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CLA57CO | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

Testeando

 

El futbol sin duda es sinónimo de rivalidad, enfrentamientos entre claroscuros que son delimitados por la confrontación deportiva donde inevitablemente existirá un ganador y un perdedor determinado por la estadística. 

La historia de rivalidades futbolísticas a lo largo del tiempo de este deporte en México se ha ido modificando: desde algunas que parecen ya muertas como la de Necaxa y Atlante, hasta otras que han nacido e intentan sostenerse como la de Rayados y Santos. 

Muchos matices son los que se pueden dar cuando hablamos de las razones de las rivalidades, desde pensamientos antagónicos hasta instituciones que nacieron peleadas; pero el llamado “clásico de la 57” tiene un origen muy particular. 

Querétaro y San Luis Potosí son simplemente dos ciudades cercanas. Su nivel de “vida” no es ni siquiera comparable: mientras Querétaro aprovecha las ventajas de estar relativamente cerca de la gran CDMX, San Luis presume su conexión con muchas ciudades en el centro del país. Futbolísticamente la única historia parecida entre ambas ciudades es su maltrato a la afición, equipos que se van, que se venden, que descienden y que nunca han sido campeones del futbol nacional y eso tal vez sea la razón principal de lo que motiva esa rivalidad. 

Para ambas aficiones, compararse con la grandeza de León o incluso la historia de Necaxa ahora que juega en Aguascalientes, es simplemente salir perdiendo. Tanto los Panzas Verdes como los Rayos cuentan con un palmarés de respeto, pero San Luis y Querétaro no, dos equipos que no figuran en las listas de popularidad o triunfos en el país; no pueden hacer ruido más allá de sus tierras. 

Justo ahí radica una rivalidad que a veces revienta, una rivalidad que engloba furia, fracasos, engaños y corajes contra sus realidades que intenta buscar válvulas de escape violentando contra alguien “de su nivel”. Hay que poner atención que de este clásico pueden salir consecuencias graves que nos vamos a lamentar mucho tiempo. 

Por lo pronto este fin de semana se vuelven a encontrar los equipos en la cancha y las aficiones en las tribunas (físicas y digitales), una bomba de tiempo que podría reventar (otra vez) más allá de los goles y los festejos. Ojalá que todo se lleve solo en la cancha y dentro de los 90 minutos, que no se vaya para otros lados y que se sienta la pasión solo por un deporte y no por una representación. 

¡Qué se juegue el clásico! Y que “awante” San Luis y toda su gente.

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