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Las ventajas de permanecer en casa | Columna de Carlos López Medrano

Mejor Dormir

 

Es frecuente que uno salga a buscar aquello que ya se tiene dentro de casa. El ansia por romper con la normalidad lleva a una clase de distorsión. La aburrición es cuestión de tiempo, claro. Al asomarse al exterior las posibilidades se extienden ante los ojos y sobreviene la esperanza de que un milagro suceda. Quizá allá afuera esté el golpe de suerte, el punto de inflexión de una existencia que te lleva a rastras. La mujer de vestido floreado que acabe con tu propensión a la melancolía. Una fiesta donde puedas sentir, de una vez, la condición de ser vivo que tanto se te atribuye.

Hay un ímpetu frecuente que invita a salir, un nervio que lleva a tomar la ducha y ponerse más o menos presentable para andar por la banqueta. Y ver qué pasa. En ocasiones el esfuerzo tiene su recompensa. Pasas por una librería y encuentras algún descuento. O vas a una reunión de buena charla (o al menos así parece al calor de la bebida). Conoces a alguien interesante y refuerzas la plantilla de seres entrañables. Rompes la rutina de la sopa de pasta en algún restaurante donde un mesero extiende los alcances de la amabilidad. Disfrutas el placer recurrente de caminar sin rumbo por una plaza soleada (tanto echas de menos ahora a los organilleros).

También están esos días en los que el bálsamo no llega. En los que sobreviene un vacío al volver sobre los pasos. La travesía no ofreció consuelo: el desgaste tuvo signos de vano. Ya no te sirve el aire fresco. Tampoco la gente. Llega entonces la reflexión. Hubiera sido mejor permanecer en casa. Así lo confirmas al hundir la cabeza en el epicentro cósmico de tu cama. Lo anterior es digno de recordarse en días de reclusión obligatoria. Estar encerrado no está tan mal. Tiene sus ventajas, incluso. La seguridad. El confort. El ahorro continuo. Darle uso al sillón y acudir a una vieja película.

Quién de allá afuera podría ganarle a Billy Wilder. Qué conversación podría vencer a Chaplin. Recuerdas que tu tierna morada es el sitio donde están tus lecturas, la libreta, el bonche de discos. Eres el rey de tu propio espacio. Un estatus que no tienes en ningún otro lado. Lo acogedor está asociado a eso, a tu trinchera y a la posibilidad de hacer lo que dispongas sin dar explicaciones a nadie. ¿Dónde más podrías leer hasta quedar dormido?

Reivindicar la vida hogareña es urgente en tiempos donde no queda otra que resignarse al encierro. Aunque al decirlo haya un twist de autoengaño. Uno que desaparece al beber el primer café de la mañana (ese extracto del paraíso) o al servirse una copa y poner las Variaciones Goldberg que hace tiempo no suenan en las pistas de baile.

@Bigmaud

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