de altura, los llevó conduciendo a 250 kilómetros por hora a las oficinas centrales en Múnich. (El doctor de Venado, cuando se enteró de la velocidad, le rogó en franco español: “Baaaajale güeraaaaa”… luego se las cuento.)

A BMW se le ha dado todo y desde el principio. Se les ha atendido y correspondido. La empresa también -hay que decirlo- con sus “asegunes”.

En esta ocasión, en el “electrifiquemos San Luis” y la apuesta de la “electromovilidad” que se consiguió, el propio canciller Marcelo Ebrard tuvo que intervenir en las últimas rondas de negociaciones que comandó (sin tener el reconocimiento justo) desde el estado, Juan Carlos Valladares Eichelman, de la mano del gobernador Gallardo y el secretario general, Guadalupe Torres Sánchez.

El mismo presidente de la República lo anunció por anticipado (lo que casi tumba un año de trabajo, por cierto…) y tuvo que estar presente como un aval del sustancioso acuerdo.

No, no se van a construir vehículos eléctricos de la marca en San Luis Potosí, al menos no por lo pronto. La inversión se ejecutará para ampliar la planta que ya se tiene y construir en un terreno anexo (regalado también) la “eFactory” que desarrollará baterías de la más alta gama por su duración, voltaje y capacidad de almacenamiento contribuyendo así a la transición energética en el segmento vehículos.

Será hasta 2027, que veamos el primer auto eléctrico construido en San Luis. Por lo pronto se generarán 300 empleos directos, lo que parece poco para el tamaño de la inversión, pero que se incrementarán a 2 mil paulatinamente sin contar con la detonación económica, instalación de proveeduría satélite, re valoración de terrenos, desarrollo inmobiliario, comercial y hasta educativo (¿Si saben que una de las condiciones para su instalación es que en todas las escuelas públicas se enseñe inglés verdad?)

Pero el paso se ha dado y, se quiera ver o no, San Luis Potosí se coloca una vez más en un lugar privilegiado en el mundo en materia de innovación tecnológica en el sector automotriz.

Del evento en si mismo no hay mucho qué decir: fue más frío que el viento, más restrictivo que estar en jaula, y más insípido que taco de sal pero con pura tortilla.

Lo resumo rápido: Llegar, tener registro, formarse en fila, marchar, meterse a un corral de vallas, sentarse y pararse a voluntad de los organizadores, y hasta abstenerse de lo básico hasta recibir indicaciones. (En una empresa como la instalada aquí…hasta hace sentirse incómodo, porque ni en La Pila, me cuentan, tratan tan feo y son tan restrictivos…)

El mensaje no verbal del presidente era de hastío y cansancio. El verbal parecía dedicado a otras audiencias. Careció de fondo, al grado que se contradijo cuando se explayó sobre el “escurrimiento” del bienestar. El presidente llegó visiblemente cansado, agotado, con la mente ausente y tuvo que componer discurso al vuelo: “…Por eso el Estado tiene que llegar a la gente, porque la derecha voraz se queda todo…no como esta empresa que si paga bien…) Ufff”.

A la prensa se le trató con la punta del pié pero ya no nos quejamos

, diez años antes y todos hubiéramos salido en desbandada y que se queden con su evento. Perdón pero ¿A quién interesaba socializar el logro…? ¿Quién fue el beneficiado por la presencia del círculo mediático potosino?

Señores de Alemania: Tenemos mucho que aprender de ustedes, es cierto. Pero ustedes también de nosotros ¿sí lo saben verdad?. (Me vino a la mente aquella canción de Emanuell “tengo mucho que aprender de ti mi amor…”)

Crónica veloz como un “eme dos” : BMW está rodeada de soldados. El clima es frío. Te formas en una fila, te registras, te ponemos un sello, no te retrases, aprisa, metete a tu corral, no te pares, no te sientes, no salgas, no preguntes y no te puedes salir.

Así trataron a todos. No importaba si eras un simple reportero como el que esto escribe o el rector de la UASLP, el presidente municipal de la capital, secretario de Villa de Reyes, presidente del Consejo Potosí, empresario dueño de los terrenos que te regalaron, jefe de tu jefe, o “me he ido a Marbella con tu patrón”. Los robots BMW estaban programados para la restricción (De buen modo y con “por favor y gracias” pero restrictivos y severos al fin y al cabo).

¿Mensaje?

Caray, Culto Público, no hubo… y el que hubo no era para esa audiencia.

¿Formas?

Sí… asimétricas.

No se vio al Andrés Manuel rodeado de gente, saludando, con fotos, con abrazos, aquel cálido buen hombre se desapareció entre las líneas constructivas de los BMW más modernos.

Escondido y no se si hasta asustado. Le dio frío (Y además hacía, por eso corrió por su bufanda).

Bueno, ni a Ricardo Gallardo, al gobernador que le gusta de llegar con banda que cante fuerte la de “Yo soy de San Luis Potosí”… se le vio cómodo. Su discurso muy cerrado, muy frío, no hubo el “y que VIVA San Luis Potosí…” No hubo saludos.

A la propia gente de BMW se le prohibió, creo que hasta por oficio, (que no confirmo porque no me han hecho llegar el memorándum) no saludar a nadie, no distraerse con las autoridades.

El contraste es astronómicamente distante con la sangre caliente, sudor frío y lagrimas contenidas que significaron de ida y vuelta las negociaciones que en momentos se pusieron más tensas que las cuerdas de un violín o estuvieron a punto de derrumbarse hasta por sensibilidades humanas.

La instalación de BMW en suelo potosino tiene historia y ha trastocado estructuralmente a la Zona Metropolitana, al centro del Estado, al Bajío, al País, al continente entero y más allá del Atlántico si es que se hace un “ZoomOut” a las macro consecuencias.

Eso es de celebrarse, pero las formas en que se ejecutaron no reflejaron ese esfuerzo que en lugar de “celebración” pareció “sufrimiento”.

Soldados por doquier. Perímetros asegurados. A formarse, a decir su nombre, a llevar identificación, a caminar en fila, a mantenerse entre vallas, no pararse, no sentarse, no irse, no acercarse y no hablar. Disculpen lo repetitivo, pero no tengo diario como Anna F.

Al día siguiente, el sábado, Andrés Manuel tuvo otro evento en la capital del que nadie o pocos, se dieron cuenta: se reunió con los “servidores de la nación” con el presidente del Banco del Bienestar pero hubo una premisa: Cero invitados, cero prensa, cero ajenos, ninguna filtración… nada de calor de pueblo.

Andrés Manuel ya no es lo que era.

San Luis ya no es lo que era.

La prensa ya no es lo que era (hace menos de 10 años, con esos tratos-repito- nos hubiéramos salido todos a la botana y los hubiéramos dejado con su evento restringido en las manos) ¿Sí sabe BMW que eran ustedes quienes interesaba nuestra presencia verdad? Pues no lo pareció.

Ni modo. Quizás haya que cambiar de motor. Uno más eficiente. Más de pila y menos de combustión.

Solo que ahí no hay calor. Por eso el evento fue frío…como el viento.

Bienvenida BMW, gracias por tu confianza y beneficios…pero no nos vuelvas a invitar.

Me retiro para ponerme mi pijama a Rayas.

Jorge Saldaña.

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