agosto 15, 2026

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#4 Tiempos

Audacia | Columna de Juan Jesús Priego

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De amor y de sombra

Abrí el libro y me dispuse a leerlo. ¡Por fin, después de varios meses de tenerlo allí, a la vista, en un ángulo de mi escritorio! Se trataba de una novela de Isabel Allende (De amor y de sombra) en edición de bolsillo que una amistad querida se había tomado la molestia de regalarme.

De Isabel Allende había leído yo años atrás La casa de los espíritus –que me gustó mucho-, pero dejé de leer sus novelas posteriores cuando creí que éstas se habían vuelto demasiado comerciales y andaban en demasiadas manos. Bueno, la verdad es que también había leído su Hija de la fortuna, pero por razones que nada tienen que ver con esa soberana libertad de que goza quien elige verdaderamente un libro. Resulta que durante dos meses, en el año 2001, tuve la oportunidad de residir en una parroquia norteamericana en la que nadie hablaba español, y como yo me moría de nostalgia por leer algo en mi propia lengua, un día entré en el único bookstore del pueblo, repasé sus escasos anaqueles y lo único que pude encontrar en español fue precisamente Hija de la fortuna, de modo que la compré y me la leí de un tirón. Pero, después de ésta, nada. Tal es la razón por la que había dejado tanto tiempo esperando De amor y de sombra.

El acto de leer puede ser todo un ritual que comienza cuando uno se pregunta dónde podrán estar los lentes; en mi caso, el ritual empezó aquella vez con la búsqueda del marcatextos. (Pésima cosa, el marcatextos; los libros quedan francamente inservibles: difícilmente un segundo lector podrá leer una obra que haya sufrido la agonía de sus puñaladas fosforescentes). ¿Dónde estaba? Había que encontrarlo, pues la verdad es que uno nunca sabe en qué momento aparecerá la frase brillante, el chispazo que enciende, la idea sugestiva. Jamás me he considerado un cazador de frases célebres, pero no las desprecio cuando se me ponen a tiro. Una vez que saltan de la página como gacelas hay que apresarlas para no olvidarlas. En el fondo, el marcatextos no es otra cosa que uno de los tantos recursos inventados por el hombre para vencer al olvido.

La novela empezaba bien y se desarrollaba mejor. Los personajes iban apareciendo de uno en uno y anunciaban discretamente el papel que se disponían a interpretar en esa historia humana: Doña Beatriz, las dos Evangelinas, el profesor Leal, Inés, Francisco y todos los otros.

De amor y de sombra es ante todo una novela de trasfondo político. Pero hay en ella una historia de amor. Francisco que ama a Inés; Inés que más tarde llega a amar a Francisco. Una noche, dice Isabel Allende, mientras ambos conversaban en la redacción del diario para el que trabajaban, pues eran periodistas, descubrieron que no intentarían una aventura fugaz porque estaban hechos para compartir la existencia en su totalidad y emprender juntos la audacia de amarse para siempre.

Involuntariamente tomé el marca-textos y subrayé las últimas seis palabras: «La audacia de amarse para siempre». Me pareció una frase encantadora. La repetí entonces varias veces en voz alta. «La audacia…, la audacia…, la audacia…, de amarse para siempre».
Hasta que caí en la cuenta. ¡El matrimonio cristiano no es otra cosa que la invitación a realizar una audacia semejante! Es la audacia de decirle a otro ser:

-Sé conmigo, pero no por una hora, ni por un mes y ni siquiera por varios años; sé conmigo toda la vida. ¡Envejezcamos juntos! No desconozco mi carácter y estoy seguro de que, aun estando tú a mi lado, experimentaré momentos de angustia, incluso de soledad, de cansancio o de decepción. Pero no importa. Tú no tomes en cuenta mis estados de ánimo, que –te lo digo porque me conozco- serán siempre pasajeros. Por mi parte, prometo amarte siempre. Te dedico mi vida».

El verdadero amor es un amor para siempre, pues no se conforma más que con la eternidad.

Imaginemos que un día de tantos X dice a Y en un rapto de romanticismo:
-Te querré diez años.

¿No se haría merecedor de una bofetada? Y aun cuando le hubieran dicho: «Te querré treinta años», no por eso ella se hubiera sentido más tranquila. El amor quiere todo o nada. O toda la vida o ni un minuto siquiera.

En cierta ocasión, una despejada señorita a punto de casarse me hizo la siguiente observación:

-Padre, ¿no es demasiado decir el día de nuestra boda: «Yo, N., prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad y amarte y respetarte todos los días de mi vida»? Digo, ¿no es demasiado? Tome usted en cuenta que cuando la Iglesia se inventó la fórmula (así lo dijo: se inventó la fórmula) la gente no vivía más de treinta o cuarenta años? ¡Claro, como la vida era tan corta entonces!… Pero tome en cuenta que hoy vivimos mucho más. ¿Cómo hablar, entonces, de todos los días de nuestra vida? A mí me parece en exceso ambicioso.

Y sí que es ambicioso. Pero no porque la Iglesia lo exija así, sino porque es el amor mismo el que lo pide. «Te querré treinta años»: ¿cómo ponerle plazos al amor? El filósofo holandés William Luypen hizo una vez esta elocuente distinción: el enamoramiento es simplemente ser con el otro, mientras que el amor, en su más íntima significación, es ser para el otro. Amar es la intrepidez de consagrarle a alguien distinto de uno mismo cuanto somos y tenemos.

Hacía falta que aquella frase de Isabel Allende cayera en mis manos para recordar lo que ya sabía: que el matrimonio no es la aburrida yuxtaposición de dos soledades, ni, como suele decirse, un cariño burocratizado, sino un amor que, al querer toda la vida, se aventura por los caminos de la audacia.

El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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#4 Tiempos

El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.

Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.

En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.

Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.

En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.

Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.

En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.

Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).

Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.

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Corredor Humanitario

Trump pausa ataque a Irán; Teherán niega acuerdo sobre Ormuz

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Donald Trump

El presidente de Estados Unidos aseguró que suspendió una ofensiva militar para dar espacio a un acuerdo, pero el gobierno iraní rechazó que exista cualquier pacto y advirtió que responderá si es atacado

Por: Redacción

El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró el fin de semana en una nueva fase de incertidumbre, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara la suspensión de un ataque militar previsto contra Irán con el argumento de abrir una ventana para un acuerdo diplomático. Sin embargo, Teherán negó que exista cualquier negociación o pacto sobre la reapertura del estrecho de Ormuz.

Trump afirmó que decidió detener la ofensiva tras conversaciones con aliados de Medio Oriente y expresó su expectativa de alcanzar un acuerdo “rápido”. Entre las condiciones planteadas por Washington se encuentran la reapertura del estrecho de Ormuz y el abandono del programa nuclear iraní.

La respuesta iraní llegó pocas horas después. El gobierno de Teherán calificó de falsas las declaraciones del mandatario estadounidense y aseguró que no existe ningún acuerdo con Washington

. Además, reiteró que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado mientras continúen las hostilidades de Estados Unidos.

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, sostuvo que su país responderá a cualquier nueva agresión, mientras medios cercanos a la Guardia Revolucionaria respaldaron la postura oficial y descartaron cualquier negociación en curso.

La tensión en la región se mantiene elevada después de cinco meses de enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán, un conflicto que ha afectado el tránsito marítimo en el Golfo Pérsico, el mercado energético y la estabilidad de Medio Oriente.

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