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Arriba el norte, abajo el sur | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas Mentales

 

La pandemia a causa del covid-19 ha cambiado la forma de vida de la humanidad entera. Existen países extraordinarios, como Corea del Norte, en los que debido al cierre total de sus fronteras, se ha mantenido libre de contagios. Pero es una realidad que el grueso de la población mundial está en jaque debido a la pandemia que crece peligrosamente en cada rincón del planeta.

La nueva normalidad que rige las sociedades ha provocado infinidad de situaciones que antes del surgimiento del virus se antojaban completamente imposibles. Jamás hubiéramos imaginado que un negocio de magnitudes gigantescas como el fútbol iba a verse afectado y obligado a parar. En el mundo puede haber crisis económica, hambre, educación deficiente y crimen, pero el balón jamás dejaba de rodar.

Ni en los sueños más fumados alguien hubiera siquiera pensado que México frenaría su producción y distribución de cerveza. Los mexicanos encendieron las alarmas al verse encerrados en casa sin los dos reguladores sociales de mayor alcance en nuestro territorio: el fucho y el chupe. El desempleo, el colapso del sistema de salud y el caos en el programa educativo nacional eran asuntos que de alguna manera se podrían sobrellevar.

A nivel internacional sucedieron algunos fenómenos jamás vistos, mismos que hicieron que las miradas se pusieran sobre puntos geográficos prácticamente ignorados antes de que la pandemia saliera de control. Recientemente el New York Times publicó un artículo en el que se alertaba a la población norteamericana por diversas agresiones en su frontera norte a manos de los ciudadanos canadienses.

El caos derivado por la propagación del covid-19 a nivel mundial provocó reacciones de pánico por parte de los canadienses, quienes comenzaron a tomar por mano propia el control de acceso a su territorio, dejando de lado a las autoridades de su país. En la frontera de Canadá con E.U.A. se reportaron agresiones a los ciudadanos norteamericanos con el objetivo de evitar que ingresaran a Canadá.

El gobierno de Donald Trump ha emitido una serie de recomendaciones para los estadounidenses que radican legalmente en territorio canadiense para mantenerse a salvo. Se ha recomendado que, de ser posible, se hagan los trámites de cambio de placas para circular con placas canadienses y así evitar ser blanco de ataques por contar con emplacado estadounidense. De igual manera se ha alertado a la ciudadanía de nuestro vecino del norte que, de no ser necesario, eviten intentar ingresar a Canadá.

Pareciera que la pandemia de covid-19 ha fungido como una especie de karma para el gobierno de Donald Trump, mismo que ha navegado con la bandera del control de acceso de inmigrantes a su territorio con el polémico muro fronterizo. Son ahora los estadounidenses quienes tienen que echar a andar el ingenio para lograr sortear al ejército de ciudadanos canadienses que están dispuestos a todo con tal de evitar el acceso a su país. El problema se vuelve en verdad alarmante para los gringos que radican en el norte de E.U.A. pero día a día cruzaban la frontera para trabajar en Canadá.

El conflicto que se vive en la frontera de Canadá con E.U.A. invita a la reflexión, sea cual sea la nacionalidad o el punto geográfico en el que se encuentre. No son pocas las veces que los mexicanos hemos puesto el grito en el cielo ante las rígidas medidas de migración impuestas por el gobierno de Donald Trump para evitar el acceso de nuestros compatriotas que buscan el sueño americano. De igual manera nosotros hemos hecho hasta lo imposible por frenar la caravana de migrantes sudamericanos y centroamericanos que usan a México como trampolín para llegar a E.U.A.

De alguna forma la brújula nos ha empoderado, de manera que cuando el sur es el norte algo sucede en nuestra cabeza que nos convertimos en victimarios pero cuando es nuestro turno de ser sureños exigimos que se respeten nuestros derechos humanos. Esta vez los estadounidenses se están enfrentando por primera vez a la discrminicación que los latinoamericanos hemos sufrido por
generaciones. Tal vez, lejos de festejar esto, deberíamos de reflexionar el trato que le damos a los demás cuando nos toca ejercer nuestro papel de norteños, y sólo así podremos exigir los mismos derechos cuando el mapa nos ponga con los pies en el sur, pero la mirada en el norte.

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