#Si SostenidoColumna de Daniel Tristán

Britney Pelona (ft. La Cuarentena) | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas mentales

 

En diciembre del año pasado ninguno de nosotros imaginaba siquiera la tormenta que se avecinaba para el primer trimestre del 2020. Circulaban en los medios de comunicación los primeros indicios informativos sobre la aparición del coronavirus en Wuhan mientras los mexicanos celebrábamos la llegada del año nuevo con la acostumbrada desfachatez de las borracheras decembrinas. La nube negra parecía tan lejana que muchos de nosotros no dimensionamos la gravedad del asunto.

Como es costumbre, mientras el virus comenzaba a tomar fuerza en China, en territorio mexicano nos dedicamos a tomar el asunto con ligereza y humor. Los días transcurrieron con absoluta normalidad cuando llegó enero. No hay nada más reconfortante que ver cómo el mundo arde mientras se está fuera de peligro. Y es que, como pocas veces, a inicios del 2020 México se sentía como un lugar seguro. No existe antecedente alguno de una pandemia de tal magnitud para los que habitamos el planeta actualmente, no hay un punto de comparación con otras situaciones similares. tal vez por eso pecamos de flemáticos y despreocupados

Fue entonces que sucedió lo inevitable, el virus rompió fronteras e invadió al mundo entero como una nube tóxica que se cuela por debajo de las puertas hasta asfixiar a quien se encuentra en su camino. Desde hace algunas semanas las risas de los mexicanos no callaron, pero si se tornaron nerviosas. La producción de memes aumentó, pero sólo para apaciguar un poco el pánico que invade a la sociedad mexicana. En países como el nuestro sabemos que el tema es serio cuando hasta el fútbol se cancela. Y así fue, el balón dejó de rodar al igual que casi la totalidad de las actividades de punta a punta del país.

Es un hecho que la presencia del Covid-19 impacta de manera muy diferente a cada país dependiendo de la realidad social que este atraviesa. Mucho se ha hablado de la situación de México en particular, donde el 60 por ciento de la población dependen del trabajo diario para poder llevar el pan a la mesa, contrario a países de primer mundo que pueden sortear la pandemia mientras beben una copa de vino enfundados en la más cómoda de sus pijamas.

La cuarentena ha puesto a prueba la paciencia y la cordura de todos los mexicanos. No es lo mismo someterse al encierro con la certeza de que el gobierno va a respaldar al pueblo que atrincherarse en casa mientras la cuenta bancaria se va poniendo en ceros. Lamentablemente México vive una realidad muy complicada pues somos víctimas de un doble encierro. 

Si nos detenemos un poco para analizar nuestra situación social a detalle nos daremos cuenta de que antes de la llegada del COVID19 a nuestro país los mexicanos ya estábamos presos. Nuestra realidad es la de una tierra surrealista en la que los buenos están prisioneros mientras los bandidos gozan del aire fresco de la libertad. Ejemplos sobran: las rejas en las tiendas de abarrotes que protegen a sus dueños de los delincuentes, las mujeres que optan por el encierro nocturno por la oleada de secuestros, asesinatos y violaciones en algunas ciudades del país. Los empresarios obligados a circular en camionetas blindadas y los clasemedieros enclaustrados en sus viviendas rodeadas de cercas eléctricas, alarmas, candados y cadenas anti-pillos.

Aceptemos que la sociedad mexicana ya estaba presa incluso antes de que el virus llegara a sacudir nuestra rutina diaria. Tal vez por eso es que la cuarentena nos ha puesto a prueba a más de uno. El encierro como medio de prevención para el contagio masivo del Covid-19 es una condena más a nuestra realidad como mexicanos. Es una doble cadena perpetua más sentencia a morir en la silla eléctrica. Es una pesada lápida de concreto sobre el ataúd en el que ya estábamos condenados a vivir el encierro de nuestra realidad como país. 

Estamos doblemente cautivos, obligados a ver cómo una vez más la delincuencia se pasa la contingencia por el arco del triunfo y sigue operando en las calles mientras la población se limita a respirar y ver los días pasar encerrados en cuatro paredes. La cuarentena ya puso al límite la salud mental de los mexicanos y no habrá maratón de Netflix ni partida de UNO que pueda ponernos a salvo. Sabemos todo del día que nos condenaron al encierro, pero no sabemos nada del día en que nos van a liberar. Lo peor de todo es que al pasar la cuarentena simplemente volveremos a nuestro encierro original: el impuesto a la sociedad por la delincuencia.

Bien dicen que el que ríe al último ríe mejor. No fuimos pocos los que en 2007 disfrutamos el circo mediático del mental breakdown de la Britney pelona. La vida da muchas vueltas y ahora, en pleno arraigo domiciliario, veo pasar los días con la poca cordura que me queda mientras la misma Britney disfruta de la cuarentena en su pequeña mansión californiana de 85mil m2 de extensión y cuenta con la salud mental y el cabello suficiente para evitar cualquier intento de mofa.

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