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El Gran Truco | Columna de José Miguel Fernández Rendón

Colaboración especial

 

¿Cuál es la mejor parte de ser niño?

La inocencia. De chicos lo mejor es la inocencia, Santa Claus es real, el ratón de los dientes y la magia. Ese sentimiento que la mayoría tanto extrañamos. ¿Si te dijera que hay una opción para que vuelvas a tener ese sentimiento? Ese sentimiento de no encontrar más opciones que crees que la magia es real.

En mi punto de vista, la mejor película del director Christopher Nolan. Una historia con más de un giro que cambia la percepción y la manera en que percibimos esta historia.

Un truco de magia tan sencillo que jamás lo adivinarías, que va más allá que la duración de la película. Desde el primer minuto estamos siendo engañados. Lo que vemos es solo una parte de la verdad y aunque creamos que solo con esa parte lograremos descubrir el truco, siempre faltará la otra para poder entenderlo por completo. Porque… eso es lo que todos queremos. Ser engañados para al final ser sorprendidos.

 

La historia de siempre, rivalidad, amor, engaño y tragedia. O… ¿es más que eso?

Personalmente veo esta película y veo la filosofía del director. Va más allá que una historia más. Nos cuenta la anatomía de cómo contar una historia. Cómo contarla atrapando a la audiencia. Nos atrapa para después soltarnos en un vacío. La película misma nos dice todo el tiempo lo que está pasando. El narrador nos cuenta que pensó Nolan, no para crear esa historia, si no para encontrar la forma de hablarnos directamente a nosotros. El Gran Truco no es el que vemos en la película, más bien es el sentimiento que nosotros tenemos al final, que nos damos cuenta que ‘La Promesa’, como lo llama en la película, era más simple que las teorías que uno como espectador formulaba. La promesa es aquello que se nos muestra todo el tiempo, es tan sencillo y común que ni siquiera pasa por nuestra cabeza que vaya a ser tan especial.

El Giro. El giro es lo que Nolan nos muestra como eso tan sencillo y común que veíamos, ahora es algo espectacular.  Ya nos atrapó, ya estamos buscando la respuesta sin saber que durante toda la película los mismos personajes nos dan pistas bastante obvias una vez que conoces el final. Pistas escondidas a plena luz del Sol. Buscamos la respuesta tan en lo profundo que no hacemos caso a los rayos de luz que nos muestra el director.

Ahora vamos al Gran Truco, cuando nos damos por vencidos y rogamos por una respuesta. Estamos al borde del asiento. Cuando de pronto toda la verdad es descubierta. Y no solo eso, Nolan nos repite una y otra vez como nos engañó. Nos presume su Gran Truco y cómo lo fue tejiendo hasta tenernos al borde de la duda, mostrándonos todas las veces que nos dijo la verdad y nosotros no pusimos atención, no realmente. Estábamos tan perdidos en saber la verdad justo como uno de los personajes de la película, que esa es otra razón por la que creo que es más que una historia y es su filosofía sobre el cine.  Como entramos a una sala o desde cualquier pantalla con la ilusión de ser engañados, de sentir esa decepción de no encontrar la respuesta pero a la vez sentir esa sorpresa cuando al fin nos es revelado El Gran Truco.  

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