#Si Sostenido

1917 | Columna de José Miguel Fernández Rendón

Cinescape

 

Entramos a la guerra. No vemos nada más que paz. No sabemos si los soldados están descansando un momento o eternamente. Solo sentimos esa paz sin haber vivido el caos. Después de unos momentos, podemos ver que les es encomendada una tarea urgente de cumplir. Sam Mendes, el director de esta película, nos da a entender esa urgencia ya que no hay cortes para darle ese sentido de emergencia y velocidad, no hay tiempo que perder en cosas irrelevantes. Siempre estamos siguiendo a estos dos jóvenes soldados.

El tercer soldado.

A pesar de que son dos amigos, casi hermanos, tenemos un sentimiento de un tercer soldado, nosotros mismos. Cada uno como espectador a medida que avanza esta aventura, nos sumergimos más y más. En parte por lo bien narrada que está y por otra, la experiencia visual que nos brinda. Es una historia un tanto simple, no es cualquier película de guerra donde vemos al héroe salvando al último momento a toda una nación o ganando la guerra. En esta Primer Guerra Mundial, en este pequeño espacio de historia ésta tarea tiene una pequeña particularidad, William y Tom, les encomiendan salvar a un pelotón donde se encuentra el hermano de Tom, con el deber de detener un ataque ya que caerían en una trampa. Así que va más allá del amor a la patria, es el amor a la vida, a la familia, a la amistad y a la hermandad.

Viajando en el tiempo.

¿Cómo hacer una película sin cortes, de una historia de días? Simple, viajes en el tiempo. Y no, no es ciencia ficción. Mendes, con una interesante técnica, te muestra cómo el tiempo es relativo. Cuando hay acción el tiempo pasa normal, cuando encuentras la paz en la guerra, quieres que dure lo más posible. Por eso cuando estos espacios son encontrados en la pantalla, nos hace aprovecharlos a lo máximo. Una vez que ves la película, entenderás estos juegos con el tiempo y como en estas dos horas de película, pasaron días aunque como audiencia y como ese tercer soldado, sentimos esa adrenalina y toda esa acción y paz como una montaña rusa de 10 minutos.

 El protagonista secundario.

Otro de los juegos y misiones de esta película es mostrarte cómo es perder a alguien en guerra. Primero nos presenta al que creemos que es el protagonista y será el héroe y completará la misión de salvar al siguiente pelotón. Todo transcurre normal, hasta que vemos en primera fila como en la guerra todo se vale, uno por buen corazón, salva a un enemigo de ser quemado hasta morir. Este pequeño error dejó solamente a dos soldados de pie. Mientras que William, que parecía el personaje secundario, el Robin de Batman, pasa a llevar la batuta y cumplir con la misión. Por el mismo amor de hermandad que Tom lo hacía para con su hermano, William lo hace por Tom. 

El final de su guerra.

El tercer acto es el cumplimiento de la misión después de una travesía con todo tipo de acción y un toque de mucha suerte. La transición del segundo al tercer acto es mediante el penúltimo tiempo de paz, un canto de un soldado hacia los demás, vemos el rostro de todos los soldados y podemos percibir el valor de esos pequeños momentos. Pasamos al cierre. La parte con más acción y donde más sufrimos como audiencia al ver la complejidad de sobrepasar ese obstáculo. No mencionaré más para que puedan vivir, sufrir, gozar, llorar o gritar con los pequeños detalles no mencionados y las emociones que sentimos al ser ese tercer soldado.

También lee: El Gran Truco | Columna de José Miguel Fernández Rendón

Nota Anterior

Continúan las balaceras en SLP, ahora en Infonavit Morales

Siguiente Nota

SS no debe investigarse a sí misma por caso Infinite: Ciudadanos Observando