abril 9, 2026

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#4 Tiempos

Carta a Abraham | Columna de Juan Jesús Priego

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Leo a menudo en las Escrituras lo siguiente, padre, y cada vez que lo leo me maravillo más:

«El Señor dijo entonces a Abraham: “Sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre y servirá de bendición. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo”. Abraham marchó, como le había dicho el Señor… Abraham tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán» (Génesis, 12, 1-4).

Al leer este pasaje pienso, sobre todo, en esos setenta y cinco años que de seguro ya se dejaban sentir. ¡Setenta y cinco años, cuando la esperanza de vida en aquellos tiempos jurásicos no llegaba ni siquiera a los treinta! Eras ya demasiado viejo: un anciano. Y pienso, también, en lo que pudiste haber dicho para defenderte de aquel mandato de Dios:

«Señor, ¿por qué no te fijaste antes en mí? ¿Por qué lo haces precisamente ahora, cuando estoy ya al borde del abismo? ¡Todos mis contemporáneos están bajo tierra y yo no tardaré mucho en ir a hacerles compañía! Tú me dices: Haré de ti un gran pueblo. Y te creo, pero perdona mi atrevimiento: ¿cómo lo harás? ¿A mi edad? Esto debiste pedírmelo antes, hace unos treinta o cuarenta años, y no a esta altura ya bastante peligrosa de la vida. ¿Por qué no en mi juventud, cuando mis piernas eran un par de gacelas? Y, además, me ordenas que salga de mi ciudad, de los lugares donde jugué de niño, como si mi cuerpo no estuviera ya achacoso y el corazón me funcionara a las mil maravillas. ¿Y si muero de nostalgia lejos de aquí? Me pides que haga un viaje largo, a la tierra que me mostrarás. ¿Queda muy lejos esa tierra? ¿Qué tan lejos? Te lo pregunto porque no estaría mal, antes de lanzarme a una aventura tan singular, que hiciera algunos cálculos. Insisto, ¿hay siquiera agua en esa tierra que me mostrarás? Porque, si he de irme, será cargando con mi ganado, que se me podría morir de sed llegando allá o incluso antes, a mitad del trayecto. ¡Y por si esto fuera poco, cargando con mi mujer, como si la pobre no estuviera peor que yo!».

Pero no, nada de esto dijiste, padre Abraham, y cuando más tarde Dios prometió solemnemente darte un hijo, tú no hiciste más que una sola cosa: reír.

«Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes. Así de numerosa será tu descendencia», te dijo Dios. «Y -precisa la Escritura- Abraham creyó al Señor».

¿Cómo hiciste, padre, para creerte una cosa semejante? ¿No confundirías la voz de Dios con esos cuchicheos que a veces se oyen en los sueños? Pero no. Creíste. En todo caso, te limitaste a sonreír, pero con una sonrisa que no era de incredulidad, al tiempo que preguntabas: «¿Un centenario va a tener un hijo, y Sara va a dar a luz a los noventa?» (Génesis 17,17). Sólo esto, como si todo aquello que oías entrará en el campo fascinante de lo posible.

Tu risa… En efecto, la cosa no era como para reaccionar de otra manera. Y Sara hizo lo mismo que tú: «¿En mi vejez conoceré el placer?», se preguntó. Y hoy, al leer tu historia en el libro santo, algunos ríen con incredulidad, protestando: «¡Pero eso es imposible!». De lo que no se dan cuenta es que tú te reíste antes que ellos, y por los mismos motivos.

Tu vida, padre Abraham, comenzó prácticamente a los cien años; empezaste a vivir cuando muchos a tu alrededor habían terminado este quehacer desde hacía mucho.

Y por eso te escribo hoy: para que digas a los hombres que no teman la vejez, que no idolatren la juventud, ni se sientan nostálgicos por los años que ya pasaron. «La vejez -escribió un día André Maurois (1885-1967)- está desvalorizada cuando no despreciada. Sin embargo, creo que todas las edades de la vida tienen derecho al respeto. Una sociedad sin viejos honorables así como sin una juventud adorada, serían deformes en igual medida». ¡Bien dicho, señor Maurois!

En una novela de Julien Green (1900-1998), el diablo en persona lleva a un joven a un salón atestado de hombres y mujeres, y mientras se los muestra a lo lejos, le dice: «Todos estos seres que ves son mártires de un aburrimiento que implora socorro… ¡La juventud! Es todo lo que desean, y en sus labios tienen solamente esta palabra. A cambio de este bien, ellos me entregan sus almas devastadas»… Si yo fuera usted: así se titula la novela, y en ella Julien Green quiere hacernos ver que los hombres, por no perder la juventud, ese periodo de la vida que tanto idolatramos, somos capaces de todo.

Sí, padre Abraham: hoy, como sabes, todos quieren ser jóvenes, pues la vejez les parece horrenda. «A fe mía –dice Fernando de Rojas en el acto IV de La Celestina-, la vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de rencillas, congoja continua, llaga incurable, mancilla de lo pasado, pena de lo presente, cuidado triste de lo porvenir, vecina de la muerte, choza sin rama, que se llueve por cada parte, cayado de mimbre, que con poca carga se doblega».

Piensan de los viejos –para decirlo ya, y con palabras de Víctor Hugo- que son ruinas que caminan. ¿Cómo convencerlos, padre Abraham, de que las cosas no son precisamente así? ¿Cómo persuadirlos de que aun cuando tengan ochenta años son jóvenes ante Dios, y que a los cien no se es todavía tan viejo como para que la vida pueda comenzar? Y, por lo demás, ¿no comenzaste tú a vivir a los cien años?

Díselo, padre Abraham. Ellos necesitan escucharlo porque les dan miedo las canas y hasta compran tintes y pinturas para disfrazarlas, o ya por lo menos para disimularlas. Diles que nunca es tarde en la vida para hacer algo grande.

Diles que a los setenta y cinco es temprano todavía, y que a los cien aún hay muchas cosas que esperar. Pero debes decírselo tú. A mí no me creerían. Tú tendrías mejores palabras. ¿Lo harás?

Se ha hecho tarde, padre Abraham, y debo irme. Hasta la próxima vez.

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El Cronopio

Prosa del Observatorio de Cortázar, simbiosis de ciencia y arte | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

De las obras de Cortázar, acuñador del término Cronopio que orienta nuestras actividades, la que más refleja esa simbiosis de ciencia y arte, es su obra Prosa del Observatorio que escribiera a principios de los setenta, mientras se fincaba esa corriente de comunicación del cronopio nacida en los jardines de la Escuela de Física potosina, y que refleja además, las raíces de lo que sería la Escuela de Física, en el nacimiento de la universidad potosina actual en la década de los cincuenta, bajo el rectorado del Dr. Manuel Nava que presentaba el proceso de investigación al interior de la universidad a través de facultades que redondearan el trabajo de los escuelas, naciendo así la Facultad de Ciencias, como se llamaría a la naciente Escuela e Instituto de Física, así como la Facultad de Humanidades que en cierto momento trataron de constituir un mismo recinto académico, ligando así las aportaciones científicas con las humanistas.

Obras literarias dentro de esta corriente, hemos tratado algunas en estas entregas; en esta ocasión a propósito de recordar esas raíces de creación de nuestras instituciones y las raíces de nuestra labor de comunicación, traigo a colación dos obras que ligan esas cuestiones científicas con la reflexión humana y los aspectos encumbrados, sus filosofías y formas de entender el mundo, elaborados por dos autores muy conocidos, nuestro Cronopio Mayor Julio Cortázar y Umberto Eco, sus obras referidas; La Isla del día de antes de Eco y Prosa del Observatorio de Cortázar.

En la Isla del Día de antes, surgen reflexiones filosóficas derivadas de las máquinas experimentales que permiten el medir longitudes y latitudes en épocas del renacimiento en pleno siglo XVII, junto a las máquinas aristotélicas donde campea el pensamiento en torno a Dios y su relación con el mundo; a través de las aventuras de un náufrago que en busca de una isla reportada y no encontrada por los datos de longitud relativos a forma muy particular de observación, y la busca de ese meridiano y punto fijo donde, el ahora puede coincidir con el día antes y el después, Roberto de la Grive, vive esas aventuras expedicionarias con las aventuras del conocimiento donde son frecuentes los conceptos científicos y las ideas metafísicas. Novela que bien puede tratarse en cursos de física, aportando a la formación científica y cultural de estudiantes de física y de ciencias en general.

La obra de Cortázar, como lo indica la presentación de la obra: “tiene el extraño privilegio de ser uno de los libros menos estudiados de Cortázar y, a la vez, uno de los que mejor representan su poética y su visión del mundo. Obra anfibia, hecha de las fotos tomadas por Cortázar en 1968 del observatorio de Jaipur, en la India, construido por el sultán Jai Singh en el siglo XVIII, y una serie de textos fechados en París y en Saignon en 1971. La asombrosa plasticidad con que se funden las prosas poéticas y las fotografías convierten al libro en una amalgama perfecta repleta de imágenes, relatos, reflexiones, hallazgos, expresividad y sinécdoques, de modo que, más que acompañarse unas a otras, parecen interpelarse primero y fundirse después. Asomarse a esta obra tan erótica como filosófica, que se alimenta más del asombro que de lo lúdico, permite espiar un espacio donde conviven las águilas y las anguilas, Baudelaire y Nietzsche, la cinta de Moebius y ese instante previo al alba que Cortázar denomina la «noche pelirroja». Y experimentar, al mismo tiempo, ese punto trascendental y libre del lenguaje —más allá de lo verbal y lo visual— donde se rompen las fronteras entre Oriente y Occidente, entre el cielo y el océano, entre la ciencia y la poesía

”.

Obras recomendadas tanto en lo literario como en lo científico por el contenido tratado y la forma de abordar y reflexionar nuestro mundo y nuestra relación entre lo humano y el mundo físico.

Estas obras nos rememoran esa vertiente que serían nuestras raíces y que de cierta forma fueron abortadas en el proceso de control gubernamental de nuestra universidad, que se propuso eliminar de cierta forma la obra educativa del Dr. Manuel Nava y su pléyade de académicos que contrastaban con los políticos enquistados en la universidad y que subsisten hasta la fecha, caracterizando esa existencia de dos universidades el progreso y la formación crítica y, la mediocridad representada por una administración estorbosa y direcciones inhibidoras del pensamiento creativo.

Por algo remata Cortázar en sus reflexiones: “Vea usted, en el parque de Jaipur se alzan las máquinas de un sultán del siglo dieciocho, y cualquier manual científico o guía de turismo las describe como aparatos destinados a la observación de los astros, cosa cierta y evidente y de mármol, pero también hay la imagen del mundo como pudo sentirla Jai Singh, como la siente el que respira lentamente la noche pelirroja donde se desplazan las anguilas; esas máquinas no sólo fueron erigidas para medir derroteros astrales, domesticar tanta distancia insolente; otra cosa debió soñar Jai Singh alzado como un guerrillero de absoluto contra la fatalidad astrológica que guiaba su estirpe, que decidía los nacimientos y las desfloraciones y las guerras; sus máquinas hicieron frente a un destino impuesto desde fuera, al Pentágono de galaxias y constelaciones colonizando al hombre libre, sus artificios de piedra y bronce fueron las ametralladoras de la verdadera ciencia, la gran respuesta de una imagen total frente a la tiranía de planetas y conjunciones y ascendentes; el hombre Jai Singh, pequeño sultán de un vago reino declinante, hizo frente al dragón de tantos ojos, contestó a la fatalidad inhumana con la provocación del mortal al toro cósmico, decidió encauzar la luz astral, atraparla en retortas y hélices y rampas, cortarle las uñas que sangraban a su raza; y todo lo que midió y clasificó y nombró, toda su astronomía en pergaminos iluminados era una astronomía de la imagen, una ciencia de la imagen total, salto de la víspera al presente, del esclavo astrológico al hombre que de pie dialoga con los astros”.

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El Cronopio

Miguel de Cervantes, un personaje de novela

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez / Dr. Flash

En la plataforma Netflix se presenta la película “El Cautivo”, producida en 2025, sobre el episodio de cautiverio que vivió Miguel de Cervantes en Argel. Película de Alejandro Amenábar, muy recomendable. Ahora nos referiremos a otro episodio de Cervantes en novela de Miguel de Zévaco.

Miguel de Cervantes Saavedra ha pasado a la historia de las letras con su magna obra sobre el Quijote, su excepcional pluma que ha dado gloria a las letras españolas no fue excusa para omitirlo como personaje de historias literarias. Entre ellas la obra de Miguel Zévaco, “Los Pardallain” en el que aparece acompañando a este caballero francés en sus aventuras de capa y espada.

Comencé a leer Los Pardallain en mi época de estudios secundarios, mi hermano tenía la colección de veintisiete volúmenes que recogían las aventuras de los Pardallain a fines del siglo XVI y principios del XVII. No pude completar la lectura de esta obra de Miguel Zévaco, pues al entrar a física mis lecturas se ajustaron a la demanda de lecturas de los textos de física y matemáticas, que fueron muy demandantes. Lo extenso de esa historia hacía que leyera algunos de los libros de forma aislada. Recientemente conseguí la colección en la editorial Porrúa en su serie de la colección sepan cuantos en la cual Los Pardallain se presentan en nueve volúmenes que encierran a su vez tres libros cada uno.

Esta fascinante historia que saliera a luz en 1902 donde Zévaco refleja algunas de sus ideas políticas cercanas al anarquismo y al socialismo del cual fue partidario el escritor francés.

En la obra, y a través de las correrías de uno de Los Pardallain por España, coincide con personajes entre los que se encuentra Cervantes Saavedra, que en las fechas donde Zévaco ubica su historia, ya había escrito el Quijote. Así Cervantes acompaña a Pardallain en algunas de sus aventuras que corre por España en la corte de Felipe II como embajador del rey de Francia Enrique IV.

Si bien, Cervantes no empuña la espada más que en muy contadas ocasiones, su participación es un homenaje de Zévaco a tan insigne escritor y engalana la lectura de esta extensa obra. La participación de Cervantes termina cuando el caballero de Pardallain está por salir de España y al buscarlo afanosamente para pedir su auxilio, Pardallain se entera de su viaje a Cádiz como empleado del Gobierno de Indias.

Ahora que combino mis lecturas de literatura con lecturas sobre filosofía, ciencia e historia, entre otros, se nutre lo leído en esas páginas y se disfrutan esas creaciones de los grandes escritores donde entrelineas se plasman asuntos sociales y la complejidad de la condición humana.

Por cierto, bajo un estudio de Juan Villoro, y festejando los cincuenta años de la librería Gandhi han editado una versión especial sobre el Quijote.

Miguel Zévaco, el escritor francés, orientó sus ideas sociales en el héroe valiente y presto para defender al oprimido, el caballero de Pardaillan y su linaje. Mediante estos caballeros Zévaco expuso sus tesis humanistas, así como sus opiniones republicanas y anticlericales. El éxito de su serie de Pardallain con una narrativa ligera y muy bien lograda, transmite las preocupaciones políticas que le acercaron al socialismo y al anarquismo franceses y que habrían de acompañarle siempre, inclusive su pena de ocasionarle la mengua en su libertad al expresarlas.

Esta serie de Zévaco es una buena forma de acercar a la lectura a los jóvenes.

 

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El Cronopio

Inteligencia artificial en la predicción de cáncer | Columna de J.R. Martínez / Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

La inteligencia artificial es una de las herramientas que está caracterizando nuestra sociedad adaptándose a su uso como vehículo de desarrollo social. Los estudios sobre esta herramienta y los desarrollos de la misma pueden ser aprovechados en todas las áreas del conocimiento y debemos aprender a utilizarla de manera provechosa. La educación puede tener una útil herramienta o una amenaza si no aprendemos a utilizarla, más allá de la moda.  

En las ciencias, tenemos ejemplos de su adecuado uso en el campo de la simulación que marca una nueva era en el plano civilizatorio; tal es el caso del trabajo del Dr. Jesús Espinal Enríquez, investigador del Departamento de Genómica Computacional del Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen) que ha estudiado el riesgo de padecimiento de leucemia linfoblástica aguda en células B, conocido como LLA-B, por sus siglas, que es el caso de cáncer más común en la infancia; para lo cual ha desarrollado un innovador algoritmo usando justo la inteligencia artificial, capaz de estratificar y predecir el riego de LLA-B.

Con su algoritmo, Jesús Espinal, pretende encontrar relaciones genéticas que permitan diferenciar niños con leucemia que van a tener un buen desenlace y niños que leucemia que vana tener un mal desenlace. A la fecha, las técnicas conocidas no permiten diferenciar con exactitud y precisión el desenlace de un niño con leucemia, imprescindible para el adecuado tratamiento de esta enfermedad para el desarrollo de terapias dirigidas.

El desarrollo de este algoritmo le hizo merecedor al Primer Lugar del Premio AMSA 2025 en Apoyo a la Investigación, el cual fue entregado por el secretario de Salud, el Dr. David Kershenobich el pasado mes de noviembre del 2025. El avance representa un paso fundamental hacia la detección temprana y el tratamiento personalizado de la LLA-B, una enfermedad responsable de casi la mitad (48%) de los casos de cáncer infantil en México.

El Dr. Jesús Espinal Enríquez cursó la licenciatura en Biología en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; posteriormente obtuvo el Doctorado en Ciencias Biomédicas en la Universidad Nacional Autónoma de México ingresando al cuerpo de investigadores del Instituto Nacional de medicina Genómica creado en el 2004 por el Consorcio Promotor del Instituto de Medicina Genómica que estuvo conformado por la Universidad Nacional Autónoma de México, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y la Secretaría de Salud. En dicho Instituto el Dr. Espinal enfocó su investigación en Biología de Sistemas, Genómica Computacional y Genómica del Cáncer englobando proyectos dirigidos a entender las relaciones entre expresión génica, metilación y estructura 3D de la cromatina en el cáncer

, usando como herramienta las redes complejas.

El próximo 25 de marzo en punto de las ocho de la noche, el Dr. Jesús Espinal estará atendiendo la charla: Inteligencia artificial, genes y cáncer, en una sesión más del ciclo conmemorativo por los veinte años de existencia de La Ciencia en el Bar. La charla se llevará a cabo en la Cervecería San Luis, situada en Calzada de Guadalupe número 326, la entrada es libre.

Una buena oportunidad para enterarse de trabajos que se realizan en el país, en el área de la salud mediante el estudio teórico de sistemas computacionales y en particular el uso de la inteligencia artificial para predecir evolución de sistemas biológicos en el caso de enfermedades como la leucemia.

Como apunta el propio Dr. Espinal: Este esfuerzo demuestra cómo la inteligencia artificial puede utilizarse para analizar grandes volúmenes de datos y encontrar patrones que antes eran invisibles, facilitando diagnósticos más precisos y personalizados.

Felicitamos el Dr. Jesús Espinal y los invitamos a disfrutar de viva voz sus contribuciones a la ciencia y celebrar al mismo tiempo estos veinte años de actividades de La Ciencia en el Bar.

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