#4 Tiempos
Consideraciones sobre la vacuna | Columna de Víctor Meade C.
SIGAMOS DERECHO
En el marco de la llegada de las primeras dosis de las vacunas contra el coronavirus, las discusiones sobre la posibilidad de que su aplicación sea obligatoria y de que ésta pueda o no ser adquirida, ha comenzado a surgir un abanico muy diverso de consideraciones y puntos de vista. Comprendiendo que aun son muchas más las preguntas que las respuestas, vale la pena poner sobre la mesa algunos puntos importantes.
En días pasados, López Obrador explicó que “[…] la aplicación de la vacuna será voluntaria. No es obligatoria. Lo más importante es la libertad.” Ciertamente, es muy importante que la aplicación de una vacuna de tal importancia como la que estamos discutiendo sea una decisión razonada y empujada por el propio convencimiento de que es la mejor manera de sobrepasar este bochornoso capítulo en nuestras vidas; más aun cuando los efectos secundarios —propios de cualquier vacuna— se irán conociendo sobre la marcha. No obstante, existen varios matices jurídicos a lo dicho por el presidente.
En un principio, el derecho a la salud está garantizado en el artículo 4° de la Constitución. En él, queda plasmado que es un derecho universal que protege a todas y todos los mexicanos bajo los alcances y modalidades previstas por la ley, referidas en la fracción XVI del artículo 73 constitucional. Dicha fracción indica que es competencia de la Secretaría de Salud dictar las medidas preventivas necesarias en caso de una epidemia de carácter grave. Por su parte, el articulo 144 de la Ley General de Salud señala de manera expresa que las vacunaciones contra enfermedades transmisibles serán obligatorias. Sin embargo, la misma fracción XVI del 73 constitucional establece también que el Consejo de Salubridad General —órgano supremo en materia sanitaria— depende directamente de la Presidencia de la República. Claro, el Consejo no está únicamente a la disposición del Presidente, sino que es un órgano colegiado en donde también participan autoridades sanitarias de cada uno de los estados.
Considerando las asperezas entre el Ejecutivo Federal y varios Ejecutivos Estatales, es solo cuestión de tiempo para que algunos gobernadores decidan que la vacunación sea obligatoria en sus respectivos estados y la aparente contradicción entre lo que dice López Obrador y la obligatoriedad de la aplicación de las vacunas según 144 de la Ley de Salud se vuelva en un conflicto que tenga que ser resuelto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Como mencioné, es de suma importancia que la legitimidad de la vacuna esté dada porque la población está convencida de que es la mejor manera de poner fin a los contagios; sin embargo; me parece que el Presidente ha pasado por alto el hecho de que hay deberes de cuidado en un tema de esta naturaleza. Es decir, sí tenemos la libertad de decidir cómo cuidarnos, pero también tenemos la obligación de no representar un riesgo para otros, mucho menos en una situación de emergencia sanitaria como la que estamos atravesando. En un mero ejercicio de reflexión, imaginemos: ¿qué sucedería si un médico decide no vacunarse y durante sus labores contagia a sus pacientes?, ¿es válido que un profesor o profesora con estudiantes menores de edad no se vacune? Por su parte, la Suprema Corte de Justicia resolvió el año pasado (Tesis: 1a. XII/2019. 10a.) que el Estado mexicano tiene un deber de cuidado en los casos en que, por cuestiones religiosas, “los padres se oponen a que se aplique al menor el tratamiento médico idóneo para salvar su vida” . En el eventual escenario de que el tema de la obligatoriedad de la vacuna llegue a la Corte, es previsible que la línea argumentativa será de esta naturaleza.
Desde mi punto de vista, considero que la aplicación de la vacuna sí debe de ser obligatoria. Esto no quiere decir que deba de haber sanciones para quien no se vacune —no podemos esperar que la Guardia Nacional acuda hasta nuestro domicilio y nos obligue a vacunarnos— pero sí me parece plausible restringir el acceso a ciertas actividades a las personas que decidan no vacunarse, atendiendo al principio de no poner en riesgo la salud de otros. Sobre estas mismas consideraciones, el Tribunal Constitucional de Brasil resolvió hace unas semanas que sí será obligatoria la vacunación en ese país. Bolsonaro, en contraste, dice que en su casa solo son obligatorias las vacunas para sus perros; él no se pondrá la vacuna.
Ahora bien, en cuanto al tema de que particulares tengan la posibilidad de comprar la vacuna, hay también algunas consideraciones importantes que realizar. Por un lado, hay que reconocer que la desconfianza que manifiestan algunos sectores de la población al Plan Nacional de Vacunación es fundada, al menos parcialmente: el manejo general de la pandemia ha sido muy deficiente y, hasta el momento, no hay motivos sólidos para creer que el Estado mexicano será capaz de sobrepasar los enormes retos logísticos que conlleva una hazaña de este tipo. Por otro lado, las voces que reclaman que es un derecho humano tener la libertad de comprar una vacuna no están considerando que estamos en una situación de emergencia. En estos momentos, hay muy poca oferta de vacunas y hay muchísima demanda; está se irá satisfaciendo según lleguen las vacunas y, solo de manera ordenada y sin que nadie se salte la fila, más rápido podremos terminar con esta situación.
Una buena parte de estos reclamos tienen su origen en la desinformación: circulan por redes sociales imágenes que anuncian que cadenas de supermercados y farmacias estadounidenses venderán y aplicaran las vacunas. En realidad no es así. Lo que sucede es que el gobierno de Estados Unidos ha formado alianzas con la iniciativa privada para que asistan en la logística y aplicación de la vacuna: la vacuna será gratis, lo que cobrarán es solo el costo por inyectarla. Esta estrategia, me parece, debe ser estudiada por el gobierno mexicano para agilizar las jornadas de vacunación. También, sin duda, las autoridades mexicanas tienen la responsabilidad de no lucrar políticamente con su aplicación (como ya lo está haciendo Mario Delgado) y ser mucho más claros en la información que presentan a la población. Solo con el debido orden y con información clara que desmitifique las frívolas teorías cuasi-conspirativas sobre la vacuna del Covid podremos cerrar este bochornoso capítulo.

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El Cronopio
Juan José Ortega, director cinematográfico matehualense | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En las primeras décadas del siglo XX un buen número de potosinos van a la Ciudad de México a continuar su formación y su desarrollo profesional. La mayoría sobresalen en las actividades que se realizan, como lo muestra la nutrida membresía de la Academia Potosina de Ciencias y Artes formada por potosinos que radican en la Ciudad de México, donde la mayoría ocupan puestos de importancia en la vida cultural mexicana. Entre estos personajes se encuentra el camelense Juan José Ortega García que destacaría en la industria cinematográfica en la época de oro del cine nacional a la que se incorpora en la década de los treinta siendo otro de los potosinos pioneros en el cine mexicano.
Juan José Ortega García nació en Matehuala, San Luis Potosí, el 27 de octubre de 1904, donde inicia su educación primaria la que tuvo que suspender, para proseguirla de manera autodidacta, para contribuir al sostenimiento de su familia. La familia se traslada a San Luis Potosí y continúa su formación autodidacta, entre ellos el oficio de mecanografía, lo que le conduciría a iniciarse en el periodismo en 1925 colaborando en el periódico Acción de San Luis Potosí, del que sería su subdirector en 1928 y, director en 1932 del periódico potosino Vanguardia. Fundó en el Bajío un par de periódicos: el Diario del Centro en Aguascalientes y El Globo en León, Guanajuato. Colaboró como corresponsal en los periódicos Excélsior y El Universal.

Al llegar a la Ciudad de México para integrarse a la Comisión de Irrigación en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas inicia su carrera en el cine dirigiendo documentales oficiales, Irrigación en México y Gigantes de Piedra. Al dirigir estos largometrajes comprendió que su carrera sería el cine y se adentra dirigiendo su primera película en 1939, Sendas del Destino, donde actúa, entre otros, Eduardo Arozamena, en una trama que se desarrolla en la presa La Angostura en Sonora, reminiscencia de sus primeros largometrajes, la cual fue financiada de su propio peculio y con aportación de la Comisión Nacional de Irrigación, donde laboraba Ortega García.
Sendas del Destino sería su ópera prima de, al menos 42 películas que dirigió
, realizando también coproducciones internacionales, con Cuba, Venezuela, Colombia y Perú. Entre las películas que dirigió se encuentran: La mujer legítima en 1945, con Isabela Corona; La insaciable de 1947, con María Antonieta Pons, con un guion escrito por el propio Juan José Ortega incursionando así en el guionismo; Cuando el alba llegue, en 1950, con Meche Barba; Lodo y armiño, de 1951, con Armando Calvo; Cuentan de una mujer, en 1958, con Marga López; En carne propia, de 1961, con Joaquín Cordero; Pacto de sangre, en 1966, con Manuel López Ochoa, entre otras.Entre los melodramas, género preferido de Juan José Ortega, filmados en Cuba se encuentran: la comedia musical filmada en 1953 en La Habana, intitulada Me gustan Todas con Adalberto Martínez Resortes; en 1954 las cintas, Frente al pecado de ayer y Yo no creo en los hombres, protagonizadas por Sarita Montiel; en 1956 dirige No me olvides nunca, con actuaciones de Luis Aguilar, Rosita Fornés y Olga Guillot.
En la década de los sesenta dirige la serie de películas tipo westerns de Leonardo Moncada, serie de cinco películas estelarizadas por Joaquín Cordero, basadas en una serie radiofónica cubana. En esa década Ortega comienza a dedicarse a la distribución de películas creando la distribuidora Compañía Cinematográfica Mexicana y Productora Mexicana de Películas. Es propietario también de Producción Fílmica de México y Películas y Videos Internacionales, todo ello en los ochenta.
Recibió varios reconocimientos a su carrera cinematográfica, como productor, director, guionista y distribuidor actividades que siguió después del periodismo, donde sería también pionero en el periodismo potosino del siglo XX. Juan José Ortega García murió en la Ciudad de México el 27 de diciembre de 1996.
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Acento Ajeno
La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés
ACENTO AJENO
Por: Haniel Valdés Velázquez
Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.
Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.
En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.
Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?
Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.
Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.
Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.
La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades
ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.
El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.
Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.
Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.
La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.
Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.
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El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
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